HISTORIAS SERIALES DE OSVALDO ROBLE

 Diseño de portada Mica Fernández


Nunca subestimes el valor de las mujeres… 

                                               

                                                       CAPÍTULO 12 (parte 1)

En el frigorífico Central.

Hora 10.00

Alejandro Quiróz -el gerente del frigorífico- se aleja de todos moviendo su silla de ruedas hasta la oficina, ni bien entra, toma un celular de su cajón y marca…

 -Soy yo, del celular del uruguayo recibí un mensaje de estas minas, seguro lo tienen…

 “Llegas tarde con la noticia, Quiróz –le responde una voz grave, como de fumador-… Esas “minas”, según tu lunfardo argentinezco, lo calcinaron”

 -¡Qué hijas de puta! –profiere el anciano, acomodándose sus anteojos bifocales- ¡Seguro lo hicieron “cantar”!… Ya mismo hago limpiar la zona, en un rato tendremos una redada…

 “Ya envié rastreadores tras el celular de Pulgarcito, hasta hace un rato estuvo activado, tenemos la posición”

 -Bueno, te devuelvo la mercadería de inmediato, si las encuentran acá, estaremos en problemas…

 “No, este lote es muy importante, tengo compromiso de entrega aérea para esta noche, ocúltalas en un sitio que no puedan descubrir, luego me informas”

 -De acuerdo, ¡chau!

 El gerente de la planta toma el radio de banda interna y le da ciertas instrucciones a su capataz… Luego toma el teléfono fijo y marca al 911…

Hora 10.30

El gigantesco semirremolque refrigerado -con su descarga incompleta- cierra sus puertas y tras una bocanada de humo de sus escapes verticales, se pone en movimiento. Cuando se va abriendo el portón corredizo -tras una densa polvareda- arremete una impresionante comitiva policial que le impide la fuga… De inmediato bajan al chofer y acompañante dejándolos en custodia, mientras siguen pasando vehículos oficiales, entre cuales se destaca la cuatro x cuatro de Malkevich…

 -¡De acuerdo muchachos! –grita el teniente, protegido con casco y chaleco antibalas, mientras desciende- Un grupo al sector de comidas rápidas, otro a las cámaras, otro al área de producción y ustedes vayan con Quiroga a arrestar a Quiróz, el sargento sabe quién es.

 -¡Muy bien, jefe! –obedecen todos, movilizando sus unidades de asalto.

Quiroga -medio perdido dentro de su casco- se va encabezando el grupo que se dirige a las oficinas administrativas, mientras Malkevich se acerca a los dos choferes, aprehendidos al pie del camión.

 -¿Ya descargaron todo? –les pregunta Malkevich, en tono calmo.

-Una parte, la otra va a otro lado –responde el más grandote, con cara de sobrador.

-Ajá, quiero ver los remitos de traslado –inquiere Malkevich, mientras revisa en interior de la cabina y la parte donde duermen, con el camión y el equipo de frío en funcionamiento.

-No están, los perdí.

Sin muchas vueltas, el policía –tan corpulento como el chofer- le pisa un pie sin soltarlo y le da un empujón contra el camión.

-Escúchame con atención, grandulón… No te la des de vivo, estás a punto de perder los dientes… Ahora abre las puertas.

Ambos choferes, custodiados por varios policías, recorren los casi veinte metros de tráiler, hasta llegar a las puertas traseras. Cuando las abren, se puede ver la mitad de adelante aún con medias reses colgadas, lo que motiva a Malkevich a subirse a investigar… El detective pasa entre las dos filas cárnicas y llega hasta el fondo -es decir la parte delantera del furgón, donde opera el equipo de frío- pues espera hallar alguna división o compartimiento secreto, que le dé crédito a la confesión de Taglieri, pero no encuentra nada fuera de lo común.

-¡Esposalo! –le ordena a un subordinado, luego de haber bajado y cerrado las puertas, pero cuando vuelven, Malkevich mira las gavetas que el furgón tiene abajo y a los costados y va tras una corazonada-… ¿Qué tienen ahí?

-Herramientas… Equipo de supervivencia –responden los dos choferes, casi al mismo tiempo.

-¡Ábranlas!

-¡Pero!, no hay nada ahí, oficial… ¿Por qué nos maltrata? ¿Bajo qué cargos?

-¡Ábrela, carajo! Después te diré tus derechos…

Los choferes acceden y le quitan el candado a una enorme gaveta de acero inoxidable -parecida a un sarcófago- que cuelga del furgón y ahí dentro pueden ver un espacio vacío, con algunas mantas sucias y hedientas…

 -¡Ah, no me digan! Les robaron todo –les argumenta irónicamente el teniente y luego ordena: ¡Traigan los perros!

 Visiblemente incómodos, ambos choferes se miran, mientras los perros olfatean el interior nauseabundo de la gaveta.

 -Ahora sí, llévense a estos imbéciles y díganle sus derechos…

 Ni bien salen de la sombra del tráiler, los dos choferes reciben sendos impactos de bala con un segundo de diferencia y caen con las cabezas destrozadas…

 -¡Al suelo! –grita Malkevich, respondiendo los disparos con su arma de puño- ¡Están en el tanque de agua!

El grupo de asalto Federal responde con armas largas y algunos comienzan a subir a la azotea… Los disparos cesan y Malkevich aprovecha a correr a su camioneta, allí actúa sobre los controles del dron que vigila desde el aire y observando la escena por un monitor, lo lleva a la terraza mientras los federales van llegando por escaleras… Por la pantalla, el teniente puede ver la retirada de una figura encapuchada que se desprende de su fusil tirándolo en el tanque de agua y huye bajando por la escalera de incendios trasera, entonces alerta por radio…


Continuará…