Cristóbal Colón, tal vez no fue el primero que descubrió América, pero es quien la descubrió políticamente para la corona española. 

De lo que si podemos estar seguros; es que fue: quién hizo a las civilizaciones Mesoamericanas descubrir a Europa. Lo cual fue francamente aterrador.

Quizá vivió en Italia por 1451. Una fecha que muchos toman en cuenta. Desempeñando su oficio de tejedor, para dedicarse luego al comercio y la navegación de cabotaje. Dicen que allí descendía de una rica familia judía genovesa.  Otros dan ese año por su nacimiento, y nada se sabe de dónde nació, porque su hijo, que también fue su biógrafo, no lo ha dejado claro, aduciendo que fue la voluntad del Almirante mantener en la oscuridad sus orígenes. 

También se dice que Nunca firmó con el nombre “Cristóbal”. 

Muchas son las dudas, por la debilidad de los rastros que ha dejado en su historia; una supuesta vida en Italia. 

Por mucho tiempo se dijo también que era catalán, de Saona, de Galicia, y de Extremadura. Y recientemente hay una hipótesis: que sería un corsario portugués (Pedro Altaide) que se cambió el nombre tras un naufragio para volver a Lisboa intentando “ser otro”, para dejar atrás su pasado delictivo..

No hay registros de que hablara el idioma Italiano. Ni cartas que haya escrito en esa lengua. Ni siquiera para contestar las que sostuvo con personas de esa nacionalidad. De los estudios de su correspondencia solo se observa que usó generalmente el castellano septentrional, una versión Judía de la lengua  Castellana. 

De las cartas enviadas a sus hijos, se dice que incorporaba en sus márgenes superiores; ciertos signos judíos de veneración religiosa y familiar, para que los mismos pudieran al leerlos rezar sin ser descubiertos.

ES POR ELLO QUE MUCHOS SOSTIENEN QUE COLÓN ERA EN VERDAD JUDIO. 

En una época difícil para serlo,  nada menos que Simón Wiesenthal abona esta teoría. Teoría que hasta hoy no ha dejado de cosechar adeptos en todas partes del mundo. 

Eran los terribles inicios de la Inquisición. El Poder del Vaticano era omnímodo. Era la época de Rodrigo Borgia: el Papa Alejandro VI. España había expulsado a los moros de Granada y posteriormente a unos 800.000 judíos de España. Los que querían seguir habitando esas latitudes debían convertirse al cristianismo. Aquellos que lo hicieron por conveniencia y luego practicaron su fe en secreto fueron llamados: ”marranos”, y si los atrapaban, podían torturarlos  atándolos a cuatro estacas y prenderlos fuego. Era lo que la Iglesia denominaba: “El Santo Oficio”. Luego las posesiones del marrano ejecutado, se repartían entre la Iglesia y la Corona. El dinero tan vilipendiado en la cultura Occidental, en ésta ocasión no se consideraba manchado.

Nunca se dejaba de sospechar de los judíos. Y ser un judío converso y rico era probablemente: una condena a plazo fijo.

No terminan allí las especulaciones sobre el linaje de Colón. Hay quienes aseguran que fueron los judíos, con Luis Santángel (de llegada directa al Rey Fernando) a la cabeza, quienes financiaron finalmente (Convenciendo a la Corona) a Colón.

Otro indicio de su judaísmo, es que en su testamento incorporó una cláusula en la cual dejaba el 10% de su patrimonio en donación a niñas pobres para su dote matrimonial, que era una costumbre judía. Y también habría dejado para un judío de Lisboa otra parte. 

¿FUE CARTOGRAFO COLÓN?

Sí lo era. Pero no uno que se destacara por encima del resto. Aunque la Historia Oficial ha necesitado que fuese uno de los más sabios. El caso es que en una ocasión, como tripulante de un barco, su nave habría sido arrebatada por una tormenta y terminó llegando a las costas americanas, creyendo él que era la India. La hipótesis de Colón, para explicarse tal fenómeno fue la siguiente: La tierra es redonda, pero con una protuberancia que la asemeja a una pera. Se componía de 6 partes de tierra por 1 de agua. Al ser tan grande el macizo, se podía partir de España, y llegar al extremo oriental navegando en derechura hacia occidente, ya que ambas riberas estarían separadas por un mar pequeño. 

