Sociedad

Gol

«Quizás el misterio se explica en la espera» (Guillermo Saccomanno)

Y, de repente, una chispa resplandece entre los corazones gastados. La pelota llega a sus botines. Se le acercan los del equipo contrario con la firmeza de la furia. Esquiva patadas, pisotones, trampas, agarrones; desfila por el lateral con el alma concentrada en dirección al arco.

La emoción renace entre las gradas, sube contorneando las camisetas, sacude las venas. Una esperanza desborda el estadio a la velocidad de la pasión. Este fuego, a su manera, cura las heridas.

Cada paso de los jugadores hacia el área va iluminando las puertas, algo oxidadas, del triunfo. En los segundos de espera palpitante, aparecen imágenes del camino recorrido: la familia, los amigos, los colores, las cábalas y los paisajes que ampararon el deseo de eternizar, en esa cancha, un instante de gloria.

Mientras tanto, el calor se apropia de las gargantas en la tribuna con una ternura enérgica. La hinchada lanza sus cánticos al cielo rogando que su deseo tenga el destino esperado. Las manos en alto agitan esa celebración colectiva.

Entonces sucede: con un tacto divino, la pelota alcanza la red del arco rival. El goleador mira a su alrededor. Los jugadores saltan de alegría con él. Las bancas repletas están igual de conmovidas. Siente una lágrima deslizarse por su rostro. Pensó que ya no podría lograrlo… pero la fe ofrece siempre un nuevo partido.

Catalina D'Atri

oculta en el lenguaje porque escribir es elegir//: estudiante de comunicación, productora, fotógrafa, CM, etc.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *