I

El sol y su estirpe se encuentran por un instante

-él se eleva y nutre las plantas ávidas

y surgen cantos de la espléndida tierra

donde las ratas prueban la dulzura del maíz.

El cielo no es una materia indiferente:

es lo que hizo nuestra infancia en una trama de soles

y veló día y noche por nuestra leve existencia

y la de todos 

-abierta la boca, la piel y los ojos

para recibirlo.

*

Árboles, esos cuerpos que un griego

llamaba ostras de tierra

incorporan materia ajena

que deviene sus propios cuerpos

(en invierno se quemarán en la estufa

y el calor de su vida va a ser nuestro calor).

No cerca de las cosas:

mezclados con las cosas.

El viento nunca está solo,

nunca está hueco:

acarrea ahora el aroma

antiguo y amargo de los girasoles.

Una vez fuiste la carne

que comieron mis ancestros.

Otra vez fuiste el acero que mató a mis crías

cuando huíamos a la madriguera

-todo existe enriquecido

o aniquilado

de posibilidad.

*

La armonía universal

se hace en las flores del membrillo,

en el cerebro del perro, en el lenguaje de los árboles.

El jugo de la manzana que baja por mis dedos,

la delicada faena de las nubes.

La flor azorada en el campo,

el sol desbordado en el aire nítido,

el olor a carne templada por el sudor.

El sutil roce de las hojas,

el tenue aporte de cada pájaro

-solemne, súbito, efímero:

las cosas guardan un éxtasis tácito

y un rumor de antiguas gemas perdidas.

II

¿De qué tardes perdidas está hecha esta tarde?

¿De qué soles que son el mismo,

de qué pinos que son otros

capaces de ser de nuevo lo que son:

agua, hierro, carbono, en otras formas?

Se arrastra bajo nuestra rutina

lo que somos o podríamos ser.

Juntamos despacio nuestros conocimientos

siempre ridículos ante la realidad.

Las cosas se pierden en su nombre:

decimos nuestras palabras con ardor

pero a los otros sólo llega un humo.

Se pierden las amistades como se ganan:

azarosa, inexplicablemente.

Un pétalo resbala de su cáliz

y el río se lo traga imperioso.

El curso de agua es irresistible

para las cortezas y semillas, las ratas y el polvo,

la tierra que moldea y es moldeada.

(Ojalá pudiera salirme del todo,

y ver la cierta belleza, o el horror;

estar en el cerebro de cada individuo,

sentir cada una de sus circunstancias…)

Dos hombres miran a la misma mujer,

se anudan procesos mentales todo el tiempo.

Las mentes me acogen como el agua

a semillas dudosas, a posibles árboles o nunca árboles

–tantos secretos en ellas, tanto deseo desordenado.

Unida a estas fuerzas y no otras,

inteligiendo el aire, los sonidos,

los apretados juncos y totoras,

el viento que viene de otros países y costas y campos.

También acá, sobre restos, hojas, gramilla seca,

excremento y bacterias -yo hago mi vida con eso.

Un olor dulce de cosas podridas

sube desde el arroyo.

Una boca se abre para recibir mi boca.

Nuestras venas aumentan su flujo,

nuestras mentes abandonan los símbolos

(saben las manos, no los cerebros).

Los bichos se aparean con furia en las corolas.

Los gusanos pacen la carne de un zorro.

La lengua aprieta el cabo de la otra lengua,

músculos se alzan contra otros músculos.

Es verano en la sangre.

El campo es una industria de gestos sin sentido,

la luna un roce.

Y la amistad brota de todas las cosas.

III

Es un lamento la plétora,

es la serpiente que se come la cola:

la incesante cadena de resurrecciones.

Las causas y los efectos

cuidan la perfección del todo.

El viento desea las hebras de pasto,

la carne desea el cuello desnudo,

la hembra desea el bien para la cría,

una desea el pasado y lo que no hubo nunca.

La gata busca mi calor, me pregunto:

cómo algo tan delicado puede estar vivo,

cómo algo tan delicado puede matar a la calandria

-la muerte es una cosa tan fácil.

Los teros gritan por su vida.

En el campo del vecino almas parciales

idean muertes con el aire comprimido

-yo camino, y destruyo a un caracol.

A los chicos les hablo, pero luego viene armado el adulto

-una cuestión de fuerzas, eso es la historia.

Me prosterno en el aire que dejó la lluvia,

parecido al alivio de perdonar

o de pedir perdón.

*

El viento arrastra semillas sin saber

y nuevos árboles, junto al arroyo

surgen fáciles, como un reflejo

y en el cielo pasan pájaros

cuyo nombre ignoro.

La humanidad no es algo tan simple.

Se esfuerza por alcanzar la perfección

de los seres que sin cesar ultraja.

Vienen de tierras desconocidas

llenando su vida de hazañas secretas.

Una mujer en la baranda del balcón,

su vida apoyada, su anhelo quizá,

¿qué ven sus ojos cuando persiguen

los movimientos de la ciudad oscurecida?

Pájaros cruzando el cielo

ansias pasajeras apagándose.

IV

Alzo los ojos al cielo.

La noche encarece las estrellas 1.

Familias de estrellas, y yo, y nuestras vidas

somos los restos de una fuerza

contenida hasta el exceso.

Todas las formas irrumpieron

de una sustancia que era los átomos,

los genes, el cielo,

la escisión innumerable de las células,

el alivio, la traición, el pensamiento,

la piedad, la perversión, la mentira,

la incertidumbre, el asesinato, el temor,

la muerte, la tortura, la amistad,

las doctrinas, la bondad, la creencia.

Bajo el giro regular de los astros

buscamos fundirnos con ideas, con normas.

Somos la materia por la que corren

las circunstancias y la vida y la fe.

1. Rulfo habla de estrellas “hinchadas de tanta noche” (Pedro Páramo). Hölderlin propone una simetría: en la noche estrellada, todo está “en calma como en las profundidades de la Tierra, donde el oro crece en silencio” (Hiperión).

Imagen: Olivar: cielo naranja, Van Gogh, 1889