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El fenómeno «therian» sos vos.

Sobre la violencia en las redes y las cortinas de humo.

“¿Qué son los ‘therian’?”, se pregunta El País.

“El origen oculto de los therians que quizás no conocías”, promete revelar Infobae.

“La comunidad de jóvenes que se sienten animales, en imágenes”, decide mostrar Clarín.

En los últimos días, el algoritmo decidió que el debate público gire en torno a ellos: personas que se identifican, de forma subjetiva o espiritual, con animales. No hace falta profundizar en la definición y debo decir que escribirla me parece innecesario. La mayoría de nosotros ya fuimos asaltados por alguna noticia que pretendía “explicar” el fenómeno, o scrolleamos por videos que se burlan de estas personas. Quizá hayamos visto registros de reuniones a las que, curiosamente, solo asisten espectadores violentos.

¿Has visto algún flyer de una Juntada Therian? En Bahía Blanca, la viralización de una fake news sobre una supuesta reunión en la Plaza Rivadavia dejó en evidencia un mecanismo que puso en la boca de todos un asunto de pocos. “Ningún medio nos preguntó al respecto”, aclararon los creadores de la falsa convocatoria en un video que, por supuesto, tuvo una repercusión muy baja comparada con el incendio mediático original. La verdad no rinde clics, quizá.

“¿Y si organizamos una cacería? Para que vivan la experiencia completa, digo”, comentó una usuaria de Facebook en la publicación de Kevin Kalister, más conocido como Bahía Blanca Food, y menos conocido como el candidato a concejal cuyo proyecto no prosperó porque desconocía los requisitos para postularse. Pero claro, esa es otra historia; una que a los bahienses parece importarle mucho menos que los adolescentes con máscaras.

No estoy afirmando que la gente esté más dispuesta a movilizarse contra un grupo de jóvenes que a indignarse por la incompetencia política local, solo comentaba.

El tema de los jóvenes y la adolescencia no me parece un dato menor, pero no porque sea un fenómeno exclusivo de este rango etario, sino porque la cobertura de este gran problema social decidió deliberadamente exponer a menores. Los medios los lanzan a la arena pública para ser linchados digitalmente. Sin la responsabilidad de que la violencia, casi siempre, se termina materializando en lo que sucede fuera de los celulares y computadoras.

La desinhibición online le permitió a Carla, autora del comentario, y a tantos otros fantasear con cacerías en un espacio de violencia totalmente artificial. Lo trágico es que se violentan por una reunión ficticia de un fenómeno de “miles de adolescentes” que tiene a todos enganchados, menos a los propios adolescentes. Las múltiples reuniones de therians sin therians han demostrado que lo que estamos viviendo es un fenómeno de observación pura. Los medios han manufacturado una relevancia de nicho para llenar espacios y replicar noticias falsas. Han promovido un consumo irreflexivo de odio justificado sobre algo que, sobre todo, no parece tener el alcance que dicen que tiene.

La Brújula 24, sobre la falsa convocatoria sin therians.

El tema de los therians ha girado en torno al consumo de contenido falso y a una indignación moral manufacturada. Una “violencia justificada” sobre un fenómeno falso, o al menos no tan masivo como lo aseguraban los medios.

No debería sorprendernos que el odio hacia ellos no permaneció en las redes y, como adelantaba, se manifestó en las calles (las reales, no las virtuales). Quien crea que el internet y la vida cotidiana son burbujas aisladas peca de una inocencia cínica. Lo que se siembra en el feed se cosecha en la calle en forma de golpes y persecuciones. Carla no agarraría un rifle para matar a un adolescente en la Plaza Rivadavia… ¿o sí?

La línea de lo aceptable se mueve un comentario a la vez.

Hay que agradecer a los medios que han hecho su parte de manera abnegada para que “entendamos” este tema “trascendental”. Es la magia de un trabajo meticuloso y calculador: ante tanta sobreinformación de lo irrelevante, se pierde la capacidad de hablar de “otras cosas”.

¿Qué puede ser más urgente que un TikTok de alguien aullando? ¿Conflictos geopolíticos? ¿Debate de leyes? ¿La violación organizada de menores? Por supuesto que no.

El cerebro elige la información más disponible, la más digerible, la que permite indignarse sin esfuerzo cognitivo.

Pero tampoco voy a matar a los medios. Creo que es un círculo vicioso: no están para informar, sino para lucrar con las noticias. Si al público le interesa más la aparente identidad de un colectivo de extraños que las leyes que rigen su propia vida, por ejemplo, el mercado le dará lo que pide. Esto desplaza la relevancia de los temas. No soy nadie para decirte qué debe ser relevante para tu vida, o que vale más la pena indignarse por asesinatos de niños, pero allá vos.

Lo que sí puedo decirte y asegurarte es que, al final, el fenómeno therian no son ellos; sos vos

Mirando, comentando e indignándote sobre lo que, realmente, no importa.

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