El otro día, el otro día, el otro día, siempre escribo sobre el otro día porque acordarme del hoy se me olvida, sólo me acuerdo del hoy en el momento donde estoy llorando y suplicando que esto pare, que esta extraña sensación de la cual estoy tan extrañamente acostumbrado a sentir pare de meterse en el cuerpo y me cambie el contraste de lo que puedo percibir, que me haga querer morir o que me haga querer vivir, un sentir que sólo escribo, cuando en llanto he caído…

 A veces ha sido cuando estoy sobre la mesa acostado, reclamando de por qué me tocó a mi sentir tanto. A veces fue acostado en el futón de mi hogar, hogar donde no me encuentro a salvo. A veces fue sobre mi cama, qué horrible es acostarme sobre mi cama, está tal cual mi cabeza piensa, un desorden enorme con varias ropas en ella. A veces sobre el piso de mi pieza, es cuando me harté de la cama y tengo inexplicables ganas de seguir emanando dolor en mis lágrimas. A veces en el piso del baño, que es luego de cuando de repente me levanto y finjo demencia, que nunca nada ha pasado, voy a lavarme la cara, y en el espejo quebrado, me encuentro con mi rostro hinchado, me miro y siento compasión con el hombre que veo reflejado, nadie entiende tu dolor pero yo lo hago, y vuelvo a caer en llanto y así termino acostado. A veces salgo del baño, voy a la cocina y finjo demencia, que nada ha pasado, pero empiezo a tomar agua y a medida que el líquido fluye por mi garganta, en mis ojos fluyen otra fuente de agua, y termino llorando en el piso, con tanto odio de que él me sostenga, de que no me deje caer tan fuerte como quisiera, me arrastro a duras penas, y a veces me duermo en la espera de que el sufrimiento baje, pero si hoy baja, mañana me espera.

Es sufrimiento de todos los días, sin embargo, escribir sobre hoy, se me olvidó.