DELIRIOS HEGELIANOS

¿Soy hegeliano?.. Un hegeliano puede llegar a dudar ante el alarde de precisión de parte de otro hegeliano sobre lo que significa ser HEGELIANO.

Como si no alcanzara con ser difícil de leer….

Claro que sí. Si de una gran admiración acerca del genio del filósofo se trata. Y en especial lo soy de algunas áreas de su pensamiento que, claramente están para mi gusto “terminadas”.

Ya se me ha caído una frase en otro texto que vuelvo a repetir de modo preventivo: Las ideas no son de aplicación inmediata. No pueden asimilarse a modas pasajeras. Si así fuera la Lógica no hubiera tardado 1800 años en superar a Aristóteles en el ámbito de las matemáticas, y hoy queda por ver 2400 años después, si se podrá en los proceso del razonamiento deductivo.

Ser hegeliano no es algo tan difícil. En parte porque no se debe saber todo lo que Hegel ha pensado para ser hegeliano. Ser hegeliano es formar parte de un sistema de pensamiento que está permanentemente en discusión. Incluso en contradicción con Hegel. ¿O no somos hegelianos? Por lo tanto somos dialecticos. Soy hegeliano, luego niego mi hegelianidad “en si”, para descarnar al ser hegeliano de sus propiedades sensibles y lo traigo a mi conciencia para otorgarle el “Ser para si” del hegeliano y supero la dialéctica para poder conocerme al fin como hegeliano. 

Ser hegeliano en estos tiempos  es como ser Socrático en los siglos subsiguientes al V AdC. Aun cuando eras Estoico, Cínico, Epicúreo, Aristotélico, Platonista, Idealista, Realista, Empirista, etc. Siempre se puede ser Socrático. Hoy mismo si tu disciplina es la Sociología la Psicología, o la Epistemología, puedes llamarte socrático. No por ello vas a creer que Eros es el intermediario entre los dioses y los hombres.

Ser Socrático es afirmar que “Conócete a ti mismo” es una llave para conocer el mundo. Y ser Hegeliano es afirmar que es posible conocer el mundo a través de la razón. Es erigir a la razón en la llave de la existencia, “todo lo racional es real y todo lo real es racional”, y atajate ese penal.

A mí por ejemplo me gusta la idea del Estado que tiene Hegel. Me parece impecable. Que éste sea el producto social más refinado y elaborado del espíritu, que es Razón, es mi punto de unión al pensamiento de Hegel. Lo creo más acertado que la visión de sociedad que tenia por ejemplo: Rousseau en el Contrato Social, al decir que la sociedad aprisiona al hombre y lo hace perder la libertad en la que si vivía el buen salvaje que alguna vez fuimos. De las ventajas de la organización del Estado surgen naturalmente los resultados. De la Tesis del buen salvaje, quien sabe, tal vez era bueno pero no lo sabemos, sin embargo si su vida era salvaje no sería precisamente libre, sino cruel y peligrosa, atada a los impulsos animales antes que a la reflexión, y esclavo absolutamente de la Naturaleza. No quisiera vivir esa idílica sociedad donde torcerte un tobillo te dejaba tirado y solo a merced de las fieras en medio de la noche.

Siempre pensé que en este punto, Rousseau hacia mas poesía que filosofía, y hay que poner cuidado con los poetas. Platón no los quería en la República, porque pueden disfrazarte una realidad con sus hermosas palabras y hacerte creer que eso es Sabiduría.

Pero volvamos a Hegel y los hegelianos. Hegel, es el último creador de un “Sistema filosófico”. Un sistema basado en la Lógica, a diferencia de los anteriores sistemas que tenían su base en la Metafísica. Aunque hay de contrabando alguna noción metafísica en Hegel al referirse al espíritu absoluto, como bien lo ha observado Fehuerbach cuando señala que la “enajenación o alienación” del hombre en la sociedad, por la fuerza del espíritu, es un concepto propio de la religión, donde el hombre se ve enajenado de su voluntad poniéndola al servicio de los designios de un ser superior (Dios). Algo así le pasa al Radicalismo que ha enajenado su esencia poniendo su voluntad en manos de un tercero, quien tiene ahora la potestad de conducir sus acciones. Aunque esto ya es más un concepto jurídico de la “enajenación”, y así debe serlo por la cantidad de abogados que tenemos.

