Una historia en tiempo real, de Osvaldo Roble


                                                      Última parte del primer libro de la trilogía.

Hora 13.15 Escenario 5

Un repentino viento cálido, agita las hojas de los frondosos árboles de la reserva y las bandadas de aves -que revoloteaban desorientadas- ahora se dirigen resueltas hacia el río.

 -¡Pareze que viene una tormenta, muchachoz! –comenta Julián, sentado sobre un tronco junto a Pitu.

 -¿Qué decís, Maqui? –retruca Nícolas, observando el cielo- Ni una puta nube hay.

 -Es un remolino y viene del lado de los pabellones –advierte Hortigoza, observando con los binoculares y de esa manera, puede distinguir la entrada en escena de un gran globo, también dirigiéndose al río.

 -¡Abra la válvula aliviadora, señor! –le sugiere Jacub, a quien sería un superior de otra fuerza ¡Eso nos hará descender! ¿Entiende?

-Parece, uno de esos globos que usan para meteorología –relata Hortigoza-. ¿Lo habrán largado para estudiar este tornado?

Lejos de la suposición del soldado, el globo comienza a enroscarse sobre sí mismo y los lastres humanos, a balancearse peligrosamente.

 -¡Ah!… ¡Pero vienen dos tipos colgados!

Nícolas y Julián se acercan y le piden el largavistas, pero Hortigoza no lo cede. En tanto en el globo, el camarógrafo al fin acciona la válvula que expulsa el helio y el globo, comienza a perder altura.

 -¡Se viene para acá girando como un trompo! –relata Hortigoza, consternado- ¡Están en problemas! Un soldado y un hombre aferrados a la canastita… ¡Y adentro, hay otro! ¡Van a caer!

 -Bueno, ¡vamos a auxiliarlos! –grita Nícolas, encaminándose hacia el lugar donde calcula la caída.

Hora 13.20 Escenario 6

Dentro de las instalaciones de IAFE y en todo su entorno, se vuelve a presentar esa paralización física que deja a todos estáticos. Y así, a los soldados se los ve congelados en posiciones de combate, junto a Molinari y las científicas. Sin embargo, esta vez, ocurre algo excepcional en medio de esa escena silenciosa, pues el capitán Benítez recobra su movilidad y rápidamente se aleja de la zona muerta.

Transcurridos unos minutos, al oído de la rígida doctora Hérzler, una voz femenina le susurra:

-(Usted, tiene aspecto de científica experimentada).

Súbitamente, la investigadora se recupera y sin entender lo ocurrido, intenta respirar en un ambiente sin aire… Estando a punto de entrar en pánico, siente que alguien le coloca una mascarilla salvadora.

-(Por tal, va a venir conmigo a resolver una cuestión, que nos atañe a las dos…) –prosigue, quien la asiste desde la invisibilidad con un inhalador.

Aún aturdida, la doctora camina por reflejo natural, en compañía de alguien que no puede ver, pero sintiendo un cálido abrazo que la lleva.

 -Tranquila Ángela Hérzler –le susurra Lhexia, leyendo su identificación-… Sufrió un híper-choque de cargas ionizantes y como usted sabe, los seres humanos somos bioeléctricos.

Si bien, a la científica el comentario técnico le resulta coherente, lo único que le preocupa en este momento, es saber quién le habla, pues no ve a nadie

 -¿Qui… quién es usted? –pregunta con cierto temor y librada de la máscara, por hallarse ya fuera de la zona inerte.

 -Digamos que soy alguien, que logró confeccionar un mono de invisibilidad -le simplifica la xinebiana, exhibiendo sólo su cabeza y extremidades.

 -¡Increíble! A los nuestros, apenas logramos achicarle dos talles.

 -Todo  doctora, ustedes ya llegarán a eso, aún llevan atraso en tecnología biotextil –le comenta la xinebiana -en voz alta- pues todavía persisten ruidosas réplicas de la tormenta energética.

 -Ah, ya recuerdo –los sintéticos esos.

-Le pido me preste su guardapolvo, pues debo quitarme mi mono… Por favor.

-Desde luego, ya mismo… y muchas gracias por su ayuda.

Lhexia se despoja de su traje, exhibiendo su cuerpo desnudo ante los asombrados ojos de la científica y se coloca el delantal, pues sabe que su traje activado, actúa como un imán para los Rasters, ahora desaparecidos.

 -Bieb doctora, ahora debemos trabajar juntas para neutralizar a estos seres y regresar a esta gente a su estado natural.

 -¡Ah, usted piensa como yo! –reacciona la científica-… ¡No están muertos!

 -No claro… Sólo se encuentran detenidos en el tiempo.

  -¡Excelente!… Espero poder ayudar a resolver lo que todo un ejército no pudo y me reservo la infinidad de preguntas científicas que tengo para hacerle.

 -Le prometo que responderé a todos sus interrogantes, después de normalizar esta situación, pero antes necesito su ayuda.

 -La noto muy segura.

-Lo estoy.

Hora 13.20 Escenario 5

En el último tramo de la Reserva Ecológica, el globo desinflado quedó yacente sobre las copas de los árboles más altos y la canastilla -casi en el suelo- con el alférez Acosta dentro.

 -¡Está desmayado! –grita Hortigoza desde el lugar, mientras con su cuchillo corta las riendas del globo.

 -¡Acá encontramoz otro y eztá bien! –avisa Julián, junto a Nícolas.

En eso, un poco maltrecho, con su rostro aún pintado y su uniforme desgarrado, aparece Jacub entre unos arbustos.

 -¡Sargento primero Jacub, COS! -se identifica, empuñando su pistola con cautela.

-¡CABO PRIMERO HORTIGOZA! ¡ARTILLERO DE TORRETA VAE 134, MI SARGENTO! –se presenta el resuelto comando, cargando al pequeño alférez sobre su hombro.

-¡Vigiladorez agenzia Zezna, complejo univerzitario, ayudando! –hace lo propio el ceceador.

Entendiendo la situación, Jacub enfunda su arma y se pliega a la asistencia del aeronáutico desvanecido.

 -(Antonio Renatti, investigador UFO) -lee Nícolas en voz baja, la identificación del científico, mientras le da agua de un bidón- ¡Este hombre está bien…!

Ni bien se recupera, Renatti y los vigiladores se acercan a los militares que intentan reanimar al alférez.

 -Recibió un golpe en la cabeza –diagnostica Hortigoza-. Tiene un flor de chichón.

 -Debemos trasladarlo a un centro médico –decide Jacub-, la canastilla del globo servirá.

Hora 13.30 Escenario 6

En las inmediaciones del IAFE, fuera de la zona inerte y en una atmósfera más calma, Lhexia y la doctora caminan resueltamente.

 -Perdón, ¿puedo tutearte? Sos muy jovencita.

 -¿Tutearte? –repite la xinebiana, tratando de entender el término.

 -Sí sí, tratarte de vos.

 -Ah, desde luego doctora. Mi nombre es Lhexia.

 -Mucho gusto, Lhexia, me dicen Angie… En uno de los camiones, se encuentra mi biotraje espacial que cuenta con oxígeno, podemos buscarlo.

 -Sí, va a hacer falta para hallar la fuente de poder que nos controla.

 -Comprendo ¿y vos cómo sabés eso?

Lhexia le dedica una mirada, que la científica entiende.

 -¡Perdón perdón! –se disculpa la doctora- Habíamos quedado en que las preguntas para después. Bueno me corrijo; ¿Tenés alguna manera de detectar esa fuente?

 -Es un vórtice de absorción energética, que se alimenta de toda clase de emisión electromagnética.

 -¡Ajá! –asiente la científica, reprimiendo sus inquietudes- ¿Y entonces?

          -Está muy cerca y si bien es invisible a los ojos, con esta vincha puedo detectarlo.

 -Entiendo… ¿Y luego qué hacemos?

 -Pedimos ayuda.

 -¡Pero, están todos en pausa!

 -No me refiero a ellos…

Hora 13.40 Escenario 2

Al paso que les permite este tramo de la selva, el grupo conducido por el sargento Jacub, avanza fatigosamente orientándose por su brújula y el sol. El dúo de vigiladores carga la canastilla del globo con el camarógrafo inconsciente y aprovechando el transporte, el bulldog francés viaja curioseando el ecosistema que los rodea. Los sigue el profesor Renatti, con su rostro oculto bajo una profusa barba y el enjuto Hortigoza, fusil en manos y atento a cada hoja que se mueve.

 -Allí delante está el foso de circunvalación –les comenta Jacub, sin detenerse-, debemos seguir hasta el puente rojo, damos un rodeo a la zona afectada y así llegaremos al centro de operaciones.

Antes que alguien diga algo más, desde los matorrales se escucha una voz autoritaria que los perturba.

 -¡ALTO! ¿QUIÉN VIVE?

El primero en responder es Jacub, echándose cuerpo a tierra y apuntando su pistola con ambas manos.

 -¡SARGENTO PRIMERO JACUB, EN MISIÓN DE RESCATE!

Hortigoza se arrodilla con la mira de su fusil en un ojo y puede ver desde la espesura asomarse cuatro jinetes de la policía, escoltados por comandos del COS.

 -¡Al fin lo hallamos, sargento! Soy la oficial principal Gisyshato, Escuadra Azul del cuerpo de Policía Montada.

 -Bienvenida y gracias oficial… El alférez Acosta necesita atención médica urgente.

 -De acuerdo, ya dispongo su traslado –responde la vistosa oficial, dando indicaciones silenciosas al grupo que la precede-. Contamos con un médico y dos camilleros por pelotón.

 -¿Cuántas patrullas revisan el área? –pregunta Jacub, mientras el alférez y sus acompañantes son asistidos.

La oficial de ojos oblicuos se aproxima a Jacub y desmonta, exhibiendo su prestancia ante los rescatados.

 -(¡Guauu!… ¡Cómo brillan suz botaz!) –le sopla Julián a su compañero, quien muy cerca de él, le transfiere un rodillazo.

  -Cuatro pelotones de sus muchachos, sargento –le responde Gisyshato, sin soltar las riendas de su yegua-. Nos enteramos del episodio del IAFE y luego vimos su acto de arrojo al colgarse del globo; si desea descansar, yo puedo continuar con la misión.

La lógica sugerencia de la oficial, ni pasa por la cabeza del comando, a él sólo le preocupa la seguridad de esas personas.

 -¿Qué sucedió con los civiles y mis hombres?

Mientras acaricia la frente de su animal, la oficial le responde con un gesto de resignación.

Hora 13.50 Escenario 6

Unidas por un mismo propósito, dos mujeres que recién se conocen, se mueven con precaución por lo que estiman sería el comienzo de la zona inerte, pues así lo anuncia el tinte rojizo de todo ese sector.

 -Biebdoctora, voy a reanimarle parte de este camión. Dispondrá de oxígeno sólo adentro del vehículo, busque su traje, mientras vigilo.

A pesar del extraño accionar de esta desconocida, la doctora Hérzler cree en ella y se dispone a ayudarla en su plan. Con ropa civil, la científica trepa a la parte trasera del camión y comienza a revisar cada rincón, evitando tocar a los soldados desvanecidos en su interior.

 -(Dios mío, hay algunos heridos) –piensa- (espero podamos sacarlos de este estado de letargo…)

Sorteando las patas del trípode donde apoya la ametralladora, se acerca a una especie de arcón militar y lo abre. Allí descubre una mochila traslúcida, conteniendo el biotraje y su escafandra y la toma con cuidado, pero al darse vuelta, se encuentra con la sufriente cara de un soldado que la aferra con fuerza de un brazo, pidiéndole ayuda, las palabras no le salen, aunque sí borbotones de sangre que lo ahogan.

 -¡Santo Dios! –exclama con un grito tan fuerte, que atrae a Lhexia.

 -Déjelo doctora, luego lo asistirán.

-Pe-pero ¡tiene una herida en la garganta y se va a desangrar!

-Si no lo vuelvo a su estado de letargo, ya mismo, se va a ahogar con su propia sangre… Baje por favor.

A pesar de los desesperantes farfulleos del soldado, la doctora obedece y lo abandona, muy consternada. La xinebiana la ayuda a bajar y luego proyecta un haz de luz desde su vincha, que regresa al malherido al estado de letargo.

 -¿Cómo hacés eso? –pregunta la científica, instintivamente. Lhexia la mira, sin responderle.

Ya fuera de la zona brumosa, la doctora se desviste, quedando en musculosa y una calza deportiva y comienza a colocarse el equipo espacial. Luego guarda en la mochila, su ropa manchada con la sangre del soldado.

 -Sí sí, ya sé –le comenta a la xinebiana, superada por sus incógnitas-… Te hice una promesa, pero al menos decime de dónde sos, ¡por favor!

 -De un sitio gemelo a este –le adelanta, colocándose nuevamente su mono.

 -¿Un sitio? –replica la doctora, terminando de calzarse su biotraje- ¿Será una ciudad, un país, un continente?

Lhexia no le responde y la científica insiste:

 -O… ¿De otro mundo?

Aceptando el silencio como un final, la doctora se acomoda sus lentes, mientras Lhexia le ajusta la escafandra.

 -A partir de ahora, sólo por señas, Angie –le ordena Lhexia, regulando los diminutos tubos de oxígeno.

La doctora, le responde formando un círculo con su dedo índice y pulgar, mientras la xinebiana camina a su lado, vestida con su mono en modo visible.

Hora 14.00 Escenario 7

Jhesmir, el primero de los tres tamborileros senegaleses, se aproxima montado en la grupa del caballo policial, apoyando su espalda a la del jinete, es decir, mirando hacia atrás. A igual que sus dos compañeros, más rezagados, usa una llamativa musculosa sobre una bermuda amplia y una gorrita con visera que le ayuda a ocultar su timidez. Pero el toque singular, se lo da un pequeño tambor parlante con forma de reloj de arena que presiona bajo su brazo, un instrumento de percusión, capaz de enviar mensajes a varios kilómetros de distancia. Este reemplazante del radiotransmisor, conforma una de las tres duplas, que se encargarán de transmitir las órdenes entre las distintas patrullas, para ellos sería como si se encontraran en la selva africana, pasando información entre las distintas tribus. Este típico representante africano, de tez oscura, cabello mota y cuerpo espigado, llega custodiado por el cabo primero Kowalsky y cada vez que le hacen una broma, exhibe sus dientes deslumbrantes, regalando simpatía con total naturalidad. Y así, desplazándose al paso del caballo, el mensajero policial y su acompañante tamborilero, avanzan por los dificultosos senderos de la reserva.

Hora 14.00 Escenario 2

La oficial Gisyshato y el suboficial Omar Jacub, reagrupan al personal involucrado en la búsqueda de los denominados invasores. Así, tres patrullas compuestas por cinco jinetes cada una y sus respectivos pelotones de apoyo, escuchan atentamente las instrucciones de los oficiales.

 “Está demostrado que estos seres se potencian con nuestras propias armas –arenga Jacub, con conocimiento de causa- y ello lo usan (voluntaria o involuntariamente) en nuestra contra. Por eso, desde ahora vamos a utilizar estrategias de combate distintas que hasta podrían denominarse primitivas, pero no por ello ineficaces… Debemos demostrarles a estas máquinas que somos seres inteligentes y que no nos gusta ser burlados en nuestro propio hábitat. Por eso, con la venia de la oficial Gisyshato, quien ya despachó mensajeros para solicitar los elementos adecuados, solicité el apoyo logístico del cuerpo de pontoneros para que armen trampas bajo nivel y así poder cazarlos. Nuestra fuerza de choque usará ballestas para provocarlos y el cuerpo de policía montada los acarreará hasta las trampas que estarán bajo tierra.”

 -¿Cómo los atraeremos, señor? -pregunta Kowalsky con su casco en la mano.

 “Buena pregunta, comando –se antepone la oficial Gisyshato-. Confiamos en que los descubramos o que simplemente aparezcan, como lo han hecho hasta ahora, pues aún desconocemos sus estrategias y sus intenciones…”

-¡Disculpe, mi oficial principal! –se escucha a Hortigoza, desde un rincón, junto a Nícolas y Julián, quienes le dirigen una mirada de recelo- ¡Sé cómo atraerlos!

 -(¿Qué decís Isma?) –masculla Nícolas, pisándole un pie.

Lejos de amilanarse y creyendo hacer lo correcto, el infante de marina da un paso adelante con el gruñido de Pitu en sus talones.

 -Acérquese, cabo primero –le ordena la oficial, bajo la atenta mirada de todo el escuadrón.

 “Loz hombrez ofenden antez al que aman, que al que temen” –masculla Julián, con bronca, mientras Hortigoza se adelanta y en ese instante, Nícolas se quita la gorra y se escabulle en la vegetación.

-Explíquese, soldado.

 -Se trata de una placa metálica que los atrae, mi oficial principal.

 -¿Una placa metálica? –repite intrigada, la oficial de policía- ¿Pero, es un imán o algo así?

En su afán de colaborar con sus superiores, dado el alto grado de afinidad con las fuerzas militares y un indudable espíritu patriótico, Hortigoza está dispuesto a soltar toda la información que posee al respecto; pero se le cruza una orden dada anteriormente por la –para él- primera teniente Plendersky:

(“Usted ya es parte de esta operación secreta y bajo ningún concepto se puede revelar algo de ella. Esto debe grabárselo, cabo primero. ¿Entendido?

-¡Entendido, mi primera teniente!

 -No lo escucho…

-¡ENTENDIDO, MI PRIMERA TENIENTE!”) 

-Desconozco qué sea, mi oficial principal, pero con los agentes que me acompañaban, comprobamos que por dónde íbamos con esa placa, el enemigo venía tras nuestro.


-Ajá… Y, ¿dónde está esa placa?


-La dejamos dentro de un aljibe, en una construcción abandonada, cerca de la ribera, mi oficial principal.

-Bien, cabo primero, ¿sabe montar?

Hora 14.15

Sentados sobre uno de los árboles derribados, el profesor Renatti y Julián -con Pitu encima- observan la movilización de las patrullas, mientras toman mate cocido caliente.

-¿Dónde habrá ido así de golpe, su compañero? –le pregunta Renatti, sobre la ausencia de Nícolas.

 -Y por cómo zalió, me pareze que eztaba con dezcompoztura –responde Julián.

 -Esteee, usted sabe, que hay un registro grabado del rescate de esa placa desde un anfibio, ¿no?

 -¿Ah zí?

 -En el video se puede ver al cabo Hortigoza y a usted, asistiendo al buzo que sostenía esa placa.

 -¡Ah zí, claro! –reacciona Julián, rápidamente- Una ofizial de la Fuerza Aérea que encontramoz en la playita del río, hizo de buzo.

 -¿Y usted conoce qué contiene esa placa?

 -Ni idea…La ofizial perdida -como tantoz otroz- zólo noz dijo que eztaba en una mizión de vuelo, cuando derribaron zu avión.

 -Ah, entiendo… Es algo que tenía en el avión. ¿Y qué sucedió con la oficial?

 -Dijo que iba a inveztigar dezde dónde le dizpararon y ze fue… No me pregunte adónde, zeñor.

 -No, claro ¡perdón! Bueno, me voy con la oficial Gisyshato al lugar que indicó el cabo ese… ¿Usted viene?

-No no, graziaz, me quedo con Pitu… Zaludoz.

Hora 14.20 Escenario 5

Con un particular gesto de malestar e incomodidad, Hortigoza va esquivando ramas montado en un caballo. El enjuto comando de marina, detesta montar, pero su gran responsabilidad con el desempeño de su función militar lo llevó a ello. Detrás de él, la oficial Gisyshato, montada en su yegua, voltea cada tanto para supervisar el despliegue de los diez hombres que la siguen, incluido el sargento Jacub.

 -Estamos cerca, mi oficial principal –le indica Hortigoza, sin darse vuelta…

Internamente, el infante de marina se siente incómodo por su posición respecto al procedimiento adoptado y en sus pensamientos le rondan conceptos éticos y morales respecto a esa conducta.

(Puta madre… ¿Es correcto lo que estoy haciendo? La teniente primero me dio una orden de no revelar nada de esta operación y la desobedecí… Pero, yo tengo la obligación patriótica de combatir al enemigo. Y si esta placa sirve para atraerlos, estoy haciendo lo correcto… Total, mientras que no la abran, estará preservada y segura, hasta que la oficial aparezca y se la devuelvan… Debo encargarme de no perderla de vista… Y bueno, si oculto lo que sé, tampoco estaría haciendo lo correcto… Sí claro, pero ella me dijo que es algo importante para la seguridad nacional… ¡Me parece que me mandé una flor de cagada!)

Al llegar a la ruinosa construcción, los comandos toman posiciones tácticas entre y sobre los árboles circundantes.

-¡El aljibe está por ahí atrás, mi oficial principal! –le indica Hortigoza.

-De acuerdo, revisen –ordena Gisyshato, desmontando.

Custodiada por Jacub y sus hombres, la oficial se aproxima a la boca del pozo.

 -La placa está atada al extremo de esta tira –revela Hortigoza, tirando del retazo de tela al que la habían atado.

Para sorpresa del comando, en el extremo no hay nada. Entonces, la oficial ordena que bajen a inspeccionar, pensando que estaría caída en el fondo.

Hora 14.30 Escenario 1

Habiéndose adelantado a la comisión militar, después de haber dejado atrás el foso que circunda los pabellones y con la placa encriptada bajo el brazo, Nícolas continúa su camino hacia donde cree podría encontrarse la extraterrestre.

 -(¿Por dónde andás, Lhexia?) –se pregunta, lamentando no haberla acompañado.

Anticipada por una tenebrosa niebla rojiza, la zona inerte se presenta ante los ojos claros del vigilador y es ahí donde se plantea sus próximos pasos.

 -(Si entro, chau… Debo encontrar alguna manera de ubicar a Lhexia) –piensa, mientras acaricia la placa metálica, hasta que descubre una protuberancia en uno de sus ángulos- (¿Y esto?… Parece un interruptor por tacto.)

Ya jugado con sus posibilidades, Nícolas presiona ese pequeño contacto y de golpe la placa le da una descarga eléctrica que le obliga a soltarla.

  -¡A la mierda! –exclama- (Se protege sola, debe ser muy importante lo que contiene)

En ese instante y muy cerca de ahí, a través de su implante convertor, Lhexia recibe una señal, advirtiéndole sobre un intento de violación del archivo.

 -(Mmm, están manipulando la placa) –asume la xinebiana, acompañada por la doctora enfundada en su biotraje.

 “Debemos cambiar el rumbo” -proyecta en letras amarillas, a quien junto a ella, se desplaza con brincos por la zona inerte.

Con su mono activado para poder respirar, Lhexia apura el desplazamiento, mientras Hérzler -tomada de su mano- observa desde su escafandra, increíbles imágenes de congéneres en estado de suspensión… Y si bien se encuentra perturbada, no deja de lamentarse, por no contar con un celular para ir capturando esas fantásticas escenas.

-(¿Cómo haré para que el mundo crea esto, si no lo puedo documentar?) –piensa.

La zona ingrávida, permite que ambas mujeres se muevan ágilmente, entre decenas de soldados detenidos en el tiempo.

 -(Debo hallar la manera de registrar todo…)

La física, avanza debatiendo entre sus naturales deseos de analizar cada caso, o los de plantarse y huir, sin mirar atrás. Hasta que ambas, se detienen cerca de unos soldados estatuas… Sucede, que con su mano libre enguantada, la doctora intenta tocar a uno de esos soldados y se espanta, al ver que puede atravesar su cuerpo, como si fuera un holograma.

“Su masa física, no se halla en esta dimensión, doctora…” –Lhexia le proyecta en la niebla, ante el hipnotismo de la investigadora, quien superada por tal acontecimiento, no puede evitar soltar lágrimas de angustia.

 -¡Santo Dios! ¡Están sin alma!

“Sus estructuras celulares, están suspendidas en una especie de limbo espacial” –termina de informarle la xinebiana, entendiendo la incertidumbre de la científica.

Mientras tanto, Nícolas no deja de observar la placa electrificada, sin animarse a levantarla…

 -(¿Y si la envuelvo, me pateará?) -piensa.

Es ahí, cuando se presentan Lhexia y su compañera con la escafandra en la mano.

 -¿Qué haces aquí? –le pregunta ella, dándole un fuerte abrazo.

 -Trato de proteger el archivo, los milicos lo quieren para atraer a los Rasters…

 -Mmm… Ahora son varios, quienes nos buscan –masculla la alienígena.

 -Por suerte, yo ya te encontré –retruca el vigilador.

La xinebiana toma la mochila de su espalda y saca el guardapolvo de la doctora, para colocárselo sobre su mono y mientras lo hace, vuelca hacia atrás su vincha.

 -¡Guauu! ¡Te queda fantástico! Me recuerda a mi primer amor imposible; ¡la maestra de séptimo grado!

 -¡Humm! Muy enamoradizo el muchacho –bromea la extraterrestre, mientras se agacha para tomar la placa, sin que le afecte.

Ante la pasmada mirada del vigilador, ella le dice:

 -¡Ah perdón, Nícolas! La doctora Hérzler, está al frente de la investigación científica. Una vez que localicemos el vórtice de absorción de energía, nos va a ayudar a desactivarlo.

 -¡Ja! Si supiera de qué manera… –desliza la científica, acercándole una mejilla para saludarlo.

 -No se preocupe, llegado el momento, lo sabrá… No tengo dudas.

Hora 14.40 Escenario 5

Desconcertado por la ausencia de la placa en el aljibe, Hortigoza espera que desde el fondo le anuncien su hallazgo, pero eso no ocurre.

-Le aseguro que la dejamos aquí, mi oficial principal –se excusa el comando-. No sé qué pasó.

-No se altere, soldado –le responde Gisyshato, yendo al lugar donde se encuentra Jacub arengando a sus hombres.

-¡Muchas gracias, mi oficial principal! –le responde, sintiéndose apoyado.

-Seguiremos con el plan original –prosigue la uniformada-. Voy a necesitar que permanezca cerca, para consultarlo sobre estos… ¿Rasters, verdad?

-¡Correcto, mi oficial principal! –acata el enjuto comando, con sentimiento de culpa, aún.

En ese momento, se escucha el replicar de un tambor parlante, entonces todos dirigen sus miradas al mensajero senegalés que los acompaña. El sargento suspende la arenga y la oficial, más sus cinco jinetes, prestan atención. Una vez que el tamborilero completa su accionar, comienza a informar la novedad en un castellano algo trabado:

 -Una patruya avanzada, adverte subre unus circulus yamuscadus en las plantas, Jigeen.

-¡Entendido! –le dice la oficial, interpretando su fonética algo atravesada.

Jhesmir sonríe, al ver que lo entiende y ella prosigue.

-Ahora pídales su ubicación y avíseles que iremos hacia allá.

 -¡Waaw Jigeen! (¡Sí señora!) le responde el operador del tamborcito en su idioma nativo y comienza su show de percusión.

Hora 14.40 Escenario 7

En el acampe de campaña, retirado un kilómetro de la aldea, Julián se sorprende al oír a la distancia el replicar de los tambores y le comenta a su compañerito:

-¡Zaz, Pitu! Eztán llamando a Tarzan…

Hora 14.40 Escenario 1

Nícolas, trajina feliz a lado de una mujer que se presentó en su vida, se metió en sus pensamientos y de a poco se va metiendo en su corazón… Llegada desde un exterior lejano, la humana extraterrestre siente algo parecido por su par terrícola y esta mutua atracción, se percibe en sus miradas.

-Mi intuición, me dicta ir en dirección Oeste, pero mi tecnología, me indica el Este –comenta la xinebiana, dirigiendo al grupo hacia la última opción y esta es, la ribera del río.

-Y cuando es así ¿a quién obedecés? –curiosea él, recibiéndola por la cintura, cuando salta por encima de un gran tronco caído.

-Depende de qué se trate, señor curioso…

En ese instante, ambos se sorprenden al oír el retumbar de unos tambores lejanos y se detienen.

 -¿Qué sucede? –pregunta la doctora, desde unos metros atrás, sin darse cuenta.

-Escuchamos sonar un tambor a lo lejos –le informa Nícolas-. ¿Usted no?

 -No.

Después de unos segundos, se vuelve a repetir el sonido, pero ahora más cercano.

 -¡Ah sí, ahora sí, chicos!

 -Qué extraño -comenta él, prosiguiendo la caminata-… Parece el correo de los indígenas, ¿no?

 -Suena como percusión en código -intuye la xinebiana-, algo así como una comunicación por golpeteos.

Hora 14.50 Escenario 5

-Cuando lleguen los pontoneros –instruye Gisyshato, una vez concluido el envío de mensajes-, buscaremos un sitio para armar las trampas y emboscar a los invasores –y mirando de reojo a Hortigoza, agrega-, siempre y cuando, hallemos la manera de atraerlos hacia nosotros.

 -No creo, que estos seres tengan interés en venir –interviene el barbado profesor, motivando el silencio del personal-, por lo que pude advertir, estos sintéticos tienen gran apetencia por la energía y siempre se presentan donde hay alguna fuente activa. Por eso, no creo que se acerquen a esta zona selvática… ¿Me explico?

 -¿Y usted qué sugiere, profesor? –pregunta Gisyshato, mientras monta a su yegua briosa.

 -De acuerdo a lo dicho por el cabo Hortigoza, debo entender que esa placa, contiene algún tipo de energía que los atrae. Y bueno, al no contar ya con ella, deberemos crear una fuente auxiliar -lo suficientemente potente- como para convocarlos… ¿Me explico?

 -Pero, no hay energía alguna en toda la zona -cuestiona Jacub- y por lo que pude ver en el centro urbano, eso se está ampliando a un radio cada vez mayor… ¿Cómo conseguir una nueva fuente, profesor?

 -Con energía nuclear.

Tras el vacilante silencio de Jacub, interviene la oficial de rasgos orientales.

 -Usted dice, ¿una bomba atómica?

 -No exactamente, estos serían radioisótopos de baja potencia, en contenedores blindados, por supuesto.

-¡Disiento, profesor! –replica Jacub- Considero muy peligroso exponer a la ciudad a una explosión nuclear… No sabemos cómo reaccionarían estos seres frente a eso, ya nos demostraron que son invulnerables y que utilizan nuestras propias ofensivas para defenderse.