Esta convicción lo llevó a las cortes de Portugal primero, país que estaba en la avanzada de los conocimientos marítimos, y a España después, con la idea de armar la expedición descubridora. Tuvo poca suerte al principio. En Portugal lo entretuvieron 8 años sin darle una respuesta. Y se fue a España. Al pasar por el convento de La Rábida, conoció a los padres Juan Pérez y Antonio de Marchena que jugarían un papel crucial en su epopeya. Era importante obtener apoyo de los curas de ahí, tanto para su hospedaje, como para cambiar conocimientos y acercarse a la Corte de Castilla. 

Obtuvo un cargo público, apoyo de un sector de la Iglesia y de algunos hombres de Estado. Pero no le sirvieron más que para ser recibido en la Corte. Incluso se ha llegado a suponer que el Rey;  Fernando de Aragón, tenía en sus orejas a consejeros que lo incitaban a desconfiar de Colón.

Así Colón en sus trámites y audiencias pasó cuatro años. Debió sortear dos comisiones de expertos para que convencieran a la Reina sobre la fiabilidad de su propuesta. Ambas comisiones lo rechazaron. Y en 1490 Quedó desahuciado y fuera del cargo que se le había asignado.

¿PORQUE RECHAZABAN A COLÓN?

Bueno, en principios ya se sabía en altos círculos de hombres del Mar sobre la posibilidad de que existieran esas tierras extrañas. Incluso muchos las habían llegado a tocar. Pero siendo particulares no veían la ventaja comercial de ir hasta allí. Además; al estar alejados de las Cortes Reales desconocían  lo que un hallazgo como ese significaba.  

Colón por su parte;  fallaba al exponer técnicamente, con rigor científico su propuesta. No demostraba conocimientos marítimos ni cartográficos convincentes. Para convencerlos tenía solo su gran elocuencia y ambición. 

Colón se reservaba el gran argumento que podía convencer a eruditos y reyes. Y éste era su experiencia personal, el hecho de haber tocado tales tierras. Y claro, eso justamente era lo único que él no quería revelar. Era la llave de su negocio. Y sin ese secreto, dado que tampoco era un gran capitán ni tenía una nave propia, corría peligro de recibir un sincero reconocimiento y las “muchas gracias”.

Desahuciado por la imposibilidad de acceder a los favores de la Reina Isabel, decidió irse de España. Antes pasó por el convento de la Rábida a buscar a su hijo y ahí; totalmente desolado, le abrió su corazón a los monjes.

Fue entonces cuando la Providencia actuó.

 El padre Pérez, le dio el consejo que todos en la vida alguna vez necesitamos y nadie nos da: 

– “Busca a alguien que sea un experto marino y no un escribano, abogado o cortesano, que saben todo de la formalidades, pero de navegación nada”.

Lo contactaron con Martin Alonso Pinzón, un prestigioso veterano que ya había navegado todas las rutas conocidas.  Que tenía conocimiento, como hombre de Mar, de la existencia de tierras muy ricas en la dirección que señalaba Colón. Incluso esas tierras tenían nombre: El Cathay, El Cipango y El Mangi. Pinzón había visto incluso, algunas descripciones cartográficas provisorias en papeles que se guardaban en la Santa Sede.

Al entusiasmo de Martin Pinzón, quien era tan creíble para la Corte como si hoy te dicen que Messi mano a mano con el arquero no le erra, adicionó el astuto Colón -según algunos investigadores-, una atrayente promesa a la Reina Isabel, que exudaba fanatismo por la Iglesia Católica:  “si descubrimos tamañas riquezas majestad, recuperaremos el Santo Sepulcro”.  

Eso no falló. El Santo sepulcro había sido tomado por los Sarracenos en represalia por la salida de los moros de Granada y el Sultán de Egipto había amenazado incluso con destruirlo. Allá fue Colón de nuevo y esta vez, obtuvo lo necesario para emprender su empresa.

El 3 de agosto de 1492, recién comulgados y confesados. Se inicio el viaje descubridor