Empiezo a escribir este ensayo para dejar constancia de una de las cuarentenas más desquiciadas y largas del mundo. Desde Marzo de 2020 vivo en una especie de viaje astral y psicodélico, como uno de esos “mal viajes” de marihuana. Vi cómo mi vida y la de mi familia se vio afectada, pero no por la Señora Corona, porque ninguno se enfermó, sino por decisiones gubernamentales trastornadas. Una de las primeras pinceladas de esta locura fue la definición de “Estado Madre” bautizada por un sector del feminismo más mainstream y kirchnerista que existe. Se vieron en la necesidad acuciante de colorear al Estado que vigila para que sea más amable, usando el viejo e insulso estereotipo de la maternidad.

Mientras esta falacia del Estado Madre se reproducía, mi hermana estaba casi puérpera y el médico que dirigiría su parto le dijo: “Cuidate mucho de no enfermarte, porque acá no pasás”. Eso éramos, un país materno que no te dejaba parir tranquila. Estos aspectos, los más implícitos, son los que me interesan. Me llama la atención la cantidad de locuras que se justificaron con la pandemia, o mejor dicho, con el estado cuasi-de sitio que presenciamos.

La aplicación para celulares Cuidar también dio la nota en su momento. Querían que los argentinos que llegaban de afuera se la instalen y carguen todos sus datos. El gobierno dijo que no era obligatoria, pero ¿cómo no va a ser obligatoria una aplicación que luego se usó para que todos pudieran circular en auto? Te ponen entre la espada y la pared, es imposible decir que no. Cuando estás en la ruta y te hacen un control, te piden el certificado de la aplicación Cuidar. Y volviendo a los datos, ¿quién puede creer que el Estado Madre los quiere de forma inocente?

Otra gran polémica de este mal viaje que fue el 2020 en Argentina fue cuando en Capital Federal quisieron “resguardar” a los adultos mayores impidiéndoles salir a la calle. Pero esa no es la peor parte, porque si eventualmente lo hacían, iban a tener a un policía que los iba a “acompañar amablemente” a sus casas. Esta infantilización de los abuelos fue perversa y una gran demostración del problema más macro: las libertades individuales.

Me quedo en eso, en las libertades individuales. Considero que dentro de este contexto distópico no hay nada que no pueda pasar, pero las falacias del “gran filósofo argentino” Darío Sztajnszrajber hablando en C5N me consternaron mucho: Plantea un “neoindividualismo”, no me sorprende, la izquierda suele ponerle neo al principio a cualquier concepto que quieran estigmatizar. Lo hicieron también con el liberalismo e inventaron el “neoliberalismo”, entonces hasta en secundarias enseñan que el liberalismo en sí y cualquier principio que tenga que ver con éste es desagradable y está en contra de la inclusión y los ideales de libertad.

Hoy la grieta no es entre kirchneristas y macristas, sino entre conspiranoicos, borregos kirchneristas y personas que asumen que hay una pandemia pero no quieren que avasallen sus derechos. La torta, esta vez, está partida en tres. Lo más curioso de la clase política es que la Señora Corona les dio la oportunidad de saberse más monárquica y ser aún más déspota que antes. No solo tuvimos una de las cuarentenas más largas, también una feria judicial eterna. Pero no bastó con amputar a la justicia, también liberaron a muchos delincuentes y violadores. Se dio una situación tan escabrosa como grotesca: uno de ellos fue derivado a hacer cuarentena al lado de la casa de su víctima.

Las clases de los chicos de primaria y secundaria quedaron relegadas a la incompetencia de nuestros gobernantes, que permitieron que el nivel educativo baje aún más: Según una encuesta del Ministerio de Educación, en Argentina el 78% de los alumnos recibe clases por Whatsapp, las videollamadas son la excepción. Me hago esta pregunta: ¿cómo es posible que uno de los pocos sectores que tiene sueldo fijo y en blanco le cueste tanto poner un poco de ganas para trabajar? Y esta pregunta sale de mí, una estudiante, una futura profesora de Lengua y Literatura. ¿Qué nos queda sin la educación y la cultura? Claramente el gobierno de turno nos quiere ignorantes y dependientes del Estado Madre.

Otra problemática son las fake news, que ya lo eran, pero se acrecentaron, como todo lo demás. Este es un factor determinante en todo nuestro paso por la cuarentena, todo se exageró y el ayer no es más que una versión mucho más pasiva, cómoda y habitable del hoy. Un ejemplo que me afectó personalmente es el de Infobae y la noticia de que supuestamente Tedros Adhanom, director general de la Organización Mundial de la Salud, había dicho que “quizá no haya nunca una cura para el coronavirus”, que fue desmentida sin antes crear histeria social. Lo que el tipo había dicho es que sería difícil, no que era una catástrofe irremontable para la humanidad…

Una de las últimas demencias fue el manejo de la muerte de Maradona, después de meses sin poder velar a los seres queridos del supuesto “pueblo” al que tanto apelan nuestros gobernantes, hicieron un velorio sin distanciamiento y con mucha transpiración en Casa Rosada. Ese fue el cuadro perfecto del caos y el poco respeto a las instituciones que tienen los que nos gobiernan. La poca o nula organización del protocolo para despedir a este ídolo tan especial dejó mucho que desear, fue puro descontrol y furia. Convirtieron a la Casa Rosada en una cancha de fútbol.

Pero sin dudas la escena más terrible y perversa fue la de la niña con cáncer de Santiago del Estero que hacía su tratamiento en el Hospital de Niños de Tucumán. Los efectivos le prohibieron pasar a su ciudad con la justificación de que sus padres necesitaban la autorización del Comité de Emergencia de Santiago del Estero. Así fue como un padre terminó cargando a su hija en brazos y caminando cinco kilómetros para después querer tramitar una denuncia que las autoridades “competentes” no le tomaron. Él comentó: “Nos trataron mal, como si fuéramos delincuentes”. Y así se vive ahora en argentina, el control para los ciudadanos comunes y pan y circo, mucho circo, para los delincuentes de verdad.

Para concluir este breve ensayo me gustaría quedarme con una imagen que conceptualiza todo lo anterior, lo que omití, lo que pasa exactamente ahora que estoy escribiendo estas líneas y lo que seguramente vendrá en nuestro futuro incierto como argentinos:

El 16 de Agosto el Ministerio de Salud, por “El día de las infancias” dio el reporte de muertes matutino de coronavirus y no tuvo mejor idea que hacerlo con una payasa. Sí, con una payasa. La payasa Filomena dio un discurso y luego cantaron una canción. No hay remate.

Buena suerte, la necesitamos.