Una novela de Osvaldo Roble (Osvaldo Blengini)

Acción en tiempo real.

Te aseguro que los acontecimientos no van más allá de las 24 hs. Publicados en 24 entregas diarias.

                                                           ENTREGA 11

ÍNDICE DE LA ENTREGA 11

Hora 10.00 Escenario 3

El contacto radial se establece y el general Fulkner le ordena al operador:

Hora 10.30 Escenario 2

El VAE 134 quedó inoperante y con todo su sofisticado sistema auxiliar…

Hora 10.40 Escenario 3

Improvisando sobre la marcha por la ausencia de energía, con el poderoso…

Hora 10.45 Escenario 2

Cinco minutos es poco en el paso del tiempo, pero sumergidos en aguas…

                                                          ENTREGA 11

Hora 10.00 Escenario 3

El contacto radial se establece y el general Fulkner le ordena al operador:

 -Pregunte si pueden movilizarse con la unidad hacia algún punto de extracción.

 -¡Perdón y también si los vigiladores están ahí! –se inmiscuye Molinari, ansioso por saber de sus hombres.

Fulkner lo aprueba con un gesto, pero la modulación radioeléctrica se trunca.

 -¿Qué cuernos sucede? –exclama Fulkner mirando al capitán Benítez- ¿Por qué no se activó la energía auxiliar?

-No tengo idea señor –responde el capitán intentando en vano comunicarse con el sector técnico.

Grupos de ingenieros escoltados por comandos del COS se movilizan por diversos sectores investigando las causas de la inhibición energética.

 -También se cayó todo el sistema –anuncia Benítez señalando hacia los grupos electrógenos inoperantes- y las baterías se descargaron de golpe.

 -¿Será posible? –protesta Fulkner saliendo del remolque para encender un habano.

-¡Qué extraño! –opina el mayor Steiner, el ingeniero electrónico a cargo del sector… No hay chispa ni excitación y los amperímetros no acusan lectura de corriente eléctrica…

 -¡Desplieguen las comunicaciones de emergencia! –ordena luego Fulkner al grupo de operadores a su alrededor- ¡Esos teléfonos no necesitan baterías!

-Sí, pero tampoco funcionan, señor –le informa Steiner y agrega: ¡Están muertos!

 -¡Maldición! Escuchemé, Benítez… ¡Me despacha una comisión en helicóptero y me averigua qué alcance tiene este apagón!

 -Estamos intentando pero los motores no encienden señor.

 -¿Pero qué dice Steiner? –inquiere Fulkner, encolerizándose- (Esto sólo ocurre en las películas) –piensa en tanto- ¿Los “tanques” tampoco? –pregunta finalmente.

-Nada que utilice corriente eléctrica en su circuito motriz, señor –le explica con desconcierto el mayor Steiner.

-¡Pero los motores usan combustible carajo!

 -Su software se rige por la electrónica, señor –retruca el ingeniero-, al igual que en las aeronaves. Aunque podemos probar empujando los vehículos gasoleros para arrancarlos.

-¿No deberíamos activar el P.E.I., general? -le susurra Benítez.

 -¡Sí! ¿Dígame cómo activar el protocolo internacional, Benítez…? Sin comunicaciones y sin movilidad… ¿Tirando una bengala??? ¿Remontando un barrilete???

 -Con todo respeto, general –interviene Molinari pitando con insistencia su cigarro artificial-. Me permito sugerirle una modalidad primitiva: Caballos para traslados, sol para señales y palomas para mensajes…

Fulkner enrojece y se hincha… Entonces interviene Benítez.

 -¡Ah puede ser! Tenemos la división de mensajería colombófila… ¡En aquél remolque!

 -Bueno… manéjelo Benítez… Me informa qué alcance tiene ésto y cuándo tendremos energía.

 -Y para ir adelantando –agrega Molinari con mayor entusiasmo-… Se puede mandar algún soldado con aptitud a que trepe a la torre de antena con un espejo y así puede enviar señales Morse a la flota.

 -¡Ah bien Molinari… Lo voy a contratar como asesor civil!

 -Cuando disponga señor –acepta la moción el supervisor sin dudarlo-. Y si se le complica traer a la división equinos, le recuerdo que aquí cerquita está el Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín.

