Una presencia débil

Como un susurro

Como el fuego de una vela

Un silbido evanescente.

Se destaca por su materialidad suave

Es una persona aire

Un exhalo

Helado y cálido a la vez

Que no molesta.

Un precioso cristal, rosado, estético

Que no grita.

A pesar de sus esfuerzos por ser hostil 

Siempre retoma el camino 

Rumbo al núcleo de la flor, de la carencia 

y el cariño. 

En su estante guarda su arte

para sí.

Es una roca llamativa

Curiosamente viva

Lucha contra su galaxia interna

En especial

Con el sol. 

Se hizo amiga de la lejanía

El vacío espacial

Y los agujeros negros del tiempo.

Escuchó el sufrimiento de las hermosas estrellas.

Comprendió la profundidad que abarca un átomo.

Y la vía láctea latente en cada segundo de soledad.

Inundó sus confines a diario

Sin poder comprender jamás al astro culpable de su inercia. 

¿Será menester una caída? 

Es obligatorio introducir una mano 

E ir moldeando la fuerza que emerge desde dentro.

Hay una curiosidad socializada sobre la fuerza de voluntad: 

Tiene el potencial de ser infinita.

Tomo un pedacito y me caigo.

Tomo otro pedacito y me tiran.

Desfallezco en el suelo mientras autos imaginarios me pasan por encima.

Me empacho de luces

No hay nada que nombrar sino se tiene

En el fondo

Un ancla altruista de acariciar a un otro.

Tomo un pedacito más, tengo coraje.

Inicia el viaje, me apedrean.

Los idealistas padecen una enfermedad que anhelo contagiarme.

¡Otra vez!

Se procede a tomar impulso, again, hasta el final

Hasta que la piel, la carne y los huesos 

Se parezcan al cielo y su traslación.

A los planetas y su rotación. 

A su incansable movimiento.

Durante la inercia debo aprovechar el tiempo para rescatar un insecto indefenso

Un humano extraviado

Un animal hambriento.

Solo así se nutre el todo de un atisbo de significado.

Solo así encuentro alivio a la ensoñación que me hace viento pasajero.