Acostada

Mirando el techo desde el asiento trasero del auto.

Abro la visión y decido mirar al cielo.

El sol formoseño quema el asfalto.

Las palmeras se vuelven imposibles de contar.

La velocidad del auto es cada vez mayor.

La radio hace interferencia.

No hay señal, es el oasis entre la ciudad y el campo.

Encuentro nuevas formas a las nubes.

Al bajar del auto siento, las ramitas quebrarse debajo de mis zapatos.

El entrenamiento son los monos caraya, 

Y la hamaca paraguaya para disfrutar del calor.

Un calor que quema.

Un calor que alegra.

El terere, el asado y mis abuelos.

Que alegría ser formoseña,

Que dicha vivir en libertad.

Son recuerdos de años atrás.