 -No se inquiete, sargento –le dice Renatti-, las partículas que tengo en mente se desintegrarían en pocas horas… Pero para mayor seguridad, sería bueno localizar a la doctora Hérzler, sus conocimientos físicos bastarían para implementar este plan. ¿Me explico?

 -Es una decisión, que no puedo tomar sin la aprobación del general Fulkner –expone Gisyshato, controlando a su animal-. Necesito mayor información y desde ya el aval de un profesional. Recién después, dispondría las directivas.

 -Perdón, principal –interviene Jacub-. Si le parece, puedo ir en busca de la doctora, tal vez quedó fuera de la zona de paralización.

 -Tiene mi aprobación, sargento –le dice la oficial, consultando su reloj analógico-. Le doy 20 minutos para ir y volver, elija a dos de sus mejores hombres y lleve un tamborilero; en caso de peligro, lance bengalas de protocolo.

 -De acuerdo, principal –responde Jacub-. Primero voy a preguntarles a los hombres, si alguno tiene un reloj mecánico, como el suyo…

Automáticamente, la oficial sacude su muñeca para cargar la cuerda de su antiguo reloj pulsera y sonríe.

Hora 14.50 Escenario 2

Después del episodio de los tambores, Nícolas, Lhexia y la doctora, siguen su áspero trayecto hacia el Este, sabiendo que en unos minutos llegarán al río.

-Ehhh… ¿Cómo es allá, el tema de los noviazgos, Lhexia? –le pregunta Nícolas.

-Esa pregunta te la traslado a ti –le responde ella, ante la involuntaria escucha de la científica.

 -¡Ejem! –carraspea Nícolas-, el noviazgo, lo forman dos personas de sexo opuesto… o no, que se gustan y se atraen y bueno, forman la pareja.

 -Y adquieren compromiso perenne, supongo.

 -Tanto como para siempre, no lo sé, Lhexia, en realidad, ni la pareja lo sabe –aclara el rubio vigilador, mirando y deseando sus labios carnosos.

 -¡Perdón que me entrometa, chicos! –interviene la doctora -acalorada en su biotraje- Las relaciones afectivas, no son muy distintas en el mundo… En eso, yo tengo experiencia y pienso que el compromiso amoroso, va a existir mientras dure el amor, después, no hay garantía.

-El amor, lo rige todo –define Lhexia.

-¡Sí claro! –coincide Hérzler-. El amor está por sobre el deseo, la atracción y la pasión. Sin amor, todo eso está condenado a ser efímero.

-Y sí –agrega Nícolas, superando ramas y arbustos en el trayecto-. Y eso es universal.

Faltando poco para llegar al área determinada por Lhexia, los tres se sorprenden al ser emboscados por el sargento Jacub con dos comandos, apenas visibles entre la vegetación.

 -Ah, que tal, sargento –desliza Nícolas, tomando con una mano a Lhexia- ¿De paseo?

 -Venimos por la doctora Hérzler, veo que está bien.

 -Sí, gracias a… mi asistente –reacciona rápidamente la científica.

-Ah, bien doctora y veo que el agente Cerwensky, las pudo localizar antes que nosotros –replica Jacub, observando sus extrañas vestimentas.

-Sí, por suerte oyó nuestros gritos de auxilio cuando se nos acababa el oxígeno en esa zona colorada. Estábamos investigando ahí dentro, con los biotrajes que usted consiguió.

 -Ah, cierto. Y usted agente, justo andaba por ahí –lo hostiga con suspicacia el comando, mirando cierta placa metálica en manos de Lhexia-. Y dígame… ¿Qué vino a hacer a esta zona peligrosa?

 -Esteee… Vine por la comida de Pitu ¡eso! Usted sabe, es diabético y no puede comer cualquier cosa y me acordé que había stock en el almacén del Pabellón I y como ese edificio no fue alcanzado por esa porquería de bruma roja, iba para ahí.

Jacub deja pasar la pantomima y les hace señas a sus hombres, para que se distiendan, luego, hace su aparición el senegalés.

-Ajá y se cruzó con ellas, justo para darles oxígeno ¿verdad?

-Por lo que sé –prosigue Nícolas-, la asistente había ido por la doctora y la resucitó con la ayuda de una descarga desde esta Tablet, ¿no señorita…?

-Algo así –responde la xinebiana, tomando la posta del relato-, el problema es que ahí me quedé sin aire y me desmayé y la doctora no podía arrastrarme y proveerme oxígeno de su equipo, al mismo tiempo. Fue cuando nos ayudó Nícolas y nos salvó.

-¡Ah, muy bien! Todo un héroe el agente. Ahora explíquenme lo de la Tablet, por favor.

-Es un dispositivo científico en etapa experimental –intercede la doctora, plegándose al relato.

-Y si ese dispositivo funcionó con usted, doctora… ¿Funcionaría con el resto de las personas atrapadas ahí?

La doctora mira fijamente a Lhexia y esta, la entiende.

-No en este momento –articula ella.

-¿Ah, no? ¿Y por qué no? Señoritaaa…

-Lhexia es mi nombre, sargento –se identifica con soltura la xinebiana-. Porque necesita recargarse y no tenemos dónde hacerlo. Justamente, estábamos tratando de resolverlo, cuando nos encontró.

-Pensamos –retoma la doctora, ahora más entusiasmada-, que yendo hacia el Este, nos iremos acercando a una fuente de poder oculta que serviría para recargar el dispositivo.

-Y acá, ahora estamos perdiendo tiempo, sargento –agrega Nícolas, como estocada final.

Jacub lo mira con suficiencia y después de tomar su decisión, pregunta en voz alta:

-¿Alguien tiene hora buena?

-3 horas y 10 minutos P.M. –le informa la xinebiana, sin consultar relojes, al menos a la vista.

-Gracias, debo reportarme –les adelanta Jacub, susurrando luego al oído del tamborilero, el mensaje que quiere transmitir.

Ante las estupefactas miradas de los civiles, el dispuesto senegalés comienza a ejecutar un concierto de percusión, con una especie de llave de ruedas de auto en una mano y con la palma de la otra.

Hora 15.10 Escenario 7

-¡Zaz, otra vez loz tamborez, Pitu! –le comenta al can, quien le ladra al sonido que le molesta- Zólo falta que eztemoz en medio de una guerra de tribuz…

El equipo militar del campamento, formado por diez jinetes y veinte soldados, se pone en doble alerta al escuchar los tambores y Julián se inquieta, por no saber qué está sucediendo…

Hora 15.15

Después de recibir la aprobación de Gisyshato por vía sonora, Jacub y sus dos hombres, seguidos por el senegalés, escoltan al grupo científico al destino que les va indicando la falsa asistente.

  -Por favor, cuénteme lo que vio ahí dentro, doctora -le pregunta el comando, refiriéndose a la última zona inerte.

 -Nada agradable, por cierto… Hay soldados heridos y civiles que fueron sorprendidos por ese pulso de luz… Todos están paralizados.

-¿Alcanzó a ver al capitán Benítez?

 -No en el sector que exploré –le revela la científica, quien a su vez le pregunta: ¿Por qué motivo me buscaban, sargento?

 -Ante la necesidad de dar con los invasores, su colega Renatti expuso una teoría para atraerlos, pero implica el uso de energía nuclear.

 -Ah, creo entender hacia dónde apuntó Renatti… Estos extraños, hasta ahora están absorbiendo radiaciones no ionizantes y el profesor, quiere intentar con radiación ionizante, aunque a mi juicio, también serían absorbidas por este vórtice.

 -¿Vórtice?

-Ajá, creemos que existe un polo de atracción, que absorbe toda clase de energía en estas áreas y no sabemos hasta dónde llega…

 -Por lo que me consta, es un gran radio –le adelanta el militar-. Y estar incomunicados con el resto de la ciudad, me preocupa.

Un poco más atrás y fuera de este diálogo, Nícolas ayuda a Lhexia a sortear obstáculos naturales, bajo la custodia de los dos soldados del COS.

 -(¿Qué hacemos con la placa?) –le murmura él, con disimulo.

-(Por ahora, nada) –desliza la xinebiana, guardándola en la mochila.

Hora 15.20 Escenario 5

La oficial Gisyshato ordena a su equipo desplazarse, su intención es encontrarse con la patrulla de avanzada que dio con las huellas chamuscadas. Los seis jinetes y los diez comandos (incluido Hortigoza) comienzan a movilizarse entre árboles y matorrales en busca de la ribera del río.

 -Profesor Renatti –le dice la oficial, desde la perspectiva de su montura-, usted no está obligado a venir.

Renatti, reacciona con rapidez.

 -Si no le incomoda, prefiero acompañarla.

-Como quiera. De todos modos, ni bien lleguemos a destino, haré regresar a uno de los mensajeros y ahí usted y el agente Rodríguez pueden acudir a las líneas del general Fulkner.

 -Oficial, yo voy con usted… La ciencia y la historia me están convocando.

Hora 15.25 Escenario 8

El primer grupo en llegar a la ribera, es el del sargento Jacub. Tras dejar la vegetación a sus espaldas, sus siete integrantes se enfrentan a un tétrico panorama, pues en donde debería comenzar el río, ahora se erige un muro brumoso que tiñe de rojo la luz solar. Acostumbrados a la imagen de un Río de la Plata esplendoroso, surcado por ferris, veleros y cruceros turísticos, el estupor se imprime en los rostros de los espectadores, cuando al elevar sus miradas, no alcanzan a distinguir hasta dónde llega esa rojiza barrera vertical.

-¡Hay, mi Dios! –exclama la doctora, horrorizada por esa postal infernal.

-Igual que en la Ciudad Universitaria y el IAFE –farfulla Nícolas, quitándose la gorra, para secar su transpiración con el antebrazo-.Todo detenido en el tiempo, incluso el oleaje.

Una vez repuestos, todos apuntan a la asistente de la científica esperando instrucciones, pero la muchacha sólo mira al Este.

 -Para llegar al centro de la ciudad, bordearemos el río hasta la Costanera -ordena Jacub, interpretando la mirada de Lhexia y asumiendo la responsabilidad-. Tamborilero, transmita esta decisión…

Hora 15.30 Escenario 7

Luego de escuchar el mensaje de Jacub y ya reunida con la patrulla de avanzada, Gisyshato cumple con lo planeado y envía de regreso a un mensajero y su tamborilero de nombre Malek… Y controlando su reloj pulsera, les canta el tiempo estimado en llegar.

 -En menos de quince minutos deberán estar ahí, avisen cuando llegan. ¡Buena suerte!

 -El policía montado la saluda con su venia formal y Malek, le sonríe y le dice:

 -Jámm ak jámm, Jigeen.

Dándose cuenta que la oficial no entendió lo dicho, su compañero Jhesmir, le traduce:

-Le diju “hasta luegu señura”.

Gisyshato esboza una sonrisa, mostrando un lado tierno, pero de inmediato retoma su función.

 -Bien señores, sigamos estas huellas a ver adónde nos llevan.

Hora 15.45

Ya integrado al campamento, mientras toma un jugo de naranjas, Malek entra en el duelo de tambores originado en las otras dos posiciones y así, los tres tamboriles, ahora dialogan replicando sus notas en cada rincón de la reserva.

 -¿Otra vez? –protesta Julián, intentando en vano calmar a Pitu, pues la frecuencia de ese sonido lo perturba.

Ni bien concluye la ruidosa sinfonía, el vigilador va a averiguar qué sucede.

 -Dizculpe ¿Me podría contar qué dizen, por favor? -lo encara al policía compañero de Malek, que descansa junto a él.

El policía lo mira con indiferencia y apretando sus labios, le niega información con la cabeza.

-¿Fueron hazia donde eztán laz plantaz chamuzcadaz? –insiste el gordito de lentes gruesos, con Pitu en los brazos.

Ante la falta de información, el vigilador se aleja mascullando bronca y deja a Pitu en el suelo, luego toma una rama seca y se la arroja para que el pequeño se la devuelva. Y así, repite el ejercicio varias veces, hasta ver que el policía se aleja del tamborilero, entonces lanza la rama cerca del senegalés, buscando una excusa para llegar a él.

-Ah, hola amigo ¿cómo eztáz? –le dice con su mejor sonrisa, buscando empatizar con él- Que bonito tocaz eze bongó, che.

Esperando alguna respuesta del senegalés, Julián prolonga su comentario.

 -Voz hazéz hablar al tamborzito ezte, eh.

Finalmente, el extranjero muestra una sonrisa, aunque sin levantar la vista.

 -Jerejef (gracias) le dice el negrito en wolof, su idioma natal-, peru a mí, gustar más hacer música cun el jembé…

 -¿Jem… bé?

 -Sí, tambur grande -le aclara el joven africano.

 -¡Ah, mirá voz! ¿Y por qué no lo hazéz? –le pregunta y teniendo su atención, aprovecha para presentarse-. Mucho guzto amigo, zoy Julián.

 -¡Baxna! (bien) le responde y en señal de amistad, le choca los nudillos de su mano derecha y le abre su palma blanca- Suy Malek.

 -Che, Malek, antez loz raliz zalían de Dakar en África ¿no?

 -Sí -le responde el negrito, sin mirarlo-, y van a vulver.

 -Y zi te guzta la múzica ¿por qué no hazéz percuzión, Malek?

 -¡Hacemus, sí! En el Tigre, cun mis dus cumpañerus… Sumus lus “Rekiembus”

-¿Rekiembuz?… Ah no loz conozco, pero tengo amigoz en los medioz que reprezentan artiztaz… ¿Entendéz?

 -¡Waaw, sí! –afirma el tamborilero, esta vez mirándolo a los ojos.

-¡Y bueno! –ataca Julián, haciéndose el importante-… ¡Pitu, vení acá!

Ezteee… Como te dezía, yo podría recomendarloz con mi amigo y él loz podría llevar a la televizión… ¿Qué opináz?

Después de conseguir la información que necesitaba, el vigilador le pide un número de contacto al entusiasmado tamborilero y recoge a Pitu y planea cómo seguir… En tanto, queda pensando en una frase de su venerado Maquiavelo, por supuesto alusiva a esta actuación:

 “No hay nada máz importante, que aparentar zer… ”

Hora 15.45 Escenario 8

Resulta, que las famosas pisadas circulares de hierbas ardidas, de cerca se revelan como ovales y se dirigen hacia el río. Siguiéndolas, la comisión de jinetes y comandos dirigida por Gisyshato, se da cuenta que esas huellas, al llegar a la playa, desaparecen. La oficial con sus jinetes y Hortigoza se acercan a la playita donde estuvo el grupo de Jacub y tras ellos, aparecen otros comandos armados con las ballestas ordenadas por el sargento.

-Bien mensajero –le dice la policía montada a Jhesmir, sin detener su marcha-. Llegamos a la ribera, aquí vamos a establecer una cabecera de playa hasta nueva orden. Vaya informando esto a sus compañeros.

Hora 15.45 Escenario 9 (Peregrinaje a la desolación)

Justamente en este momento y a poca distancia de allí, Jacub ordena a su tamborilero Kharlem, que avise sobre el desplazamiento de su grupo hacia el centro de la ciudad. Y así, comienza un dinámico intercambio de mensajes.

Hora 16.00 Escenario 8

Obnubilados por la misma escenografía que impactó a Jacub y a su grupo, la patrulla de Gisyshato y soldados del COS, tratan de acostumbrarse a la fantasmagórica visión… Pues se ven colegas pausados en sus lanchas y helicópteros suspendidos, como estatificados en gelatina.

 -Necesito tiradores apostados en los árboles –ordena la oficial, inspeccionando el lugar montada en su yegua- y dejen libre el sendero por donde vinimos, las pisadas se pierden aquí, tal vez estén cerca.

  Gisyshato desmonta y llevando de las riendas a su animal, se agacha para ver de cerca los últimos círculos chamuscados.

 -(Mmm, en la arena no hay marcas) –piensa y le pregunta a su yegua- ¿Qué opinás, Sirena?

Comandos armados con ballestas, se van ubicando en los árboles a modo de francotiradores y otros cavan pequeñas trincheras en la playa, mientras Hortigoza acomoda el bípode de su ametralladora pesada, para luego camuflarse en la vegetación.

 -¡En posición, mi oficial principal! –vocifera el infante de marina, cubierto de hojas hasta el casco y levantándole el pulgar.

La oficial principal le devuelve un comprendido, mientras se le acerca el profesor Renatti, observando el despliegue de los ballesteros.

 -Disculpe oficial, no deseo entrometerme en asuntos militares, pero si las balas no pueden con los escudos… ¿Con flechas, sí?

 -No son flechas, lo que disparan estas armas, profesor , son saetas de carbono perforadoras de chalecos antibalas, al emplear menor velocidad que las municiones, poseen una mayor fuerza de empuje.

El investigador la escucha, acariciándose la barba.

 -Las armas de fuego, disparan los proyectiles a mil metros por segundo –prosigue la oficial, tomando un sorbo de agua de su cantimplora-, que al impactar sobre los cobertores de estos seres generan esa energía cinética que ellos aprovechan.

 -Interesante… Muy interesante –comenta Renatti, con cierto escepticismo-. Sería bueno consultar esa teoría con algún Físico ¿no? A propósito… ¿Se sabe algo de la doctora Hérzler?

Gisyshato se sienta sobre un montículo de arena compactada y se quita el quepí, exhibiendo su oscuro cabello recogido.

 -La hallaron y está bien –le responde, al mordaz profesor.

En la blanca palidez de la oriental, se reflejan los destellos rojizos de un sol turbio e intoxicado, dándole un aspecto luciferino.

-Ah, espero verla pronto, para consultarle varias dudas que tengo…

          -Sí sí –responde la oficial, sin mirarlo- Pronto la verá.

Hora 16.10 Escenario 9

Jacub y su grupo, avanzan por la avenida de la Costanera, rumbo al centro de la ciudad, el cuadro es desolador, pues todo el lugar se halla dentro del sector evacuado. El hecho de no ver gente por la rambla, semáforos apagados y vehículos abandonados, le da un aspecto devastador a esta parte de la ciudad.

 -Las calles vacías me recuerdan a las series de zombis –bromea Nícolas, observando a su derecha los tradicionales restaurantes desiertos.

-Si habré comido mis buenos asados por aquí –comenta Kowalsky, en tono distendido.

-¡Sí, claro! A mí me gustan las carnes de Rodigio –agrega Nícolas.

-¡Mmm! Y a mí me encanta la bondiola de cerdo en estos carritos –confiesa la doctora.

Los sitios referidos, obedecen a un polo gastronómico con vista al río, en donde ahora persiste la bruma rojiza.

 -La veo muy transpirada, doctora –le observa Nícolas.

 -Es este biotraje… No sirve para practicar aerobismo ja, ja…

-No se preocupe, voy a buscar algunas gaseosas –anuncia el vigilador, dirigiéndose al sector gastronómico-. ¿Preferencias…?

Hora 16.10 Escenario 8

Gisyshato interrumpe la conversación con Renatti y gira su cabeza hacia el sector de los equinos, por notarlos inquietos… De inmediato se pone de pie y lleva una mano a la empuñadura de su clásico sable de oficial.

 -¿Qué pasa, Sirena? –le pregunta a su yegua argentina, mientras se le acerca con cautela- ¿Estás nerviosa?

El animal rebufa y menea su cabeza, contagiando al resto.

-Y no es por tu novio cerca, ¿verdad? –prosigue, mientras la acaricia para luego montarla.

Renatti observa incrédulo los serenos movimientos de la oficial y luego la ve tomar un silbato del bolsillo de su chaqueta, para empezar a soplarlo con vigor.

 -¡FIUUUUUUUIIIIIII!!!

El científico se espanta y se cubre los oídos… La señal de alerta está en marcha y advertidos, todos los componentes comienzan a parapetarse apuntando con las miras láser de sus ballestas. Justo en este momento y como si hubiera sido convocada, hace su aparición una gran figura desde abajo de la arena.

 -¡AAATENCIÓN! –grita la oficial de ojos oblicuos, sable en mano, mientras el resto de los policías montan, imitándola.

En escasos segundos, termina de emerger un gigantesco cangrejo de ocho patas y dos pinzas, que erguido, supera la altura de los jinetes y tras emitir ensordecedores silbidos, comienza a embestirlos con las pinzas frontales y a lanzar un líquido viscoso a gran distancia.

 -¡A LA CARGA!!! –ordena, la policía montada.

Desde sus posiciones en los árboles, los ballesteros disparan con precisión sus saetas, clavándolas en la coraza, aunque sin lograr penetrarla… Resulta inexplicable el enorme tamaño de este crustáceo, aparecido desde el subsuelo de la zona inerte.

 -¡NO DEJEN DE DISPARAR! –vuelve a ordenar Gisyshato, lanzándose al galope, sable en mano.

Desde una protuberancia entre los ojos, el gigantesco cangrejo despide un chorro líquido incoloro a más de diez metros de distancia y cuando algún soldado es alcanzado por esa baba, lo envuelve, dejándolo fuera de acción y en pocos segundos, lo convierte en una crisálida mortífera, que al dejarlo sin oxígeno, lo asfixia.

 -¡SABLAZOS A LAS PATAS!!! –ordena la oficial, alzando de manos a su yegua, para asestarle un corte limpio, logrando seccionarle una pata.

Con sus ojos protegidos como con un yelmo de la edad media y sus pinzas castañeteando sobre los caballos, la colosal criatura avanza hiriendo animales y jinetes. A todo esto, el profesor Renatti logra zambullirse dentro de un gran tronco hueco, oyendo desde allí los silbidos de las saetas disparadas y el atemorizante repiqueteo de las pinzas del monstruo.

 -¡Mámma mía!!! –exclama para sí, sintiendo cerca suyo el relinchar de los equinos policiales en combate.

Algunos jinetes caen despedidos de sus animales y otros -con menos suerte- son ensartados por esos mortíferos estiletes, dejando sus vidas en esa playa, ahora teñida con sangre.

-¡TAMBORILERO, PIDA REFUERZOS! –ordena Gisyshato, esquivando las patas en lanza del cangrejo.

De inmediato, el senegalés salta de la montura con su tambor bajo el brazo, dejando libre al jinete y este, espolea a su caballo para ir a ayudar en la contienda.

 -¡Waaw, Jigeen! –acata Jhesmir, buscando refugio -en el mismo hueco de árbol- en cual se protege Renatti y empieza a mandar su apremiante mensaje.

Hora 16.20 Escenario 9

Encontrándose ya a un par de kilómetros de la playa donde se está librando el combate, el grupo del sargento Jacub continúa su camino hacia el centro de la ciudad por la avenida de la Costanera, un extenso enrejado -paralelo a las pistas del aeroparque- los acompaña. En eso, todos empiezan a oír el tam-tam del mensajero de Gisyshato.

 -¡Alto! –exclama Jacub, cerrando su puño- Están mandando mensajes.

Es ahí, cuando desde el mismo sector de donde proviene el sonido, también se oyen en el asfalto, los cascos de dos caballos desbocados, aproximándose al galope.

 -¡Salgámosle al cruce, Kowalsky! -le ordena a su hombre de confianza- ¡Vienen sin jinetes!

Ambos comandos los interceptan y los acorralan contra las rejas del aeroparque, logrando saltar sobre ellos y finalmente controlarlos.

-Están aterrorizados, sargento –le comenta Kowalsky, riendas en mano, mientras tranquiliza al animal con caricias en el cuello.

 -Son de la policía montada –comenta Jacub, observando su típica montura.

 -¿Se habrán escapado? –pregunta Nícolas, desde su ignorancia ecuestre.

 -No, muchacho –le dice Kowalsky-, estos animales no se escapan, ni huyen… Algo grave les pasó a sus jinetes…

 -Al parecer, muy grave –afirma Jacub, señalando manchas de sangre en la montura.

Los civiles, incluido el senegalés, tragan saliva.

-¿Qué dicen los tambores, muchacho?

Con sus ojos asombrados debido a la noticia que debe traducir, el tamborilero africano la va revelando de a poco, por no comprender con certeza lo que ocurre, hasta que al fin encuentra la manera de explicarlo, ayudándose con agitadas gesticulaciones de sus manos.

-¿Un cangrejo gigante? –exclama Kowalsky, ni bien se entera.

Considerando el enfrentamiento como grave, Jacub avisa que irán en apoyo con Kowalsky, dejando a cargo a su otro hombre, de apellido Bhorin. Finalmente, ambos comandos parten con los caballos a la carrera.

Hora 16.20 Escenario 8

Sin tiempo para preguntarse de dónde vino, la limitada patrulla de caballería comienza a rodear al agresivo engendro y lo ataca al galope, intentando desestabilizarlo. En una de esas pasadas, un caballo es atrapado por sus pinzas y lo corta en dos, ello provoca un rociado de sangre por todos lados y el policía montado, ni bien cae a la arena es ensartado por esas filosas patas. Ante semejante escena, Gisyshato estalla de furia y se lanza contra la criatura asesina con un grito de guerra y otro jinete hace lo mismo, pero en sentido contrario, hasta que de una pasada coordinada, le asestan dos sablazos en la pata asesina y la seccionan, dejándolo desequilibrado, aunque aún sostenido en sus otras seis… A continuación, la valiente oficial toma una soga de enlazar de su montura, la revolea en el aire y la suelta dando giros, hasta quedar enganchada en una de las pinzas, ello motiva a los otros jinetes a realizar lo mismo y así pueden enlazar la otra, ahora, con sus pinzas atrapadas, el monstruo los rocía con su líquido viscoso, aunque la fuerza ejercida por los animales, no le permiten tomar puntería, entonces, cada cual comienza a tirar de las sogas atadas a sus monturas hacia lados opuestos y después de un gran esfuerzo, logran desmembrarlo.

-¡Dale, Ponja!… ¡Voltealo! ¡Así lo termino de despedazar! –masculla Hortigoza, ansioso por abrir fuego con su ametralladora.

Sin sus poderosas pinzas y con algunas patas seccionadas, el malherido crustáceo comienza a derramar un líquido verdoso, aunque sigue lanzando sus peligrosos chorros paralizantes, alcanzando a la oficial Gisyshato y dejándola envuelta en una sofocante cápsula mortuoria. Viendo esto, un jinete toma carrera revoleando unas boleadoras y se las tira a las patas, logrando desestabilizar a la criatura y esta cae con gran estrépito, para finalmente dejar expuesto su abdomen vulnerable.

-¡TODO SUYO, HORTIGOZA! –Le grita el jinete, dejándole libre la línea de tiro.

Ni bien termina de decirlo, el ametralladorista descarga letales ráfagas en el vientre del cangrejo, seccionándolo en cuartos, hasta que finalmente muere… Mientras tanto, Gisyshato permanece inmovilizada en la arena, intentado en vano respirar dentro de esa crisálida sellada, viendo esto y lejos de permanecer en actitud pasiva, Jhesmir sale disparado del tronco protector y corre hacia ella, toma su sable caído y con absoluta resolución lo hinca en un costado, hasta lograr perforar esa sólida carcasa y tras esa heroica acción, la oficial puede tomar aire y recuperarse.

Hora 16.30

Llegando a toda carrera en sus caballos, se presentan Jacub y Kowalsky -armas en mano- en pos de ayudar, pero la acción ya concluyó. El panorama es espantoso, pues evoca al sangriento final de una batalla épica, hombres y caballos destrozados, arena ensangrentada y heridos quejándose de dolor… Lo primero que hace Jacub, es ayudar a romper el cascarón que aprisiona a Gisyshato para liberarla y mientras lo hace, le comenta:

 -A este valiente joven, vamos a recomendarlo para una medalla, ¿verdad, oficial?

Ya repuesta y fuera de esa ninfa asesina, la oficial asiente, reconociendo el acto de arrojo.

-¡Jerejef, Jigeen! -agradece Jhesmir, con una tibia sonrisa.

Renatti y varios comandos asisten a los heridos, mientras Kowalsky ayuda a recoger los pocos animales vivos, dispersos. Jacub sostiene a Gisyshato, que no deja de observar a sus hombres despedazados o envueltos en asfixiantes ninfas.

 -Hubo una gran batalla –reconoce Jacub-… ¿Contra qué cosa?

-Desconozco sargento, pero estoy segura que de este mundo, no es.

En ese momento, llegan los refuerzos desde el campamento donde se encontraba Julián y el integrante del grupo Rekiembus, aunque sin ellos.

 -¡Asistencia urgente a los heridos! –les ordena Jacub a los médicos.

Después de haber destripado al gigantesco crustáceo, se presenta Hortigoza con su inseparable ametralladora sobre un hombro y se pone a disposición de Jacub.

 -Lo extrañamos, señor.

 -No mucho, por lo visto –responde Jacub, observando los restos de la criatura.

 -Era una coraza impenetrable, sargento, lo que hizo la oficial, fue muy valiente… Si no, podía haber sido mucho peor.

 -Bien, vigile el sector, Hortigoza; iremos a inspeccionar de dónde mierda salió esa cosa.

 -¡Sí señor!

Hora 16.45 Escenario 9

Impulsados por directivas de la xinebiana, el grupo de Nícolas, la doctora, el tamborilero y el comando Bhorin, sigue su camino por la desolada avenida Costanera, paralela al aún brumoso Río de la Plata.

 -Estamos cerca –comenta la extraterrestre.

 -¿Cerca de qué, Lhexia? –pregunta despacio, Nícolas.

 -De un vórtice de intercambio energético. Fíjate más adelante, la bruma roja se concentra en un punto, parece una especie de faro. ¿Pueden verlo?

 -¡Ah, sí sí! –responde asombrada la doctora-, mordiéndose, para no preguntar mucho.

 -Viene del puerto en donde están los espigones –aclara el soldado, al parecer conocedor de la zona.

Todos concentran sus miradas en el punto rojo -como un faro en la bruma- pero el joven africano estalla de horror…

 -¡Augh!… ¡El uju del diablu!!! –exclama y sale corriendo espantado.

El soldado se lanza a la carrera tras él, hasta que lo alcanza y lo retiene.

 -Supersticioso el chico, eh -desliza Nícolas, viendo al comando traerlo con una mano sobre el hombro.

 -Este chico, viene de un continente en donde las creencias son ancestrales –reflexiona la doctora, sentada en un banco de cemento-. Y es muy difícil cambiar esos preconceptos.

