Tu música

Trajiste la música de la razón, y nosotros tan instinto y tan suciedad y tan revuelque.

Viniste con esa claridad meridiana que iba a romper la oscuridad de nuestro pequeño aquelarre. Y te odiamos por eso, y aprendimos a disimularlo, a ocultarlo, hasta que al final fue verdad que te queríamos. Porque no íbamos a abandonar nuestro pozo, nuestra melange primigenia, nuestro amasijo de cuero y metal y carne y madera, pero se nos hizo natural tu presencia, y hasta sentimos que era mejor así, que el contraste nos sumaba algo, que había algo ahí que podía golpearnos pero también iluminarnos.

Y así terminamos en esto, en esta configuración orbital en que sos, sin quererlo, nuestro centro. El sol en torno del cual gira nuestro satélite de barro.