Decíamos que Hegel creó un Sistema. Fue el último en hacerlo, y en adelante todos a discutirlo. Antes reconozcamos a Kant, ese querido filosofo que está en la base del pensamiento de Hegel. Con Kant todo se vuelve a barajar y dar de nuevo. La noción de “fenómeno”, como ente que se le aparece al hombre y al cual puede describir pero no conocerlo, es la nueva estación del pensamiento.

Hegel contiene a todos, desde Parménides a Platón, pasando por Sócrates y Anaxágoras y por supuesto haciendo pie en el más lucido sitematizador: Aristóteles. Luego suma a Spinoza, Leibniz, Descartes y desde luego a Kant. Pero da una vuelta de rosca a la filosofía. Podríamos atribuir con justicia a Descartes ser el fundador de la filosofía moderna, Y hasta aceptar con Sartre que es el filósofo de la Libertad en cuanto el se da cuenta de que “piensa” y al hacerlo obtiene un dato irrefutable de la existencia, más allá de que basa la verdad de la esta existencia en Dios. Yo podría ser Cartesiano también y con gusto, ya que el primer final de Filosofía en la UNS, lo di sobre Descartes y me gané un 10, justamente defendiéndolo de la sempiterna acusación de incurrir en “Circulatio”… pero de eso no estamos hablando ahora, sigamos con Hegel.

Como decía; Hegel trajo un nuevo sistema, basado en la actividad de la Conciencia y lo llamó Fenomenología del Espíritu, donde se explayaba (y vaya si se explayaba) en la posibilidad de la Razón de conocer lo absoluto. Sintéticamente: Kant había hecho el monumental aporte de armonizar las teorías del conocimiento adjudicando salomónicamente las parcelas correspondientes al Empirismo y al Idealismo, determinando que hay conocimiento nacido en la experiencia “conocimiento a posteriori”, que se aprehendían con el equipamiento intelectual de las Categorías de la razón: “conocimiento a priori”. Kant sin embargo, no había sobrepasado el umbral de “Noúmeno” , es decir, del “fenómeno” que se aparece ante los ojos del intelecto pero queda más allá, en un misterio indescifrable. Para Hegel, era inconcebible que se negara la posibilidad de conocer lo absoluto porque, decía, lo absoluto es justamente lo que más directamente la razón puede conocer, sin el conocimiento de las partes de lo absoluto que identifica la mente en cada ente (seres vivos o cosas) , no hay posibilidad de conocimiento alguno… ¡Channnn!

Y luego nos arrastra penosamente por una inextricable selva de conceptos que enlaza con endemoniada precisión, con una terminología que te parte el coco, y una redacción que pone toda la gramática en situación de caos para contarnos cómo puede el hombre conocerlo todo.

Si te dicen hegeliano, es como decirte: “pobre tipo como le gusta sufrir”. Pero hay una explicación, siempre la hay. Y les aseguro que Hegel queda libre de culpa y cargo en cuanto se conoce el derrotero de sus escritos, el contexto en que vivió, el dialecto que uso, las traducciones que se hicieron, la situación geopolítica y hasta los acontecimientos de la Alemania de su época. Es una película.

Ejemplo: Si tengo que decir que político fue más Hegeliano de los que conozco diría sin dudarlo: Raúl Alfonsín.

Sin embargo Alfonsín (Sniff… se me cayó una lagrima) en un almuerzo en Pringles en el año 92, vociferaba: “¡No somos hegelianos!”…… ¡Y porqué nooooo!…. Bueno, por aquella época salió un libro que el ingenuo de Alfonsín suponía que tooodos los allí presentes debíamos conocer: El fin de la Historia, de Francis Fukuyama. Una tesis sobre la entronización del liberalismo como resultado de la caída del muro de Berlín. Exponía en él que con Hegel, había terminado la Historia como proceso lineal de acontecimientos (¿De dónde sacaría esa idea?), ya que al descubrir su mecanismo la Historia ya no sería una serie de sucesos aislados que se encadenaran por aquí o por allá en azarosas circunstancias haciendo que la actualidad de las sociedades no tengan un origen común sino cada una la suya.

Pero ocurre que Alfonsín no había leído a Hegel. Ni tampoco Fukuyama lo había hecho.