 “La superstición, es la religión de las mentes débiles” –filosofa en voz alta la xinebiana, haciendo gala de su conocimiento cultural terrestre-. Lo dijo Edmund Burke.

 -Sí querida Lhexia, pero en este mundo, no nacen mentes débiles -replica Nícolas-. Las promueven…

La extraterrestre lo mira, sin comprender.

 -¡Tranqui, Gene Krupa! –le dice Nícolas, alegremente.

-Suy Kharlem, señur –se identifica con orgullo el asustadizo senegalés.

 -No pasa nada con esa luz roja –le comenta el vigilador, tratando de apaciguarlo- Te lo afirmo, Kharlem… Vamos a ir hasta ahí y te aseguro que no es nada malo… Acá en Argentina, al diablo no le permitimos intervenir, amigo.

 -¿Cúmu? –responde el morenito, contrariado.

-Tomá, probá este chocolate, amigo.

No muy convencido por lo dicho, el africano toma la golosina tímidamente y le sonríe por compromiso.

 -¡Jerejef! Señur…

 -Por nada, Kharlem, soy Nícolas –empatiza el vigilador y ambos se ponen en camino

El grupo se moviliza hacia el puerto, en busca del origen del foco luminoso. La doctora, sintiéndose fatigada por el peso de su biotraje, decide quitárselo y Lhexia la ayuda, dándole su calza, aunque no su camisa, por estar manchada con sangre.

  -Es pesado para trajinar –comenta la doctora, sobre la confección de su biotraje-, es un detalle a corregir. ¿A vos, te incomoda el tuyo?

 -No mucho, sólo me ciñe –responde la xinebiana, disimulando su extraordinaria silueta bajo el guardapolvo prestado.

Hora 17.00 Escenario 8

Una patrulla de avanzada, formada por Gisyshato –ya repuesta-, Jacub, Kowalsky y dos ballesteros, investigan los restos del gigantesco cangrejo despedazado.

 -Por la dudas no se acerquen demasiado –sugiere el profesor Renatti, llegando-, ni lo toquen… No sabemos si emite algún tipo de radiación ¿me explico?

 -Vi películas, que por las explosiones nucleares en los mares, estos bichos se degeneran y se agigantan –comenta Kowalsky, desde su ignorancia en ciencias biológicas.

 -Sí, pero éste no es Godzilla, Kowalsky –le responde Jacub, con sorna.

 -Lo extraño de este espécimen, es ese líquido viscoso que lanza –comenta Renatti, extrayendo algo de ese fluido, con una jeringa veterinaria-. Pues que yo sepa, los cangrejos nuestros no tienen esa facultad ¿Me explico?

 -Tal vez vinieron con esos famosos Rasters –teoriza, la oficial de policía.

En eso, la arena se empieza a desmoronar como si fuera movediza y de poco, a tragarse al gran cangrejo.

 -¡Cuidado, apártense! –grita Jacub, retrocediendo unos metros.

 -¡Pero, a cada rato una sorpresa! –protesta Kowalsky, retirándose.

 -Por mí, que se lo trague el río… El tema es que no vengan otros –protesta Gisyshato-… ¡Traigan al cabo Hortigoza!

 -¡A la orden, oficial!

En menos de un minuto, el artillero monta su ametralladora en el bípode y la apunta hacia la abertura que se va llevando a la criatura y luego levanta su pulgar. Finalmente, el crustáceo desaparece de la superficie, engullido por la arena amarronada, dejando un gran boquete.

 -Qué pena –lamenta Renatti-, no hubo tiempo de hacerle estudios…

De pronto, Kowalsky se lanza a perseguir a un bicho que huye de ese derrumbe y lo alcanza con la punta de su bayoneta… Y sin llegar a matarlo, descubre que se trata de un cangrejo normal de río.

 -Nada que ver ¿no? –comenta, trayéndolo enganchado en una de las pinzas-… No es un hijito o algo parecido, ¿no?

 -No estamos para jodas, Kowalsky –lamenta Jacub, enfundando su pistola.

El musculoso comando devuelve el animalito a la arena, mientras todos se acercan al gran pozo abierto en la playa.

 -Quedó un túnel a la vista –determina la oficial a cargo- ¡Bien señores, vamos a entrar! Refuercen la patrulla con cuatro hombres y el cabo Hortigoza.

 -¡A la orden, principal! –le responde un mensajero, ahora sin su caballo.

 -¿Qué sucedió con su tamborilero? –le pregunta Gisyshato, al notar la ausencia de Malek.

 -Desapareció del campamento, junto al agente Rodríguez.

 -Habrán ido con el general Fulkner.

 -Mmm, estos africanos son supersticiosos –prejuzga el policía mensajero-, allá acostumbran a abandonar los safaris por esas razones.

 -Coincidamos en que aquí, motivos no les faltan, eh –reconoce la oficial-. Debemos entender que son civiles.

No muy convencido por tales atenuantes, el mensajero prosigue con sus tareas.

   -Sargento -dice luego Gisyshato, dirigiéndose a Jacub.

 -¿Sí, principal?

-¿Nos acompaña?

 -Con todo gusto, señora –responde Jacub, cuadrándose-… Ni bien nos alcancen las armas que solicitamos.

Lo que aguardan, son nada menos que unos sofisticados fusiles de gran alcance, calibre 12.7, capaces de atravesar blindajes de tanques de guerra.

 -Ah, ustedes los soldados –desliza la oficial de policía, equipada sólo con un sable y una pistola calibre 9-. ¡Aman las municiones pesadas, eh!

Hora 17.10 Escenario 9

Preocupados por no tener noticias de Jacub y su misión, mientras avanzan hacia el sur, con el río púrpura a la izquierda y la culminación del aeroparque a la derecha, el grupo de Nícolas sigue su trayecto, viendo ya con mayor claridad, el gran foco le luz roja emitida desde un sitio elevado.

 -(¿Cómo va tu intuición, Lhexia?) –le pregunta Nícolas, sin que escuchen los demás.

 -Me dice, que estamos cerca –responde ella, sin dar detalles.

 -Me preocupa no saber del sargento –comenta luego Nícolas y agrega: ¿qué opinás, Bhorin?

 -Podemos preguntar por medio del mensajero.

 -¡Ah, de veras! –se despabila el vigilador- ¿Te animás, Kharlem?

 -¿Qué le decimus, señur?

-Nícolas.

 -Nículas…

Después de pasarle el mensaje de la manera más simple que pudo, en el desolado espacio urbano se oyen sonidos que viajan a través del viento.

Hora 17.15 Escenario 8

Ni bien llega el armamento solicitado, la patrulla de una oficial de policía, un sargento y un cabo del ejército, un cabo de la marina, más cuatro comandos del COS, se pone en marcha por el túnel abierto.

 -¡Disculpen! –les grita Renatti, desde la boca de entrada- ¡No pueden negarle participación a la ciencia, por favor!!!

Gisyshato lo busca a Jacub con la mirada y este a los dos cabos y como nadie se opone, la oficial lo autoriza.

 -De acuerdo, puede venir profesor, pero póngase un casco.

Casi al instante, el investigador recibe un casco y mientras se lo coloca, se oye el sonido de un tambor. Ello motiva la alerta general y la atención de Jhesmir, que desde la entrada al túnel, se apresta a recepcionar el mensaje en lengua wolof.

 -¿Qué dice, Jhesmir? –le pregunta la oficial, yendo hacia él.

 -Preguntar pur suldadu Jacub.

 -Responda: Tuvimos bajas en un encuentro con criatura gigante, Jacub bien, en cabecera de playa.

           -Dice: Van al puertu, pur una luz duminante de la zuna inerte.

 -Responda: Luego iremos en apoyo. Avisaremos.

Hora 17.15 Escenario 9

Luego de escuchar la traducción, la xinebiana se alarma al oír la frase “encuentro con criatura gigante”.

 -Bieb, debemos seguir, luego se nos unirán –arranca primero Lhexia, ahora liderando la expedición.

Hora 17.20 Escenario 8

El túnel, que comenzó con un desmoronamiento del suelo arenoso, dejó expuesto un pasaje bajo la ribera del río y a medida que la patrulla avanza por él, se va transformando en una especie de caverna subterránea.

 -¿Y esto? –exclama Gisyshato, sorprendida por tal descubrimiento y se detiene para darse vuelta-… Pasen la voz: Necesito, vayan dejando un hombre apostado a distancia de silbatina, para comunicarnos.

-¡A la orden, oficial!

-¡Mmm! Se ve muy poco –comenta Jacub-. Deberemos improvisar antorchas.

-Sin combustible, lo dudo –advierte Renatti.

Ante la oscuridad reinante, Kowalsky acciona su viejo encendedor a mecha, para tener algo de visión y ahí se topa con los restos desparramados del gigantesco cangrejo.

 -¡Al menos este bicho ya está en su tumba! –comenta el cabo, con eco en su voz y al acercar el encendedor a un pedazo de pata, la llama hace combustionar a ese miembro y se prende fuego.

 -¡Alalah! –exclama el cabo, protegiéndose.

 -¡Fenómeno! Ya tenemos combustible para las antorchas –adelanta Jacub.

Con palos y vendas médicas arman unos rústicos hisopos y los embeben en la “sangre verde” del monstruo. De esa manera, cada cual porta su propia antorcha.

 -¿Adónde conducirá esta caverna? –pregunta Gisyshato, observando unas extrañas concavidades.

 -Según la brújula, hacia el Sur –responde Jacub, consultando el instrumento magnético.

 -Eso sería hacia el puerto –deduce Kowalsky.

 -Pero, miren estas paredes desiguales –agrega el profesor Renatti, portando su propia antorcha-, están excavadas recientemente.

Luego de unos minutos, Jacub le pregunta a Gisyshato:

 -¿Tenemos algo nuevo sobre las huellas chamuscadas, principal?

 -Ah, las pisadas, no. Están bien definidas sobre las plantas, pero al llegar a la playa, se esfuman.

-Tal vez por la arena, que no las registra –supone Jacub.

 -Perdón –interviene Renatti-, creo que ya deberíamos convocar a biólogos marinos para investigar este caso, ¿qué opinan?

 -Ya envié mensajeros a lo del general Fulkner, él sabrá cómo seguir, profesor –le responde la oficial a cargo.

 -¡Esta situación, hay que revelársela al mundo! ¿Me explico? ¡Estamos ante una invasión alienígena!

-Tranquilícese profesor… Eso, ya lo sabemos –lo para con firmeza, Gisyshato-. Nosotros tenemos órdenes precisas y ni bien descubramos qué hay en esta cueva, decidiremos cómo continuar.

-¡Sí sí, perdón! Me sobrepasé –responde Renatti, recapacitando.

Hora 17.30 Escenario 9

Después de trasponer calles y circuitos para acortar camino, el grupo se acerca al “ojo del diablo” mencionado por el aterrado Kharlem.

 -Entramos en la Dársena E de Puerto Nuevo –les informa el soldado Bhorin, a modo de guía turístico-. Aquí funciona… bueno ahora no, la Central termoeléctrica más importante de toda la ciudad.

 -A sí, le dicen “La Catedral de la electricidad” –agrega la doctora Hérzler-. La construyeron hace casi un siglo.

 -¡Guauu! ¡Vean esas torres! –exclama Nícolas, sorprendido, viendo sus dos cúpulas de setenta metros- Pasé mil veces por la zona, pero nunca las vi de tan cerca.

 -Esta usina, más otra aquí cerca, forman un complejo, en donde se genera gran parte de la electricidad que alimenta a Buenos Aires –anexa la científica, sin dejar de observar a lo alto, el foco incandescente.

 -¡Miren!, sale humo blanco de esas chimeneas –señala Nícolas, con una mano sobre el hombro del senegalés.

 -Sale de las calderas que producen vapor para las turbinas –explica la científica-. Y claro, aún no se han enfriado.

 -Es un sistema muy primitivo, para la generación de electricidad –agrega la xinebiana.

 -Pero funciona bien ¿no? –sale al cruce Nícolas.

Al pie de la colosal construcción de aspecto medieval, el soldado pregunta:

-Ahora, si no hay operadores ¿cómo se produce esa luz tan intensa?

-Es lo que vamos a averiguar –anticipa Lhexia, resuelta a entrar.

 -¿No convendría esperar refuerzos, muchacha? –objeta Nícolas.

 -El tiempo corre muy de prisa, muchacho –le señala la xinebiana, dedicándole una profunda mirada desde sus ojos verdosos-. Y justamente, el tiempo… se acaba.

Nícolas asiente sin chistar, pues recordó la lección ilustrada con hologramas en la que estando con Julián, ella les dijo: (Una vez por año, la Tierra y Xinebia se cruzan, ahí se genera un portal entre los dos planetas que dura 24 horas… ¡Ese!, es el momento propicio para saltar de uno a otro)

 -De acuerdo señorita, la acompaño.

Bhorin se deja llevar por la veloz y decidida iniciativa de la pareja y se involucra en la incursión a la central. Y así, uno por uno van pasando por una abertura en el alambrado perimetral y caminan sigilosos por las calles internas del predio. Ya desde más cerca, pueden observar el desplazamiento ascendente de unos gases luminosos, que van trepando por el interior de las torres, hasta llegar a las dos cúpulas enfrentadas y ahí unirse en un punto, para estallar en esa radiación escarlata enceguecedora.

 -¡Escuchen, escuchen! –advierte Nícolas, deteniéndose– Oigo zumbar las turbinas, parece que andan… ¡Pero no se ve a nadie manejarlas!

 -Imposible que funcionen sin operadores –afirma -por lo bajo- la doctora, viendo lo solitario del gigantesco predio.

 -Pero están funcionando –comenta Bhorin, acercándose a la sala de generación.

Con disimulo y aprovechando la baja visión por la bruma, la xinebiana se trae la vincha a la frente y la oculta bajo su cabellera.

 -este es el vórtice de absorción energética que buscamos, doctora –le revela la xinebiana, estudiando la circulación de los fluidos rojizos.

 -¡Al fin! –exclama Hérzler.

-Parece que por alguna clase de técnica inverter, la central está recibiendo toda la energía “chupada” a la ciudad.

-¿Entonces, aquí podremos cargar su Tablet, verdad? -pregunta con ansiedad, el soldado.

-Primero debemos encontrar el tablero desde dónde comandan este proceso –propone Lhexia, comenzando a quitarse su guardapolvo.

-Sí, hace calor aquí –comenta Nícolas, mirando fascinado el estilizado cuerpo de la xinebiana, sólo cubierto por su ceñido mono escamoso.

-Coge mi mochila, Nícolas –le solicita la extraterrestre-, necesito que la cuides.

-Esteee… ¿No patea?

La xinebiana sonríe y se separa del grupo para investigar por su cuenta.

Hora 17.30 Escenario 8

Las luces de las antorchas crean sombras discontinuas, que al proyectarse en las paredes irregulares, van desdibujando las figuras de los expedicionarios.

 -¿Tiene idea de cuánto llevamos caminado, sargento? –pregunta la policía montada, en pleno tránsito.

 -¿En tiempo, o en metros?

 -En tiempo, le puedo decir yo –responde Gisyshato, consultando su reloj a cuerda-. Unos diez minutos.

 -Sesenta metros, más o menos –confirma Jacub.

-¿Cómo lo mide?

 -Cuento los pasos… A medio metro por paso, llevo hasta ahora ciento veinte pasos.

 -Ingenioso –responde la oficial de ojos oblicuos, mirándolo con cierta admiración.

 -Es sólo supervivencia, principal.

-Vanina, es mi nombre…

 -De acuerdo Vanina -masculla el acerado militar, distendiendo su gesto adusto.

Cumpliendo su rol de líder, la oficial avanza a la cabeza de la patrulla, iluminando su ruta con una antorcha, que ahora comienza a aventarse hacia atrás.

 -¿Viene una corriente de aire, no? –comenta Jacub, haciéndose a un lado para no quemarse con la antorcha de la mujer.

 -Así parece –responde ella, tapándose la boca con una mano- y esta brisita, trae un olor nauseabundo.

-Aquí cerca hay una toma que lleva el agua del río a la planta potabilizadora -interviene Renatti, llevándose un pañuelo descartable a la nariz.

-¡Puajj! Con el tufo que viene, más bien parece la boca de los desechos cloacales –repudia Kowalsky -sin poder cubrirse- por sostener su pesado armamento con una mano y la antorcha con la otra.

-¿Puede ser que se comuniquen, profesor? –pregunta la oficial.

-¿Usted lo dice, por esta corriente de aire?

-Ajá.

El diálogo con Renatti se corta abruptamente, cuando desde la oscuridad, el filoso estilete de otro cangrejo gigante lo clava desde atrás -a la altura de la clavícula- como si fuera una aceituna y lo levanta en el aire… Entre la conmoción y el dolor, el científico empieza a lanzar gritos desesperantes.

 -¡CONTACTOOO!!! -advierte Gisyshato, desenvainando su sable.

En ese momento, se pone en marcha una sucesión de silbatinas solicitando refuerzos, que se confunden con el silbido de la bestia cuando despide sus fluidos inmovilizadores.

 -¡Ballesteros, disparen a los ojos! –ordena Jacub, tomando posición.

Los desgarradores gritos del Renatti retumban en el eco de la caverna y por la contracción de sus músculos, sigue reteniendo la tea, que les permite ver la gran dimensión del monstruo. Jacub clava su antorcha en el suelo húmedo y orienta su arma hacia algún punto vulnerable y junto con Kowalsky y Hortigoza, abren fuego.

 -¡Cuiden de no darle al civil! –vocifera Gisyshato, propinando a diestra y siniestra sablazos a las filosas patas y disparando su pistola.

Los disparos de los poderosos fusiles, retumban e iluminan como obuses dentro de la caverna y cada certero impacto, desgarra algún miembro del crustáceo, luego destrozado por la ametralladora de Hortigoza, hasta que al fin, el monstruo agresor cae vencido sobre el suelo arenoso, arrastrando en la caída a Renatti, malherido.

 -¡Alto el fuego! –vocifera Jacub, poniéndose de pie junto a los demás- Ya está liquidado… Atiendan al profesor.

Luego de quitarle el casco y evaluar sus heridas, Gisyshato ordena una cadena de silbatinas, para pedir camilleros.

 -Al parecer, no le perforó el pulmón, pero tiene rota la clavícula. Llévenlo con cuidado. Nosotros debemos continuar ¿algún otro herido?

Sólo el silencio responde, entonces Gisyshato decide continuar, pensando que se estarían aproximando a algo más grande.

-¡Recojan sus antorchas y avancen! –ordena la oficial, pisando por sobre los restos del crustáceo descuartizado- ¡Y procuren no acercar las llamas a esta… sangre!

Hora 17.45 Escenario 9

Mientras tanto, en la Catedral de la Electricidad, mientras investiga por la sala de conmutación bien iluminada, Lhexia se pregunta cómo es posible que la usina funcione en forma inversa, sin alguien que la opere… De pronto, una ruidosa aceleración de las turbinas, hace enfocar sus ojos rasgados al sitio y ahí puede distinguir -entre la bruma roja- a un par de figuras esfumadas, entonces activa su traje en modo invisible y se acerca al sitio con cuidado. Una vez allí, observa con detenimiento y descubre a seres conocidos operando los controles.

 -(Mmm… Son Tirrens. ¡Están en la Tierra! ¿Pero, desde cuándo? ¿Desde siempre? Ahora entiendo lo del crustáceo gigante… los trajeron ellos.)

Con mucho cuidado, la xinebiana emprende el regreso…

 -Aquí afuera, hay un jardín ¡de película! –grita Nícolas, atrayendo a todos.

Cuando se asoman, quedan admirados al descubrir un extenso parque con palmeras y gomeros, rodeados de un césped muy cuidado.

 -¡Qué bello verde! –reconoce la doctora, contemplando su gran extensión- Lástima que no se aprecia en plenitud.

 -Es una obra de arte –aprecia el soldado, mientras espía al africano que persigue unas manchas negras sobre el césped.

 -¿Qué mirás, Kharlem? –le pregunta Nícolas, yendo a ese lugar.

El supersticioso senegalés, no responde, sólo va tras unas pisadas renegridas. Entonces Nícolas se agacha para observarlas y se da cuenta que esas huellas, son parecidas a las de la Reserva Ecológica.

-Mmm, pisadas que queman, esto ya lo he visto –comenta Nícolas, siguiéndolas hasta que se pierden en la entrada.

-¡Fuegu del diablu! –farfulla el africano, alejándose del jardín.

-Ningún “diablu”, Kharlem –le dice Nícolas, tratando de serenarlo-, apenas si son seres de otro planeta ¡je!

El tamborilero no reacciona, por eso el vigilador le ofrece otro chocolate, pero el morenito se lo rechaza.

-Deedeet Jerejef (no, gracias) -le agradece en wolof.

Cortado por tal evasiva, Nícolas reniega de su intención, comprendiendo que la mirada de una misma situación, para dos personas de distintas culturas, puede ser absolutamente dispar, entonces lo abraza, en un intento de transferirle seguridad.

 -¿Usted qué opina de estas huellas, doctora? –le pregunta luego Nícolas.

 -Claramente, fueron provocadas por una abrasión intensa… Pero no me imagino por quién .

 -(Por Tirrens) –se escucha al oído de Nícolas, el susurro de Lhexia, quien evita sobresaltarse.

Entonces, jugando con las respuestas, Nícolas le responde a la doctora:

 -¡Ajá! Estarán relacionadas con esos Rasters, tal vez sean seres que los dominan.

 -Por lo visto, persiguen nuestras fuentes de energía –reza la científica.

 -(Están operando la usina y transfieren la energía a algún sitio a través del ojo de plasma) –le informa la extraterrestre, al oído del vigilador.

-Sí, es verdad y ese ojo de plasma tiene que ver –define Nícolas, simplificando los términos-, debemos solicitar ayuda…

 -Para eso, está nuestro amigo –comenta Bhorin, señalando al tamborilero.

En ese momento, sobre el césped, comienzan a formarse nuevas manchas negruzcas, en torno a ellos.

Hora 17.45 Escenario 8

El crustáceo desmembrado quedó atrás, la caverna se va angostando y a medida que la patrulla avanza, un olor pestilente les da la señal de estar acercándose a algo putrefacto.

 -Aún no me dijo cuál es su nombre –le pregunta Gisyshato a Jacub, con curiosidad femenina.

 -Omar…

 -A mí me parece, que este cangrejo era más chico que el anterior, ¿verdad

Omar?

 -Podría tratarse de la hembra, oficial.

 -Vanina…

 -Tal vez se trate de una pareja traída con algún fin, Vanina.

 -¿Usted dice, para reproducirse?

 -¿Y a usted, qué le parece? –le pregunta Jacub, elevando su antorcha para mostrarle lo que hay enfrente…

Una mayor iluminación, les permite ver una ampliación de la caverna repleta de huevos gigantes…

 -¡Oh, increíble! –exclama Gisyshato, sorprendida por la dimensión del lugar– Es una enorme incubadora.

 -Otra que el octavo pasajero –murmura Kowalsky por detrás, deteniendo con su puño al resto de la patrulla.

La luz de las antorchas permite ver la gran bóveda poblada de huevos -que en altura- les supera la cintura. Gisyshato, considera prudente no seguir avanzando y con gestos manuales, genera órdenes de regresar y todos comienzan a volver sobre sus pasos, sin tomar contacto con los embriones.

 -(Te quiero ver, cuando nazcan todos estos) –susurra Gisyshato, retrocediendo de espaldas.

Ya de regreso, cuando van pasando sobre los restos de la mamá cangrejo, por una emanación de los gases de sus restos, al llegar la primera antorcha se produce una combustión espontánea.

 -¡SALGAN! ¡TODOS SALGAN! –ordena a viva voz Jacub, cubriendo con su cuerpo a Gisyshato cuando comienza a arder.

La deflagración invade cada rincón de la caverna, exponiéndolos a las llamaradas, especialmente a Gisyshato, quien es una de las primeras víctimas. Entonces Jacub, con ayuda de Kowalsky y para evitar el fuego superior, comienzan a arrastrar por el suelo arenoso a la oficial, alejándola del lugar, aunque algunos no logran hacerlo, quedando atrapados en el fuego.

 -¡PIDAN AYUDA! –ordena Jacub, con su uniforme humeante y enseguida comienzan las silbatinas de auxilio.

Los soldados menos expuestos los ayudan a salir, pero los envueltos en llamas, corren desorientados hacia el lado de los huevos y aullando de sufrimiento, se revuelcan sobre los mismos.

 -¡Maldición! –impropera Jacub, sosteniendo en brazos a Gisyshato, desvanecida por la falta de oxígeno.

Como si se tratase de una venganza post-mortem, las llamas generadas por el gigantesco cadáver, forman una hoguera imposible de atravesar, dejando atrapados del otro lado a los hombres de Jacub.

 –¡Kowalsky, dame tu arma!

Ni bien el cabo lo hace, Jacub le confía a la oficial desvanecida y viendo impotente como dos de sus hombres se incineran sin poder ayudarlos, apunta con el láser y les dispara al corazón, cortándoles el sufrimiento.

 –¡Urgente paramédicos, traigan oxígenooo!!! –vociferan, para auxiliar a Gisyshato.

Habiendo perdido a tres hombres y preocupado por la salud de la oficial inconsciente, el sargento también piensa en la reacción de esos cientos de cigotos, expuestos al intenso calor de la caverna.

 -Dejámela Kowalsky, yo la cuido –lo dice luego al gigantón-. Vos conseguite un par de lanzallamas; si no tienen acá, que los traigan desde el campamento, allá hay.

 -A la orden, sargento.

  -Que el negrito los pida con el tambor, ¡dale pata!

Jacub, ya está previendo como combatir a las futuras crías de los crustáceos gigantes, sabiendo que estas llamas, avivadas por las corrientes internas de la cueva, irán subiendo la temperatura, acelerando sus eclosiones.

Hora 17.55

El tamborilero Jhesmir, calienta el parche de su “jembé”, enviando el mensaje ordenado por el sargento.

Hora 17.55 Escenario 9

Y también, desde el jardín de la usina, usurpada por fuerzas extrañas, Kharlem redobla su tambor solicitando refuerzos, para afrontar lo que se les viene.

Hora 17.55 Escenario 10

Los hasta ahora desaparecidos Julián Rodríguez y Malek, se encuentran con al general Fulkner y juntos escuchan con atención los retumbes lejanos.

 -¿Me dice, qué informan esos repiqueteos? –le pregunta Fulkner al senegalés, a modo de exigencia, mientras otea con un largavistas desde un tanque de guerra TAM, antiguo.

Debido al ruidoso motor gasolero del carro de combate, Malek no logra descifrar los mensajes de sus paisanos.

 -¡No puede oír al tambor máz alejado, general! –le comunica Julián, casi a los gritos.

 -¡Bueno, abajo! Vayamos donde oír mejor –sugiere Fulkner, con su casco colocado-. No podemos parar estos vehículos, cuesta mucho arrancarlos de nuevo.

El general y los dos civiles, descienden del primero de ocho tanques de guerra rescatados de museos y talleres del ejército.

 -¿Bueno, qué están diciendo? –repregunta, el ansioso militar.

El tamborilero le revela información al oído de Julián, para que se la decodifique al militar.

 -Pareze que el zargento Jacub, eztá en combate con monztruoz gigantez y pide lanzallamaz.

Respaldado por decenas de soldados en viejos camiones militares, Fulkner enciende un habano, motivando que Julián trate de disipar el humo con la mano, en ese momento, Malek le sopla más información…

 -Y la doctora, eztá en apuroz, por una invazión en la uzina grande del puerto…

 -Pida ambas ubicaciones, urgente… ¡Vamos en su ayuda!

Luego de trepar ágilmente al tanque insignia, Fulker ordena a sus inmediatos la bifurcación en la columna.

 -El Batallón del coronel Olivieri, a Puerto Nuevo –ordena con gritos-… El resto, conmigo. ¡EN MARCHA!

Cuatro tanques antiguos de producción local TAM (Tanque Argentino Mediano), ahora reemplazados por las unidades que no les funcionan sus componentes electrónicos, más un primitivo Patagón, dos Panhard franceses (pequeños blindados con ruedas) y hasta un Sherman norteamericano -repotenciado en el país- se ponen en movimiento, expulsando grandes bocanadas de humo negro, producto de sus combustiones diesel.

 -¡Hey, ezpere, general! –le va gritando el vigilador gordito, corriendo tras el blindado, mientras se sostiene con alternancia el arma, el radio y sus lentes.

Desde arriba, Pitu le ladra para alentarlo y cuando está muy cerca, Malek le tiende una mano y al fin puede subir.

 -¡Puff! –suspira el vigilador- Graciaz, hermanito.

Ya retirados del parque militar, pero ahora armados con municiones modernas, estos blindados de combate no dejan de ser unas infernales máquinas de destrucción. Unos, avanzan por la zona boscosa rumbo a la playita del río y otros hacia la usina, por la avenida de la costanera.

Hora 18.00 Escenario 8

El valiente Jhesmir, termina de pasarle las nuevas a Kowalsky y éste se las comenta a Jacub, quien asiste con oxígeno a Gisyshato, mientras la trasladan en camilla.

 -Fulkner está en camino con un batallón de tanques rejuntados –le informa el cabo primero.

-¡Qué loco! –exclama Jacub, asombrado, mientras camina a la par- Seguro los sacó de los museos.

 -Así es sargento, pudo conseguir ocho y envía cuatro con el coronel Olivieri a la usina de Puerto Nuevo… Los chicos están en apuros, ahí.

-Están bien protegidos –comenta Jacub, refiriéndose al comando Bhorin.

-Pero sólo es uno, sargento…

-Bueno –sigue adelante Jacub-, necesito que armen una trinchera en torno a ese hoyo… No sea cosa que quieran a salir esas cosas; Hortigoza va justo enfrente, asistido por dos ayudantes.

 -De acuerdo, sargento.

Hora 18.00 Escenario 9

En la llamada Catedral de la Electricidad, Kharlem les da la noticia de la ayuda en camino y ello les contagia una calma momentánea, pues sólo cuentan con la protección de un soldado.

-(Mmm, esta fragancia la conozco) –piensa Nícolas, inflando sus pulmones.

