Tengo que confesar que últimamente me resulta muy difícil conectar con todo tipo arte desde un deseo realmente sincero. En cada intento por disfrutar me encuentro a mí misma en la búsqueda de un “algo más” que parece ser imposible de satisfacer. Las canciones que escucho no parecen ser honestas. Los libros que leo me suenan a palabras, pero no son más que letras. Pensé, que quizás, lo que buscaba era una razón fundamental: algo con que conectar, la espera de un futuro posible que me lleve a la participación de un mundo en el que sea normal crear por el deseo mismo de crear, desde la verdad, ¿y por qué no? vivir de ello en algún momento.

¿A cuántos de nosotr7s nos recomendaron dedicarnos a algo que nos dejara una verdadera ganancia? ¿A qué edad comenzaron a  bombardearnos con esta idea?  Tal vez a los seis, ¿siete años?  Cuando recién empezábamos a crear, quizás a los nueve, doce, puede variar. Lo importante es que desde temprana edad empezamos a relacionarnos con el arte de esta manera, como si fuera solo una idea aleatoria, flotando por ahí, distanciada del mundo laboral, de ese gran sistema enorme que parece nunca llegar a darnos lo prometido. Un futuro inalcanzable, al que mi vida deberá acomodarse hasta lograr una supuesta economía estable que generaré por medio de una profesión “razonable”, que a su vez me ayudará a conseguir una supuesta libertad: como si el arte y la vida funcionaran en paralelas completamente distintas.

Entonces, ¿Qué hay que cambiar en el mundo para crear un sistema en el que sea posible vivir del arte? Nuestra perspectiva. Si empezamos a relacionarnos con el arte dejando de lado la idea de pensarnos como sujetos que consumen y adquieren un producto artístico, y nos pensamos más bien como sujetos que contribuyen económicamente a la posibilidad de que un artista pueda solventarse mientras crea un proceso que finaliza (o no) en un producto que nos motiva, nos inspira, y que posteriormente denominaremos arte, para que nosotr4s junto a est4 artista sigamos construyendo una vía que nos lleve a un mundo hipotético en el que efectivamente se puede vivir del arte, estaríamos todqs plena y conscientemente siendo parte de crear esta utopía no tan utópica, que resulta a simple vista alcanzable.

Imagínate que fueras vos, de manera directa, quien incidiera en la creación, o en el proceso creativo de un artista, lo cual no está para nada lejos de la realidad. Supongamos que dinero tangible sale de tu bolsillo cada vez que escuchas una canción: ¿Qué tipo de música escucharías? ¿Con qué tipo de músicos construirías? ¿En qué tipo de mundo invertirías? Al fin y al cabo tod1s creamos el arte que consumimos, tod1s formamos parte de la creación del arte que consumimos. Sin irnos al mundo incierto de los adinerados, bañados en fama y fortuna, (cosa que generalmente depende mucho de la suerte y nos aleja demasiado de nuestro propósito) imaginemos que nuestrf conocidf que toca la guitarra decide hacer un recital vendiendo entradas a un monto accesible y nosotrqs compramos esa entrada. Imaginemos también que nos gusta muchísimo eso que escuchamos y lo recomendamos. Para la segunda función podría ser posible que nuestr3 conocid3 guitarrista haya decidido con lo recaudado cambiar las cuerdas para deleitarnos con otra melodía aún mejor, por ejemplo. ese entonces nuestras recomendaciones habrán dado sus frutos y muy posiblemente su público se haya duplicado. Imaginemos que este proyecto sigue creciendo y eventualmente se nutre de estudios y/o instrumentos y/o de cosas que solo pueden ser accesibles mediante el dinero, se nutre de personas (y estas no tienen que ser miles y miles, podrían ser algunas cuantas, algunas pocas, las suficientes) apoyan el movimiento ¿No seriamos nosotrqs parte imprescindible para que se concrete ese proyecto?

Para que este cambio ocurra, es necesario que tod1s y cada un1 de nosotr1s seamos responsables con las cosas que consumimos y la manera en que lo hacemos. Para ello no es necesario ir ahora ya a comprar esa entrada, o esa canción: podríamos empezar, por ejemplo, con un montón (montón) de supuestos que deben ser reevaluados de manera urgente y que actualmente condicionan nuestra manera de pensar. En lo particular, me interesa destacar e incorporar a este escrito dos definiciones que formula Bertolt Brecht en “el compromiso en literatura y arte”.

En primer lugar el concepto de lo popular:

No se trata en absoluto simplemente de “pequeñas” y numerosas gentes obreras en oposición a los de arriba. Popular se refiere al pueblo, que no solamente toma parte plenamente en el desarrollo, sino que lo usurpa, lo fuerza, lo determina. Nos imaginamos a un pueblo que hace historia, que cambia el mundo y a sí mismo. Concebimos un pueblo combativo y también un concepto combativo popular.

