Termina de corregir el último examen y se pone los anteojos encima de la cabeza para masajearse la frente. Nunca le gustó esto de poner numeritos, pero no todo en su trabajo le gusta y hay cosas que tiene que hacerlas igual.

Se levanta, acomoda, toma un vaso de agua y respira hondo. Por la ventana entra el sol de la mañana que alumbra. Es sábado, muy temprano. Le gusta despertarse un ratito antes para ver el amanecer. Puede ver casi toda la casa desde la cocina. Esta casa de adobe que pudieron alquilar, chiquita, fresca, con vidrios verdes que a Vale le encantan. Chiquita, pero no importa.
No importa, dijo Fer, nos acomodamos.

Y se acomodaron.

Entonces hoy, ahora, en un sábado como cualquier otro vuelve a sentir que capaz sí. Capaz puede levantarse a la mañana, hacerse un café y trabajar. Trabajar en esta provincia que fue la casa de su abuela alguna vez y que le trae recuerdos de veranos lejanos y hermosos. Veranos infantiles. Y sonríe porque a Fer le gusta, y porque ella también consigue un laburo rápido en una escuela cerca, y porque sus horarios coinciden para que Vale nunca esté sola.
Y por eso sonríe.
Porque todo parece darse muy lentamente, muy simplemente, como si sí, como si estuviera destinado. Como si le estuvieran diciendo, Dale, relajá, ya pasó.

Ya pasó.
Ahora estamos acá. 

Ayer Vale volvió de la calle a tomar agua con los cachetes colorados como dos manzanas. Le dijo algo sobre quedarse a dormir en la casa de Agostina, porque la mamá me invitó, puedo ir mami? Y ella le dijo que bueno, pero que va a hablar con su vecina para asegurarse. Pero sí, dejala. Se divierten muchísimo juntas. Y sí, es verdad. Se hicieron amigas en seguida, como si lo hubieran sido de siempre. Así, tan tan simplemente, tan fácil. Es todo tan fácil.

Suspira.
Ya pasó.

Entonces Fer se levanta para hacerle compañía, pero pasa que vos te levantás muy temprano querida, yo no te puedo seguir el ritmo. Y entonces Caro se ríe, porque vos sos de esas personas que piensan que las mañanas son algo que le pasan a los demás.
Y estalla la primera sonrisa del día.
Chilla la pava sobre el fuego. 
Se hacen poco a poco las nueve.

Ambas saben qué día es.
Hace un año que viven acá.

¿Y no supiste nada más de él?

Mamá me dijo que se puso a trabajar, pero no sé. No me interesa. Ella le dijo que no sabe a dónde nos fuimos y que deje de preguntar. Es mejor así. 

Fer piensa. Mira un punto fijo. Mira muchos puntos. Sus ojos revolotean. Mira a la ventana llena de cactus que da al patio. A la canilla de la pileta que pierde. Al trapo amarillo sobre la mesada. A las zapatillas chiquitas de Vale al lado de la puerta. A la heladera que tiene dos dibujos, un imán de una rotisería y una foto de las tres. Chupa el mate hasta que hace ruido, se lo pasa a Caro y la mira a ella. A su pelo rubio despeinado, sus patas de gallo, sus ojos claros, el lunar que tiene en el mentón. Le mira la cicatriz del labio que nunca se le fue del todo. 

La mira, y se le llenan de agua los ojos negros cuando Caro también la mira. Y le agarra una mano entre sus manos con el corazón estrujado cuando se encuentran. 

Porque te amo. Te amo amiga.
Ya está. Ya pasó. 

Y Caro sonríe, y ríe para tapar la lágrima que le baja rodando por el cachete. Porque no quiero llorar, estoy bien. Estamos bien. Estamos juntas. Gracias amiga, gracias. Yo también.

Y se quedan hablando, cagándose de risa cada tanto, con mates de por medio como siempre, y seguro a la tarde van a salir a pasear con Vale, seguro van a mirar una peli, o cantar, o algo se les va a ocurrir. Seguro algo vamos a hacer. Como hacemos siempre. Sin llorar, eh, o llorando mucho. Llorando pero siguiendo. Pero ahora pensemos que vamos a cocinar, dale. 

Ya está.
Respiran.
Ya pasó.

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Una mujer rubia, pelo de sol
Una mujer morocha, piel de sol
Una nena con pecas, besos de sol

Mujeres que crean redes, que llevan en la espalda, que tienen zurcos en la cara,
mujeres que se agarran por los brazos, con la piel oscura, con los ojos claros,
mujeres amigas, mujeres hermanas, mujeres que corren, que huyen.
Huyen en la noche para ver juntas el amanecer.

Mujeres de sol.