El vigilador, conquistado en todos sus sentidos por la xinebiana, presiente lo correcto.

-(Hay movimiento de Tirrens invisibilizados y vienen hacia aquí) –le susurra Lhexia.

 -Buenooo -reacciona el vigilador-… ¿Qué opinan si nos retiramos a esperar a que Lhexia regrese y nos cuente qué onda por ahí dentro?

 -Tal vez, sería mejor ir afuera del alambrado –sugiere la doctora, un poco temerosa.

 -Buena idea –agrega Bhorin, tomando la iniciativa.

 -Y… ¿Cómo avisarle a Lhexia dónde estaremos? –comenta luego, la investigadora.

 -Ehh, pierda cuidado, doctora –dice Nícolas-… Lhexia sabrá encontrarnos.

 -(Necesito, me pases la mochila con el archivo) –le susurra después, la xinebiana.

 -Bueno, la dejo en el camino…

 -¿Cómo dice, agente? –le pregunta el soldado, sin entender su manifiesto.

 -¡Que no la dejaremos en el camino, doctora!… Pierda cuidado.

Las negruzcas pisadas empiezan a acercarse, el soldado los apura hacia la salida, aunque Kharlem, al ver pisadas negras que se mueven sale corriendo, como impulsado por un espíritu.

 -¡El Diablu… El Diablu!!!

Ante los gritos despavoridos del africano, el comando alista su arma, pero no puede apuntar a quien no ve.

 -¡Pero la puta madre! –protesta Nícolas- ¡No se puede con este pibe!… ¡Vení acá, Kharlem!

 Nícolas intenta ir tras él, pero Bhorin lo detiene.

-Corre muy rápido y no debemos dispersarnos, una vez que ustedes estén a salvo, iré por él… Ahora salgamos.

Una vez fuera del predio, mientras Bhorin busca entre los contenedores del playón alguno abierto, Nícolas apoya en un costado la mochila y como por acto de magia, la misma se va en el aire… Finalmente, el comando encuentra una puerta sin candados y oculta a Nícolas y a la doctora y les indica quedarse ahí hasta su regreso.

 – Aquí estarán seguros , voy por el chico..

Aprovechando la densa bruma reinante, el comando se desplaza con táctica de asalto, apoyándose en las paredes y su fusil preparado. Estando nuevamente en el jardín, con pasos felinos decide seguir el recorrido que emprendió el senegalés, hasta que encuentra su tambor caído, cerca de una plantación de gladiolos. Después de avanzar un tramo, se encuentra con un portón abierto que conduce a un galpón y lo atraviesa con sigilo… Cuando llega a la sala de usinas, comprueba el origen del zumbido y sin nadie a la vista sigue avanzando, hasta que al fin encuentra al senegalés, apoyado contra una columna, duro como una estatua. Lo extraño, es que en su cabeza tiene una de esas máscaras para soldadura eléctrica… El comando intenta acercarse, pero el moreno se quita la escafandra y le hace el típico gesto de silencio… Como no ve a nadie, Bhorin se le acerca y el senegalés le pasa la máscara de soldar, de inmediato la reemplaza por el casco y a través de su visor puede ver a tres siluetas fulgentes, que se le vienen encima.

 -¡Alto o disparo! –les advierte, con la máscara activada.

En ese momento, el soldado recibe dos topetazos en el cuerpo que lo impulsan hacia atrás, pero sin llegar a voltearlo y ahí comprueba que por un orificio en el hombro y otro en la pierna, comienza a expulsar sangre, no obstante y como puede, abre fuego.

 -¡CORRE CHICO, CORRE! –le grita al tamborilero, disparando sin pausa a las figuras que puede divisar, gracias a la escafandra.

Merced a sus piernas delgadas, el ágil africano sale velozmente dejando atrás las detonaciones. Mientras dispara, Bhorin puede divisar a las figuras humanoides que de a poco lo van rodeando, como queriéndolo cazar…

 -¡Son tiros! –anuncia Nícolas- Usted quédese, doctora. Voy a ver qué sucede.

 Nícolas sale y pasa por el agujero del alambrado hacia el sitio de los disparos y justo lo ve corriendo al senegalés, aunque algo lo detiene bruscamente.

-¡A la mierda, lo atrapó uno de esos! –se dice a sí mismo el vigilador, conmovido por los gritos de espanto del africano por no ver a quién lo retiene.

Nícolas desenfunda su revólver y apunta sin ver a nadie.

 -Espero no sea Lhexia –vacila, mientras toma puntería- ¡Soltalo sorete, o te perforo el marote!

Ante los aterrados aullidos del africano, Nícolas dispara un tiro de advertencia -que dentro de la gran sala suena como un cañonazo- y al ver que se va a la rastra, dispara otra y otra vez, hasta que de pronto el moreno sale despedido unos metros -como si hubiera recibido una descarga eléctrica- y el ser invisible, que hasta ahora lo retenía, se transforma en una figura humana de contornos anaranjados, para después pulverizarse en la bruma rojiza.

 -¡A la mierda! –exclama el vigilador, sosteniendo su revólver humeante con ambas manos- Seguro que es obra de Wonder Woman.

 -(Esa mujer, es un personaje de historietas) –le sopla Lhexia, todavía invisible-… (Yo, soy real…)

El rubio catamarqueño se sobresalta, cuando siente un beso en la mejilla.

 -¡Ya lo creo! –le responde él, acariciándose su cara- Esa placa te convierte en poderosa, ¿no? ¿Qué más, escondés ahí?

 -(¡Shhh!) –le sopla ella- (Kharlem pasó por muchos sustos, que no te escuche hablar solo, ve por él y llévalo a un lugar seguro…)

 -¿Y Bhorin?

 -(Ya sabes, estos Tirrens poseen el gen del mal y son seres capaces de cualquier perversidad…)

 -¿Y desde cuándo, estarían aquí? –le pregunta él, asistiendo al senegalés.

 -Más tiempo del que imaginas –responde ella, haciéndose visible.

-Entonces, lo estaban preparando.

 -Y sí.

Ahí, Nícolas ve que la xinebiana ha cambiado su angosta vincha dorada, por otra más prominente.

 -Y por eso viniste.

 -Algo así…

 -Vos y yo, tenemos que hablar -le exige el vigilador, mientras enfunda su arma.

 -Bieb, pero no ahora. Se acerca una columna de carros blindados de tus fuerzas, pero a los Tirrens no van a poder verlos, diles que equipen a sus combatientes con máscaras para soldar.

           -¿Máscaras de soldar? –repite Nícolas, intrigado.

           -¿Hablo en xinebiano, yo? -le refriega ella, con un gesto de suficiencia.

-Bueno, vení amigo, estás a salvo –le dice, al aterrado tamborilero una vez repuesto-. Ahora busquemos tu tamborcito para mandar un mensaje urgente.

Temblando y sin levantar la mirada del piso, el africano se deja llevar.

-Bieb, cuídate… Luego sabrás de mí.

 -¡Ehhh pará, pará! ¿Las balas, les afectan a estos tipos?

 -Sí claro, son humanos y sus trajes de invisibilidad no poseen blindaje… El problema es verlos.

-Y sin esos trajes ¿cómo son?

 -Como cualquiera de ustedes.

 -¡Ah la puta madre! –se le escapa- ¿Y cómo mierda los identificamos?

 -Del mismo modo que identifican a sus propios criminales.

 -¡Ah, me quedo más tranquilo!

-¡Cuídate!

  -¡Igual vos!

 -Jerejef, Jigeen…

 -Por nada Kharlem –devuelve la extraterrestre, el agradecimiento al morenito.

-¡Bueno amigo! –le dice Nícolas, tomándolo de un hombro- Vamos a pedir esas caretas, entonces.

Hora 18.20 Escenario 8

Veinte minutos de tensa permanencia frente a la cueva de las criaturas, entumecen los dedos gatilladores de armas. La misteriosa abertura en el suelo arenoso, aún expulsa humo y eso hace sospechar al sargento Jacub… Él, espera una arremetida de los cangrejos gigantes.

 -(¿Saldrán?) –se pregunta Jacub, controlando la trinchera.

 -¡Me traen dos tanques, justo acá! –ordena el general Fulkner, recién llegado a la zona de combate.

 -¿Cómo está la oficial Gisyshato, general? –le pregunta Jacub en el oído, debido al ruido ambiente.

 -Mejor, sargento… Ya quiere regresar al frente.

 -Es buena con el sable… La vi en acción.

El general sonríe y lo invita a alejarse de los tanques, para comentarle:

 -El profesor Renatti está más delicado, debo ver cómo transportarlo al hospital que montamos en el estadio.

 -Y sí, lo ideal hubiera sido por aire –razona Jacub y luego pregunta: ¿Se sabe algo del capitán Benítez?

 -Ah sí… Respecto a eso hay algo que debe conocer, sargento –le dice el general, al tiempo que enciende un habano.

 -Lo escucho con atención, general.

-A estos dos chicos –comienza a relatar Fulkner, refiriéndose a Julián y a Malek-, los hallamos con un estado de desequilibrio mental importante.

-¡Eh! ¿Por qué?

-Según el psicólogo clínico, sufrieron alucinaciones fugaces por haber entrado en contacto con esa bruma rojiza…

 -¿Cómo es eso?

 -El vigilador gordito, asegura haber visto a Benítez salir de la zona de bruma… ¡Caminando!

 -¡Ajá! ¿Y eso qué tiene de extraño, general?

 -Que ahí dentro están todos congelados como en el juego de las estatuas, muchacho. Pero el capitán, ahí ya no estaba.

 -Ah, entiendo… ¿Y el africano qué dice?

-El negrito se espanta cada vez que le preguntamos algo y fabula.

-¿Por?

-Dice que vio a Benítez hablar con personas invisibles…

-¡Mmm! ¿Qué extraño es todo esto, no? –masculla Jacub, acariciándose la barba- ¿Y en la ciudad, cómo están las cosas?

 -Según los mensajeros, sabemos que está paralizado el corredor Norte-Sur, los hospitales los están evacuando en viejos vehículos gasoleros que rescatamos de los talleres y museos, como estos tanques…

 -¿Hay incendios?

-No por suerte, los bomberos hacen lo que pueden con la gente atrapada en ascensores y edificios.

 -¿Qué porcentual cree se encuentra en esa situación, general?

 -Estimo un diez por ciento.

 -Y, eso es como un millón de personas…

 -Pero ni bien llegan a las líneas de emergencia –agrega Fulkner, con mayor énfasis-, son asistidas de inmediato, allí está todo normal… Espero siga así.

 -¿Y con la planta potabilizadora, cómo se arreglan?

 -Hay una guardia mínima de técnicos, para garantizar la provisión –responde el mayor Steiner, plegándose a la conversación, mientras toma un refrigerio en un mate continuo.

          -Ajá –asiente Jacub y pregunta: La población no sabe, ¿verdad?

 -El boca a boca es muy cruel, muchacho –admite Fulkner-. Tal vez es peor el imaginario colectivo, pero bueno, deberemos seguir así hasta saber bien con qué lidiamos.

 -Por más que nos esmeremos, nunca vamos a estar preparados para todo, ¿eh? –reflexiona el sargento.

-¿Le digo la verdad, muchacho? Por primera vez en mi carrera, me siento impotente frente al enemigo.

-Coincidamos en que no es un enemigo normal, general –agrega Steiner.

-¡Fortunas! Invertimos en armas y en explorar el espacio –recapacita Fulkner- ¿Y para qué sirve?… Para destruirnos a nosotros mismos…

-Esperemos, esto sirva de bisagra para arrancar con políticas más abiertas –define Steiner, convidándole un mate al sargento.

-¡Pero carajo! –encoleriza Fulkner- Tenemos parte de la flota anclada al otro lado de esta bruma y no podemos actuar, al igual que la Fuerza Aérea y mis tropas… ¿Para qué tanta tecnología, tanta sofisticación, si con una simple neblina, te dejan paralizado y sin energía?

 -Espero que esto nos enseñe a no ser tan dependientes de la electrónica, al menos, tal como la conocemos –reconoce el ingeniero electrónico, bajando la vista-. Así, se puede perder una guerra…

-Así, podemos perder el mundo… Steiner.

Jacub le da una gran sorbida al termo-mate, inmerso en un reflexivo silencio, mientras Fulkner hurga en la bruma con los prismáticos, apretando su habano entre dientes.

 -¿Y si ustedes fueran civiles, qué pensarían? –pregunta Jacub.

-La gente no es tonta, sargento –se adelanta Steiner con la respuesta-. Por ahora se le ha informado que hubo un accidente técnico en las usinas de Puerto Nuevo, pero estos fundamentos, no podremos sostenerlos por mucho.

-Por suerte, no afectó al centro de la ciudad –valora Jacub.

-¿Qué lo impide, muchacho? –se resigna Fulkner, con impotencia.

-Y nosotros peleando con cangrejos –lamenta Jacub, mordiéndose los labios.

-¿Está seguro que esos bichos saldrán por este agujero, sargento? –le pregunta Fulkner, volviendo al asunto más apremiante.

 -No señor… No soy biólogo, lo deduzco porque es la única abertura que descubrimos… Y ahí dentro, hace mucho calor ahora.

 -¡Ah, a propósito! –agrega Fulkner, pitando su habano-, mandé a buscar científicos marinos, por este asunto.

 -¡Macanudo! –reacciona el sargento- Podremos saber contra qué criaturas peleamos.

           -Pero qué bichos raros, ¿no? –plantea Steiner

           -La verdad, general… Tengo ganas de volver a entrar y destruir esos huevos –manifiesta Jacub-… Por las dudas.

 -¿Y cómo habrán llegado? –pregunta Steiner.

 -El cómo, lo tenemos, mayor; en los “platos voladores” –le contesta Jacub, en un lenguaje chabacano-… Lo que me preocupa, es el cuándo.

 -Muy grandes esos dos bichos para venir en las naves ¿no? –deduce Fulkner- Tal vez los trajeron siendo huevos… ¿Pero con qué fin?

Las infinitas incógnitas que se van desprendiendo en la conversación, quedan interrumpidas por el sonido del tambor de Kharlem.

Hora 18.25

 -¿Qué dize, Malek? –le pregunta Julián a su amigo, cerca del general y en presencia de Jhesmir.

El tímido senegalés, le susurra algo al oído.

 -Dize que no puede oír bien por loz motorez de loz tanquez, zeñor… Nezezita ir a otro lugar…

 -Me lo suben a un caballo y me buscan una mejor posición, ¡rápido, carajo!

Ni bien oye la orden, un jinete mensajero carga a Malek y al galope se alejan de los ruidosos motores. En tanto, Jhesmir les adelanta un tramo de lo que pudo entender…

 -Decir algu, cumu máscaras de suldar para suldadus, señur.

Mientras Fulkner va caminando tras ellos, el lejano tamborileo de Kharlem, replica nuevamente…

 -Bueno… ¿Ahora se escucha mejor? –pregunta el general, ansioso.

 -Dize, haber una invazión de zerez inviziblez. Y laz mázcaraz zon para poder verloz y combatirloz, zeñor –traduce Julián el mensaje de Nícolas, enviado por Jhesmir.

 -¡Pero la puta madre!… Lo peor que nos pudieron hacer estos enemigos ¡Fue dejarnos incomunicados! –protesta Fulkner.

 -Zi me permite, zeñor… Un gran penzador, dijo haze tiempo algo relativo a zituazionez como ezta… Dijo: “El león no puede protegerze de laz trampaz y el zorro no puede defenderze de loz loboz…”

 -Ajá… ¿Y entonces? –lo apura Fulkner, con cierto escepticismo.

 -Por ezo: “Uno debe zer -por tanto- un zorro, para reconozer trampaz y león, para azuztar a loz loboz.”

Rodeado de personal subalterno y médicas de la Cruz Roja, jinetes de la Policía Montada y civiles convocados, Fulkner se da cuenta que esperan de su boca, las órdenes necesarias para actuar y defender su propio territorio…

-¡Escuchen! –arenga con firmeza- Me despachan los jinetes más veloces al Centro de Mando y me consiguen esas máscaras… En donde sea… Y usted, ehhh…

 -Jhesmir, señur.

 -¡Vaya con ellos!

          -¡Sí, señor! –responden dos jinetes prestos, para luego cargar al tamborilero y salir a la carrera.

-¿Y qué más dicen, muchacho? –insiste el general, mientras siguen tocando.

El senegalés, susurra al oído de Julián algo, que el vigilador no hubiera querido traducir…

 -Mataron al soldado Bhonir, zeñor… Lo zentimoz.

 -¡Malditos! –profiere Fulkner, quitándose el casco- Pregunte si ya llegó el coronel Olivieri.

La respuesta afirmativa en voz de los tambores, no se hace esperar y la reflexión alusiva, mascullada por Maqui, tampoco.

 “La guerra ez zólo cuando ez nezezario; laz armaz zon permiziblez cuando no hay ezperanza, exzepto en laz armaz.”

Hora 18.30 Escenario 9

Al coronel Olivieri, se lo ve siempre con el uniforme impecable, es un militar de raza, de contextura robusta, tez blanquecina y con un tic nervioso en un ojo. En este momento, asiste junto a Nícolas y la doctora Hérzler, al concierto de percusión.

 -Caretas de suldar en caminu, señur.

 -Y pídales que muevan el culo –le exige Olivieri, con impaciencia-, necesitamos “ver” a nuestros enemigos.

Nícolas suaviza el mensaje al oído de Kharlem y este lo retransmite.

 -El suldadu valiente, tener una máscara de suldar, señur –comenta luego el morenito, elevando la vista.

 -¿Qué dice?

 -Que el soldado Bhorin -quien lo salvó-, tenía colocada una de esas máscaras, coronel.

 -¡Excelente! Vamos por ella… Y por él.

Ávidos por entrar en acción, cuatro carros de combate rodean el inmenso predio en todos sus frentes y lo hacen apuntando sus cañones a las torres que sostienen -según Kharlem- al “ojo del diablo”.

 -A medida que entremos –les indica Olivieri, con rigor en su tono-, dejen hombres apostados para la cadena de silbatinas y sólo obedecerán mis órdenes… ¿Entendido?

 -¡Sí, señor! –repiten los numerosos comandos, agrupados tras él, con Nícolas como guía.

De inmediato, el pelotón de choque avanza, inspeccionado cada tramo.

 -Aquí atraparon al negrito y me enfrenté a ellos –relata el vigilador, cargando balas en el tambor de su 38-, supongo que habrán venido de esa sala…

 -Ah, de ahí viene ese zumbido de máquinas –agrega el coronel, desplegando con señas a los comandos.

En el ambiente oscuro y brumoso, el grupo táctico va tomando posiciones a la antigua, pues la absorción energética afecta a los dispositivos de visión infrarroja. Luego de unos pasos, lo primero que encuentran es el casco de Bhorin, Nícolas lo recoge y se lo coloca, reemplazando su gorra y con su colt en la mano derecha, sigue en la avanzada… Al cabo de unos metros, divisan en el piso la máscara fotosensible -parecida a una escafandra de buzo- y cuando el coronel la va a tomar, se da cuenta que adentro está la cabeza del soldado…

 -¡Demonios! –se sorprende el militar y con cuidado, se la alcanza a los médicos del pelotón- Necesitamos esta máscara, doctores –agrega Olivieri, visiblemente compungido.

 -Son sanguinarios estos tipos –comenta Nícolas, en tono bajo.

 -Espere que me conozcan –agrega el coronel, mostrando una pistola Ballester Molina 45 del siglo pasado.

A medida que se adelantan, van descubriendo partes dispersas del soldado, como si lo hubieran seccionado con un bisturí láser.

 -¡Qué salvajada!… ¡No les alcanzó con degollarlo! –farfulla el vigilador, devenido en comando.

Los médicos, le devuelven al coronel la máscara ya acondicionada y se abocan a recoger los pedazos del soldado caído.

 -La verdad, no se ve nada con esto –protesta Olivieri, levantándose la careta a cada rato para orientarse.

 -Es fotosensible, coronel –le informa Nícolas-, sólo se activa con el destello de la soldadura, para proteger la vista.

Ni bien el vigilador termina de decirlo, Olivieri ve algo que le hace estallar en un grito…

 -¡CONTACTOOO!

Todos accionan sus armas y tiran en la misma dirección que Olivieri, pero sin ver sus blancos y así se van destruyendo tableros, tambores, máquinas y artefactos de luz, con fogonazos reflejados en el interior de la sala. Algunos soldados comienzan a caer impactados por armas silenciosas. Nícolas se tira cuerpo a tierra y mira boquiabierto al coronel avanzar sin parapetarse, mientras repone cargadores a su pistola, contra un enemigo que sólo él puede ver y a medida que avanza, aparecen unos flashes anaranjados que luego se esfuman en la bruma, resultado de cada hostil que va volteando.

-¡Cúbrase, coronel! –le grita Nícolas, disparando desde el piso- ¡Son muchos!

De pronto, ocurre algo extraño; los contornos de unos veinte atacantes se les revelan ante los ojos de los soldados, convirtiéndolos en blancos fáciles de ubicar y derribar.

 -¡SIGAN DISPARANDO! –les ordena el coronel, reventando a tiros las cabezas de las figuras que van cayendo, que luego desaparecen fusionándose con la niebla roja.

Nícolas se levanta sospechando de dónde vino la ayuda y observando su entorno, puede distinguir la escultural silueta de la xinebiana, saltando entre sectores…

 -(Ah, vino la caballería) –piensa contento, viéndola salir del lugar.

El coronel ordena el cese el fuego y los silbatos lo replican, mientras los camilleros y médicos asisten a los heridos.

-¿Está bien, muchacho? –le pregunta Olivieri al vigilador, enfundando su pesada pistola.

 -Sí sí, gracias coronel ¿y usted?

 -Lástima no poder verlos para pisarles las cabezas –chilla el militar, con la escafandra en una mano.

 -Ah sí, se desvanecen cuando mueren, como los vampiros…

 -Bueno, vamos a salir, no sabemos cuántos más de estos puede haber aquí.

 -De acuerdo coronel, lo acompaño entonces.

-¡SILBATEROS, PASEN ESTA ORDEN!:

“¡TODO EL MUNDO AFUERA Y LOS TANQUES, PREPARADOS A DISPARAR!” (Serán de otro planeta, pero me voy a encargar de mandarlos a nuestro infierno).

En medio del pandemónium de humo y muerte, Nícolas se preocupa por Lhexia e intenta localizarla para avisarle sobre las intenciones destructivas de Olivieri, pero no la ve.

Hora 18.45 Escenario 11

Ya entrando en el crepúsculo, jinetes de la policía montada con Jhesmir en la avanzada, más dos viejos camiones del ejército, se dirigen raudos a la zona del puerto. Enterado de tal situación a través de los tamboriles, el general Fulkner le solicita al sargento Jacub que seleccione un grupo de hombres y se una al convoy para darle apoyo al coronel Olivieri.

-De acuerdo general –acata la indicación Jacub, tomando su impresionante arma-. Me llevo el Sherman…

Jacub elige uno de los carros de combate más aguerridos de la S.G.M. y junto a Kowalsky, Hortigoza y cuatro comandos de su equipo, trepan a él. Rápidamente, el veterano tanque de guerra pega un salto -tal brioso corcel- y se pone en movimiento.

 -¡Allá va a encontrar más acción! –le grita Fulkner, mientras el tanque se aleja y el sargento, le hace la seña del pulgar levantado.

-Me parece que acá, nos vamos a aburrir –masculla luego Fulkner, guiñando un ojo a la dupla de Malek y Julián, aludiendo a la vigilia frente al nido de cangrejos.

Comandado por cuatro tripulantes, el tanque Sherman se pone a la vanguardia de dos Unimog y seis jinetes de la Policía Federal, durante el desplazamiento hacia las usinas del puerto.

 -Siempre quise sentir esta emoción de película –comenta Kowalsky a sus compañeros, sentado en la torreta del cañón.

Al limitado paso del blindado, la caravana avanza transportando decenas de máscaras y caretas de soldar traídas de los astilleros y por supuesto, a unos cuantos soldados bien pertrechados.

 -Es uno de los pocos que aún andan –desliza el cabo Hortigoza, sintiendo el roce de la brisa en su rostro- Y funciona bien, parece…

 -Tengo entendido, que hace unos años, el ejército los repotenció con motores diesel y nuevo armamento –comenta Kowalsky-. Antes funcionaban a nafta.

 -Por suerte, los gasoleros no precisan chispa –añade Hortigoza, en voz alta-. Pero son lentos, ¿no?

 -Y, no van a más de cincuenta por hora –revela Kowalsky en voz alta, debido al traqueteo del blindado-. Ahora me pregunto: ¿Dónde consiguieron una tripulación que sepa maniobrarlo?

 -Son tanquistas veteranos -interviene Jacub, mientras golpea la escotilla con la culata de su arma…

No transcurre ni un minuto y la escotilla se abre, para darle paso a la cabeza emboinada de un tripulante canoso, de unos ochenta años, que se presenta realizando el saludo militar.

 -¡Comandante Rodolfo Biagini, Reserva Regimiento de Caballería de Tanques 10 a sus órdenes, sargento primero!

Los seis pasajeros externos, se asombran por la formal presentación del veterano tanquista y de su entusiasmo por entrar en acción.

 -Descanse, comandante –le dice Jacub, esbozando una leve sonrisa- Los muchachos se vienen quejando, porque vamos lento.

 -Ah sí, comparado con las nuevas generaciones, claro, pero ahí los tienen a los tanques modernos… Todos varados, ¿no?

A partir de esta “puesta de tapa” a los jóvenes combatientes, sólo se oye el ronronear del motor y el chillido de las orugas.

 -Disculpe, mi sargento primero –define el veterano-, si me permite… Necesito atender a un viejo compañero…

 -Proceda, comandante.

 El desfile de un tanque de guerra Sherman y camiones de soldados avanzando por una avenida, remite a imágenes de otros tiempos. Hoy, los únicos testigos de tal acontecimiento son algunos perros callejeros, que en este momento se apartan de la columna, tal vez porque presienten lo que se viene. Cuando llegan a la planta potabilizadora de agua, una persona se les cruza en el camino, agitando sus brazos desesperadamente…

 -¿Qué sucede, buen hombre? –le grita Jacub, desde la torreta.

 -¡Unos monstruos nos atacaron y mataron a mis compañeros! –balbucea pálido y tembloroso, quien por su uniforme, parece un técnico de la planta.

La columna se detiene y desde los camiones bajan dos médicos para asistir al hombre, a punto de desvanecerse, mientras Jacub y dos hombres saltan del tanque.

-¿Eran cangrejos gigantes? –le pregunta el sargento.

-¡Sí sí! ¡Más grandes que nosotros! ¡Se los comieron a todos! ¡Ayuda, por favor!

-Está en shock, sargento –le informa el médico que lo asiste.

-¡Que un camión y los jinetes, sigan su camino! –ordena Jacub, a cargo del operativo.

Y sin perder tiempo, agrega:

 -¡El tamborilero, conmigo, el resto toma posiciones defensivas!

 -¡Ya oyeron comandos, a moverse! –los apura Kowalsky, activando la línea de defensa desde arriba del tanque.

Con Jhesmir pegado a su espalda, el policía montado se acerca rápidamente.

 -Lu que diga, señur -se ofrece el senegalés.

 -Bien, avise que nos dividimos por ataque de cangrejos a la planta.

 -Waaw, señur.

          -¿Solicitamos lanzallamas, sargento?

 -No, no hace falta Kowalsky, este Sherman tiene uno incorporado, espero que Fulkner lo haya podido cargar…

 -¡Sí sargento, está operativo! –confirma el veterano comandante, asomándose.

Hora 18.45 Escenario 9

Ante una calma establecida, vaya a saber debido a qué y desconociendo la cantidad de invasores existentes en la usina, el coronel apura el retiro de soldados muertos, para dar paso a “una limpieza de raíz” con los tanques. A todo esto, Nícolas está preocupado por la suerte de la xinebiana, ante la destrucción que se avecina.

 -(Estoy acá, muchacho) -le dice Lhexia, al oído.

 -(¡Gracias a Dios! ¡Pero qué bueno, eso que hiciste!… Los marcaste para aniquilarlos, no sé qué hubiera sucedido, si no).

 -Todo bieb …

-(¿Qué pasaría, si el coronel se coloca la máscara esa, ahora?… ¿Te puede ver?) –le comenta luego, tratando de no ser visto hablando solo.

-(Sí claro… Va a distinguir mi traje bioeléctrico).

-(Bueno, mantenete escondida, están por llegar las caretas de soldar que pedimos y te pueden confundir. O quitate ese traje)

 -(¿De veras, quieres que lo haga?… ¿Acá?)

 -(¡Bueno, por ahí atrás! No sé… Veo de conseguirte ropa.)

Una vez fuera de las instalaciones de la súper usina y protegiéndose detrás de los tanques alineados en abanico, los combatientes, la doctora Hérzler, el tamborilero y Nícolas, observan el preparativo de demolición planeado por Olivieri.

 -¡SILBATEROS, PREPARADOS A MI CONTEO!

La histórica Catedral de la Electricidad, envuelta en una misteriosa bruma y con un resplandor púrpura emitido desde sus cúpulas, está a punto de ser demolida por tanques de guerra, que hasta hace unas horas dormían en el olvido.

 -¡DIEZ… NUEVE…!

Comienza a descontar el coronel.

 -¡OCHO… SIETE…!

Continúa el conteo, para darles tiempo a los operadores a que realicen las maniobras de elevación manual de los cañones de 105 mm.

 -¡SEIS… CINCO…!

Por falta de energía no hay comunicaciones radiales, por eso los tanquistas deben permanecer asomados por las escotillas, para poder oír las instrucciones de los silbateros.

 -¡CUATRO…!

Bastante retirado del predio, Nícolas trata de conseguirle alguna vestimenta adecuada a Lhexia. Mientras la doctora observa hacia dónde mira el purpúreo “ojo del diablo”.

 -¡TRES…!

En esos momentos de tensión, Nícolas observa que uno de los tanques no está dirigiendo su cañón -como los demás- al punto a derribar, si no a sus compañeros y sospecha que algo está mal…

 -¡DOS…! ¿Listos?

