Me gustaría entrar al banco solo para gritar fuerte:

-¡estoy triste!.

Y que la gente entienda:

-¡esto es un asalto!

Y levanten todos las manos y se tiren al suelo, y el camión de caudales se escape rápido por la avenida, y me pongan todo el dinero en una bolsa, y me la den en la mano, y yo salga caminando tranquilo con la bolsa en la mano y deje la bolsa en el primer cesto de basura, un segundo antes que pase el camión de la basura, y el basurero agarre la bolsa y la tire al camión , un segundo antes que el camión comprima fuerte y haga de la basura una pasta homogénea y maciza, que ocupa menos lugar físico aún, y yo llegue a mi casa y vea mi cara en el televisor, con una frase agregada debajo de mi cara.

Hay momentos que estoy en presente, y riego las plantas, y al rozar la albahaca me despide un olor sensual, y al rozar el perejil me despide un olor materno. Y hago un tuco con tomate casero, y miro una película donde se arriesga gente que no soy yo y puedo por un momento estar en una aventura.

Entonces me invento problemas que no tengo, para aparentar cordura. Entonces decido ir a lugares poco hostiles al trato, y dejo abierto mi corazón ante el total de los presentes.

Que me miran siempre como esperando otra cosa.

Que no aceptan tanta sinceridad a tan tempranas horas de la mañana.