Algunas mujeres mandaron

construir palacios

pero otras pidieron

tan solo un hijo

y el hombre barbado

escuchó a todas y a cada una

pero con las primeras

hizo oídos sordos

y ellas envidiaron a las otras

por obtener lo que querían

tan solo un hijo entre las puertas

y se burlaron cuando las vieron

caminar encorvadas por el peso

de sus vientres abultados

y con los pies hinchados

Los hijos nacieron y pasaron los años

mientras el hombre barbado

envejecía también

Las que eran madres eran ancianas 

y las que mandaron

construir palacios

no habían conseguido tenerlos 

La suerte era de sus hijas

que ahora vivían en esos

construidos a merced y por mandato de sus esposos

los hijos de las mujeres

a las que el hombre barbado

cumplió su deseo