Nos dicen que no estemos enojados.

Pero el hambre es feroz y te come desde adentro.

Nos dicen que estemos tranquilos.

Pero también nos dicen que entremos, que salgamos, que nos cuidemos, que trabajemos, pero no mucho. Sólo en los horarios que ellos quieran.

A mí me dijeron que no me preocupe.

Pero después vi por televisión cómo un hombre renombrado dijo que se relajó el sistema de salud. Nuestro sistema de salud. Que trabaja horas extra diarias y cobra una miseria.  

Y ese comentario vino de un hombre que estuvo infectado.

De un hombre que recurrió a ese mismo sistema que después criticó.

Al mismo sistema que lo atendería si tuviera un infarto.

Un hombre que vive bien, y dice entender a los que vivimos mal.

Pero es realidad no lo hace.

Porque no está enojado, ni tiene hambre, ni está intranquilo.

Porque no cobra una miseria.

Y porque no tiene a alguien más arriba que lo defenestre por cadena nacional.