Debo confesar que los años me pesan, mi gran estímulo es que a la familia aún le soy útil pues me siguen confiando sus alimentos y bebidas como en los años sesenta, cuando mejor marchaba. A don Cristóbal -quien siendo jovencito me eligió entre muchas-, en estos últimos meses lo noto un poco perturbado; ¿será por el tema este de la cuarentena a la que está sometido junto con la patrona?… Mmm… ¡Y!, es difícil acostumbrarse a este encierro y me doy cuenta porque me abren a cada rato, a veces no entiendo para qué, pues miran un rato y después me cierran sin sacar nada… Sin embargo, rescato de bueno que al consultarme más seguido me dan la posibilidad de enterarme de sus cosas y así no me aburro, es feo estar siempre a oscuras, sin ver ni oír nada, como en las vacaciones… Creo que esto de quedarse todo el tiempo en casa por culpa del virus los está alterando, me doy cuenta porque la patrona cierra mi puerta con bronca, encima ahora me llenan de frutas y verduras con un olor a lavandina que me provocan alergia y tengo que aguantar a estar cerrada para estornudar… Antes, cuando trabajaban cada uno por su lado, recién a la noche me abrían y yo marchaba menos, pero ahora… ¡Mamita! Me hacen recordar tiempos pasados, cuando estaban los chicos; ahí me llenaban de comidas: ensalada rusa, embutidos, fiambres, cervezas, vinos y cosas dulces como tortas, gelatinas, postres helados –que no duraban mucho, pues no soy como el fulano este de al lado que los mantiene por meses-. ¡Ja! En aquella época este fulano no existía, era yo solita para todo; en los cumpleaños me llenaban de sándwiches de miga envueltos en repasadores y esas masas finas que siempre me manchaban, además de chips y otras cositas más, ¡uf! los metían en cada rincón y no me dejaban respirar, encima los dos mayores cumplían en verano y había que trabajar más… Jarras de jugos, gaseosas, cervezas para los grandes y hasta me llenaban el congelador… Siempre exigida, al igual que en las fiestas -que también tocan en verano- además, cuando llegaban esas olas de calor me hacían fabricar cubitos a cada rato… ¡Ufff! Si las habré pasado… Y no te cuento cuando los chicos se golpeaban o tenían fiebre y venían corriendo a sacarme cubitos… Pero bueno, ahora trabajo menos y don Cristóbal hace poco me hizo un rejuvenecimiento y así iré tirando hasta jubilarme… Ya me falta poco para los sesenta, no debo quejarme, los pude acompañar todos estos años y estoy orgullosa de ello. ¿Ah, pero qué es esto? Acaban de abrirme y puedo chusmear cómo los patrones se ríen mirando el celular, parece que están hablando con los nietos… Ojalá demoren un rato en cerrar la puerta para poder disfrutar este hermoso momento… Yo también soy parte de la familia…

                                                                                 Osvaldo Blengini