Hambriento de inocencia sembraste el miedo. Hambriento de inocencia tomaste años de mi vida. 

En el desierto de la desmemoria un haz de luz negra me devuelve a aquella casa en Maldonado. 

La habitación más alejada, vos, yo y aquello que llamabas «jugar» 

Jugar dolía, y jugar no debe doler. Jugar debería de ser ese espacio seguro donde siempre querés volver.

Aquello que llamabas «jugar» me destrozó el alma. Aquello que llamabas «jugar» fragmentó mi espíritu, perdí la calma. 

Aquello me llevó a un abismo entre la vida y la muerte. 

8 años tenía… 11 años tenía.

11 años después aún batallo con aquello que llamabas «jugar». Pero 11 años después me convertí en la tía de las niñas que siempre les va a creer.

En la tía de las niñas que nunca vas a tocar. 11 años después, yo y mi cartel salgo a marchar. Yo por justicia voy a pelear. Porque soy la víctima que dice ya no más. Por qué soy la tía de las niñas que nunca vas a tocar…