HISTORIAS SERIALES DE OSVALDO ROBLE

Diseño de portada Mica Fernández

                                         

                                                            CAPÍTULO 11

En el Departamento de Policía.

Hora 09.30

Como de costumbre, Malkevich a las zancadas y Quiroga con pasos cortitos por detrás, avanzan por los pasillos del enorme edificio…

 -¡Ah, me olvidé de comentarle sobre el auto que estaba en lo de la señora Síngerman, jefe!

 -Ah sí, ¿es de ella?

 -No no, pertenece a una de las mujeres que vimos ahí, Ana González y -tal como le dije- es una integrante del grupo “familiares del dolor”.

 -Es probable que las demás también lo sean –deduce el viejo zorro.

 -¿Integrantes del grupo mediático…? –pregunta el zorro más joven.

 -No, de “Las Justicieras”…

 -Pero, no tenemos pruebas, jefe.

 -Aún no.

 Ni bien acceden a la oficina de la oficial principal Débora Sinclair, esta los recibe con las novedades acontecidas y las peticiones solicitadas…

 -Buen día chicos, número uno… Las cámaras enfocan hacia adentro y no hacia afuera del túnel, así que no tenemos imágenes del accidente, pero según testigos presenciales, una camioneta van gris con vidrios oscuros y sin patentes, lo embistió cuando salía, bajaron unas personas vestidas de negro con máscaras blancas y lo cargaron -al parecer desvanecido- y desaparecieron en segundos. Número dos, la moto está nombre de Washington Taglieri, de nacionalidad uruguaya y tres, el celular que me pasaste también es de él…

 -¡Era!…De él –corrige Malkevich, saliendo rápidamente de la oficina-. Gracias querida… te debo un café… ¡Vamos Quiroga!

 Débora niega con la cabeza, reconociendo las continuas promesas de Malkevich como naturales y prosigue con sus tareas.

 -¿Adónde vamos, jefe? –pregunta su asistente.

 -A conseguir una orden de allanamiento…

El dúo policial llega a una oficina de vidrios esmerilados, que en su puerta dice: “COMISARIO MAYOR AGUSTÍN FERRARI” y golpea… Tras unos segundos, les abre un hombre de tez oscura con bigotes, de cabeza rapada y brillante, mientras habla por un inalámbrico…

-Tenemos trabajo, muchachos –les dice, ni bien corta-. Encontraron calcinado en un aserradero al flaco Taglieri…

Sin inmutarse, Malkevich le desliza su celular sobre el escritorio, reproduciendo el video recibido…

“El lunes ibas a encontrarte con Calderón a las 16 en la hamburguesería Central… ¿para qué?”

“¡Y, Calderón no tenía dónde ir, recién salía en libertad! ¡Aaaggghhh!!! ¡Está bien, está bien!… Nos íbamos a reunir con “el viejo”, para reubicarlo…”

“¿Quién es el viejo?… ¿Méndez?”

Luego de verlo completo, el comisario habla primero…

-Organicen todo y vayan, ya les consigo la orden… Después nos ocuparemos de ellas; ahora tenemos dos guerras…

Continuará…