 -¡Pero es la escolta del presidente! –chilla Benítez, celoso.

 -Vaya hasta la Casa Rosada en bicicleta y ¡pídalos prestados Benítez!

Hora 10.30 Escenario 2

El VAE 134 quedó inoperante y con todo su sofisticado sistema auxiliar fuera de servicio. Empujar este mastodonte de trece mil kilos entre tres hombres y una extraterrestre, se dificulta. Entonces el grupo decide movilizarse a pie por la cerrada vegetación, aunque temiendo que los Rasters puedan alcanzarlos.

 -¡Che Izma!… Bien por laz raziones alimentizias, eh –comenta Julián, trajinando torpemente entre los arbustos mientras mastica un turrón de maní.

 -¡Ah sí! –asiente Hortigoza cuidando la retaguardia con un fusil de asalto- Son víveres programados para una semana de supervivencia.

Separados unos metros de ellos, Nícolas con su gorra colocada y cargando a Pitu camina junto a Lhexia quien lleva un equipo de oxígeno, además de su atesorado archivo.

 -Primero la zona inerte –repasa al aire Nícolas-, después el famoso pulso electromagnético que casi nos liquida y ahora ésto… ¿Me podés decir cuántos recursos más tienen estos tipos, muchacha?

 -Como tú dices, muchacho –le contesta la xinebiana dedicándole una profunda mirada-. Son recursos defensivos que aprovechan la fuerza del oponente para potenciarse… Y te habrás dado cuenta que sus acciones son pasivas, pues dejan inoperante al oponente sin agredirlo.

 -Evolución –masculla el vigilador, analizando lo dicho.

 -Simple, muchacho; evolución humana.

 -Nosotros estamos tan lejos de eso… No parecemos humanos… La maldad la presentamos siempre en primer plano.

 -Ya les he contado dónde está instalado el problema en tu raza y acá les traigo el método para erradicarlo. La maldad humana es provocada por una familia de genes debidamente identificada, ¿entiendes eso?… ¡Es una falla de vuestro origen que tiene solución! Pero primero deberán superar sus propias barreras ideológicas para lograrlo.

 -Además de los intereses creados –murmura él, afligido.

 -Esos, son algunos de los productos generados por esa maldad estructural –define la xinebiana-. Por eso… ¡Deberán contar con decisión y huevos!… ¡Oh perdón! Una falla en mi traductor… ¡Y coraje, quise decir!… para comenzar a extirpar este Gen y sus ramificaciones… ¡Y te aseguro que se puede, pues nosotros lo hemos hecho!

Nícolas le dedica una mirada mezcla de temor y admiración a la humana xinebiana, pues desde su óptica masculina terrícola, nunca vio a una mujer con tanta determinación.

 -Sí, pero estos tipos no son muy santitos pues los dejaron a todos atrapados en esa bruma rojiza…

-No son tipos, muchacho; se trata de máquinas programadas y has visto cómo operan… Antes de caer al agua, los tripulantes de los helicópteros, quedaron suspendidos en una nueva zona inerte y así seguirán hasta sus reactivaciones, pero no están muertos… pudiendo haberlo estado.

 -¿Y todo esto lo hacen esos cuatro gorilas?

-No todo… Hay otras fuerzas que aprovechan esa generación extrema de energía para beneficio propio.

 -¿Vos decís que además de estos seres, hay otros?

La xinebiana no responde y el vigilador insiste.

-¿Cómo es eso muchacha?

 -En donde se origine un conflicto armado siempre se provoca una alteración electroestática del ambiente… Esa energía liberada no la percibimos pero está y puede ser aprovechada por quien aprendió a controlarla.

 -¿Y entonces?

 -La creación de zonas inertes y la absorción energética están relacionadas, pero no las provocan los Rasters…

Hablando de Roma, tras los pasos de la expedición se presentan los perseguidores y Pitu los anuncia.

 -¡Ahí vienen mi primera teniente! ¿Disparo?

 -No no –responde Lhexia sabiendo que sería inútil-. Habían mencionado algo sobre un pantano más adelante ¿verdad?

-Sí, el foso que rodea a la Ciudad Universitaria –le confirma Nícolas corriendo junta a ella-. ¡Está cerca!

