Algunas la reclaman… Otras la exigen… Otras la imploran… Estas… ¡La ejecutan!

Diseño de portada Mica Fernández

                                                                                                CAPÍTULO 26

En el auto eléctrico de Yanina Corbalán.

Hora 23.00

La lluvia arrecia, pero la insonoridad del automóvil la minimiza, detenidos frente a la casa de varias plantas de la forense, ambos profesionales continúan mirando a la vocera del grupo Familiares del dolor, Ana González, una mujer de unos treinta años, con media cabellera rojiza y la otra mitad rapada, que contesta una pregunta insidiosa de la periodista…

 “Usted bien sabe, señorita periodista, que las exigencias de la vida moderna nos obliga a permanecer mucho tiempo fuera de casa para cumplir obligaciones… Algunos padres podemos contar con la ayuda de los abuelos, pero a menudo, debemos afrontar solas la crianza de nuestros hijos y se nos complica… No obstante, sabemos cómo cuidar de ellos, pierda cuidado…”.

 -Tiene carácter esta mujer, parece –murmura Malkevich, mientras la periodista dispara otra pregunta.

 “Entonces, ¿no está de acuerdo en que parte de esta problemática, es debido a que muchos padres (me refiero a los dos, separados o no) están más concentrados en sus logros personales, que en la crianza de sus hijos?”

“¡No me venga con ese planteo estúpido, señorita! ¡Es el Estado, quien debería ocuparse más de investigar y localizar a estos grupos criminales que pululan en internet engañando a nuestros hijos con promesas y falacias!…”

-¡Es brava, eh! –acota el policía, embelesado con la exposición de la vocera.

 -Es una mujer que brega por la justicia –define la forense, mientras sube el volumen a la entrevista, evidenciando un particular interés por la misma.

“Y a las fuerzas policiales, se le deberían otorgar mayores facultades para intervenir y accionar contra estas organizaciones internacionales…”

“Entonces, señora González… Usted discrepa con quienes dicen que “estas captaciones y reclutamientos de jóvenes” se deben al estilo de vida actual”

“Mire señorita, si bien la sociedad se ha transformado en un ente individualista, el rol de los padres continúa siendo el mismo y lo que suceda con sus hijos, no siempre depende de ellos (tal, como algunos medios “comprados” le quieren hacer creer a la opinión pública) por eso, no sólo discrepo, si no que denuncio a estos medios que cuestionan a las víctimas y defienden a los victimarios, así como también a los jueces corruptos que actúan a favor de esos intereses…”

-¡A la mierda! –escupe Malkevich.

 “Observe el dolor de estas madres desgarradas por la pérdida de sus hijos y su desesperación por no saber dónde están y respóndame ¿si usted se atreve a mirarlas a los ojos y plantearles que la culpa de este sufrimiento, es porque no los controlaron lo suficiente?…”

 En ese momento, suena el celular del policía y al identificar la sección de dónde proviene la llamada, acciona el altavoz y atiende:

 -Teniente Malkevich…

 “Soy Luciano, teniente… Tal como me encargó, empecé a revisar las cámaras que le puso al viejo Quiróz… Descubrí que al llegar la redada, metió un celular en una bolsa y lo tiró adentro de la cafetera… Más tarde, cuando estuvo de vuelta lo rescató y estableció una comunicación…”

 -Claro, el que llevaba encima estaba limpio… ¿Sabes con quién habló o qué habló?

 “Dijo: (La entrega se postergó para mañana a las seis, en el sitio de siempre…), ahora estoy analizando las comunicaciones desde las coordenadas del frigorífico, para triangular las señales de la red y determinar el punto de enlace…”

 -Ah bien, muy bien… Avísame ni bien lo tengas.

 Después de cortar, el detective susurra:

-Te lo dije, “la sed de venganza no es buena, pero agudiza los sentidos”.