Leer a Hegel, solo fue posible a partir de la década del 70 en Europa. Esforzadísimos traductores, y filósofos con grandes conocimientos filológicos desentrañaron la verdadera tesis de Hegel. Hasta entonces se leía a Hegel a través de Kojeve, Hippollite, y Marx entre otros. Quienes en realidad reescribían a Hegel según su conveniencia al hablar de él. ¡Es increíble! Hegel era tenido como un propiciador de sistemas totalitarios (Alfonsin se ponía verde), cuando era un defensor no solo de la propiedad privada como elemento basal del progreso material para las sociedades, sino de la teoría del beneficio adicional que la sociedad obtenía de la industriosa iniciativa personal, en otras palabras de la “Mano invisible” de Adam Smith.. En Argentina Hegel llegó traducido al castellano vía Méjico recién en los años 80. Época en la que Alfonsín ya no tenía tiempo de lee a Hegel, y seguramente lo que el tenia del filósofo alemán era lo aprendido de traductores e intérpretes, incluido Marx que vio ahí una estructura impresionante para formular su propia teoría, donde la Historia no era ya la del desenvolvimiento del espíritu sino la de las relaciones económicas, llamada precisamente Materialismo Dialectico. Todos quedaron absolutamente desacreditados con la traducción final de Hegel, del dialecto Suavo al resto de los idiomas.

Hay libros voluminosos que se ocupan de la Odisea del pensamiento de Hegel por llegar a nuestros días de forma real y autentica. Y es a eso que se debe la revalorización de su pensamiento.

Ahora… Ser hegeliano no puede ni debe excluir el ser también un crítico de Hegel. El escribió entre 1800 y 1830. Ha corrido agua bajo el puente.

En principio Husserl escribió su Fenomenología, hizo una serie de críticas muy atinadas cuyo fin era reducir los pasos que Hegel describía en el proceso de la razón hasta la obtención del conocimiento. Algunos como Schopenhauer pueden considerarse pre-hegelianos aunque fueran contemporáneos, porque siguieron discutiendo cosas que ya quedaron relegadas. A partir de entonces la critica a Hegel, es El Tema en filosofía.

Kierkegaard reaccionó ante Hegel, pero su crítica hubo de ser “trabajada” posteriormente más en profundidad para cobrar cuerpo más allá de la oposición espasmódica. Heidegger, discípulo de Husserl, dio una vuelta de rosca a la filosofía de Husserl y a la Hegel de paso, en su obra Ser y Tiempo. Muy interesante. Y finalmente, a mí humilde entender, el último gran filósofo fue Jean Paul Sartre, quien se animó a revisar y a repensar todo el esquema hegeliano, de Husserl y Heidegger en su fantástica obra “El Ser y la Nada”.

Sartre es una parada moderna del pensamiento fenoménico. Y un gran esfuerzo. Postula con luminosidad una Nada de fondo, en la que se recorta nítidamente el Ser. Propicia una reducción de los pasos dialecticos y considera un error la peeminencia que se otorgaba al ejercicio Racional como único factor de aprendizaje. Existen para él, nociones pre-reflexivas que acompañan el discurrir por la existencia. Caratula de “prejudicativas” (juicios previos) muchas de las interpretaciones de la realidad a las que Hegel otorgaba entidad y Ser, cuando en realidad solo son ensoñaciones, o imaginación. La “res cogitans” de Descartes cobra de nuevo vitalidad en el pensamiento de Sartre, y lo hace como piedra basal de la Libertad humana. Con ejemplos muy de la vida cotidiana saca la especulación sobre el Ser de la sistémica e impersonal visión de Hegel, por ello es que existencialismo es un nombre adecuado y justo para su doctrina. ¿Logrará Sartre permanecer sin conmociones? En principio se observa que cuando se hunde en el fresco de Hegel para desmontar la fenomenal descripción de la realidad en procura de un más sencillo acceso a la verdad, no puede evitar generar varios pasos que se acercan demasiado al dualismo que él intenta desalojar de la percepción. No es fácil explicar la acción eficiente de: LA NADA. Pero es como en Hegel, un excelente ejercicio mental. El Existencialismo, que realza la acción de la psicología y del psicoanálisis, más que otras doctrinas filosóficas, fue generando nuevas personalidades en la filosofía. Pero… no está librada de ciertos retos a enfrentar.

Hasta aquí llegamos. Solo traje estas menciones a la charla para decir que el ser hegeliano no es un encuadramiento sencillo. Es solo una etiqueta acerca de la actualización del contexto filosófico. Algo que jamás puede significar olvidar los cimientos antiguos. Lo abstracto en el ser humano es tan real como su anatomía, la antigüedad de ésta no hará que una pierna pase de moda. Es de valorar la firme construcción que se ha hecho de la realidad. Y ésta, no es más que provisoria.

A mi amiga un beso grande. Gracias por disparar estas elucubraciones.

A mi amiga un beso grande. Gracias por disparar estas elucubraciones.