Ayer se cumplieron 20 días del primer caso confirmado de coronavirus en Bahía Blanca y es una buena excusa para reflexionar sobre el avance de la pandemia en nuestras tierras. Todo parece indicar que el virus covid-19 no está circulando comunitariamente por la ciudad. De los 14 infectados, 10 se contagiaron afuera o tenían vínculo estrecho con los afectados. De los otros 4, tres son personal de salud y sólo uno está en observación epidemiológica. También hay otra variable para suponer esto: la curva de contagios.

Curva de contagios en Bahía Blanca

Para concretar un análisis medianamente serio se necesitan uno o dos meses de desarrollo de la enfermedad, pero con 20 días se pueden hacer unas observaciones preliminares. La idea es repetir estas publicaciones e ir cotejando los datos en tiempo real.

Con sólo mirar la curva de contagio a nivel nacional en el mismo período (los primeros 20 días) se observa en la ciudad una línea más pronunciada, menos escalonada.

Según algunos especialistas, para medir el avance de la pandemia en poblaciones dispares (no son lo mismo los 400.000 bahienses, que los 45.000.000 argentinos) se suele contar cuánto tarda en duplicarse la cantidad de contagiados.

En Bahía, los casos se duplicaron 3 veces (1,3,6,12) mientras que en el país la multiplicación fue de 6 (1,2,8,17,34,79,158). Esta diferencia probablemente se deba a la transmisión comunitaria y ese fue el motivo que temió Alberto Fernández al decretar la cuarentena el 19 de marzo, cuando había 128 casos. Esa es otra de las ventajas de la curva bahiense respecto a la nacional. Mientras que en la ciudad la cuarentena ya regía desde el primer contagio, en Argentina atravesamos los primeros quince días sin medidas de aislamiento.

Ahora bien, la falta de circulación local puede ser tomada por algunos como argumento para flexibilizar la cuarentena en lo que constituiría un error conceptual. Si el virus no está circulando entre nosotros, es precisamente porque está la cuarentena. Sin las restricciones y medidas adoptadas masivamente por la población cualquiera de los 14 casos bahienses podría haber sido motor de contagio, generando los números exponenciales que vemos en otras partes del mundo. También, al querer flexibilizar la cuarentena, se comete un error metodológico. El diagnóstico de casos no refleja en tiempo real los contagios sino que atrasa entre 5 y 14 días. Sería recomendable dejar pasar algo más de tiempo antes de tomar decisiones con ese riesgo.

Coronavirus y democracia en Sudamérica

Podría decirse que la pandemia del covid-19 reforzó a los gobiernos en Sudamérica, a través de las imágenes positivas en creciente ascenso de presidentes y gobernantes. Sin embargo, hay tres casos puntuales en las que los derrocamientos y las dictaduras estarían gozando de buena salud.

Desde antes de este coronavirus, Bolivia era regido por la dictadura de Jeanine Áñez, tras el golpe a Evo Morales. Con buenos reflejos, el gobierno golpista determinó medidas de aislamiento y restricciones generales similares a los de otros países de la región, con un beneficio adicional: la postergación sin fecha de las elecciones nacionales pautadas para mayo. Sin sufragios a la vista y con medidas contra la libertad de expresión que ya alertaron a Human Rights Watch, no hay que descuidar lo que pasa en Bolivia bajo el manto de la pandemia.

La democracia de Brasil ya venía flojita de papeles pero con la pandemia del covid-19 las contradicciones quedaron más expuestas que nunca. El presidente Jair Bolsonaro pretendió atravesar la crisis sanitaria internacional sin afectar ni un poquito a su economía y el coronavirus le explotó en las manos, con funcionarios contagiados, peleas internas y disgustos de sus aliados tradicionales. En la práctica, Brasil parece estar funcionando bajo una junta militar donde el rango castrense del capitán Bolsonaro es muy inferior al de su vice, el general Hamilton Mourão o el de los otros generales del ejército brasilero. El pedido de renuncia del ministro de salud y la marcha atrás posterior, desnudó la falta de conducción que amenaza a la democracia y a la vida de miles de brasileros.

El gran dilema democrático de Sudamérica no podía faltar en este resumen. Venezuela viene sufriendo desde hace años golpes de estado, desestabilizaciones norteamericanas, bloqueos internacionales, elecciones cuestionadas, violaciones a los derechos humanos por parte del gobierno y de la oposición, una de las inflaciones más altas del planeta, un éxodo masivo de venezolanos. La pandemia del coronavirus se suma a la lista con condimentos propios, sobre todo en la relación con Estados Unidos. El presidente norteamericano, Donald Trump, aprovechando la distracción o quizás para fomentarla, profundizó su cruzada contra Nicolás Maduro, poniéndole un precio a su captura digna de los grandes mafiosos y terroristas de la historia. La excusa que nadie cree ni necesita creer es el narcotráfico. Esta medida fue acompañada por un masivo desplazamiento de tropas, aviones y barcos en la región, amenazando, aislando y castigando al pueblo venezonalo, que tiene que enfrentarse a la pandemia plagados de restricciones.

Un poco de Saer para terminar

En 1994, Juan José Saer publicaba La Pesquisa, un novela policial que nada tiene que ver con virus y pandemias. Sin embargo, un extracto refleja el paso del tiempo de una forma que se amolda a los tiempos propios de una extensa cuarentena:

(…)”las semanas son un flujo ardiente, inacabable y trabajoso. En el remolino lento del día, no parece existir la dimensión del tiempo: el mundo es como una masa pegajosa en desenvolvimiento imperceptible, y el ser atrapado en la gelatina incolora no solamente no se debate, sino que parece aceptar, como sola opción posible, gradual, el hundimiento”.