¿Qué hace un perro merodeando el cadáver de otro?

No hurgarás en tu carroña (the preacher said)

¡Hurga  en tu propia carroña! Adora la muerte potencial tuya, dijo un tercero en discordia.

Adórate, merodeando la suerte de otro.

Sé feliz. ¡Muere!, dijeron todos en paz.

La corrupción cadavérica no debería ser algo ilegal. Su exposición lo es, rezaban.

Hay una ordenanza municipal que dice que los perros son de sus dueños hasta que la suerte los separe.

Su muerte también les pertenece y sus entierros.

No más allá del arroyo que pone límite a este poblado.

Deberías estar muerto para saber lo que se siente ser devorado por los tuyos.

Si llueve y muero, pónganme un abrigo.

Las capas geológicas se cubren solas.

Es necesario plebiscitar esto.

¿Qué hace una especie acechando a su propia especie?

¿Qué deberían hacer las otras con eso?

Es normal. Dar el ejemplo.

No se debe meter las narices en asuntos ajenos.

Desde el punto de vista contrario, la herejía se consuma solo cuando se traspasan fronteras precisas.

La geografía es un campo infértil para las metáforas.

Por otra parte, ¿qué mierda tendría que hacer un empleado municipal en el terreno de la literatura?

No tienen límites los que joden con esto.

La ovejita, digo, el muertito perro parecía estar alfombrando el paso.

No hay peor ciego que el que no ve.

Era o no un pastor alemán el tapizado perruno.

Todos alguna vez creímos ser un poco lobos y un poco hombres.

Me disculpo si alguna vez te dije algo que te pudiera ofender, no estaba en mis cabales.

No estaría, me pregunto.

Al menos puedo ser la mala masa que fui.

¡Hurga más y mejor en vos, hermano!

¿Qué hace un perro merodeando tu corpacho?

No puede ser verdad. Yo era el otro: el observador.

El tiempo actúa de manera inesperada sobre uno.

¿Y mis huesitos, qué?

Ellos son los que nos sostienen.

Mejor sería morfar dos veces por semana y no ver esto con desprecio de mamífero satisfecho.

Las capas geológicas se encargarán de todo.

Yo quiero ir a la molienda. Enriquecer las napas con mi suero fétil.

Callate. Tus malos hábitos te llevaron a la perrera, dijo uno que pasaba.

Tengo mala cara, sí.

Me refería a una cara mala.

No hay relación entre eso y todo esto otro que también decís que digo.

Desde el punto de vista contrario, te digo que no.

¡Hurga más y mejor en vos, perro!

No sea que tu carroña se empiece a rajar.

Me alimento del mal, retrucó el perro con el hueso mal crujiente.

Esta geografía húmeda y pampeana es un mal lugar para el discurso indirecto.

¡Sin indirectas, perro!

No tienen límites los que joden con el mal paso ajeno.

Desde el punto de vista contrario, tienen límites los que hacen caso omiso del hueso.

Sincerate: estás corrupto.

Ya empezó aquel a olisquear al Tony.

Muero de miedo: ¡¡¡¡me chupan huesos muertos!!!!!

Rabia debería darle al rufián geológico que cruza el arroyo para ver este espectáculo en descomposición.

Yo iba arriba del colectivo, no tuve nada que ver.

Si te veo otra vez merodeando a este finado, te pateo el culo con rulos.

Dudo ser el mal transeúnte que fui.

Ok. Plebiscitemos esto de una vez.

¿Cuántos transeúntes estarían en condiciones humanas de hablar del perro?

Quiso decir: dentro de sus humanas posibilidades.

Cuando pare de llover, me bajo y te estiro la pata.

No sea que tu carroña se empiece a mojar.

¿No empezaba esto con una paradoja?

No empieza bien lo que termina.

¡Hurga bien!

¡Me refiero a esto!

El suelo es un lugar seguro para espichar.

Donde se adapta mejor a la secuencia.

Lo importante es colocar bien las patas si te va a caer encima con todo su peso la guadaña.

No hay quien resista el morbo de ir a ojear lo mal que le va a su par.

Adoro el mar pero me tocó esta tumba pedorra al lado de un arroyo.

¡Sin indirectas, perro!

A tu lodo te llamaron.

No puede ser verdad. Yo era el otro, el vivo.

Sincerate: te morís de ganas de decirle a aquel que se deje de dar vueltas y te vaya al hueso.

La ovejita chupa suelo.

Romántico sería chaparse el mal.

No empieza bien lo que termina.

No hay por qué.

¿Yo te dije eso?

La naturaleza se descompone, mas el alma es inmortal.

Todos dicen lo mismo, los que quieren zafar.

No es bueno apartarse de lo esencial: la imagen del chucho achurado.

Adoren la muerte: es lo más que podemos.

No sea que tu carroña se empiece a mejorar.

Cuando pare de llover, voy y arremeto contra el no muerto.

Donde quieras, te espero, amiga.

Le habla al mal de los arroyuelos.

Todo es pobre en esta cara rala de ser difunto.

¿Yo dije eso?

El morbo de haber nacido.

La cara se descompone. El alma es inmoral.

Me refiero a eso, sí.

¡Al suelo, perros!

Tenés la forma al revés del vivito y coleando.

El suelo es un lugar lejano para el que recién está naciendo.

¿Es necesario pasar por todo esto?

Escondete si no querés ser profanado (la próxima).

Me alejo de la mirada y del hocico de los que no me gusta cómo matan.

Este te olfatea de un modo no apto para todo público.

¡Animal! ¿Te lo querés comer?

Me refiero a eso, sí.

Desde el punto de vista contrario, se quiere comer un cacho de su muerte para retrasar la suya, el animista del or**

Rabia y comezón de verte así.

Todos dicen lo mismo, los que mueren por profanar.

¿Cuántos tipos en la historia de la muerte habrán sido, así, testigos de ella?

Yo iba arriba de un cole y pagué para ver un final.

Lo que no me quedó claro es cuándo empezó ese final.

Porque metidos hay en todas las razas, mon amie canine.

Los que momentáneamente se ausentan de la muerte, esos son los más curiosos.

Voyeur inhumano: perro choto mirón.

El amigo fiel despide a su amigo.

Lo que arruina la elegía es la falta de rubor.

Teme tramar traumarte mi olisqueo fiel funerario.

A una que pasa (el poema). Esto es: a uno que pasa de largo mientras algo se pasa al costado del camino.

Porque todo bicho se encamina a parar a la basura.

MEMENTO MORI.

Por el solo hecho de estar acá, hiedo.

Me molesta haber llegado tarde al no entierro.

Tenía razón Copérnico, la tierra es plana y definitiva.

En un país retro industrializado –chimeneas humeando tarde y noche- sería negro como un rottweiler deshecho.

Las jaurías hambrientas te vengarán, rocky.

Yo no voy a estar para cantarlo.

5/12/18