El vigilador se acerca a ese tanque y descubre en la parte de atrás, los cuerpos de cuatro soldados, entonces exclama a viva voz:

 -¡EMBOSCADA, EMBOSCADA! EN ESTE TANQUE, HAY ¡TIRR… ENEMIGOS!

Entrenado para reaccionar ante lo imprevisto, el coronel cancela el conteo y desenfundando su arma se lanza contra el tanque, justo cuando el primer cañonazo que dispara impacta sobre uno de los dos Panhard, destruyéndolo y mientras los demás reaccionan girando sus torretas hidráulicas, el TAM usurpado, que ya los tiene a tiro, dispara nuevamente sobre el segundo blindado francés, incendiándolo y obligando a sus tripulantes -envueltos en llamas- a salir corriendo hacia el río y cuando se esperaba que las llamas de sus cuerpos se apaguen, el estado inerte de la atmósfera, sólo los contiene y los paraliza, en una suerte de fotografía surrealista, dejándolos estáticos y con las llamas detenidas en el tiempo, al igual -tal vez- que sus sufrimientos.

 -¡Silbato de alarma!!! –vocifera el coronel, disparando su pistola.

La doctora y el tamborilero, son retirados de la zona de combate por un grupo de comandos mientras disparan contra el tanque tomado, pero este responde con fuego de ametralladora, produciendo cuantiosas bajas por el poder de sus municiones.

 -¡Por acá, coronel! –le grita Nícolas -revólver en mano- invitándolo a unir fuerzas contra el invisible operador de la ametralladora.

El aguerrido militar avanza, accionando su pistola y Nícolas salta a la torreta, abre la escotilla y le vacía el tambor de su Colt, hasta que al fin el tirador invisible deja de disparar, pero no así el cañón, que arremete contra el blindado Patagón, único contrincante en pie.

 -¡Bajate muchacho! –le grita el coronel, quitándole el seguro a dos granadas para dejarlas caer en la escotilla abierta.

Sin tiempo para saltar, la explosión interna los despide hacia los lados y caen en revolcones. Una vez reincorporados, ambos van a comprobar si quedaron sobrevivientes.

 -¡La máscara, alcáncenme la máscara de soldar! –ordena Olivieri, para verificar el entorno.

Ni bien comprueba que no hay actividad, le ordena con señas al tanque sobreviviente, que voltee las cúpulas desde dónde creen se controlan las zonas inertes… En pocos segundos y tras estruendos ensordecedores, el Patagón comienza la demolición.

Hora 19.00 Escenario 11

 -¡Escuchen, son obuses de tanques! –percibe Kowalsky a la distancia, avanzando tras el Sherman.

 -Debe ser Olivieri, renegando con los invisibles –agrega Jacub, junto al resto del pelotón.

El tanque pionero embiste el portón de rejas y entra impetuoso en busca de los monstruos mencionados por el técnico… Al pasar por la sala de controles, todos pueden observar los vidrios manchados con la sangre del personal devorado por los cangrejos. Y cuando llegan a las gigantescas piletas de decantación, una dantesca escena se manifiesta ante ellos, al comenzar a emerger cientos de estos monstruos azulados, blandiendo sus pinzas y escupiendo líquidos viscosos.

 -¡CONTACTO! –grita Jacub, disparando su arma y tras él, todos lo imitan…

 -¿Y estos por dónde vinieron? – pregunta Kowalsky, disparando desde atrás del tanque.

 -¡Renatti dijo que las tomas de agua podrían interconectarse con la cueva! –recuerda Jacub y por ello, convoca al mensajero a que lleve una petición al africano.

 -¡Sí señor! –acata el jinete y de inmediato regresa con su caballo al camión, donde protegen a Jhesmir y su medio de comunicación.

El impresionante enfrentamiento entre hombres y bestias marinas dentro de esa escenografía brumosa, se convierte en una bataola de metralla y detonaciones. Tratando de contener ese avance, el tanque dispara su cañón, pero los cangrejos se dispersan velozmente, dificultando la precisión del tiro, entonces se abre bruscamente la escotilla y se asoma uno de los veteranos, que empieza a barrerlos a mansalva con su ametralladora…

 -¡BRAVO VIEJITO!!! –lo vitorean boquiabiertos los comandos, al ver pedazos de cangrejos, volar en el aire.

Mientras esto sucede, Jhesmir bate su parche, comunicando el mensaje de Jacub.

Hora 19.10 Escenario 8

Luego de recibir el comunicado del sargento en combate, el general Fulkner dispone la instalación de una línea de explosivos a lo más profundo de la cueva para exterminar lo que hay allí y también, para bloquear alguna posible boca de escape.

 -Me detonan toda esa caverna subterránea -les ordena con ímpetu, al grupo experto en explosivos-, y no me dejan ni un puto cangrejo vivo ahí dentro… ¿Entendido?

 -¡Sí señor! –responden cuatro especialistas, transportando hacia la cueva cajas repletas de explosivos.

Después de retirar los tanques de la entrada y levantar el campamento médico, todos se retiran de la playa que pronto se convertirá en parte del fondo marino…

Hora 19.10 Escenario 9

Las dos torres -estilo medieval- del complejo energético, caen desde sus setenta metros de altura, desparramando escombros por todo el perímetro y ahí, el aguerrido tanque Patagón deja de disparar. Tras la desaparición del “Ojo del diablo”, la bruma rojiza comienza a disiparse y el oleaje del río, a normalizarse. Los soldados, con sus armas en alto vitorean el triunfo bélico sobre los seres invisibilizados, pero la primera imagen que observan, es la de los tanquistas en llamas, que al dejar de estar pausados, siguen su camino hacia el río, para extinguirse el fuego de sus ropas. Los paramédicos actúan de inmediato asistiéndolos, así como a los alcanzados por las armas extraterrestres, quienes exhiben profundas heridas cortopunzantes.

 -¡Tanquistas, recorran el predio y no duden en disparar a cualquier cosa sospechosa! –es la primera orden de Olivieri, después de la contienda.

Preocupado por Lhexia, Nícolas se acerca a la científica y la consulta.

 -¿Qué habrá sido de Lhexia, doctora?

 -Debe estar rastreando a esos seres desde la invisibilidad…. Tranquilo muchacho, ella demostró saber cuidarse.

En esos momentos, llegan los refuerzos enviados por Fulkner con las máscaras de soldar y rápidamente las distribuyen entre los comandos.

-Si la llegan a detectar con esas caretas, le van a tirar… ¿Qué hago… La blanqueo?

 -¡Bien, señores! –vuelve a comentar Olivieri- Utilicen esas máscaras y revisen toda el área… Si ven algo que se mueve, le disparan.

Hora 19.10 Escenario 11

En la sangrienta batalla de la planta de agua, los agresivos cangrejos siguen fluyendo de las piletas en cardúmenes difíciles de controlar y se filtran en todos los sectores a pesar de la ofensiva. Sucede, que varios logran treparse al Sherman y en una abrir y cerrar de ojos decapitan al artillero asomado y destruyen su arma, entonces Hortigoza lo suplanta con su ametralladora y empieza a despejar el frente.

 -¡Coman balas, bichos hijos de puta!!! –grita el infante de marina, barriendo a diestra y siniestra a todo ser que se le cruce.

La situación se va complicando por la infinita afluencia de bichos, hasta que desde el interior de Sherman, el comandante Biagini acciona el lanzallamas y los empieza a calcinar.

 -¡HURRRAAA!!! –exclaman los combatientes, al ver la efectividad del lanzallamas, despidiendo las lenguas de fuego que los carboniza al instante.

Después de unos minutos del ataque masivo y cuando ya casi no quedan bichos vivos, se escucha una tremenda detonación.

 -¡AH LA MIERDA!!! –se oye al unísono.

Jacub y Kowalsky se sujetan del tanque y pueden observar una deflagración dantesca, similar a una bomba nuclear del lado del río y de inmediato, se produce un temblor que les hace perder el equilibrio.

 -Parece que Fulkner entró en acción –masculla Jacub.

-¡Mire, sargento! –le señala Hortigoza, desde la torreta del tanque- ¡La barrera de niebla está desapareciendo!

Sin descuidar los pataleos de los bichos agonizantes, a quienes remata con su fusil, Jacub solicita un largavistas.

Hora 19. 20 Escenario 9

A pesar de la ausencia de radiocomunicaciones, el ingenio humano logró superarse y con unos primitivos tambores, se pudo establecer una comunicación confiable, como la que ahora suena, notificando el fin de los combates en los tres frentes.

 -¡Que no quede rincón sin revisar! –insiste Olivieri, con una máscara fotosensible colocada.

Cuando el sol comienza a ocultarse, Nícolas, con un mameluco de operario bajo el brazo y la doctora Hérzler, sosteniendo una careta de soldar con mango, tratan de encontrar a Lhexia.

-¿Dónde se habrá metido? –pregunta Nícolas, intranquilo- Ojalá no en las torres.

La doctora le coloca una mano en la espalda.

 -Ella está bien.

 -Sí, biebacá estoy –susurra la xinebiana, invisibilizada-. Y debemos salir de aquí, lo más pronto.

 -¡Me alegro de verte!… ¡Digo, de escucharte! –festeja el vigilador, arrojando su casco a un costado para tomarla al tanteo entre sus brazos.

Esa muestra afectiva, hace reír a la doctora.

 -Te conseguí ropa –le dice él.

-No, al final no la voy a precisar –le agradece la alienígena, hablándole al oído.

-Ya sé, no es de tu gusto.

Lhexia no responde a la ironía, en cambio les pide dirigirse al parque trasero, que ahora sin bruma se ve colorido y natural. Una vez allí, se expresa…

-La niebla y la paralización electrofísica, se volatilizaron porque los militares dejaron inoperantes los sistemas de absorción energética… ¿Me sigue, Angie?

La científica asiente, prestando mucha atención. La xinebiana prosigue…

 -Ello se logró destruyendo los dispositivos que los Tirrens instalaron, para generar esas zonas inertes.

 -También usados por los Rasters –agrega Nícolas-, ¿no?

 -Los sintéticos, propician la saturación energética, pero no tienen poder para generar una zona inerte, eso lo aprovechan otros…

 -¡Ah, los Tirrens estos!

 -U otros…

 -Ah, ¿querés decir que alguien da la orden y estos Tirrens, la ejecutan?

 -Algo así…

Nícolas queda expectante.

-¡Claro! –sigue la científica- Al desaparecer las fuerzas que implantaron esas zonas inertes, la acción -dentro de las mismas- regresa al ritmo que llevaba hasta el momento del detenimiento espacio-temporal.

-Eso sería como pausar y arrancar una película –agrega Nícolas.

-Cuando se les realicen estudios a los damnificados –prosigue Lhexia-, se van a dar cuenta que -para ellos- el tiempo no transcurrió.

-¿Vos querés decir, que las personas atrapadas en las zonas inertes, ahora son más jóvenes que todos nosotros? –inquiere el vigilador.

-Algo así.

-Esto debemos analizarlo juntas, Lhexia–, le dice la científica, casi a modo de ruego-. Contar con la tecnología para producir una zona inerte… Sería… ¡Como encontrar la forma de detener el paso del tiempo!

-Mmm, algo así, Angie; el tiempo cronológico sigue transcurriendo y quienes se detienen, son los relojes biológicos de las personas que se encuentran dentro de la zona inerte.

-¡Por supuesto, entiendo! –exclama la científica, exaltada-… ¿Se dan cuenta?… Podremos congelarnos en el tiempo, sin necesidad de utilizar frío y reactivarnos en cien años, o en mil… ¡¡¡No sé!!!

-¿Y esa información, está en este archivo, Lhexia? –le pregunta el vigilador, tanteándole la mochila en su espalda.

La xinebiana no le responde, en cambio, le hace una pregunta a la científica.

 -Angie… Antes de ser destruido, ¿pudo observar, si el famoso ojo del diablo emitía su luz hacia algún punto determinado?

 -¡Justamente!… Me llamó la atención la emisión de un haz rojo -parecido a una luz láser- en dirección sur.

 -Bieb ahora les pregunto a ambos: Hacia el sur, ¿conocen o saben de la existencia de alguna torre alta, en un lugar más o menos aislado y dentro de un radio de veinte kilómetros?

Luego de pensar unos segundos, el vigilador y la científica responden al mismo tiempo.

-¡La Torre Espacial!

-¡Bieb!¡Ese, es el punto de enlace energético que vine a buscar! Debemos hallarlo rápido, pues se nos acaba el tiempo.

La doctora y Nícolas, cruzan sus miradas, muy intrigados.

-¡Mira hacia tu derecha, muchacho! –le indica Lhexia, torciéndole el rostro con sus manos invisibles- Allí hay una plataforma de transporte… Vamos a usarla para llegar rápido a ese sitio.

Vigilador y científica desvían su atención hacia una especie de mesa ratona circular, con dos palancas parecidas a bastones para esquiar, como comandos.

 -Por lo chiquita, es para una persona –opina Nícolas.

 -Es la única que hallé y necesito que me acompañes como guía.

 -Y bueno –acepta el joven, entendiendo que irían muy apretados-, ¿aguanta el peso de los dos?

 -Tú, sólo aférrate a mí, con fuerza.

La doctora larga una risita socarrona y Nícolas le guiña un ojo.

 -A tu cintura, claro –aclara él, subiéndose a la pequeña plataforma y sin soltarle la mano, para no perder el contacto.

-Estábieby no te sueltes en ningún momento.

-Perdé cuidado, yo siempre estaré detrás tuyo.

 -Aprovechen ahora, que no se ven soldados –les aconseja la doctora, haciendo de campana.

La visitante interestelar, lo acomoda detrás de ella en la pequeña plataforma y al parecer, se posesiona de las palancas de mando, pues se ven moverse.

-¡Sujétate más duro! –le dice, a quién le teme a las alturas.

El rubio vigilador desliza el transceptor de su cinturón hacia un costado y se prende con fuerza de su cintura, apoyándole la mejilla sobre la nuca.

 -Humm, qué rico hueles, muchacha… ¿Es alguna fragancia afrodisíaca?

  -Es especial para machos en celo que demuestren tener buenos cojones –le responde ella, mientras pone el artefacto volador en movimiento.

La pequeña plataforma comienza a flotar, expulsando unos chorros de fuego desde su base que dejan el césped chamuscado y como si se tratase de un diminuto cohete, comienza a alejarse del lugar, tras el saludo de la doctora.

 -¡Avisen si precisan ayuda! –les grita, ya en el anochecer, mientras van ascendiendo verticalmente.

-¡Bieb¡Ahí vamos! –le dice ella, sintiendo una mayor presión de los brazos del vigilador, quien traga saliva.

Hora 20.00 Escenario 6

En el IAFE y en la zona de los pabellones, la bruma roja ya se disipó y las personas van recuperando sus movilidades, asistidas por los servicios médicos del ejército. El operativo se lleva a cabo con iluminación de lámparas a gas, por la todavía ausencia de energía. El factor sobresaliente, es ver a todos los involucrados teñidos de pies a cabeza por ese rojo intenso, como si fuera una anilina para telas…

 -¿Por dónde se fueron esos malditos? –es lo primero que dice el capitán Benítez, comenzando a ayudar en la asistencia.

 -No se los pudo rastrear, señor –le responde el suboficial Gutiérrez, colaborando en el operativo-. Desaparecieron hace siete horas.

-¿Siete horas? ¿Cómo es eso, Gutiérrez?

 -Todo el IAFE y adyacencias, estuvieron paralizados siete horas… Con ustedes adentro, señor.

 -¿Y, encontró sus palomitas?

 -Sí, todas, excepto una.

 -Bueno, una baja no es tanto –le retruca Benítez, con sorna.

El adiestrador colombófilo, no le responde.

 -Recuerdo que estaba con la doctora Hérzler y su asistente –entra en escena el supervisor Molinari, tanteándose los bolsillos en busca de su cigarro electrónico, aunque en cambio, encuentra un palito helado todavía con frío.

 -¡Increíble! No tengo registro de ese paso del tiempo –masculla Benítez, intrigado. Pero sin energía, seguimos.

 -Así parece –afirma Edith Notte, la asistente de la doctora, acercándose con los periodistas Cris y Lucas.

 -¿Pero usted, adónde fue sorprendido por ese pulso, capitán? –le pregunta con curiosidad Edith, ante la observancia de Gutiérrez y los demás…

 -¿Por? –responde seco, Benítez.

 -No está teñido, como todos nosotros.

Benítez empalidece.

 -Quedé debajo de un camión y ese colorete no me alcanzó.

Se produce un silencio… Y luego interviene la reportera, con un cuestionamiento.

 -Lo que no entendemos capitán, es ¿por qué las Fuerzas Armadas, no solicitan ayuda internacional por esta invasión alienígena?

           Benítez esquiva el tema, retrucándole con una pregunta:

-Esteee, ¿qué registraron en esa cámara, señorita?

Lucas intenta contestar, pero la reportera se adelanta.

 -¡Nada capitán! Sin energía y sin baterías, nada funciona… ¿cierto?

Benítez los mira con recelo, mientras toma café, pero no dice nada.

 -No me explico, cómo hizo mi vejiga para aguantar siete horas –le comenta Molinari, al enfermero que lo asiste- Y este helado, para mantenerse. En fin, ya que está, lo voy a terminar…

 -Si no tiene problemas prostáticos, es normal pasar siete horas sin orinar, señor –le indica el enfermero.

 -Precisamente, tengo ese problema, muchacho y no puedo aguantar ni dos horas. Ahora explíqueme, cómo, este palito helado se conservó siete horas sin derretirse…

Hora 20.00 Escenario 8

Tal como el dicho “ir con la música a otra parte”, el general Fulkner decide abandonar la playa detonada, trasladando sus fuerzas hacia la planta potabilizadora, en donde Jacub y su gente acaban de librar una batalla excepcional. Su idea es reagruparse luego con el coronel Olivieri, en la semi destruida Catedral de la Electricidad. Entonces, deja una “guardia de cenizas” en donde se encontraba la cueva de esos seres gigantes y deriva a los heridos al estadio, transformado en hospital de campaña. Luego de subirse a su TAM insignia, junto al ingeniero Steiner, da la orden en voz alta.

 -¡AAADELANTE!

La columna se pone en marcha, flanqueada por algunos jinetes y entre ellos, el mensajero que trasporta a Malek con su tamborcito, quien le indica con señas al general, que atrás viene corriendo su amigo Maqui.

 -¡Hey, ezpérennoz! –les grita el regordete vigilador con Pitu bajo un brazo y encima, se le cae el transceptor de su cinturón.

Fulkner ordena la detención del blindado, para darle tiempo a que lo recupere y le solicita a Malek, que avise al coronel Olivieri de su desplazamiento.

 -¡Cun gustu, señur!

Hora 20.05 Escenario 6

 -¿Y esos tambores? –pregunta Benítez, pidiendo silencio con las manos- No digan que ya están practicando para carnaval…

 -Se están comunicando –aclara Molinari, recordando a los senegaleses-. Hay uno cercano y otros, más alejados.

 -Bien, despachen jinetes en busca de esos tambores, necesito saber qué está pasando… ¡Ya!

-¡Sí, señor!

Hora 20.10 Escenario 12

En una creciente noche estrellada y con temperatura primaveral, la singular pareja practica su vuelo nocturno por encima de los edificios más altos.

 -¿Estás excitado, muchacho? –pregunta la xinebiana, sintiendo vibrar la anatomía del catamarqueño.

 -Eh, sólo estoy temblando por la altura… Ya me voy a adaptar.

El silencioso vuelo sobre una especie de alfombra mágica redonda, pasa desapercibido por la falta de luz en ese sector. Y así, con su lento desplazamiento, la plataforma voladora sigue su rumbo hacia el centro de la ciudad.

 -Yo estoy afirmada en estas palancas, ¡tú, sólo préndete a mí y listo!

A las claras, se nota que hay una química entre ambos, ¿ocurrirá lo mismo con sus sentimientos?…

 -¡Guauuu! ¡Me siento Aladdín! –exclama él, observando desde arriba la cercanía de las luces de la ciudad.

No alcanzado por el fenómeno energético, el centro de la Capital Federal se ve normal, aunque discretamente vigilado por las fuerzas locales, bomberos y ambulancias.

-Entonces, yo debería sentirme como Jazmín –agrega la xinebiana, haciendo gala de su conocimiento, sobre la literatura universal terrestre.

-¿Vos decís, enamorada?

-Si te digo que sí, querrás darme un beso y nos podemos estrellar.

-El problema, va a ser encontrarte la boca ¡ja, ja, ja!!

A medida que se acercan al centro, el reflejo de las luminarias los empieza a alcanzar, haciéndolos más distinguibles.

-Mmm, mi límite de invisibilidad llega a su fin -comenta ella, materializándose de a ratos.

 -Bueno, mejor… No es lindo abrazar a quien no se ve.

 -Cuanto menos puedan verme, tanto menos compromisos tendrás –le revela ella, presagiando el futuro- ¡Oh, ahí delante hay fuentes energéticas, por suerte!

-¡Y allá está el Obelisco, el símbolo de Buenos Aires, muchacha! Pero por las dudas, subamos un poco más ¡ja, ja!

 -No preocupes, estoy acostumbrada a conducir estos vehículos… En mi planeta es un medio habitual de transporte, los llamamos tiebys… Algo así como acá lo es una moto.

 -Mirá… Y ¿qué combustible usa?

 -Es magma volcánico, nos da utilidad por mucho tiempo.

-¿Vos decís, lava de volcán?

-¡Ajá!

-¡Ah, por eso chamusca el pasto!

-Nada es perfecto, muchacho…

Hora 20.15

El general Fulkner, había ordenado el cese del movimiento aéreo sobre la metrópoli, por obvias razones de seguridad y en algunos sectores, se puede ver vigilancia militar disimulada. Y así, desde un módulo móvil de radarización, descubren el paso de un pequeño objeto volador por sobre los rascacielos…

 -Señor, disculpe –le dice el operador al oficial al mando, dentro del vehículo militar-, detecto un OVNI a trescientos metros de altura, moviéndose a treinta kilómetros por hora con dirección sur.

El oficial se abalanza sobre la pantalla y de inmediato alerta a la división drones, para que localicen ese objeto no identificado.

Hora 20.20

La xinebiana conduce con habilidad la tiebys, en el recorrido a lo largo de la avenida 9 de julio, una de las más anchas del mundo.

 -Debo descender un poco, para que mi mono pueda absorber energía… ¡Agárrate!

 -¡Con gusto, muchacha!

Para seguir manteniendo la invisibilidad, el traje de la xinebiana comienza a “chupar” energía eléctrica de los dispositivos que halla a su paso, así va dejando a oscuras negocios, carteles y semáforos, además de neutralizar todos los artefactos, que usen electricidad. Por eso, va dejando una estela oscura ante el asombro de los eventuales transeúntes. Aunque tal raid, no pasó por desapercibido para los radares, que al detectarlo, despacharon un par de drones con cámaras de visión nocturna.

Hora 20.25

En las pantallas de los módulos militares, se logra distinguir el famoso OVNI, que resultó ser un hombre vestido con uniforme de vigilador, portando un arma y un transceptor, con los brazos en lazo en una suerte de posición acrobática, sobre una plataforma voladora. Esto es lo que informan al general Fulkner, a cargo de todo el operativo.

Hora 20.27

 -Más adelante, está la terminal de la estación del ferrocarril que va al sur –le va indicando el improvisado guía-… Desde ahí, nos desviaremos a la derecha, para Villa Soldati, adonde querés llegar…

 -¡Ah bieb!Cuéntame un poco sobre esa torre espacial… ¿Por qué, ese nombre galáctico?

-Tal vez por lo alta, como que llega al espacio…O por el diseño hexagonal de sus miradores, que relacionamos con las formas geométricas de los platillos voladores, no sé… Desde ahí, se pueden ver las costas de nuestro país vecino, Uruguay.

-¡Interesante!

-Es una torre metálica gigantesca. Fue la principal atracción de un parque de diversiones llamado Interama, allá por los años ochenta… ¡Mide más de doscientos metros…!

“Interama” ¿has dicho?

-¡Ajá! Estuvo abandonada muchos años…

“Fue fabricada en Austria en 1979, traída a Argentina en contenedores dos años más tarde y el 9 de julio de 1985, se inauguró…

-¡Ah, veo que activaste tu fuente de la sabiduría! –le dice el vigilador, cambiando la posición del mentón sobre su hombro- Recién me entero que fue inaugurada en el día de nuestra Independencia.

…su estructura de acero está anclada a 30 pilotes de hormigón armado, de un metro diámetro, enterrados a 30 metros de profundidad y su oscilación es controlada por seis tensores…” (Mmm, una jabalina ideal) –define la extraterrestre.

-¿Jabalina?

-Me refiero a que se trata de una terminal ideal para la transferencia de electricidad –le aclara ella.

-Ah sí, como las compañías eléctricas, que trasladan la luz de una ciudad a otra…

-En este caso, sería de un mundo, a otro…

Nícolas, queda pensando.

 -Sospecho, que esta terminal recibe energía recaudada desde distintos sitios –como sucedía en la usina- y la envía por el portal, cada vez que se abre, ¿se entiende?

 -Ah sí, me acuerdo de los hologramas… Una vez por año, durante veinticuatro horas… Y ya falta poco para que se cumpla ese plazo.

-Bieb…

-Ahora… Tengo una duda, muchacha… ¿Y conmigo, qué pasará después que se cumplan esas veinticuatro horas? ¿Me quedaré sólo con el zapato de cristal?

La mujer invisible no responde, en cambio, le hace una pregunta…

 -¿Vamos bieb por acá?

 -¡Sí sí! Allá se distinguen las luces rojas de las antenas ¿las ves?

-Sí, ya se divisa y es enorme –admite la piloto-… Ahora dime, Níco ¿te consta si en los últimos tiempos, ha habido algún apagón importante en la ciudad?

-¡Sí! ¡Hubo uno gigantesco en todo el país! Me acuerdo, fue en el mes de Junio, ¿por?

-Cuéntame un poco.

-Sí, fue el día del padre, yo estaba con el mío en Catamarca (la provincia de donde soy) y se cortó la luz alrededor de las siete de la mañana.

-¿Sólo la energía eléctrica, se interrumpió?

-¡Y bueno, con eso, ya nada funciona!… ¡Ah y también nos quedamos sin señal para las comunicaciones, cierto!

Como si el relato hubiera convocado al Dios “herciano”, el transceptor del vigilador comienza a emitir su clásica alerta de llamada.

 -¡Pip! Atento intruso en sobrevuelo, está violando espacio aéreo restringido, identifíquese o será derribado inmediatamente… Cambio

El único sonido que se oye, es el leve zumbido de la tiebys flotando en la noche, la sorpresa, dejó mudo a Nícolas.

 -Haz lo que te dicen, muchacho.

 -¡Pe- pensé que el radio no andaba!.. ¿Y cómo tienen mi frecuencia?

 -Es la Fuerza Aérea, no te olvides.

 -Bueno, deberé sostenerme con un solo brazo, sé delicada en los movimientos…

 -Lo seré, confía en mí.

Hora 20.30

Cuidadosamente y tratando de sostener el equilibrio, Nícolas toma el transceptor para responder y en ese momento, descubre dos drones armados en medio de la oscuridad, que de pronto, encienden sus reflectores.

 -¡Soy Nícolas Cerwensky –transmite-, vigilador de la agencia Sesna en la Ciudad Universitaria y me encuentro en un operativo de seguridad nacional, que el general de división Hernán Fulkner conoce, cambio!

Siguiendo por debajo del trayecto de la tiebys, se van sumando patrullas militares, aunque se les dificulta seguirlos, pues la pareja ahora va sobrevolando por zonas parquizadas, ya retiradas del centro urbano.

 -Acuérdate que están incomunicados con el general, allá no hay energía, van a demorar un poco en consultarlo –le adelanta ella.

 -¡Pip! Le ordenamos descender y ponerse a disposición de la autoridad militar… ¡Cambio y fuera!

Sobrevolando a baja altura por un área despoblada sin iluminar, es muy escasa la energía que el mono de Lhexia puede “absorber”, por eso, se le complica seguir en el anonimato.

 -En segundos voy a materializarme, te dejaré y seguiré mi vuelo antes de ser descubierta.

 -Bueno dale, no quiero ponerte en riesgo, te dejo el transceptor, bajame ya.

En un sector pantanoso y de yuyos crecidos, la tiebys desciende con la xinebiana aún invisible y Nícolas salta de la plataforma, ni bien lo hace, decenas de vehículos militares -más los drones- se abocan a cercarlo, de esa manera se distraen y no advierten la huida del pequeño transporte, vacío a los ojos.

Hora 20.40 Escenario 6

Aprovechando que el capitán Benítez se encuentra ocupado con el operativo, el suboficial Gutiérrez se acerca al supervisor de Sesna y le consulta con discreción…

 -Disculpe Molinari, cuando todo ocurrió ¿se acuerda dónde estaba el capitán?

 -Cerca de nosotros –responde con seguridad, Molinari-… ¡Ah sí!, ahora recuerdo, estábamos junto a la doctora Hérzler… ¡Pero a ella no la veo!

-Sobre la doctora, nos avisaron que pudo salir de ese estado y se encuentra bien, está con el general Fulkner.

-¡Ah, qué bueno! ¿Y cómo logró salir de este ambiente, sin oxígeno? –cuestiona el supervisor.

-Nos dijeron que la auxilió una de sus asistentes.

-Ah, sería otra que no conozco, Edith está aquí.

Con un sol de noche en una mano y su arma en la otra, mientras le conversa, Gutiérrez invita a Molinari a acercarse al bosquecito contiguo al IAFE.

-Y cuando usted despertó… ¿Al capitán lo vio en el mismo sitio? –insiste Gutiérrez.

          -No, lo vi venir desde el bosquecito… ¿Tiene importancia?

 -Molinari… ¿No le llama la atención, que él sea la única persona no coloreada entre todos?… Es como… Que no hubiese estado ahí durante esas siete horas…

 -Tal vez pudo salir de ese estado, como la doctora –analiza Molinari, con frialdad.

 -No nos consta que fuera asistido y hay testigos, que lo vieron salir por sus propios medios.

 -¿Qué insinúa Gutiérrez? Vaya al grano.

 -Uno de sus vigiladores y un senegalés, juran haber visto al capitán salir de ahí caminando y hablando con alguien invisible.

