El de Marte,

Yo de Venus.

Me llevo a la luna pero me olvido allí. Quede sola. Abandonada en medio de la inmensidad que un día habíamos sido parte. 

Con el corazón (el que un día le entregue y otro me lo devolvió) en las manos. Sin aire que respirar. Ahogándome en polvo cósmico.

Igual lo espere. Conté una, dos, tres y un par de constelaciones más. Pero no apareció. Le pregunté a Mercurio por su ausencia, y Neptuno me contó que lo vio girando con la tierra. Según Urano ya no reía aunque, Jupiter, insinuó que él ya no se acordaba de mi. Saturno no lo negó pero fueron las estrellas quienes me lo confesaron; se había ido.

Cada tanto el sol choca con la luna  y junto al eclipse me llegan noticias de el. La última vez lloro meteoritos cuando me vio reír y me luz ya no proyectaba su reflejo.

Ya no somos juntos.

Ya no pertenecemos a la misma inmensidad.