 -¡Vayan recogiendo esas bolsas plásticas! -les ordena la xinebiana apuntando a los desperdicios que habitualmente dejan los visitantes de la Reserva Ecológica- ¡Y apuren el paso caballeros!

Sin descubrirlos aún, los cuatro androides se les van acercando tras la señal del localizador del archivo que protege Lhexia.

-¡Escuchen! –grita ella mientras corre tras Nícolas- Estos Rasters no poseen capacidad para localizar el archivo si está sumergido. Y son torpes bajo el agua, así que ni bien lleguemos al pantano nos ponemos las bolsas en las cabezas, las llenamos con oxígeno y nos sumergimos hasta que pasen de largo. ¿De acuerdo?

-Menoz mal que haze poco zanearon el pantano –comenta Julián ocultando bajo el matorral su celular, su arma y su radio para que no se mojen y Hortigoza hace lo mismo con su fusil.

-¿Para qué cuidás tu celular si no sirve?

-Yo zoy de loz que nunca pierden la ezperanza, Izma.

Los autómatas avanzan con sus –podría decirse armas en mano- sorteando arbustos y troncos caídos. Sus cabezas esféricas circundadas por un visor a trescientos sesenta grados, agitan sus luces azuladas de un extremo a otro en busca de su primordial objetivo; la joven Lhexia-110.

 -llegamos. ¡A colocarse las bolsas!

Mientras Julián despliega la bolsa plástica e introduce su cabeza, el soldado se quita el casco y queda esperando pues bolsa no tiene. Lhexia se acerca a ellos para proveerles oxígeno, mientras Nícolas después de ocultar su revólver, su gorra y el transceptor en el pasto y pensando qué hacer con Pitu, hace lo propio con su bolsa.

 -Los dos en la misma bolsa –ordena la supuesta oficial.

Julián le hace un espacio en la bolsa enfrentándose cara a cara con el soldado narigón y se miran con cierta aprensión. Lhexia le inyecta oxígeno y la bolsa se infla. En tanto Nícolas ve que su bolsa está rota y se lo marca a Lhexia, entonces ella le quita a Pitu de los brazos y los mete en la bolsa ya expandida de los muchachos.

-¡A sumergirse caballeros! –les dice dejándoles el oxígeno abierto a los ahora tres aeróbicos embolsados…

Presionando sus cuerpos hacia abajo, ambos hombres y el can se sumergen hasta que la bolsa se pierde de vista. Lhexia regresa a Nícolas con los perseguidores casi encima y notándolo preocupado le dice:

 -Confía en mí terrícola…

Entonces lo atrapa entre sus brazos musculosos y apoyando su boca a la del él se sumergen…

Hora 10.40 Escenario 3

Improvisando sobre la marcha por la ausencia de energía, con el poderoso parque de vehículos de combate inactivo y el sofisticado sistema operativo fuera de servicio, el general Fulkner observa el lanzamiento de las palomas mensajeras que portan comunicados dirigidos a los centros de mando de origen. Junto a él, Benítez, Molinari, la doctora Hérzler y el profesor Renatti, contemplan un errático vuelo de las aves liberadas por su adiestrador, un suboficial mayor de apellido Gutiérrez, cercano a su retiro.

 -En treinta años de servicio jamás he tenido que depender de unas palomas para comunicarme –refunfuña Fulkner.

 -Son nobles y rápidas mi general –acota el cuidador quien confía plenamente en ellas-. ¡Las palomas Bravías pueden volar a cien kilómetros por hora!

 -¡Bah! Sólo sirven para cagarnos los autos –agrega Benítez despectivamente, sin dejar de observar sus piruetas.

-Sin embargo –reacciona Gutiérrez tratando de disimular la ofensa-, muy pocos militares han conseguido las condecoraciones que Cher Ami obtuvo en la Gran Guerra y Winkie, Mary de Exeter, G.I. Joe, Commando, Guillermo de Orange, en la segunda guerra mundial por haber salvado miles de vidas… Señor.

Benítez fulmina al canoso suboficial con la mirada y desviando esa indirecta informa a su superior…

-Ya desplegamos grupos en balsas hacia el destructor Malvinas, general… A los cuarteles más cercanos ya salieron mensajeros en bicicleta. Y a las torres están subiendo dos operadores para transmitir instrucciones por reflexión solar.