 -¿Invisible?

 -Por favor, mire a su alrededor y dígame si nota algo extraño, ya que usted estuvo investigando sobre esas criaturas en la reserva.

 -Lo único que pudimos descubrir –le aclara Molinari-, son unos círculos chamuscados en los pastos.

 -¡Ajá! ¿Cómo estos? –inquiere Gutiérrez, elevando el sol de noche, para iluminarle unos redondeles carbonizados en el césped…

 -¡Holalá! –exclama el supervisor, asombrado.

Hora 20.50 Escenario 12

Habiendo sido desarmado y apresado por las autoridades militares, el vigilador de ojos celestes se apresta a responder la primera interrogación…

  -¿Fuma? –le pregunta un oficial con uniforme regular, sentado frente a él en un tráiler militar.

  -No, gracias y espero que usted tampoco. En cambio, le acepto un mate o en su defecto un café… Descafeinado, por favor.

           -De acuerdo Cerwensky –le responde el oficial, haciéndole un gesto de aprobación al soldado, tras él-. Sólo le voy a hacer tres preguntas y espero tres respuestas coherentes…

Nícolas asiente, con gesto de impaciencia.

-Díganos, ¿qué hacía, volando por sobre la ciudad de Buenos Aires?

 -Me dirigía a la Torre Espacial, por la situación de seguridad nacional que usted conoce.

 -Entiendo… Y para eso se subió a una nave voladora…

 -Y, Súperman, no soy.

  -Que luego descartó… ¿Voy bien?

 -Mejor que Spielberg.

 -¡Deje de bromear! ¿Y dígame, dónde la dejó y qué hizo con el radio?

 -Ah, sí; la nave se hundió en el pantano, igual a la de Luke…

-Muy gracioso… Deberemos llamar al maestro Yoda para reflotarla ¿no?

Nícolas festeja la respuesta con una sonrisa y con un gesto, agradece el café.

-¿Y qué iba a hacer usted solo, a la Torre Espacial? –pregunta el militar, con mayor severidad.

-Tratar de ayudar a solucionar el problema de la invasión alienígena… Ya le dije, oficial. ¡Consulte con el general Fulkner!

Como si lo hubiera invocado, se abre la puerta de la amplia sala militar y hace su aparición Fulkner con su habano en la boca y tras él, su comitiva…

 -Bien oficial, me continúa con sus tareas –le ordena-… Nosotros nos hacemos cargo.

 -¡Sí señor! –responde el oficial y su personal, retirándose al instante.

Con el sargento primero Jacub y el cabo Kowalsky, en función de líderes de combate, las fuerzas del COS toman el control de las instalaciones regulares. Una vez posicionados, comienzan a acercarse los participantes civiles. Y así, el primero en aparecer es Pitu, quien se arroja a los brazos de Nícolas…

 -¡Hola amiguito! ¿Cómo estás?

Tras el pequeño bulldog, Julián y su flamante amigo Malek se asoman, con cierta timidez.

 -¡Hey Maqui! ¿Estabas perdido?

 -Hola ruzo, no, zólo inveztigando un poco, je.

 -Viniste con…

 -¡Malek!… Mi amigu ¡ja, ja, ja! El tuyo -me contó un pajarito- ez Kharlem, quedó con el coronel Olivieri en la uzina y Jhezmir, con Hortigoza en la planta de agua, fue un caoz ezo.

 -¡Hula, un gustu Nículas!

 -¿Cómo estás amigo? ¡Los tres tan iguales, como tan valientes!

El morenito muestras los dientes y esconde la mirada.

 -¿Dónde te habías metido, Maqui? –pregunta luego, Nícolas.

 -¡Ehhh por ahí nomáz! Pazamoz zerca de loz pabellonez y el IAFE para zalir de lo habitual.

-Ah, te gusta investigar ¿no?

Julián, le responde con una cita de su pensador predilecto.

 “Un cambio, ziempre deja el camino abierto, para el eztablezimiento de otroz…”

 -Con esa actitud, estás incitando a otros a desobedecer órdenes; te fuiste del campamento y te llevaste a Malek –lo disciplina su compañero.

 -Eztando ahí, no ibamoz a dezcubrir laz cozaz que dezcubrimoz, ruzo.

 -¿Y qué descubrieron?

Julián va a responder, pero se anticipa el general.

 -¡Bueno muchacho! ¿Dígame, dónde anda la asistente de la doctora?

 -Ehhh ¿la asis… tente?

 -Sí claro, el sargento Jacub me habló sobre ella… Me contó que tiene un dispositivo, que al recargarlo sirve para desactivar los domos que fabrican esos seres.

 -En realidad, es un circuito de interfase -en etapa experimental- que hasta ahora, dio resultado solamente conmigo, general –le plantea la doctora Hérzler, entrando en escena.

-¡Angie! ¡Un gusto verla! –festeja Nícolas.

 -¿Qué tal, Nícolas? (¿Lhexia bien?) -le pregunta ella en un susurro, mientras lo saluda con un beso.

            -¡Bien, bien! Todo encaminado, doctora… ¿Y allá, cómo quedó la cosa?

 -Aún sin energía, pero las zonas inertes, normalizadas.

 -¡Perdón! –insiste el general- Me estaba por contar sobre la asistente de la doctora.

-Ah, sí claro, la asistente –responde el vigilador, mientras acaricia a Pitu, en un intento de ganar tiempo para pensar.

-¡Ajá! ¿Una tal Lhexia, verdad?

-Esteee, sí… Ella me dijo… Que estableció contacto con alguien importante de la Torre Espacial y que esa persona le ayudaría a reactivar el dispositivo, entonces… Lhexia lo llevó allá.

-¡Ajá! ¿Y en qué fue?, en colectivo, seguro no.

-Y usted sabe, la tecnología en transporte ha crecido tanto en los últimos tiempos… Los ingleses ya vuelan como Iron-man, los rusos diseñan los mejores camiones y los chinos está probando unos prototipos que vuelan bajito ¿vio?

Fulkner lo mira, entreteniéndose con su habano apagado y le dice:

 -El Parque de la Ciudad cierra a las 18, ya no queda nadie ahí.

-Sí claro, pero me parece que alguien la esperaba, general.

-Ah, tenía cita.

Ante la inquieta mirada de la doctora, Nícolas se juega una carta importante para intimidar al uniformado.

-¡Si me disculpa general! Ahora, es necesario establecer una estrategia de acercamiento a esa Torre porque algo malo está por ocurrir.

-¿Algo malo, como qué, muchacho?

-Algo malo… Es lo único que sé, general…Y para eso tengo un plan.

 -Bien, muchacho –responde Fulkner, sin demora -. Lo escuchamos.

Nícolas toma aire para exponer su idea, pero el militar lo interrumpe.

 -¡Un segundo! Traigan al ingeniero Steiner, por favor.

Hora 21.10 Escenario 13

Después de dejar oculta la tiebys, Lhexia merodea por las inmediaciones de la enorme Torre Espacial -en modo visible- debido a la ausencia de fuentes lumínicas que la recarguen. Teniendo en cuenta, que ahora el lugar se encuentra sin actividad, podría decirse que todo se ve normal, aunque esta gigantesca mole de cemento y metal de doscientos metros de alto y en penumbras, irradia misterio y desolación en todo su entorno y a ello, se le suman restos abandonados de viejas estructuras oxidadas, que reflejan sus contornos por la luz de la luna. Así, se aprecian las sinuosas idas y venidas de una corroída montaña rusa, las osamentas irregulares de carruseles, sillas voladoras y la imponente vuelta al mundo doble, parcialmente desguazada… En la actualidad, funciona un parque temático con visitas diurnas y en horario nocturno, la soledad del predio es vigilada por un sereno, a quien en este momento, se lo ve tomar mate dentro de su pequeña casilla, mientras mira en un viejo televisor en blanco y negro, el noticiero de las veinte… La xinebiana espía desde la oscuridad con la placa encriptada en la espalda y el transceptor de Nícolas en una mano.

Hora 21.15 Escenario 12

Dentro del tráiler militar, el grupo convocado por el general Fulkner, compuesto por el ingeniero militar Steiner, la doctora Hérzler y el sargento Jacub, junto a Julián y Malek, se disponen a escuchar lo que el vigilador Cerwensky tiene para decir…

 -¡Ejem!, bueno -carraspea Nícolas-. Lo primero que vamos a hacer, es comunicarnos con Lhexia y preguntarle cómo le está yendo.

Un denso silencio en la sala, refleja el interés de los presentes en seguir escuchando.

  -Maqui, prestame tu transceptor.

 -Zí claro, tomá… No zé zi anda.

Después de encenderlo, Nícolas lo acciona:

 -¡Hola Lhexia! Soy Nícolas, está todo bien por aquí… Estamos con el general Fulkner y Angie, si podés, decime cómo interactuamos…

Hora 21.17 Escenario 13

¡Pip! ¡Hola Lhexia! Soy Nícolas, está todo bien por aquí… Estamos con el general Fulkner y Angie, si podés, decime cómo interactuamos… ”

Imprevistamente, el sonido del handie corta el silencio nocturno y Lhexia le baja el volumen, para no llamar la atención.

 -(Sí muchacho… Aún no hice contacto… Pero noto una alteración en la ionización de la atmósfera circundante, está muy cargada, voy a subir a investigar).

 “¡Pip! ¡Pero esa escalera, tiene mil escalones, Lhexia! ”

 -(¡No me subestimes, muchacho!) –le modula, mientras se sube a la tiebys.

 “¡Pip! Bueno, sólo decime qué hacemos…”

 -(Esperar unos minutos, prohibir vuelos tripulados en un radio de 50 kilómetros y… No seguir mandando drones a espiar. ¡Cambio y fuera!)

Hora 21.20 Escenario 12

¡Pip! Esperar unos minutos, prohibir vuelos tripulados en un radio de 50 kilómetros y… No seguir mandando drones espías. ¡Cambio y fuera! ”

Fulkner tose dos veces y todos lo miran…

 -Abran la consola –ordena luego y tras ello, se corre una cortina metálica, descubriendo unos monitores que exhiben las imágenes enviadas por los drones.

 -Ah bien, ahora tenemos ojos –exclama Nícolas y luego se lo comunica a ella.

 -Ze ve todo normal, ozcuro, pero zin movimientoz, ¿no? –comenta Julián, mientras elige un sándwich de miga, provisto por el catering del ejército- Zervite Malek, zin timidez…

Hora 21.23 Escenario 13

Ascendiendo por el pulmón central poco iluminado de la torre y enfundada en su mono protector, Lhexia va revisando cada sector con el convertor de su frente, que escanea las distintas longitudes de onda y así, investiga cada descanso de la interminable escalera, sin detectar nada.

 -(Hasta el momento, sin novedad -informa la xinebiana por el radio-, sólo detecto una energía pulsante, que va aumentando a medida que subo.)

 “¡Pip! Recibido Lhexia, los drones te siguen desde afuera con cámaras térmicas y van subiendo con vos, estás sobre una de esas naves pequeñas.”

 -(Mmm, un dispositivo automático en el mirador superior, envía energía comprimida hacia el espacio. En diez minutos manden a algún ingeniero electrónico a evaluar las instalaciones eléctricas subterráneas.)

 “¡Pip! De acuerdo Lhexia, el general envía al ingeniero Steiner y sus técnicos con custodia. Estarían llegando 9.35 hs. P.M.”

-(BiebMe alcanza –masculla la extraterrestre y luego cierra la comunicación-. Comprendido, cambio y fuera.)

Hora 21.30 Escenario 12

El COS se pone en movimiento para llevar al mayor Steiner y a sus técnicos, en unos ágiles vehículos artillados. Comandados por Jacub y Kowalsky, se dirigen hacia la Torre por el trayecto más corto y este es a través de los pantanos, a campo traviesa. En tanto, en el tráiler, el general Fulkner espera respuestas sobre el tema de su mayor interés…

 -¿Doctora, usted cree que en diez minutos, podremos tener la clave para hacer funcionar ese dispositivo que lleva su asistente?

 -No sé si tan pronto general, pero Lhexia, seguramente le va a dar la solución, es una persona muy preparada y muy especial…

 -Ah zí, la conozco –interviene Julián-… Ez tan inteligente ¡que pareze de otro mundo, je!

Nícolas y la doctora, cruzan miradas cómplices.

 -Usted sabe, que no me acuerdo haberla visto en el módulo de campaña –indaga Fulkner-…. ¿Viajó con usted?

 -¡Eh, no! Ella es de Buenos Aires… Vino después.

          -Sabemos de su otra asistente, Edith ehhh…

  -Notte, Edith Notte. Sí.

-Ella es quien quedó atrapada en la zona rojiza con usted y el supervisor Molinari… ¿Verdad?

 -¡Perdón! –se mete en la conversación Nícolas, en un intento de ayudar a la doctora en aprietos- ¿Cómo está mi jefe, general?

 -¿El supervisor Molinari? ¡Un campeón!… Bien, está bien.

 -¿Y el capitán Benítez?

 -Ez el único que no ze coloreó de rojo, Nico –se apura a responder su compañero ceceador.

 -¡Pero!… ¿No había quedado atrapado, ahí?

 -Suldadu hablar cun el aire y salir caminandu –farfulla el senegalés.

 -¿Y eso? –pregunta Nícolas, sorprendido.

 -Él dijo haber quedado debajo de un camión que lo protegió de la neblina –argumenta Fulkner, según la versión que le contaron.

 -Eso es imposible, general –interviene la científica-, pues esa bruma no es una niebla que pinta como un soplete… El tono que toma la materia expuesta a esas radiaciones ionizantes, no es producto de una pintura ni de un polvillo, es una tonalidad electrostática que refleja el color que no absorbe y ya se habrán dado cuenta que no se elimina con limpiadores químicos, ni detergentes. La única manera de quitar esa tonalidad, es con las cámaras de neutralización.

 -(Es cierto general) –le comenta al oído, uno de sus asistentes, informándole sobre el operativo en marcha en la zonas inertes-, debemos tratar a los afectados en cámaras de descontaminación…

 -¡Se me comunica con el módulo de campaña, ya! ¡Y al capitán Benítez, me lo traen de inmediato!

 -¡Sí, señor!

Hora 21.35 Escenario 13

Ya en el último tramo de la torre, casi tocando el techo parabólico y sostenida en el vacío por la tabla voladora, la xinebiana proyecta el halo direccional de su vincha hacia el espacio, como queriendo establecer una comunicación con el exterior… Y al cabo de unos segundos, queda envuelta en una luz celeste fluctuante, que se mueve de arriba hacia abajo -como un gusano trepando-. Y así, permanece concentrada, de manera hipnótica…

Hora 21.35 Escenario 12

Después de conseguir el enlace con el módulo de campaña, Fulkner habla con el suboficial Gutiérrez sobre Benítez y este le comenta su inquietud, surgida de la investigación realizada con Molinari. Al cabo de unos segundos, Fulkner regresa a la sala del tráiler, para comentarle al equipo respecto a Benítez.

 -Me informan, que el capitán Benítez desapareció de la zona inerte durante el operativo. Nadie sabe de él.

Los componentes del equipo, lo miran extrañados.

 -Aunque –prosigue Fulkner-, se está investigando.

 “El hombre olvida antez la muerte de zu padre, que la pérdida de zu patrimonio…”

 -¡Maqui! –lo sentencia Nícolas- Te estoy mirando.

El operador, le informa al general que la comisión técnica escoltada por Jacub, ya se encuentra en la torre inspeccionando las instalaciones eléctricas.

Hora 21.40 Escenario 13

En la entrada a la gigantesca torre, el sereno ve la arremetida de vehículos del ejército con soldados tomando posiciones… Luego de ser informado del operativo, este con su linterna acompaña al mayor Steiner y a sus técnicos al sector bajo nivel, donde se encuentran los enormes tableros eléctricos construidos por la prestigiosa compañía Cobre Argentina. Una vez allí, el ingeniero militar descubre la alteración de esos circuitos y varias extrañas derivaciones que se dispersan por distintas tuberías subterráneas…

 -¿Estas conexiones, siempre estuvieron así? -le pregunta Steiner al vigilador.

 -Yo, hace cinco años trabajo aquí y siempre que hago mi guardia, esto lo veo igual, señor.

 -¡Mmm! Esto es irregular, mi amigo… No tiene nada que ver con las instalaciones de la torre. ¿Conoce al ingeniero a cargo?

 -Yo siempre estoy de 14 a 22, señor y nunca veo a nadie; habría que preguntarle a mi compañero de la mañana, son turnos de ocho horas ¿vio?

Con las luces de las armas, el personal registra cada sector del inmenso espacio subterráneo.

 -Sargento –dice el mayor Steiner-… Necesito que escolten a mis técnicos, hasta los anclajes de los seis tensores de la torre, bueno, son esos que arrancan a cien metros a la redonda, no sé si se ven de acá… Revísenlos uno por uno y me informan.

 -¡A la orden, señor! –responde Jacub y designa a su hombre de confianza a la misión.

Mientras tanto, doscientos metros encima de ellos, Lhexia continúa en su estado de letargo sobre la tiebys.

 “¡Pip! Hola Lhexia –irrumpe Nícolas-. Ya llegó la comitiva técnica, están en la base de la torre.”

Tras unos segundos de estática radial, finalmente se oye la voz de la xinebiana…

 -(Lo sé gracias. Diles a los técnicos que no se acerquen a los tensores del norte, están captando energía proveniente de esa zona y la transfieren a un procesador que la envía en pulsos hacia el espacio.)

La advertencia de Lhexia, es reenviada hacia todos los componentes por Fulkner, quien prefiere enviar drones a investigar de cerca el anclaje de esos tensores, sin poner en riesgo al personal.

 “¡Pip! Hola Lhexia, ya avisamos y se enviaron drones a verificar los tensores.”

 Tres drones, con cámaras de video se acercan a los tensores para inspeccionarlos en la nocturnidad del parque, pero ocurre que dos de ellos, antes de llegar se estrellan contra un campo de fuerza. Desde el drone sobreviviente, se pueden ver caer los pedazos en llamas sobre el pasto… El acontecimiento es visto por Lhexia, desde el último segmento de la torre.

 -Es alta tensión inducida que circula por los tensores –advierte por radio-. Nadie se acerque, voy a tratar de desactivar el transmutador que opera en la terraza y es probable que la energía no enviada al espacio, comience a dispersarse aquí hacia todas direcciones, como en una torre Tesla. ¡Aconsejo desalojar la zona, enseguida!

Tras el incidente, Fulkner ordena la evacuación del predio y todo el mundo comienza a abandonar las inmediaciones de ex-parque de diversiones.

 “¡Pip! Hola Lhexia, ¿cómo podemos ayudarte? Eso que vas a hacer es peligroso y te puede afectar, cambio.”

 -Bieb… Tú podrás ayudarme, pero dentro de un período frío, no lo olvides…

Luego de modular este extraño mensaje, la xinebiana prosigue…

-Ahora, presten atención a estas 3 instrucciones: 1° Todo el mundo debe alejarse a distancia de explosión intensa. 2° Deben entrar a la gente a sus casas en un radio de 10 kilómetros a la redonda y contenerla. 3° Deben prepararse para una nueva absorción energética intensa en toda el área.

 “¡Pip! Perdón señorita, habla el general Fulkner –interviene ofuscado, el militar, después de arrebatarle el transceptor a Nícolas- ¿Usted sabe, el tiempo que demanda realizar un movimiento así en gran parte de una ciudad como Buenos Aires y el costo que ello implica?”

 -La responsabilidad es suya general, ya está advertido… ¡Cambio y fuera!

La última palabra de la xinebiana está dada y tras ello tira el transceptor al vacío. Luego asciende, hasta tocar el techo, se cuelga de una pasarela que conduce a la terraza y después -con una patada limpia- se desprende de la tiebys… La tabla comienza a caer lentamente.

Hora 22.00 Escenario 12

Sin alternativa para poder proseguir el diálogo, Fulkner no quiere correr riesgos y tras la aprobación visual del resto del equipo, decide seguir los movimientos sugeridos por la para él, asistente de la doctora Hérzler.

 -Espero sepa lo que hace su…

 -¡Sí, lo sabe, general!… Pierda cuidado –responde enfáticamente la científica.

La comisión del mayor Steiner y su jefe de patrulla Kowalsky, comienzan a alejarse de la zona. Por otra parte, la orden de toque de queda no se hace esperar y en un gran sector de la ciudad, se pone en marcha un mega-operativo que moviliza a vehículos con altoparlantes, ambulancias y bomberos, más los medios de comunicación que empiezan a difundir instrucciones a los ciudadanos para que se encierren en sus hogares o en lugares habilitados… Decenas de drones sobrevuelan la ciudad vigilando las calles y edificios, mientras fuerzas de seguridad conjuntas se desplazan a lugares estratégicos, como hospitales, geriátricos y sitios de entretenimiento, a ellos se les suma la guardia civil, que va asistiendo a la gente en situación de calle, todo, en un operativo nunca antes visto en Buenos Aires.

 -¿Dónde está el sargento Jacub? –pregunta Fulkner a Kowalsky, aún en su “Gaucho”, un vehículo militar nacional equivalente al jeep.

 -Desconozco, señor… Estaba con el mayor Steiner en la torre –responde el cabo primero, sin detener el motor.

 -Yo también lo perdí de vista, general –agrega Steiner, presente en el lugar.

 -¿Será posible? ¿Tenía radio?

 -No, señor.

 -Despache a dos voluntarios y me lo van a buscar, ya.

 -¡A la orden, señor!

El primer voluntario es Kowalsky y cuando el general y el mayor se retiran, el segundo, se sube al vehículo.

 -¡Ah ah! Esto es cosa de militares, mi amigo –le dice el gigantón a Nícolas, ya sentado a su lado.

 -No se preocupe, cabo primero –le responde el vigilador, exhibiendo su 38 y colocándose un casco de soldado-, puede considerarme como tal.

El éxodo militar y técnico se mueve en una dirección y el Gaucho de Kowalsky, en otra. En tanto, encaminándose a su transporte, Fulkner le pregunta a Steiner sobre lo ocurrido en la torre.

 -¿Pudo detectar algo?

 -Mucho, general… Es una central de recepción de energía, conectada a todos los puntos cardinales por medio de los tensores. Ahí hubo una importante manipulación de los sistemas eléctricos y ahora, toda esa estructura está diseñada para “vampirizar” energía y reconvertirla o compactarla, no sé, para después transferirla a algún sitio lejano a través de una tecnología que desconocemos.

 -¡Qué fantástico! ¿Y llegó a ver cómo operan esos dispositivos?

 -No hubo tiempo, general… Tuvimos que salir.

 -Ah, ahora me imagino dónde está Jacub –cierra Fulkner, encendiendo un habano.

A toda velocidad, el vehículo todo terreno -con sus luces encendidas- devora los pocos kilómetros de terreno árido y pantanoso, como si participara de un rally y por supuesto, el diálogo entre los dos tripulantes es en voz alta…

 -¿Le habrá pasado algo? -pregunta Nícolas sobre Jacub, sosteniéndose el casco con una mano.

 -Seguro fue en apoyo de la chica –responde -quien lo conoce bien- mientras conduce y busca una frecuencia de contacto en el radio del vehículo.

 -¡Este, se murió! –le informa el vigilador, sobre su transceptor, dejándolo en la guantera- Espero que anden los ascensores, porque subir doscientos metros, te la regalo…

Hora 22.10 Escenario 13

En la parte superior de la torre, con un viento en ráfagas y una oscuridad sólo cortada por las luces rojas de las antenas, Lhexia se aproxima a una especie de cápsula espacial que libera pulsos fluctuantes de energía hacia el infinito. Luces titilantes en su interior, le dan la pauta de un funcionamiento autónomo, entonces la xinebiana se acerca con intención de desactivarla, pero ni bien la toca recibe un latigazo eléctrico que la arroja al borde del techo… La muchacha regresa medio aturdida e intenta nuevamente, pero ocurre lo mismo, aunque esta vez la despide con mayor violencia y la muchacha queda colgada de la baranda de contención, mirando el negro vacío que amenaza en devorarla… Cuando sus fuerzas parecen abandonarla, una mano salvadora la alza.

 -¡Sar… gento! –farfulla, entonces- ¡Qué oportuno! ¡Gracias!

 -Pasaba por aquí y la vi –le dice, con ironía.

 -¡Ah, gracias al cielo!

 -Tome un poco de agua –la invita luego, con su cantimplora-… ¿O ustedes, no se hidratan?

Mientras bebe sentada, la xinebiana se da cuenta que al sargento, ya no le puede ocultar su condición extraterrestre.

 -Lo mío es largo de explicar y no tenemos tiempo, sargento… Sólo le pido que confíe en lo que quiero hacer, es para bien de ustedes…

Jacub se cruza el arma en bandolera y la ayuda a incorporarse.

 -Es lo que me impulsó a venir –le confiesa el comando.

 Bieb… Debo desactivar este artefacto compactador de energía, antes de las 10.30 P.M.

 -Eso nos da apenas quince minutos, señorita.

 -Si logramos neutralizar su sistema de autodefensa, ese tiempo me alcanza para partir…

 -Perdón por la curiosidad ¿pero para qué sirve, esto?

 -Es un transmutador de energía, que alimenta a una comunidad Tirren oculta en un satélite fantasma. Los Tirrens, son seres humanos malvados expulsados de mi planeta, que intentan recomponerse sustrayendo energía de dónde pueden… Acá en la Tierra, permanecen mezclados entre ustedes con ese y otros fines…

 -¡Ah! Son los seres que detectamos, gracias a las máscaras.

 -Sí, con los filtros DIN los pueden ver cuando sus trajes están activados en modo invisible. Pero cuando no los usan, son iguales a ustedes.

 -Entiendo… ¿Y cómo hacen para esfumarse, cuando los matamos?

 -Es un sistema de autoeliminación que tienen estas vestimentas; cuando el usuario muere, el traje que los contiene pulveriza su cuerpo para no dejar pruebas.

 -¿Y, si no tiene el traje colocado? –inquiere el soldado.

 -En ese caso, la única manera de identificar a un Tirren, es analizar su ADN… Si posee el gen p3-8j, es seguro que sí lo es.

 -¿Y ellos también trajeron a esos cangrejos gigantes?

 -Los Topenants, son colaboradores que tienen para diezmar a quienes desean colonizar… Lo intentaron con nosotros, pero pudimos vencerlos y desterrarlos… Por eso están en la Tierra, porque es un planeta gemelo a Xinebia y la información precisa se encuentra encriptada en este archivo que le voy a confiar.

-Ah, parece que va a abandonarnos.

 -Tengo que hacerlo antes de las 10.45 P.M. sargento, luego se va a cerrar el portal que conduce a mi mundo, caso contrario, ya no podré volver y allá los Esplenders (mi comunidad) me necesitan, me acabo de comunicar y en mi planeta, hay una revolución en curso.

 -De acuerdo. ¿Cómo seguimos, entonces?

 -Debemos engañar al sistema de autodefensa del transmutador –lo instruye-. Se trata de un gran acumulador de energía que al tocarlo la descarga de golpe, como un cerco eléctrico.

-¿Y si le lanzo estas dos granadas?

 -Está blindado y no le afecta.

 -¡Lancemos un par de botas, no sé!

 -Ja, ja, no es tan simple… Sólo se activa si intenta manipularlo algún ser vivo. ¡Pero somos dos, los seres vivos…! Si alguno de nosotros lo toca, para recargarse demora unos 5 segundos y ese tiempo, me alcanza para inutilizarlo.

 -¿Y si ordeno destruir la Torre?…

 -Sin desactivar el transmutador antes, se va a generar un shock de alta tensión por toda la red del país, que destruirá todos los artefactos eléctricos y por supuesto, está el riesgo masivo de electrocución para la población.

El viento nocturno se intensifica y mientras ambos planean como actuar, el tiempo sigue transcurriendo.

Hora 22.20

En tanto, en la entrada de los ascensores de alta velocidad con capacidad para 30 personas, Nícolas -revólver en mano- y Kowalsky -portando su gran fusil- se disponen a subir.

-Este no funciona, parece –comenta Kowalsky, después de apretar el botón de llamada…

 -Este sí y está viniendo desde el subsuelo –le dice Nícolas, al percibir por la abertura de sus compuertas, el típico soplido del ascenso.

Cuando el ascensor llega y la luz anuncia la apertura, Nícolas se lanza hacia el espacioso interior y Kowalsky lo imita, pero ambos son rechazados con un gran empellón que los tira al piso, luego la puerta se cierra y el ascensor continúa subiendo.

 –¡Los Tirrens! –exclama Nícolas- ¡El ascensor está lleno de esos mierdas invisibles!

 -¡En el Gaucho tengo una máscara, voy por ella! –grita Kowalsky, dando las primeras zancadas.

Nícolas insiste con el botón del otro ascensor, pues sabe que por la escalera lo esperan mil peldaños… En eso, puede ver la tiebys caída sobre un gran carretel de cables y cuando el cabo primero está de regreso, el catamarqueño lo espera ya con el “motor en marcha”.

 -¡Vamos! ¡Sin miedo, soldado! –invita el vigilador, al dubitativo comando que analiza el pequeño espacio para albergar sus ciento treinta kilos.

 -Tomate de mi cintura, pero no te entusiasmes…

Así, la plataforma voladora comienza a ascender.

Hora 22.25

Estando Lhexia muy cerca de Jacub para entrar en acción, el comando se apresta a tocar el transmutador y resignado a recibir la descarga que lo tirará hacia afuera, pero siente un puntazo caliente rozándole un brazo y se da cuenta que está siendo atacado, aunque no sabe desde dónde y por quién, entonces se arrodilla con su arma lista y comienza a disparar a ciegas…

           -Quédese detrás mío, tengo chaleco –le dice a la xinebiana.