Popular significa: aquello que de un modo inteligible para las masas, toma sus formas de expresión y las enriquece/ toma su punto de vista, lo afianza y lo corrige/ sostiene a la parte más progresiva del pueblo a fin de que esta pueda tomar la dirección, de forma también comprensible para las otras partes del pueblo/ enlazando con la tradición, la continua /transmite a la parte del pueblo que aspira a la dirección las conquistas de la parte ahora dirigente.

Así como hemos crecido con una definición errónea de arte instalada por otras personas en nuestro oído, también nos hemos amoldado al imaginario de pueblo aislado y ajeno, como un guerrero sufrido que solo lucha desde abajo y ahí se va a quedar, porque actualmente está latente la idea de que hay que alcanzar algún otro lugar y ese otro lugar debería estar más arriba. En la mayoría de los casos no hay intenciones de aceptarnos como pueblo porque entonces correríamos el riesgo de ser los de abajo. Pero este pueblo, pueblo artista, hoy en día rechaza la distancia que ha generado en parte, la estética dominante, el precio de los libros y la política, para con el arte. El pueblo no es hoy lo que fue porque dejando de lado a toda esta agente, tiene la posibilidad de entenderse directamente con el artista. El pueblo no es un aglomerado de gente. Más bien, es la suma de individuos que constantemente deciden ser parte de una iniciativa que incide de manera directa en su vida. Y abajo y arriba no son más que una ilusión que ha mantenido latente toda una realidad de mentira.

En segundo lugar no puedo dejar de mencionar el concepto de realista:

Significa aquello que descubre el complejo causal social/ desenmascara los puntos de vista dominantes como puntos de vista de los que dominan/ escribe desde el punto de vista de la clase que dispone de las más amplias soluciones para las dificultades más apremiantes en que se halla la sociedad humana/ acentúa el momento del desarrollo/ posibilita lo concreto y la abstracción.

Por ende, nuevamente en palabras de Brecht, las clases dominantes se sirven más que antes de la mentira y de una mentira más abultada. Decir la verdad parece una tarea cada vez más imperiosa. Pero para decir la verdad primero debemos descular cuál es esa verdad. Y para conocer esa verdad debemos desenmascarar a las palabras que fueron manipuladas para servirle a la mentira que distorsiona día a día nuestra realidad. Destapar cada palabra capa por capa, hasta que cada una de ellas vuelva a sonar con su propia carga.

Es necesario que nosotrqs sujetqs nos hagamos responsables de nuestra manera de relacionarnos con la verdad en nuestra vida – nuestra realidad bien instalada – para poder cambiar la perspectiva que tenemos respecto a esta y todo lo que en ella se encuentra, como lo es el arte (tema que nos interesa) y construir entonces desde otro lugar. Si es nuestro deseo, el deseo de artista, (si es nuestro deseo como artista) hacer de nuestro arte una forma de vida, debemos convencernos de una vez por todas que somos los únicos capaces de lograr que eso pase. Citando a Bajtin en arte y responsabilidad: yo debo responder con mi vida por aquello que he vivido y comprendido en el arte, para que todo lo vivido y comprendido no permanezca sin acción en la vida.

Y si bien esta postura de convivir con individuos que se comportan de manera responsable ante la vida y el arte es demasiado idealista, no pretendo que todo ocurra de la noche a la mañana, pero es necesario empezar por algún lugar: ¿por qué no abriendo una discusión respecto? Compartiendo posturas, incorporando la idea de que hay mucho que podemos empezar a cambiar en nuestras acciones, sin la necesidad cómoda de esperar que alguien nos diga chiqs les abrimos una puerta en el sistema y construimos para ustedes comunicación libre de censura y restricciones, porque eso no va a pasar. ¿Cuánta información crítica respecto al arte circula en nuestra cotidianeidad? ¿Cuántos son los artistas que nos acercan la idea de tener el poder para efectivamente transformar la realidad de una manera práctica y concreta? Según lo veo podemos sumarnos a la lucha eterna contra el sistema, o bien podemos usar todo ese tiempo y esa energía para reinventar las bases y criterios que utilizamos diariamente para relacionarnos con el arte. Partir desde este punto en adelante.

“Parte de la responsabilidad de crear un sueño es crear un mundo en el que cumplir ese sueño sea normal.”

NOTA: esta última frase, así como la pregunta disparadora, las tomé de la Charla TED de Alvin Schutmaat “creas el arte que consumes” que pueden encontrar en Youtube, una plataforma por demás restrictiva y censuradora, pero que de alguna manera retribuye monetariamente a los artistas y nos brinda la posibilidad de acceso a otras maneras y puntos de vista. Te banco mucho Alvin, y ya que estoy les recomiendo “¿debemos separar arte de artista?”