Con el sol buscando el cenit primaveral, la temperatura rondando los veinte grados Celsius y una brisa suave proveniente del Río de la Plata, el día se va desarrollando plenamente a pesar de la espectacular tormenta de anoche. El constante vuelo en círculos de las palomas mensajeras llama la atención de su adiestrador y los científicos quienes ponen toda su atención en ellas.

 -¿No les digo? –critica Benítez- En vez de llevar esos mensajes urgentes hacen acrobacias aéreas.

 -Están desorientadas por alguna anomalía en el campo magnético terrestre –diagnostica Gutiérrez, su adiestrador- y no pueden encausar su vuelo.

 -Dan vueltas alrededor del domo que cubre la zona perturbada –apunta el profesor Renatti-. Me pregunto… ¿Estarán “viendo” algo que nosotros no?

 -Daría la impresión que siguen algún patrón geomagnético –agrega la doctora Hérzler y ni bien termina de decirlo, las aves se lanzan en picada hacia la cúpula imperceptible- ¡Hay Dios! ¡Enloquecieron!

Las palomas se pierden dentro de la gigantesca escenografía que muestra una imagen normal de la Ciudad Universitaria ocultando la verdadera con destrozos.

Hora 10.45 Escenario 2

Cinco minutos son escasos en un lapso temporal, pero sumergidos en aguas turbias, con sus rostros enfrentados dentro de una bolsa tipo consorcio y con un ronroneante animalito en el medio a Julián Rodríguez y al cabo Hortigoza les parece una eternidad…

-ya pueden subir-les susurra Lhexia dándoles palmadas en las espaldas-. Ya pasaron.

En tanto Nícolas, aún consternado por aspirar el oxígeno que la muchacha le fue suministrando desde su boca recibe a Pitu, quien al verlo le mueve el muñón de su cola.

 -Hola amiguito, ¿te asustaste? –le pregunta saliendo del pantano para buscar su arma.

 -Che ruzo –dispara Julián-. ¿Cómo ze arreglaron con eza bolza rota?

Nícolas se ruboriza.

 -Usamos un canuto de plumerillo, Maqui… Dejá de preguntar boludeces y movete.

 -Mmm… Ahora yo digo ¿para qué mierda conzervamoz eztoz radioz, zi no hay energía?

 -Esperanza a que vuelva, Maqui… Esperanza.

El grupo retoma el escape con el agua a medio cuerpo y sus cosas encima siguiendo la circunvalación del foso.

 -Disculpe mi primera teniente –farfulla el infante de marina cuidando la retaguardia con su fusil en alto-, ¿a cuánto cree que estaremos de nuestras líneas?

 -Más cerca de lo que piensa –responde la falsa oficial encabezando la patrulla junto a Nícolas.

De pronto, la xinebiana logra distinguir las robotizadas figuras de los cuatro Rasters y agachándose los señala, el resto se detiene pero Pitu se inquieta y antes que comience a ladrar Nícolas le pela un chocolate y se lo da.

 -(Se dirigen a la zona inerte) –susurra ella al oído de Nícolas.

 -(¡Ah mirá! Pueden moverse libremente ahí dentro).

 -Así es –asiente ella sujetando su archivo-, poseen un campo de fuerza propio, es como una burbuja que los mantiene en una atmósfera de aislamiento bioeléctrico.

Después de un rato. Nícolas balbucea una inquietud.

 -¿Te puedo preguntar algo?

 -Sí dime.

-¿De dónde sacaste oxígeno para pasarme?

La xinebiana sonríe.

-El mono de invisibilidad que llevo debajo de estos harapos mojados, contiene unas escamas multicelulares que producen oxígeno y me lo transfieren por ósmosis a mi cuerpo.

 -Conque ósmosis eh –farfulla él deslizando suavemente una mano por sus propios labios.

 -¡Continuemos! –ordena la xinebiana, yendo a otra cosa- Los Rasters entraron en la zona inerte.  

Continuará mañana…

 
 nebiana yendo a otra cosa- Los Rasters entraron en la zona inerte.