A mí todo lo pequeño me llama la atención. 
Cristina dijo que cuando iba a la cancha lo que le llamaba la atención eran las tribunas. Si esto es cierto, comprendo su cuerpo, su dicción, su teatralidad. A ella también le llama la atención lo pequeño. Lo ritual, lo expresivo. Comprendo por qué me generaba tal magnetismo. 

Hay muchas personas que no quiero y sin embargo no puedo dejar de observar. 

Había una que me parecía un soldadito. La manera  que tenía de esconder sus ideas me parecía interesantísima. Nunca sabías que estaba pensando, y sin embargo parecía que asentía con todo, consentía siempre, menos a lo que no la llamara a jugar. Era rubia, alta, con ropas de flores, con perfume fuerte y marcado, con pose militar, con voz clara y profunda. Llena de decepción e incomprensión por los monstruos que ella misma había creado. Lo pequeño eran las manchitas que tenía en la cara. La alergia que siempre le salía en el cuello. La maldad con la que a veces se quedaba callada. También el sonido de sus pulseras, y la manera en la que se comía las uñas. Nunca la vi reírse, pero fingía lindísimo. 
Me fui dándole una última carta, que si leyó, no entendió, estoy segura.

Había otra que era indecisa. Tenía aroma a jazmín. Fumaba y fumaba, y tenía los ojitos chiquititos. Antes pensaba que me gustaba como se reía, pero ahora me doy cuenta que no. Era religiosa, creo. No sé si sabía. Estaba segura de su cuerpo, creo. No sé si sabía. Si te despistabas te tiraba un dato que no le habías pedido, pero no se daba cuenta. Me parecía tierna. Cambiaba muy rápido de humor. Y fumaba y fumaba. Se enojaba, era celosa, me quería, creo. No sé si sabía. Ella pasó como la primavera. Olía a jazmín. La amé, creo. No sé si ella a mí. Creo que sí, era indecisa. Creo que sabía. No sé si sabía. Pero su pequeñez eran sus lágrimas, y como no se le cortaba la voz mientras hablaba llorando. Era hermosa cuando quería y de un salto pasaba a ser agresiva. Me interesó mucho, sufrió mucho. 
Me fui de a poco, y ella se fue de inmediato. Ya, mañana me tomo el cole. 

Hubo otras. De todas me acuerdo. Hubo una que era el sol. Brillante, dolorosa. Me cegó y me quemó, y me dejó tirada, pero después descubrí que hacía eso seguido. Estaba en todos lados, con sus rayitos que se le veían cuando se reía, en la comisura de los ojos. Era hermosa, y rubia, pero no importaba mucho porque siempre se cambiaba de color. Era camaleónica, ruda, incapaz de querer bien. Sí, ella quería mal, pero quería con el alma, con esa tela rota que tenía. Cuando se tentaba se tapaba la cara.  Era chiquita, pero su aura era enorme. No tenía nada de pequeño, ni tampoco tenía olor, porque era demasiadas, entonces ella se perdía de a poco. Era terquísima. Lo sigue siendo. Usaba zapatillas. Me cegaba, a mí y a todxs. 
Ella me pateó afuera, y todavía no me deja entrar.
Sé que le encantaría encontrarse con Cristina en la cancha. 

A mí me encanta lo pequeño, me fascina.
Todo lo pequeño me llama la atención me da curiosidad y me destroza
lo pequeño se queda conmigo para siempre
lo pequeño me parece enorme y me termina rompiendo
me mata. No sé decirle que no.

Yo no quiero negarme lo pequeño lo ritual lo teatral 

Yo quiero verlo olerlo abrazarlo romperlo comerlo quererlo odiarlo

Yo quiero seguir sufriendo y disfrutando 

Yo encantada,
después de ustedes.