          -Para descubrir a estas organizaciones, la cibernética es imprescindible hoy día y este chico se ve dispuesto –le comenta ella, como para acompañar al tema justo cuando finaliza la entrevista.

 Malkevich sólo asiente, está pensativo… Entonces Yanina decide atraer su atención y dirigiéndole una inquietante mirada, le pregunta:

-¿Quieres pasar a tomar algo?…

Él reacciona enseguida…

 -No quiero incomodarte, es tarde.

 -No hay problema, debo hacer tiempo para buscar a Carolina y de paso te alcanzo, está reunida con compañeros del colegio.

 -Bueno, vamos por esa copa.

 Ambos bajan del coche y no pueden evitar mojarse hasta alcanzar la puerta.

 -¡Perdón!, el garaje está en refacción.

 -Es sólo agua –dice él, minimizando la situación.

 Ella se quita su abrigo y luego, mientras enciende un hogar a leños artificiales, le dice:

-Dame el gamulán, Horacio… Lo ponemos a secar.

El policía accede y mientras lo hace, observa el suntuoso interior del living ambientado al estilo nórdico y revestido en madera, asemejándose a una cabaña de troncos.

-¡Ah, pero qué bueno! –se sorprende él- Un rancho, dentro de una casa…Te gusta la madera, parece…

-Es de familia –responde ella, dirigiéndose al minibar-, me crié en una cabaña alpina… Papá las construía y bueno, el aroma a madera fresca me puede.

-Es acogedor este ambiente –reconoce él, reprimiendo su gran necesidad de fumar.

-Ajá –responde ella, mientras abre dos puertas vitrales que guardan gran variedad de bebidas-. ¿Qué te gustaría tomar?

-Lo que me gusta, generalmente no lo encuentro…

-Prueba conmigo –replica ella, muy segura.

-Arak.

-¿Con agua o limonada? –le pregunta, refutando su objeción, mientras baja una botella traslúcida de una especie de licor anisado, muy potente.

El policía se acomoda los lentes y se acerca a ella, visiblemente asombrado.

-Sólo con agua y hielo, por favor… No es común hallar este licor en Sudamérica; me has sorprendido.

-Tengo amigos de otras partes del mundo, muchacho –le informa ella, alcanzándole el trago-… Si no te importa, me doy una ducha rápida y regreso por mi copa…

-Sí sí, desde luego… Ve tranquila.

La forense entra al tocador, se desviste y comienza a ducharse, generando vapor tras una mampara decorada. El investigador comienza a disfrutar de su trago, mientras recorre el sofisticado interior observando cada detalle, lucha contra su deseo de encender un cigarrillo y se acerca a un ventana con intención de abrirla, pero la intensa lluvia aún reinante lo desalienta, entonces se sienta en un sillón de terciopelo blanco, justo frente al hogar encendido y en ese momento suena su celular.

-Sí Luciano, te escucho…

“La triangulación arrojó un enlace con la torre Imperio, teniente”

El investigador salta del mullido sillón y tras recoger el gamulán, se dirige al baño sin quitarse el celular del oído…

-Quédate en línea, muchacho –le dice, mientras toca a la puerta- ¡Yanina, disculpa! ¿Me oyes?

¡Sí, ya salgo! -responde ella y se asoma apenas cubierta por un toallón- ¿Qué pasa?

-Voy a la torre Imperio, el viejo habló con alguien de ahí. ¿Me prestas tu auto?

-Sí sí claro, si te animas…

-Ehhh… creo que sí, sólo indícame dónde está el acelerador.

-Ja ja…Ven –le dice, saliendo así como está, sin poder evitar mostrar la unión de sus pechos, en donde se destaca un ángel tatuado-, con esta tarjeta lo abres y lo enciendes, lo demás te vas a dar cuenta…

-Gracias, no puedo esperar ni gestionar órdenes de allanamiento con jueces corruptos…

-Buena suerte, ¡cuídate!

Continuará…