Cuando vino a contarme lo de la muerte de su madre, yo estaba intentando por tercera vez

pagar con la tarjeta en mercado libre. Me latía el corazón fuerte y transpiraba. Sentía que

alguien se estaba burlando de mí. Siempre que me pasaba eso, yo me ponía a pensar en la

inteligencia de los publicistas para hacernos pasar un producto o un servicio como

imprescindibles, y atarlos a la moral de la época para que tengas que comprarlo por afán de

pertenencia. También pensaba en la apelación a la bondad del empresario tras el publicista,

que logra que veamos una propaganda y creamos verdaderamente en la posibilidad de ser

mejores personas. Y la tarjeta no pasaba y yo hacía más de dos meses que venía siguiendo ese

producto que no se consigue tan fácil, y justo que ahora lo había encontrado me pasa esto.Agarré la tarjeta con una mano, y la daba vuelta como un naipe arriba de la mesa,sin parar,

chasqueando el plástico contra la mesa cuando al rotar la tarjeta quedaba no sobre una de las

dos caras, sino sobre uno de los cuatro bordes. En un momento el cartel “loading” se adueñó

de la pantalla y esos segundos se volvieron interminables.

Cuando me contó lo rápido que pasó lo de su madre, se largó a llorar enfrente mío y comencé

a incomodarme. En ese momento me llevé la tarjeta a la boca, y le di un beso como esos que

damos a objetos inertes cuando probamos de chicos como sería besar más de grande a

alguien en la boca. Eso lo hice no en forma predeterminada, me salió de adentro, y lo aclaro

porque la imagen me parece desagradable. Salí afuera a respirar un poco y vi una señora

saliendo del almacén con una bolsa de tela y una sonrisa. ¿Cómo podría influir lo que me

estaba pasando, en el resto del día?. Yo había limpiado toda la casa, había hecho un budín, y

después de hacer lo de mercado libre, ya tenía pensado mirar una peli para disfrutar mi día de

descanso.

Cuando volví a entrar, el cartel de “loading” sigue en la pantalla que parece no querer irse. El

cartel en la pantalla se potencia con el llanto que no frena, y que no sé por qué se hizo más

intenso desde que salí y volví a entrar a mi casa. Debería hacer algo me dije, y eso si me lo dije

en forma predeterminada, que es como un aprendizaje de control emocional ante situaciones

estresantes.

Le apoyé una mano en uno de los hombros intentando transmitirle un mensaje sencillo, lineal,

aparentemente emotivo. Me dijo si sabía lo que significaba quedarse sin madre, no acudir

nunca más al lugar de donde se viene. Yo no quería explicarle lo que me pasaba, no tenía

sentido armar la típica discusión sobre los niveles de sufrimiento, y dejarme ganar por no

ocupar yo el puesto uno en la escala.

Le abrí la puerta y le dije en forma amable si se podía ir de mi casa. Después de eso, con unos

buenos mates espumosos, me comí todo el budín de nueces y pasas de uva, que lo saqué del

canal de you tube de Paulina cocina.