Jacub -con una rodilla en suelo- dispara en ráfagas horizontales girando desde el centro de la azotea y evitando darle al transmutador, pero recibe algunos golpes secos en sus piernas y pierde la estabilidad, entonces Lhexia activa su convertor y logra visibilizarle los contornos de los atacantes, esta acción es aprovechada por el sargento, que los empieza a esfumar con su ametralladora, con mayor precisión… Ahora se pueden ver más de veinte siluetas disparando sus rayos rojos contra Jacub y la xinebiana y cuando ya los tienen cercados, aparece Nícolas, manejando con una mano la tiebys y disparando su revólver con la otra y Kowalsky, con su máscara, seleccionando a los invisibilizados, que tras asestarles sus balas calibre 12.7, desaparecen

 -¡Aguante, sargento! –lo alienta el cabo primero, viendo los contornos físicos de los Tirrens con su máscara DIN- ¡Quedan unos diez!

De un salto, ambos combatientes abandonan la plataforma voladora y toman posiciones, Nícolas corre a proteger a Lhexia, mientras Kowalsky no deja de disparar. Todos van recibiendo roces e impactos calientes en sus cuerpos, que por la adrenalina de la acción, no pueden evaluar…

Hora 22.27

Desde la oscuridad del parque, evocando la recordada escena en la azotea de la torre Nakatomi Plaza, desde lejos se ven los destellos de las armas de fuego en pleno combate y los drones lo transmiten a la central.

 -¡General, hay un combate en la azotea de la torre! –le informa por radio, el operador de los drones.

 -¡Mmm, Jacub! –masculla Fulkner ,en compañía de Steiner- Comprendido, me envía ya drones de ataque y me informa, antes de actuar.

 -Sí, señor.

Hora 22.28

Faltando un par de minutos, para que se cumpla el tiempo límite de desactivar el transmutador, cesan los disparos… Tal vez, porque los atacantes fueron pulverizados… O huyeron por la aparición de los drones armados. En eso, Lhexia se da cuenta que Jacub está malherido, pues cae de costado con una pierna casi seccionada y lo asiste como puede.

 -¡Oh, sargento!

 -Seño… rita, se le acaba el tiempo -le susurra Jacub, casi sin fuerzas, sabiendo que su herida es mortal-… Yo toco este aparato y usted haga lo suyo; no lo piense…

Como testigo ocasional, Nícolas intenta hacerle un torniquete para detener la hemorragia, pero se da cuenta que sería inútil, pues su vena femoral sesgada ya lo desangró y mientras Jacub lo retira con una mano, Kowalsky se acerca después de revisar el área con su máscara.

 -¡Nícolas, deben irse ya! -les aconseja Lhexia, con lágrimas en los ojos-. La energía se va a descontrolar y terminarán calcinados.

 -¡Pe…pero…!

 -¡Es una orden, soldados! –les dice con firmeza, el agonizante comando.

  El cabo primero Kowalsky, compañero de armas y de vida, se quita la máscara y le hace el saludo uno, visiblemente dolido y tras ello, empuja al vigilador hacia el ascensor aún abierto, pero al estar agujereado por la balacera, las puertas no accionan… Nícolas no quiere abandonar a Lhexia, pero el gigantón lo baja a empujones por la escalera, hasta llegar al mirador central sujetado por los famosos tensores, entonces ambos se asoman por un ventanal que da al exterior y se impactan por la altura, no obstante el comando toma su fusil, desengancha la correa y la refuerza con su cinturón, para luego superponerla en uno de los cables de acero inactivos y así bajar por él tomado a cada extremo del arma…

 -¡Abráceme, voluntario! –le ordena al vigilador…

  Mientras descienden, Nícolas no quita su vista de la azotea donde quedó la xinebiana.

Hora 22.30

Con una leve muesca de satisfacción en sus labios, Jacub se apoya en la cápsula y esta reacciona despidiéndolo con fuerza contra la baranda, rematándolo. Gracias a esta heroica acción, mientras el dispositivo se va repotenciando, la xinebiana puede acceder a un control interno y la desactiva por completo… A partir de ahí, los pulsos fluctuantes al espacio, desaparecen, como también la energía circulante por los tensores. Estos movimientos son tomados por los drones espías, pero de pronto, pierden estabilidad y se desploman vertiginosamente, hasta estrellarse en uno de los lagos artificiales.

 -¿Qué pasó? –exclama Nícolas, ya en el suelo.

 -Parece otro de esos cortes totales de energía –deduce Kowalsky.

 -¡Lo que anticipó Lhexia, che! –recuerda Nícolas- ¡Debemos salir de aquí urgente, porque se vienen los rayos y centellas!

 -¿De acuerdo, pero y la chica? –pregunta Kowalsky.

 -No te preocupes, ella sabe cuidarse –le asegura el vigilador-. Decime ¿el Gaucho, es gasolero?

 -Sí, como los Unimog –responde Kowalsky, acercándose al vehículo.

-Bueno dale, empujémoslo para arrancarlo.

En medio de la cerrada oscuridad y la inacción absoluta de los dispositivos electrónicos de toda la zona, sólo se puede ver lo que la platinada luz de la luna, permite. Y ante la incertidumbre de no saber si aún hay Tirrens dispersos por el área, Kowalsky no deja de estar atento, gracias a ello, puede advertir que alguien se acerca…

 -¡ALTO! ¿QUIÉN VIVE? –exclama el comando, teniendo en la mira a una figura que se aproxima.

 -¡Soy el capitán Benítez! Estoy herido –grita el superior, mientras se aproxima desnudo y a los tumbos, sosteniéndose un brazo ensangrentado.

Parapetado detrás del Gaucho, Kowalsky lo deja acercarse y comprueba lo dicho, entonces lo asiste con ayuda de Nícolas.

 -Cabo primero Kowalsky señor, déjeme ayudarlo… Pero primero, tenemos que salir de acá.

Debido a su gran complexión física, Kowalsky lo carga en el vehículo sin esfuerzo y luego, con Nícolas al volante, comienza a empujarlo hasta que arranca… De un salto se sube y se aboca a atender al oficial, mientras el catamarqueño conduce velozmente, pero esta vez sin luces.

Hora 22.40

Durante el apagón energético -anunciado por Lhexia- se suceden episodios de detenimiento motriz, electrónicos y eléctricos, con las consecuencias ya conocidas… Aunque gracias al operativo de las fuerzas de seguridad, se van resguardando a los residentes cercanos a la Torre Espacial. Las recomendaciones médicas, para afrontar lo que se estima como una bomba nuclear de mediano poder, son no mirar directamente hacia los destellos que se van a producir. Y así, el general Fulkner y su comitiva miran hacia la torre, desde lejos, con anteojos especiales y lo único que logran ver, es una luz verdosa e intensa sobre la azotea, que al cabo de unos segundos desaparece…

Hora 22.45

Cuando aún comentan sobre ese acontecimiento, el personal técnico y militar se asombra, por el inicio de una danza de energía en la cúpula. Y así, el famoso estallido energético, presentado como el show de rayos más grande de la historia, levanta el telón… Y comienza a manifestarse con destellos irregulares y lenguas azules de relámpagos de alta tensión, dispersados hacia todas direcciones, electrocutando las oxidadas estructuras del viejo parque… Unos segundos de chispazos y descargas ionizantes, alcanzan para calcinar árboles, incendiar pastizales y electrizar los lagos artificiales del entorno, consecuencia de la energía descontrolada, que antes era compactada y enviada al espacio. Al cabo de unos minutos, el fenómeno comienza a perder fuerza hasta agotarse por completo, cumpliendo así, con lo previsto por la valiente humana xinebiana, quien junto al sacrificio de un heroico soldado, logró frustrar un atentado contra los seres humanos… terrestres.

Hora 22.50

Nícolas, espía por el espejo retrovisor el festival de fuegos eléctricos, mientras conduce a toda velocidad hacia la zona militarizada, a modo de ambulancia, Kowalsky le da agua a Benítez después de colocarle apósitos sobre la herida en el hombro que le quebró la clavícula.

 -La bala no salió, capitán.

 -Así parece cabo.

 -¿Qué paso con su gente, capitán? No los vimos…

 -Vine solo, por mi cuenta… Sospeché un complot…

 -¿Y qué sucedió con su ropa, capitán?

 -Ah sí, el impacto me tiró unos metros abajo, sobre unos barriles de ácido y me la quité.

 -¡Mal por mí, eh! –desliza Kowalsky, después- Digo, el único que disparó con este calibre ahí arriba, fui yo.

 -¡Ah, sí! Fuego cruzado, parece –reacciona Benítez-, porque los seres esos no tiran con balas, ja, ja. Pero no se preocupe, no levantaré cargos en su contra.

Kowalsky sonríe por compromiso, mientras cruza su mirada con Nícolas.

Hora 23.00

Debido a la ausencia total de energía, Fulkner vuelve a disponer de los tambores para comunicarse y de esa forma, se entera que las zonas de absorción energética se ampliaron.

Hora 23.05

Una vez que el Gaucho llega al perímetro de seguridad militar, asisten a Benítez en presencia del general Fulkner. Kowalsky, a su lado, lo pone al tanto de la situación, mientras Nícolas va a reunirse con su grupo.

 -Hola amigos, lo peor ya pasó –les dice el vigilador, con visibles rastros de cansancio-… Siento mucho lo del sargento Jacub, que no sobrevivió, él le salvó la vida a Lhexia y luego la ayudó a desactivar ese artefacto allá arriba.

 -Zí, zí… Malek eztá tranzmitiendo eza informazión ahora –le dice Julián, abrazándolo, mientras Pitu salta para ser alzado-. ¡Me alegra verte, ruzo!

 -¿De Lhexia, qué se sabe Nícolas? –pregunta la doctora, con notoria preocupación, alcanzándole una gaseosa.

  -Después de la escaramuza, no mucho… No sé si vieron un objeto volador verde sobre la torre… Quiero creer que se fue ahí.

 -Pero zu nave, eztá…

Julián se frena, para no revelar información sobre la nave en el río.

 -Tal vez sea otra, Maqui… ¿Te acordás de los dos objetos verdosos en los monitores?

 -¡Ah! Zí zí claro, de loz Razterz… Pero elloz noz perzeguían…

 -No lo sé, amigo. Todo, no lo sé… Como tampoco, cuántos de esos tipos conviven con nosotros…

 -¿Por qué decís eso, Nícolas? –le pregunta la doctora, intrigada.

 -Le cuento…

Hora 23.15

Antes de dormir al capitán Benítez para extraerle la bala, los cirujanos le permiten al general Fulkner hablar un minuto con él.

 -Según me dicen los doctores, va a sobrevivir, Benítez. Ahora… ¿Me quiere decir dónde se había metido?

 -Ehh, me llegó una información de inteligencia de lo que estaba por suceder en la Torre Espacial y me adelanté, señor.

 -¿Y desde cuándo, trabaja por su cuenta, Benítez?

 -¡Era un dato secreto de seguridad nacional, señor!

 -¡Espero, me tenga pruebas Benítez, porque yo mismo lo voy a investigar!… Y ahora se me recupera rápido, porque lo necesito despierto.

Ni bien sale del tráiler hospital, Fulkner es interceptado por la doctora Hérzler.

 -Disculpe, general… Necesito hablar con usted.

 -¿Es urgente, doctora? –le pregunta el militar, encendiendo un habano.

 -Muy urgente, general.

 -¡Soldado! ¿Me da privacidad? –le ordena a su escolta y el comando se aleja unos pasos.

 -General… Tengo motivos para creer que el capitán Benítez es un impostor.

 -¡Ajá! –refunfuña el uniformado, dando una gran pitada a su habano- ¿Y en qué basa su presunción, doctora?

Después de unos minutos de diálogo fluido, en donde la científica le cuenta las sospechas de Nícolas y el cabo Kowalsky, Fulkner relaciona esa información con los comentarios del adiestrador Gutiérrez y el supervisor Molinari y toma una postura…

 -¿Y usted, qué sugiere doctora?

 -Necesito una muestra de su sangre para estudiar su ADN, si hallo cierto gen en su estructura, ya cuento con una prueba científica que nos aproxima a lo que sospechamos…

 -Bien… Si sólo se trata de una prueba, puede hacerlo, pero que nadie se entere, sólo me reporta a mí, ¿entendido?

 -Sí general.

Hora 23.30

Con el tiempo cumplido, la cenicienta interestelar regresa a su planeta, escoltada por los cuatro guardianes de Xinebia llamados Rasters, pero antes de salir de la órbita terrestre, envía un mensaje…

Hora 23.31

Una vez restablecida en gran parte la energía, los millones de afectados estallan de alegría, pues no sólo se trató de un apagón, fue algo mucho más grave, ya que ningún dispositivo electrónico funcionaba ni a pilas, ni a baterías, ni a generación electrógena, debido a la absorción energética a través del aire, los investigadores dirían “conversión ionizante” y se trata de una tecnología aún no desarrollada en nuestro planeta, un desafío para los científicos. En medio del festejo, Julián siente vibrar el celular en su bolsillo y lo revisa…

 “Nunca desesperes. Pero si a ello llegas, sigue

   trabajando, a pesar de la desesperación.”

          -(¡Mmm! Ez una fraze conozida, pero no recuerdo de quién… La voy a guglear)

Por los andenes vacíos de la terminal de Constitución, Nícolas hace correr a Pitu para descargar tensiones, mientras Julián investiga sobre el mensaje recibido.

 -(Ah zí, ez de Edmund Burke… ¡Pero! Ezte contacto: “L-1101110”

¡Che ruzo, vení!

Nícolas se da vuelta y va a su encuentro rápidamente.

¡LHEXIA! –exclaman al unísono.

-Permitime rezponderle, ruzo, ¡por favor!

-Sí dale, pero sólo porque es tu celu… Y después me lo pasás.

Julián comienza a escribir con entusiasmo, lo que cree es el último mensaje con alguien que aprendió a querer, respetar y admirar…

 “No son los títulos los que honran a las personas,

si no, que las personas honran a los títulos.”

“Lo dijo Nicolás Maquiavelo, querida amiga…

Y por eso te bautizo como “EMISARIA DE PAZ DEL UNIVERSO”

Y como ves, cuando escribo soy normal ¡ja, ja, ja! ¡Hasta siempre!”

 



         “¡Ah perdón! Mi traductor quedó afectado…

            ¡Bien, cuídate! Ahora va mi mensaje para el muchacho…

            Te dejo un beso y ¡gracias por tu calidez! ”

Nícolas le arrebata el celular y comienza a escribir, cuidando de no revelar información comprometedora, pensando que la conversación queda registrada.

 “Estoy feliz por saber que estás bien, aunque me

 hubiera gustado una despedida más… más, normal.”

Con alguna dificultad para que el mensaje “salga”, después de unos segundos lo hace… La respuesta se hace esperar, pero finalmente llega.

“Las despedidas me ponen triste, Nícolas… Prefiero pensar

en un próximo encuentro en donde me entere que han logrado,

o al menos lo hayan intentado, resolver los temas que motivaron

mi visita.

Regreso colmada de experiencias vividas junto a mis hermanos

lejanos en la distancia, pero cercanos en el sentimiento.

Gracias a ti pude descubrir emociones intensas y conocer tu

Hábitat, en un viaje de ensueño. Ahora, para sentirme plena, sólo

falta que tú me cumplas un deseo… Que se materializará, cuando

tres monedas sean arrojadas en la fuente donde danzan los delfines

y antes de la medianoche. En la alfombra de Aladino, encontrarás

las respuestas… ¡Ah! Y quédate tranquilo que tú no posees el p3-8j…

              ¡Hasta la vuelta, amado humano gemelo! ”

Nícolas gira sobre sí mismo, buscando mayor señal y sacude el celular como esperando más diálogo, pero los mensajes ya no continúan…

 -¡Será posible, esta mujer! –protesta el joven vigilador- ¡Yo pensando que me besaba por amor y lo hacía para analizar mi ADN!

 -¡Ja, ja, ja! –se burla su compañero- ¡Bueno che, penzá que para un análiziz, bazta con una zola mueztra y ella, no zé cuántaz te tomó, ja, ja, ja!

No muy convencido por el atenuante de su amigo, Nícolas se dispone a entrar en acción…

 -¡Debo regresar a la torre a ver esa tabla voladora, che!

 -¿Ah zí? ¿Cómo amigo? ¡No hay trenes, ni bondiz!

 -¡El Gaucho! –exclama el vigilador- Debo ir por Kowalsky.

Hora 23.40

Nícolas convence al comando para que le ayude a pasar los retenes, no es poca cosa superar el perímetro de seguridad y requiere de mucha audacia. Al llegar a la estructura metálica de la torre ennegrecida por las descargas, Kowalsky le da instrucciones…

 -¡Voluntario!… Póngase este traje BQ –le sugiere el comando, tomándolo de un compartimento.

 -¿Y qué les digo?

 -Algo se le va a ocurrir…

Luego de superar el control al acceso de la torre, el vigilador ahora devenido en inspector de emergencias biológicas y químicas, con una máscara fotosensible colocada, su transceptor y una linterna en la mano, entra y se aboca a la búsqueda de la tiebys de Lhexia… Al cabo de un rato, da con ella en un sector oscuro y comienza a revisarla.

-(Mmm, dijo encontrarán lo necesario en la alfombra de Aladino, es decir la tiebys) –murmura, revisando el pequeño artefacto.

Después, intenta accionar las palancas como para arrancarla, pero la plataforma ya no responde, entonces la da vuelta y en parte de abajo, donde están los pequeños mecheros propulsores, descubre tres discos metálicos parecidos a monedas, adheridos a la base, entonces los quiere arrancar con las uñas y no puede, ahí se da cuenta que se mueven y se pueden deslizar como imanes y los lleva hasta el borde, para poder quitarlos.

 -(¡Vengan con papá!) -se dice el disfrazado, como si hubiera descubierto un tesoro escondido.

Una vez en su poder, los tres discos se adhieren entre sí en su mano y la tiebys comienza a vibrar sola, Nícolas retrocede rápidamente, hasta que la plataforma se incinera sola, como si fuera una grabación -ya oída- de Misión Imposible.

Hora 23.50

Cuando el falso inspector gana la salida con la máscara desactivada, se encuentra de frente con las luces de reflectores que lo encandilan y una comitiva de personas que lo observan en silencio… Entonces se detiene para evaluar la situación y ahí puede distinguir al general Fulkner, junto a Kowalsky, la doctora Hérzler y el mayor Steiner y más atrás a sus amigos y el can, al parecer todos dispuestos a oír alguna revelación de su parte.

 -¡Ah, qué tal!… ¿Linda noche, no? –les dice, haciéndose el distraído, mientras se baja el cierre de su aparatoso traje BQ.

 -Hola Nícolas –responde primero la doctora, acercándosele-. El general quiere saber si hallaste la “alfombra de Aladino” que Lhexia mencionó en la comunicación que tuvieron…

 -¡Ah…! ¿El prototipo volador?… Eh no, vine a ver pero sólo descubrí sus cenizas–, les comenta, realizando exageradas maniobras para quitarse el traje y así poder esconder los discos en su uniforme.

 -¡De acuerdo! –acepta la explicación Fulkner y se adelanta, haciendo señas a un numeroso equipo de científicos para que entren a inspeccionar.

Si bien la energía ha regresado, en el predio no quedó una sola bombita de luz sana, ni tubos, ni vidrios, pues por las altas temperaturas desarrolladas, todo se derritió o incineró, aunque sin llegar a incendiarse y la única manera de poder ver ahí, es con los reflectores militares.

 -¡Buen trabajo muchacho! –agrega el general extendiéndole la mano a lo que Nícolas responde rápidamente.

 -Bueno, gracias señor… Lamento la pérdida de un buen hombre, como lo era el sargento Jacub.

 -Sí. Todos lo sentimos, era un gran soldado, lo vamos a extrañar –agrega el general, encendiendo su habano con un encendedor carusita.

 -Y el cabo Kowalsky, es muy valiente, señor –agrega Nícolas, haciéndole honor al lugarteniente de Jacub.

 -Sargento, Kowalsky –lo corrige el general, anunciando su ascenso.

Tras la sorpresa, el gigantón comando esboza una mueca -mezcla de alegría y tristeza- y se va con sus hombres, mientras Fulkner y Steiner se abocan a dirigir el operativo en la torre… A todo esto, Nícolas suspira aliviado.

 -(¡Fiuuu! No sabía qué mierda pasaba… Menos mal, zafé).

 -Parece que el mensaje de Lhexia no lo entendieron, Nícolas –le comenta la doctora, mostrándole desde un bolsillo de su delantal, un tubo de ensayo con sangre.

 -¿Y ezo? –preguntan juntos los compañeros, prevaleciendo el ceceo de Julián.

 -Es una muestra de la sangre de Benítez, que voy a hacer analizar. Y después investigaré sus antecedentes genealógicos.

 -¡Mmm! A mí se me hace, que la bala que le rompió la clavícula la disparó el sargento Jacub cuando se defendía de los Tirrens–, piensa en voz alta, Nícolas.

 -¿Voz dezíz, que Benítez ez un Tirren?

 -La doctora Angie, lo va a descubrir –le responde Nícolas, poniéndose en movimiento. Luego pregunta la hora.

 -Laz doze menoz zinco, ruzo.

 -Bueno, vamos a cumplir los deseos de Lhexia –comenta el rubio vigilador, alejándose del tumulto militar hacia un sector desolado.

 -(¿Qué hazemoz con Malek y Pitu, ruzo?)

 -Que vengan, ya son del equipo, ¿no?

Hora 23.58

En la solitaria “fuente de las coloridas aguas danzantes”, las abandonadas esculturas de los delfines centrales -apenas iluminados por la luz de la luna- parecen esperar la visita de los civiles, involucrados en esta aventura alienígena.

 -Bueno, ahí vamos con el deseo de Lhexia –masculla Nícolas, sujetando con fuerza en una mano las tres monedas magnéticas.

Mirando hacia todos lados y asegurándose no ser visto, el vigilador las arroja a la fuente con aguas turbias, ante las asombradas miradas de sus amigos. Nada sucede por un minuto, hasta que al llegar la medianoche, unas burbujas empiezan a aflorar desde la base de los delfines y estos comienzan a iluminarse por dentro. El grupo asiste a este espectáculo con asombro y Pitu también…

 -(¡Shhh! ¡Silencio Pitu!) –le susurra Nícolas, alzándolo para calmarlo.

De pronto, un holograma comienza a materializar la imagen de Lhexia, vestida de largo, sentada en un sillón de reyes, de alto respaldo de terciopelo bordó y esta vez con una vincha ancha, que asimila a la corona de una princesa.

 “Hola amigos terrícolas, esperaba este momento… Voy camino a casa, pues me enteré que los Tirrens quieren volver. Hice contacto con los Esplenders y me manifestaron preocupación. Por eso convencieron al LYS para que reconvierta las órdenes de los Rasters y me lleven de regreso. En tiempos de paz, soy una emisaria del universo –tal me bautizó Julián- pero en tiempos violentos, soy una adalid de la justicia y ahora me necesitan… Es probable que este enlace se diluya en unos minutos por la distancia, pero lo que no se va a diluir en mi corazón, es el amor que siento por ustedes y su mundo,igual al mío… Por mi nave no se preocupen, allí estará segura y si es descubierta, cuenta con un dispositivo de autodestrucción para activarse, ni bien es detectada… En la fuente, dejé el archivo ya desencriptado para que puedan consultarlo, seguramente los va a ayudar en la investigación que ahora tienen por delante. Espero poder regresar a visitarlos el próximo año y así ayudarlos a desterrar a esos seres perversos, que de humanos… sólo tienen la apariencia. Cuídense, los amo”

El holograma se desvanece y Nícolas carraspea. Al cabo de unos segundos, reacciona quitándose los borcegos y arremangándose el pantalón para entrar a la fuente a rescatar el archivo…

                                                               EPÍLOGO

BUENOS AIRES – ARGENTINA

MINISTERIO DE DEFENSA

SEGUNDO LUNES DE NOVIEMBRE

Hora 10.00

Visiblemente cansados, los disertantes sentados a la extensa mesa repleta de micrófonos, se preparan a brindar una conferencia a nivel mundial, por los acontecimientos de las últimas 24 horas. La gran sala de prensa desborda de periodistas nacionales y extranjeros, ávidos de información, entre los cuales se destaca Cris Neguil y su camarógrafo Lucas. En el centro se puede ver al general Fulkner, al coronel Olivieri y al mayor Steiner, como representantes militares involucrados en las acciones. A la izquierda, la doctora Ángela Hérzler y su asistente, la ingeniera Edith Notte, seguidas del supervisor Molinari. Las pautas acordadas con los medios, fueron escuchar la información sin interrumpir y al finalizar, cada periodista seleccionado podrá realizar un máximo de dos preguntas…

 “Buenos días –arranca Fulkner, con uniforme de protocolo-. Debo informar que anoche, siendo las 22.45 hs. el centro de vigilancia de nuestro espacio aéreo, recibió una comunicación de las autoridades chilenas anunciando el paso de dos OVNIs por sus cielos con dirección a Buenos Aires. A las 23.00 hs. esos objetos voladores no identificados son detectados casi a vuelo rasante sobre la Ciudad Universitaria por dos vigiladores del complejo, sin poder determinar sus características…

En la cocina del hotel de doña Erme, Nícolas y Pitu, junto a Julián y los tres valientes senegaleses, ven por tv la conferencia de prensa de interés mundial, mientras toman mates con facturas –esta vez compradas en la panadería del barrio- ya que la elaboración de las masitas, están a cargo de la simpática anciana, que al reírse, muestra la ausencia de sus dientes inferiores.

 …y éstos dan inmediato aviso a su agencia, quien a su vez alertan a las fuerzas de seguridad -prosigue el militar-. A partir de allí, se inicia el protocolo de defensa previsto por las Fuerzas Armadas, quienes movilizan su maquinaria militar para acudir inmediatamente al lugar. Al llegar, los efectivos se topan con androides cibernéticos hostiles que despliegan sus armas y atacan dentro del predio universitario. Se producen enfrentamientos que generan algunas bajas entre el personal y cuantiosos heridos, aún no contabilizados en su totalidad…

 -Ya arrancamoz mal -protesta Julián entre bocados-, loz Rasterz nunca atacaron, ¡zólo repelían laz balaz que elloz lez tiraban!

 -Bueno, Maqui –lo modera Nícolas-. Quizá es alguna estrategia, hasta que se investigue más… No te olvides que hay impostores Tirrens, entre nosotros…

Los tres africanos se miran entre sí, con gestos de extrañeza.

 -Nusutrus senegaleses, señur -aclara Malek, en nombre de sus compañeros, quienes muestran sus dientes blanquecinos, mientras desayunan.

Hasta que finalmente –prosigue Fulkner-, después de perseguirlos y combatirlos en distintos sitios de la ciudad, se logra expulsar a los invasores debido a la valentía de nuestros soldados y al compromiso del personal científico y técnico involucrado… Aún no se ha establecido la procedencia exacta de dichos seres robotizados. Las autoridades científicas tienen algunas teorías al respecto, que serán comentadas por la profesional a cargo, la doctora Ángela Hérzler…”

 -¡Claro! –comenta Nícolas, dando una profunda sorbida a la bombilla de su mate- El general no habla de los Tirrens, es como que sólo existieron los Rasters… Mmm, ¿por qué será?

“Si bien, aún no existen pruebas que nos revelen la procedencia de estos seres –arranca su exposición la científica-, no queremos descartar ninguna hipótesis y por eso la investigación UFO a cargo del profesor Antonio Renatti -quien ya se encuentra mejor- ya está en marcha…

La oficial Vanina Gisyshato, el profesor Antonio Renatti y el alférez Acosta, se miran con satisfacción desde sus camas en el hospital, como aprobando la exposición de la doctora.

Los peritajes y estudios para conocer el origen de estos seres cibernéticos ya están en curso –continúa la doctora, mientras acomoda sus lentes ante un expectante silencio-. Desconocemos sus sistemas de operatividad, por ser demasiados sofisticados para nuestra ciencia. Pues por medio de complejas acciones técnicas, han logrado paralizarnos y detenernos en el tiempo -por horas- con una especie de aspiración electrofísica y electro-biológica, aunque por suerte, sin consecuencias graves para nosotros…Y lo digo con fundamento, pues yo misma he padecido esa suerte de suspensión en el tiempo. Debido a todo esto, se dispuso la intervención de expertos internacionales que comenzarán a investigar a la brevedad, para poder determinar si algunos de los países enrolados en las convenciones mundiales de paz, cuentan con semejante tecnología operativa, ya que se comprobó que este sistema de neutralización al contrincante, más el equipamiento armamentístico señalado por el general Fulkner, nunca han sido declarados en estos convenios…

En la nave que traslada a Lhexia, se recrean imágenes de la Tierra como si fuese en vivo, desde ese espacio, la xinebianos mira la exposición de la doctora, mientras saborea con una cuchara, una especie de crema láctea sostenida por sí sola en el aire…

Y además –prosigue Hérzler-, estos visitantes han demostrado poseer un desarrollado sistema de aspiración energética (el causante de los distintos apagones) sobre el cuál disertará el ingeniero, mayor Steiner…”

En el comedor de un instituto de salud mental, desbordado de internos controlado por militares y psiquiatras, el sobreviviente rescatado en la planta de agua -con la mirada perturbada por la sedación- observa la conferencia sin dejar de susurrar palabras incoherentes, a las que nadie presta atención…

 -(…grejoscanjos… joscangosgrejos)

“Hemos comprobado, que la reciente absorción energética que afectó a todo dispositivo dependiente de electricidad, ha sido provocada por estos seres no identificados –arranca su turno el mayor Steiner-, esta acción nos ha privado durante horas de toda clase de suministro basado en el uso de energía, incluso las contenidas en baterías y acumuladores. Por medios tecno-físicos que aún desconocemos, han logrado inhibir toda clase de artefactos y maquinarias que funcionen con dichos principios“absorbiendo” diríamos, la energía en todas sus formas.

Desde un casino de suboficiales, el cabo primero Ishmael Hortigoza y el flamante sargento Kowalsky -aunque de distintas fuerzas- disfrutan juntos, de sus licencias bebiendo sendas botellitas de cerveza, mientras siguen en tv la exposición del mayor Steiner.

Aún se ignora cuándo y quiénes han montado esos sistemas de sustracción energética en las instalaciones de la Torre Espacial y en la súper usina de Puerto Nuevo -ya desmantelados por el ejército-. Por lo pronto, el mapa energético de la ciudad de Buenos Aires y parte del Conurbano se irá normalizando a medida que la gran usina, vaya recuperando su operatividad. Mientras tanto, el ejército, en conjunto con las guardias de auxilio, irán suministrando el fluido eléctrico necesario, hasta que se logre restablecer el normal abastecimiento… Muchas gracias”

Terminada la exposición, la sala estalla de voces afanosas por conseguir respuestas a innumerables incógnitas, pero se pide orden por los altoparlantes y después comienza la conferencia con una reportera local.

