En mi pueblo están de moda los microrrelatos (Parte II)

VI

Dice que el asado es solamente a la estaca, con lenga y de cordero. Y que además se toma guisqui y no vino, porque el vino es de paisanos ordinarios. Todos le siguen la corriente, en la casa de él si convida -es raro que convide- se come eso. Pero además hay un día que es como una fiesta del pueblo, o sea, que él lo puso porque es el más viejo. Es el veinte de julio y todos ese día van al terreno de Hansen, comen cordero y toman criadores. Y además hasta va gente de otros pueblos, que él espera que venga esa gente porque dice que son “los de su raza”…, bolazo. El Hansen está medio loco y además mi abuela dice que es un puerco, que tocaba a la nenas cuando tomaba guisqui y que de joven decía que nosotros somos los gauchos y que por eso él no se casaba, porque en este pueblo no hay señoritas como la gente. Un día dice mi abuela que en el boliche del Albo un negro que venía de una quinta de atrás del salar lo acogotó feo porque hablaba de más y desde que pasó eso el Hansen está más tranquilo. Dice mi abuela que nunca había visto un peón tan negro como ese.

VII

Lo que se ve de noche clarito son los ventiladores. Mirás para aquel lado, por el medio del campo para el lado de Bahía y los ventiladores largan una luz roja cada dos segundos, ponele. Y ahí los ves, porque miden como ochenta metros. Si no los viste antes, un poco de miedo te dan ahí en lo oscuro. Los puso el gobierno para hacer luz, para que tengan luz los de la Petroquimica. Y como acá hay viento, ya se sabe que con el viento del campo se manda luz. Los de Bahía vienen y los ponen ahí cerca de nosotros porque creen que somos ignorantes, pero tanto no somos. Antes cuando los estaban poniendo pasaban unos camiones que eran como cuatro veces más grandes que un camión normal, que arriba tenían las partes de los ventiladores, y los miliquitos cortaban la ruta. Nosotros ya sabíamos que cuando los del gobierno mandan a cortan la ruta algo malo va a pasar, puede pasar un año, pero va a ser algo malo.

VIII

Ayer viernes me tomé el cole y fui al Bingo de Bahía. Es un lugar donde todos son como de otro país porque todos están pasiando. Es como que todos quieren salir de paseo. Qué número te va a tocar es un viaje de una, es a dónde vas a ir a parar o a dónde va a ir a parar tu plata que tanto te ganaste en la pollería o en tu jubilación, y ahí solamente pensás en eso. Lo que me gusta es ir de una máquina a la otra por el piso de alfombra, si no me miran todos posta andaba descalza corriendo por ahí. Un pibe como de mi edad con camisa blanca me compró más fichas y me daba charla: “de dónde sos”, “de qué signo sos” y eso. Pero después me fui a la mejor parte que es el restorán. Una milanesa con huevo frito y papas y ensalada o unos canelones con boloñesa son re baratos y ni hablar del postre, porque obvio los tipos quieren que vayas y te gastes la plata en las maquinitas. Así que yo voy a jugar un poquito menos, pero como dos veces. Ja.

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