diez poemas más



I
dejé un vaso grande de vidrio
apoyado apenas sobre la bolsa
de tabaco para que no se abra
y se seque, y así quedó, a punto
de caer, inclinado toda la noche.
lo bueno que hay cuando pasan
estas cosas es que no hace falta
para nada escribir metáforas


II
no quiero ver ciervos en una película
ni leer sobre sus huellas en la nieve
de alguna novela noruega. se abusa
de la parsimonia casi humana de esos
animalitos desde bambi. no tengo el
menor interés en verlos en la mira
de un cazador ni verlos caminar lento
en largas escenas pretenciosamente
significativas ni quiero verlos saltar
huyendo de algo así como nosotros.
lo que me gustaría la verdad es un
pedazo grande de ciervo ahumado


III
Nadie ha pagado la luz y por eso
niños en grafa vendrán a cortarla
Los esperamos, les daremos besos
y que se apiaden desta espera amarga
Van a apagar la luz, rápido leo:
Edipo a su madre quiso matarla,
funestos ciegos cegaron a Ernesto,
que Carriego fumaba y era ciego
Mientras llega la tarde leo cosas:
cráneos vacíos miran todavía,
Borges sin ojos en tiempos de Rosas
(Por la noche los censores venían,
y vimos en la penumbra espantosa
unas pinzas gigantes que tenían)


IV
cuando estás por levantarte de día y ves
en el aire esas cositas flotando al sol que
entra por la chapa. son átomos que durante
el día no viste porque no se ven y se mueven
lento y sin parar. galaxias o cuerpos divinos o
pelusas de chicas divinas o basura agria o música
que gira y se abre o se junta o brilla y no te pide
que la escribas. y también cada puntito de esos es
gente en la ciudad tan pobre tan triste que no pide
nada. incluso podrían ser insectos muy chicos


V
la luz de las estrellas viene
a agujerearte o te aplasta.
la tierra vasta de la pampa
esconde tu carne o la muestra
al sol. te lleva el aire caliente
o te carcome. la tierra, la luz,
el aire van a nacer hoy o ya
nacieron. hay que tener cuidado


VI
sobre el cielo casi negro
las hojas del álamo tiemblan:
un lado verde, uno blanco
y pronto al revés. el aire
las mueve a tiempo, justo
a las doce de la noche de
un año que parece nuevo


VII
estamos cansados de que el mundo
se parezca a veces a un cuadro de
hopper. no es porque el cuadro
estea mal, al contrario. todo parece
tanto pertenecer a ese momento, a
ese tiempo, puta madre. muchas
cosas ordenadas por esa luz, eso
cabe en esa puta luz. lo que nos
va molestando es el orden que
su mano pudo encontrar. es
el orden, es el arte. puta madre


VIII
la pared blanca del cuarto
te abruma. le hicieron los
albañiles ondas y líneas y
relieves como pequeños
valles casuales. el ruido
monstruoso de cualquier
adorno es imposible: un
grito callado, constante,
interior, de humano miedo


XIX
los espejos se guardan en un lugar
literario más bien molesto pero
parece que hay que mirar las cosas
espejadas porque si no dolerían
mucho. en un charco, en un escudo,
en la hoja de una espada, en tus ojos:
espejos empañados o sucios o con
pelusas, oxidados, con tierrita, como
las cosas que hubiéramos visto si
acaso hubiéramos podido verlas


X
en el aire del verano hay tiburones
suaves grises mojados que dan vueltas
y vueltas y apenas te tocan ay es más
negro que gris que un escualo que no
ves apenas te toque con toda su gracia
te moje el muslo con la sangre fría que
lleva adentro ay no hay agua salada ni
nada que cure la herida fresca invisible
que te dio con sus dientes de seda en
el verano un tiburón aéreo

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