-Buen día, Andrea Marquesi, de Noticias Contemporáneas. Mi primera pregunta es para el general Fulkner: ¿Es posible que con sólo cortar la energía eléctrica, un grupo de robots dejen inoperantes a toda la maquinaria militar de un país? Y la segunda pregunta es también para él: ¿Si se sabe cuáles eran los objetivos de estos invasores? Gracias.

“No se trató de un simple corte de la energía eléctrica, señorita periodista –arranca el general-… La explicación del ingeniero Steiner fue clara… Nos topamos con algo nunca visto en este planeta y desconocemos el origen… ¿Eso me lo comprende verdad?… Durante la Gran Guerra, la entrada de los carros de combate blindados, hizo creer al enemigo que se trataba de una tecnología de otro mundo… ¿Me explico, señorita periodista?

Asistiendo virtualmente a la conferencia de prensa, la xinebiana sonríe mientras los cuatro Rasters comandan la nave que la devuelve a casa.

Respecto a los objetivos -prosigue Fulkner, después de tomar agua-, le puedo adelantar que se trató de una avanzada con fines de conquista. Pero insisto, gracias a la profesionalidad de nuestro personal, pudimos repelerla.”

 -¡Minga, repelerla! –protesta Julián, acabando una factura- ¡Elloz dezidieron irze, dezpuéz de ayudarnoz con loz verdaderoz enemigoz!

 -¡Comé tranquilo, emoción! –le dice su compañero, ante la mirada de incredulidad de la anciana cebadora de mate.

 -Buen día. Leonardo Figueredo del diario Siglo XXI. Dos preguntas en una, para para el supervisor Molinari: ¿Si ya se puso en contacto con las autoridades facultativas, para determinar cuándo estarán operativos los pabellones y si se sabe dónde proseguirán las cursadas mientras tanto? Gracias.

Con un nuevo traje de vestir y bien afeitado, Molinari se dispone a responder, ocultando su cigarro electrónico en una de sus manos, como si fuera un amuleto.

 “Desde luego nos hemos comunicado con los organismos académicos, en menos de 48 horas determinarán los pasos a seguir, por lo pronto, las clases facultativas en la Ciudad Universitaria están suspendidas por hallarse bajo peritaje militar”

En el próximo turno, Lucas -el camarógrafo de la audaz reportera involucrada en las acciones- comienza a proyectar las fotografías de los Rasters tomadas con su vieja cámara.

-Buen día. Cris Neguil de Cronología Periodística Baires. Mi primera pregunta es para la doctora Hérzler: Más allá de que aún no se conozca el origen… ¿Se sabe qué clase de seres son estos? Y ustedes, los científicos… ¿Cuentan con algún conocimiento o presunción de que se trate de seres extraterrestres? Y mi segunda pregunta, es para el general Fulkner: Teniendo en cuenta la gravedad y la magnitud de estos hechos, ¿nos puede explicar por qué no se solicitó ayuda a las potencias mundiales, sabiendo que están mejor equipadas y entrenadas? ¡Muchas gracias!

Respetando el orden, primero responde la científica.

 “Por el comportamiento metódico de estas criaturas, se trataría de autómatas programados y dirigidos, no sabemos por quién y desde dónde, pues aún no contamos con las comprobaciones que nos ayuden a develar esta incógnita. Usted entenderá Cris, que a diferencia de la justicia, que necesita contar con pruebas para actuar, la ciencia… necesita ejecutar esas pruebas para determinar…”

Tras la capciosa mirada de la reportera a la científica y mientras se siguen alternando las fotos de los Rasters, Fulkner se dispone a responder su pregunta.

“Señorita periodista, con el debido respeto que su opinión me merece, debo recordarle que nuestras Fuerzas Armadas, están bien equipadas y bien preparadas y la invito a verificarlo ni bien salgamos de esta situación, que como se encuentra absolutamente controlada y por tal motivo, no fue necesario recurrir a milicias extranjeras…”

-Buen día… Rafael Verdún de la cadena CNM. Mis dos preguntas son para el coronel Olivieri: Tenemos entendido que usted estuvo al frente de las tropas que combatieron a estos seres en la gran usina y en consecuencia, la central quedó parcialmente destruida… Nos podría decir ¿con qué potencia de fuego contaban estos seres y cuántos eran? Y por último ¿cuántas bajas por parte de ellos hubo y si van a exhibir sus restos? ¡Gracias!

 “Por lo pronto -contesta el prolijo coronel-, voy a ser conciso y le voy a responder con la pura verdad y la pura verdad es que no hubo bajas entre estos invasores y al no haber bajas, no hay cuerpos que mostrar. Y sobre su potencia de fuego, es material clasificado.”

En el Hospital Militar Central, en una de las salas con monitoreo permanente, el capitán Benítez mira la conferencia por televisión, mientras se repone de su herida. Y desde la central que monitorea esa sala, el suboficial mayor Gutiérrez -en forma anónima- supervisa su comportamiento, obedeciendo a una orden directa del general Fulkner.

En tanto, en la conferencia de prensa le toca el turno a un periodista italiano.

-Buongiorno… Fabio Ianni del Giornale Núcleo. A las autoridades militares, les pregunto primero: ¿Se sabe si escaparon en helicópteros? Pues cuando la energía estaba cortada y los sistemas castrenses estaban fuera de servicio, muchos vimos con nuestros ojos luces verdes sobre la Torre Espacial… Y mi segunda pregunta refiere a ¿si se han llevado o dejado algo? Mille Grazie.

Fulkner se apresura a responder, acercándose al micrófono…

 “Para ser sincero con usted, señor periodista, debo comentarle que nosotros también detectamos ese resplandor y nos ayudamos con prismáticos de gran acercamiento para verlo, pero por la intensidad de esas luces verdosas, no pudimos determinar qué tipo de objeto era. Y sobre su segunda pregunta, debo informarle que aún no se terminaron de realizar los inventarios y balances de objetos que pudieran haber desaparecido o aparecido. Se está trabajando incansablemente en eso y ya lo informaremos…”

El adiestrador de palomas –ahora convertido en detective- no descuida los movimientos de Benítez, quien en este momento es visitado por un enfermero que le alcanza una muda de ropa y la apoya sobre una silla, muy cerca de él, Gutiérrez se acerca al monitor para ver el paquete más de cerca y como no lo logra, le pide al operador una aproximación. Al conseguir un primer plano, Gutiérrez puede observar que por uno de sus costados se asoma una especie de tela brillante -como metálica- a la cual ordena sacarle fotos…

En tanto, la conferencia avanza con la intervención de una periodista sudamericana

-Buenos días. Micaela Carlend, de Info Mundo para América Latina. Mis preguntas son para la doctora Hérzler y su equipo: Teniendo en cuenta que junto a colegas nuestros estuvieron sometidas a ese detenimiento en el tiempo, por varias horas… ¿Podrían contarnos si percibieron alguna “experiencia sensorial”? Y por último… ¿Se sienten algo más jóvenes que nosotros, ya que sus sistemas biológicos no se desgastaron durante ese lapso? ¡Muchas gracias!

“¡Sí, qué tal Mica! –le responde Hérzler a la periodista, evidenciado conocerla- Veo que estos acontecimientos trascienden velozmente –replica luego en tono de broma, mirando hacia Cris Neguil y Lucas, compañeros suyos en la zona inerte-. Te cuento, respecto a la percepción, nada distinto a estar anestesiada o dormir, pero sin sueños… En esto coincidimos con la ingeniera Notte y creo que también con tus colegas presentes. Y sobre la última pregunta, ella misma te puede brindar unas estadísticas científicas interesantes ¿te parece?…”

La joven periodista asiente, aprobando la sugerencia. Y tras acercarse al micrófono, Edith Notte comienza a revelar cifras que toma de su Tablet.

 “Es acertada tu definición sobre el detenimiento de nuestro sistema biológico, respecto al del resto de los mortales, pues durante esas horas de pausa, nuestros corazones latieron en promedio unas 28.000 veces menos… Y sobre nuestras neuronas, tomando un parámetro de comparación entre las pocas que nacen y las muchas que mueren, se podría decir que evitamos el fallecimiento de unas 14.000, durante ese período de 7 horas y así, podría continuar con muchos ejemplos más, como el no envejecimiento de nuestras células, etc. Es innegable que entramos a una dimensión desconocida, mejor dicho, nos metieron en ella y aún no sabemos cómo fue que salimos y cómo volvimos. Por ello, expertos de la Organización Mundial de la Salud ya están en camino para realizarnos los estudios pertinentes… Hasta ahora, es lo que tengo para decirte, gracias.”

El general Fulkner controla la hora en su celu y tras ello, recibe las fotos ampliadas enviadas por el suboficial Gutiérrez, de inmediato se las muestra al coronel Olivieri y entre ambos mascullan algo, cuando le toca su turno a una periodista veterana del Viejo Mundo.

-Buen día. Mery Nefard de la cadena European News. Mis preguntas son para el equipo científico… Si no entiendo mal ¿nos encontramos frente a un fenómeno que de ser develado, podría tratarse de una fórmula mágica que nos permitiría pausarnos en el tiempo y reactivarnos después? ¡Y por favor, corríjanme si estoy equivocada!

En la sala prima el silencio, en las mentes el asombro y en los corazones una esperanza milagrosa…

“No la corregimos, estimada Mery” –responde la doctora Hérzler, elevando el tono y provocando con esa respuesta un desordenado revuelo de palabras…

El barullo incontrolado motiva la intervención de un moderador, que por los altoparlantes anuncia que sólo se aceptará una última pregunta. Y le toca a una reportera soviética…

-¡Disculpen! –casi a los gritos intenta hacer su trabajo la periodista rusa: Natalia Striroska, del diario Mir de Eurasia. A mi entender, sea terrestre o extraterrestre, nos encontramos frente al descubrimiento o acontecimiento más interesante de toda la existencia humana… A partir de ahora, el mundo va a esperar esa información con mucha ansiedad, por todo lo que podría lograrse con esa fórmula. Doctora Hérzler… Mi pregunta es… La sociedad en su conjunto… ¿Se encuentra preparada para recibir y manipular tal poder?

 “Mi querida Natalia… Elijo mi postura científica para responderte… Y como tal, yo quisiera una pronta resolución a este enigma, que está muy lejos de nuestra comprensión. Por eso, si en algún momento logramos resolverlo… vaticinar cómo lo podrían recibir las sociedades que componen este mundo tan conflictuado, sería muy arriesgado, pues sabes bien que los intereses, son muy diversos. Por lo tanto y cierro con esto, te adelanto que desde nuestra posición y en lo que mí concierne, me comprometo a trabajar por el futuro bien del ser humano, esté donde se encuentre… Hasta pronto y… ¡Gracias a todos!

                                                                                      FIN

                                                                                                                                              Osvaldo Roble




PRONTO LA SEGUNDA ENTREGA DE LA TRILOGÍA… ¡MUCHAS GRACIAS! 

Diseño de portada Mica Fernández


                                                                             “24 horas en la Tierra…” II


¿Para qué regresa Lhexia de Xinebia un año después?



¿Para controlar, si en verdad estamos haciendo algo para mejorar nuestra existencia en base a las pautas que nos dejó en su anterior visita?…


¿Para combatir a quienes amenazan con apropiarse de su planeta y el nuestro?… 


¿O simplemente,  porque se enamoró de un humano que le cautivó los sentidos y le llegó al corazón?…

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                                                                    ÍNDICE HORARIO “24 Horas en la Tierra…”



DESIERTO DE ATACAMA – CHILE

OBSERVATORIO ASTRONÓMICO ALMA 

SEGUNDO DOMINGO DE NOVIEMBRE

Hora 23.45

Las noches saturadas de diáfanas estrellas en este desolado lugar del…

BUENOS AIRES – ARGENTINA

CIUDAD UNIVERSITARIA

SEGUNDO DOMINGO DE NOVIEMBRE

Hora 00.00 Escenario 1 (Pabellones III y II)

Del otro lado de la cordillera de Los Andes -frontera natural que separa a…

Hora 00.30

La lluvia arrecia contra los ventanales de los pisos superiores, que al…

Hora 00.58

Nícolas no duda en colgar el largavistas en una manija del ventanal donde…

Hora 01.00

Custodiado por su mascota, Nícolas sale de la cámara y va directo al…

Hora 01.15

Entretanto, un gran boquete provocado por el rayo láser se termina de abrir…

Hora 01.30

Los movimientos militares son contemplados en los monitores por los…

Hora 01.35

Suena el timbre en la sala de guardia, el primero en responder es Pitu con…

Hora 01.45 Escenario 2 (Reserva Ecológica)

La ferocidad del clima disminuyó, ello permite que la comitiva…

Hora 02.00 Escenario 1

En la sala de vigilancia del Pabellón II, iluminada por un reflector externo…

Hora 02.45 Escenario 2

La selvática reserva de flora y fauna de 18 hectáreas que comienza en el Río…

Hora 03.00

En las aún agitadas aguas del Río de la Plata, la Armada revisa cada tramo…

Hora 03.20 Escenario 1

Iluminados como si fuera el día, los tres gigantescos pabellones y los…

Hora 03.30

Una vez a solas, los compañeros de vigilancia se miran entendiéndose. Y el…

Hora 03.45

La exótica visitante apoya su cabeza en la reposera y con una mano vuelca…

Hora 04.15

Con la tormenta en retirada, la quietud de la madrugada alcanza al personal…

Hora 04.35

El movimiento exterior e interior en los pabellones es monitoreado y…

Hora 04.45

Más relajado, el obeso vigilador trasmite su risa contagiosa a Nícolas y a la…

Hora 04.50 Escenario 1

En la zona de combate, soldados bajo el mando del capitán Benítez disparan…

Hora 04.53

-¡Qué locoz! -exclama Julián, observando el ataque por el monitor…

Hora 04.55

-¡ATAQUEN CON LOS LANZALLAMAS, CARAJO! –ordena esta…

Hora 04.57

-Dejaron de tirar, ¿qué pazará? –relata Julián, tratando de ver entre el…

Hora 05.00

Como estatuas vivientes, Nícolas y Julián permanecen inmóviles frente a…

Hora 05.20 Escenario 3 (Sector militar de campaña)

En tanto, mientras que en la zona inerte impera la quietud y el silencio, en…

Hora 05.25 Escenario 2

La serena Reserva Ecológica, de pronto se ve irrumpida por un vehículo…

Hora 05.40 Escenario 3

Convocado por el capitán Benítez, el comité de científicos UFO se va…

Hora 06.00 Escenario 2

Nubes en retirada, humedad en retroceso y claridad en el cielo, son las…

Hora 06.15

Arropada y provista de oxígeno, Lhexia descansa en la seguridad del vehículo

Hora 06.30 Escenario 3

Sentados en la sala de conferencias del remolque, los oficiales superiores…

Hora 06.40

En los ventanales de la Ciudad Universitaria se van reflejando los primeros…

Hora 06.50 Escenario 4 (Centro urbano)

Al llegar a la avenida del Libertador, Benítez se encuentra con el vallado…

 Hora 07.00 Escenario 2

Dentro del blindado VAE, con Lhexia repuesta y aún envuelta en una frazada,

CENTRO ATÓMICO BARILOCHE

PROVINCIA DE RÍO NEGRO. ARGENTINA

Hora 07.30

Si bien reina la época primaveral, el sur argentino amanece con una atípica…

BUENOS AIRES

RESERVA ECOLÓGICA DE LA CIUDAD UNIVERSITARIA

Hora 07.50 Escenario 1

A creencia del cabo Hortigoza, la teniente primera Plendersky pertenece a…

Hora 08.20

Conducido por un vigilador y asistido por un infante de marina, el vehículo…

Hora 08.30

Ya en plena retirada, el VAE se impulsa a su máxima velocidad hacia la…

Hora 09.30 Escenario 3

El helicóptero del ejército que trae a la doctora Ángela Hérzler es el único…

Hora 09.45 Escenario 2

           “Atento VAE 134, aquí comando central de operaciones, respondan, cambio”

Hora 10.00 Escenario 3

El contacto radial se establece y el general Fulkner le ordena al operador:

Hora 10.30 Escenario 2

El VAE 134 quedó inoperante y con todo su sofisticado sistema auxiliar…

Hora 10.40 Escenario 3

Improvisando sobre la marcha por la ausencia de energía, con el poderoso…

Hora 10.45 Escenario 2

Cinco minutos es poco en el paso del tiempo, pero sumergidos en aguas…

Hora 11.00 Escenario 3

Frustrado por la desaparición de las palomas mensajeras y la inoperancia…

Hora 11.20 Escenario 4

El veterano sargento primero Jacub, del Comando de Operaciones Secretas,

Hora 11.30

-Acá pasa algo raro Lucas –le comenta Cris Neguil, reportera de un…

Hora 11.35

-Hasta donde alcanza la lente, todo se ve igual –farfulla Jacub…

Hora 11.40 Escenario 5 (Aldea abandonada)

En medio de la reserva silvestre, alejados del VAE inutilizado por las…

Hora 12.05

Es evidente que el espécimen macho del actual Homo Sapiens y la…

Hora 12.10

Luego de haberla besado desenfrenadamente, el rubio vigilador abre sus…

Hora 12.15 Escenario 3

A menos de treinta minutos de haber sido convocada, en medio del caos que…

Hora 12.15 Escenario 5

Hortigoza vigila la vegetación cuidando a sus ocasionales compañeros y no se

Hora 12.30 Escenario 6 (Edificio I.A.F.E.)

Un poco retirado de los tres Pabellones principales, pero dentro del campus…

Hora 12.30

-¿Escuchaste eso, Cris? –le comenta en voz baja Lucas a su movilera,

Hora 12.40

En otro sector, el grupo de búsqueda liderado por el profesor Renatti es el…

Hora 12.50

-Acá está bien muchachos –afirma Renatti, supervisando la ubicación…

Hora 12.50

La comitiva encabezada por la doctora Hérzler continúa con la búsqueda y…

Hora 12.55

Sólo sujetado por riendas desde su pequeña canastilla a una columna, el…

Hora 12.57

A través del lente de la cámara, Lucas observa los movimientos del grupo científico y le…

Hora 13.00

Ante los numerosos disparos repercutiendo en todo el hangar, los comandos externos se…

Hora 13.02

Dentro del hangar, persiste un pandemónium de tiros y soldados caídos por…

Hora 13.10

Con los Unimog en marcha y las ametralladoras apuntando hacia el portón…

Hora 13.15 Escenario 5

Un repentino viento cálido agita las hojas de los frondosos árboles de la…

Hora 13.20 Escenario 6

Dentro de las instalaciones de IAFE y en todo su entorno, se volvió a…

Hora 13.20 Escenario 5

En el último tramo de la Reserva Ecológica, un poco antes de la ribera del río,

Hora 13.30 Escenario 6

En las inmediaciones del IAFE, fuera de la zona inerte, en una atmósfera…

Hora 13.40 Escenario 2

Al paso que les permite este tramo recóndito de la selva, el grupo conducido…

Hora 13.50 Escenario 6

Dos mujeres que recién se conocen, unidas por un mismo propósito, se…

Hora 14.00 Escenario 7 (Acampe en la selva)

Montado en la grupa del caballo policial, apoyando su espalda a la del jinete y

Hora 14.15

Sentados sobre uno de los árboles recientemente derribados, observando la…

Hora 14.20 Escenario 5

Con un particular gesto de malestar e incomodidad, Hortigoza va…

Hora 14.30 Escenario 1

Habiéndose adelantado a la comisión militar, después de haber dejado atrás…

Hora 14.40 Escenario 5

Desconcertado por la ausencia de la placa en el aljibe, Hortigoza espera…

Hora 14.40 Escenario 7

Retirado como un kilómetro de la aldea abandonada en donde se encuentra…

Hora 14.40 Escenario 1

Nícolas trajina feliz a lado de una mujer que de pronto se presentó en su vida,

Hora 14.50 Escenario 5

-Cuando lleguen los pontoneros –instruye Gisyshato, una vez…

Hora 14.50 Escenario 2

Después del episodio de los tambores, Nícolas, Lhexia y la doctora Hérzler…

Hora 15.10 Escenario 7

-¡Záz, otra vez loz tamborez, Pitu! –le comenta al can, quien le ladra…

Hora 15.15

Después de recibir la devolución a su mensaje con la aprobación de…

Hora 15.20 Escenario 5

Ya informada por Jacub, la oficial Gisyshato ordena desplazarse hacia el…

Hora 15.25 Escenario 8 (La isla misteriosa)

El primer grupo en llegar a la ribera es el del sargento Jacub. Tras dejar la…

Hora 15.30 Escenario 7

Luego de escuchar el mensaje de Jacub y ya reunida con la patrulla de…

Hora 15.45

Ya integrado al campamento y en el tiempo pronosticado por Gisyshato, el…

Hora 15.45 Escenario 8

La comisión de jinetes y comandos dirigida por Gisyshato, se da cuenta que…

Hora 15.45 Escenario 9 (Peregrinaje a la desolación)

Justamente en este momento, a poca distancia de allí, Jacub también ordena…

Hora 16.00 Escenario 8

Obnubilados por la escenografía que había impactado a Jacub y a su grupo…

Hora 16.10 Escenario 9 (Calles fantasmas)

El sargento Jucub y su grupo avanzan por la avenida Costanera rumbo al…

Hora 16.10 Escenario 8

Ni bien concluye la conversación con Renatti, la oficial gira su cabeza hacia…

Hora 16.20 Escenario 9

Encontrándose ya a un par de kilómetros de la playa de la Reserva Ecológica,

Hora 16.20 Escenario 8

Sin tiempo para preguntarse de dónde viene, la limitada patrulla de…

Hora 16.30

Llegando en sus caballos por la ribera y a toda carrera, se presentan Jacub y…

Hora 16.45 Escenario 9

Impulsados por podría decirse “el presentimiento técnico” de la xinebiana…

Hora 17.00 Escenario 8

Una patrulla de avanzada formada por Gisyshato –ya repuesta- Jacub y…

Hora 17.10 Escenario 9

Preocupados por no tener noticias de Jacub y su misión de apoyo, mientras…

Hora 17.15 Escenario 8

Ni bien llega el armamento solicitado, la patrulla compuesta por una oficial…

Hora 17.15 Escenario 9

Luego de escuchar la traducción, el grupo en camino al puerto queda en…

Hora 17.20 Escenario 8

El túnel que comenzó con un desmoronamiento del suelo arenoso, dejó…

Hora 17.30 Escenario 9

Después de trasponer calles y circuitos para acortar camino, el grupo se…

Hora 17.30 Escenario 8

Las luces de las antorchas crean sombras discontinuas, que al proyectarse…

Hora 17.45 Escenario 9

Mientras tanto, en la misteriosa Catedral de la Electricidad, investigando…

Hora 17.45 Escenario 8

La caverna se va angostando después de dejar atrás al crustáceo gigante…

Hora 17.55

El tamborilero Jhesmir, calienta el parche de su “jembé” enviando el…

Hora 17.55 Escenario 9

En la Catedral de la Electricidad usurpada por fuerzas extrañas, desde el…

Hora 17.55 Escenario 10 (Caballería blindada)

Los, hasta ahora desaparecidos Julián Rodríguez y el tamborilero Malek…

Hora 18.00 Escenario 8

El valiente Jhesmir termina de pasarle las nuevas a Kowalsky y éste se las

Hora 18.00 Escenario 9

En la llamada Catedral de la Electricidad, Kharlem les da la noticia de la…

Hora 18.20 Escenario 8

Veinte minutos de tensa permanencia frente a la cueva de las extrañas…

Hora 18.30 Escenario 9

El coronel Olivieri, un militar de raza con uniforme impecable, tez…

Hora 18.45 Escenario 11 (Ratas del desierto)

Ante una calma establecida vaya a saber debido a qué y desconociendo la…

Hora 18.45 Escenario 9

Ante una calma establecida vaya a saber debido a qué y desconociendo la…

Hora 19.00 Escenario 11

 -Escuchen, son obuses de tanques –percibe Kowalsky a la distancia,

Hora 19.10 Escenario 8

Luego de recibir el comunicado directo del sargento en combate, el general…

Hora 19.10 Escenario 9

Las dos torres estilo medieval del complejo energético caen desde sus setenta

Hora 19.10 Escenario 11

En la sangrienta batalla de la planta potabilizadora, los agresivos cangrejos…

Hora 19. 20 Escenario 9

A pesar de la ausencia de radiocomunicaciones debido a la persistente falta…

Hora 20.00 Escenario 6

Esfumada la bruma roja, en el IAFE y en la zona de los pabellones afectados…

Hora 20.00 Escenario 8

Tal, como el dicho “ir con la música a otra parte”, el general Fulkner decide…

Hora 20.05 Escenario 6

-¿Y esos tambores? –pregunta Benítez, pidiendo silencio con las manos-

Hora 20.10 Escenario 12 (Vuelo nocturno)

Con temperatura primaveral, en una creciente noche estrellada, la singular…

Hora 20.15

Por obvias razones de seguridad, el general Fulkner había ordenado el cese…

Hora 20.20

En el improvisado recorrido turístico, usando como orientación norte-sur la…

Hora 20.25

Dentro de los módulos militares de vigilancia, en las pantallas se logra…

Hora 20.27

-Más adelante está la terminal de la estación del ferrocarril que va al…

Hora 20.30

Cuidadosamente y tratando de sostener el equilibrio, Nícolas toma el…

Hora 20.40 Escenario 6

Aprovechando que el capitán Benítez se encuentra ocupado colaborando…

Hora 20.50 Escenario 12

Habiendo sido desarmado y apresado por las autoridades militares que lo…

Hora 21.10 Escenario 13 (Destino final)

Después de dejar oculta la tiebys, Lhexia merodea por las inmediaciones de…

Hora 21.15 Escenario 12

Dentro del tráiler militar, el grupo convocado por el general Fulkner, con el…

Hora 21.17 Escenario 13

¡Pip! ¡Hola Lhexia! Soy Nícolas, está todo bien por aquí… Estamos…

Hora 21.20 Escenario 12

“¡Pip! Esperar unos minutos, prohibir vuelos tripulados en todo un…

Hora 21.23 Escenario 13

Ascendiendo silenciosamente por el pulmón central de la torre apenas…

Hora 21.30 Escenario 12

El COS se pone en movimiento para escoltar al mayor Steiner y a sus…

Hora 21.35 Escenario 13

Sostenida en el vacío por la tabla voladora en el último tramo de la torre y…

Hora 21.35 Escenario 12

Después de conseguir el enlace con el módulo de campaña, Fulkner se comunica con el…

Hora 21.40 Escenario 13

En la entrada a la gigantesca torre, el sereno ve perturbada su jornada por la…

Hora 22.00 Escenario 12

Sin mucha alternativa para proseguir el diálogo, Fulkner no quiere correr…

Hora 22.10 Escenario 13

En la parte superior de la torre, con un viento en ráfagas y en medio

Hora 22.20

En tanto, en la entrada de los ascensores de alta velocidad con capacidad para

Hora 22.25

Estando Lhexia muy cerca de Jacub para entrar en acción, el comando se…

Hora 22.27

Desde la oscuridad del parque, evocando la recordada escena en la azotea de

Hora 22.28

Faltando un par de minutos para que se cumpla el tiempo límite de desactivar

Hora 22.40

Durante el apagón energético anunciado por Lhexia, se suceden los caóticos…

Hora 22.45

Cuando aún no salen de su asombro por la incursión de esa luz…

Hora 22.50

Nícolas conduce a toda velocidad para alejarse del festival de fuegos…

Hora 23.00

Debido a la ausencia total de energía, Fulkner vuelve a usar los tambores…

Hora 23.15

Preparándose para extraer la bala del cuerpo de Benítez, los cirujanos le…

Hora 23.30

Con el tiempo cumplido, la cenicienta interestelar regresa a su planeta…

Hora 23.31

Una vez restablecida la energía, los millones de afectados estallan de…

Hora 23.40

Nícolas convence al militar y a hurtadillas éste lo traslada por todos los…

Hora 23.50

Cuando el falso científico gana la salida con la máscara desactivada para…

Hora 23.58

En la solitaria “fuente de coloridas aguas danzantes”, las abandonadas…

                                                                                     EPÍLOGO

BUENOS AIRES – ARGENTINA

MINISTERIO DE DEFENSA

SEGUNDO LUNES DE NOVIEMBRE

Hora 10.00

Visiblemente cansados, los disertantes sentados a la extensa mesa repleta de…

                                                                                       FIN

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PERSONAJES:

LHEXIA -1101110. (Visitante Xinebia)

Nícolas Cerwensky (vigilador de agencia Sesna)

Pitu (bulldog francés negro)

Julián Rodríguez (vigilador de agencia Sesna alias Maqui)

Omar Jacub (sargento primero)

Esteban Molinari (supervisor agencia Sesna)

Ángela Hérzler (científica astro-física)

Antonio Renatti (profesor UFO)

Ishmael Hortigoza (cabo primero infante marina)

Kowalsky (cabo primero infantería)

Vanina Gisyshato (oficial principal policía montada)

Hernán Fulkner (general de división)

Arturo Olivieri (coronel ejército)

Benítez (capitán ejército)

Cris Neguil (periodista)

Lucas (camarógrafo)

Vicente (camarero)

Steiner (ingeniero mayor ejército)

Gutiérrez (suboficial mayor adiestrador palomas)

Edith Notte (asistente de doctora)

Rodolfo Biagini (tanquista veterano)

Jhesmir (tamborilero senegalés)

Malek (tamborilero senegalés)

Kharlem (tamborilero senegalés)

Acosta (alférez camarógrafo fuerza aérea)

Supervisor de Chile (ingeniero de rasgos orientales)

Operador chileno (técnico de consola)

Doña Erme (anciana de la pensión)

Bhorin (Soldado de la usina)

Tirren (impostor alienígeno)

Raster (androide alienígena)

Esplenders (científicos xinebianos)