Todas mis ideas están equivocadas

si me oyeran, me despreciarían.

Pero en desprecio les gano a todos.

Se creen poetas, revolucionarios,

originales, sensibles, especiales.

¿Te creíste lo que te dijo tu mama?

sigan escribiendo sobre las calles,

esos adoquines viejos que les arrancan palabritas.

Por supuesto que admiro a los que saben transmitir lo bello.

“Yo también pasé por esa crisis” me decía un compañero,

el único al que le hablo en ese cementerio de músculos.

Se nos dan vuelta los ojos

todo blanco, negro y rojo.

Si no opino como ustedes me retiran el saludo.

¿Cómo ser original? ¿Cómo vivir de la literatura?

Un martillo constante, una araña en mi cuaderno.

Cada vez deseo más poder dejar de leer.