(09:00 pm) Suenan como todas las noches los aplausos y sirenas que dicen agradecer nuestro trabajo. Estoy en mi departamento mirando fotos, recuerdos de una pareja feliz y llena de proyectos Un cirujano de 35 años, una enfermera de 27 años de hermosos ojos color miel.

  (09:45 pm) Una copa de vino sabe amarga cuando se junta con la angustia de la boca. Los aplausos ya no se escuchan.

(10:05 pm) Un nudo en la garganta que no puedo desatar ni siquiera con vino. 11 millones de españoles tienen el virus.

(02:30 am) Los ruidos de los muebles de la vecina del octavo piso me despiertan. Es una mujer que cree que juntando  firmas en el edificio o poniendo carteles en la puerta de entrada y en el ascensor, va a lograr que me vaya.

(08:25 am) Ya ando caminando por los pasillos del Hospital Universitario. Ángeles, la más pequeña, evoluciona favorablemente. Diego sigue sin dar respuesta, en las próximas horas será desconectado. Marcos, Alicia y Gustavo salen en bolsas negras por la puerta trasera. Esta mierda me supera. las ambulancias no paran de entrar y salir.

(11:20 am) Hablé con una colega cardióloga, me desahogué un rato, su pésame me da ánimos.

(20:40 pm) Vuelvo a casa cansado. En el ascensor el cartel ya me causa gracia. Llego al departamento. Su foto colgada me mira, su sonrisa me apuñala. Le vuelvo a preguntar  ¿Querés que siga?

(09:00 pm) Suenan los aplausos en los balcones. La copa de vino en mi mano. Intento distraerme.

(11:15 pm) Acabo de hablar con unos amigos de Barcelona ¿Qué extrañan de lo que tenían antes de la pandemia? El fütbol, ver a Messi en las canchas. Ella era simpatizante del Real yo del Atlético, uno de los pocos motivos por el que discutíamos. Siempre terminaba dándome la razón.

(03:35 am) Sigo desvelado, medio borracho. Encontré una caja con cartas del principio de nuestra relación. Como cuando ingresó al hospital por primera vez y estaba medio nerviosa. Nuestra primera cita fue en un restaurante. Le encantaba la comida y la música sudamericana: el tango y el rock argentinos. Fuimos a París de luna de miel. Hay cientos de fotos de nuestro casamiento.

(07:25 am) Rumbo al hospital. La radio informa más de 15 mil muertos. Tamara, la neumonóloga, dio positivo en el test.

(04:15 pm) Eliana acaba de fallecer, no de Coronavirus sino de una falla hepática. Era muy creyente, ni un segundo soltó su Biblia. Era un cable a tierra escucharla leer versículos mientras trabajábamos.

(09:30) Otra vez en casa. Estoy escuchando sus audios de WhatsApp, cuando me repetía que revise el buzón de las cartas, la lista del super… Le hiba a regalar un piano para su cumpleaños.

(07:50 pm) Ángeles, recibió el alta. Por fin una buena. Ingresan 40 nuevos pacientes.

(02:15 pm) Por una normativa del establecimiento todos los profesionales nos hicimos el test, en unas horas tendré el resultado.

(06:00 pm) Mi testeo dio negativo. Hoy hablé con mis suegros que viven en Málaga. Ella su única hija, ella, mi gran amor.

(01:10 am) “Carissa, pasaste 14 días de agonía, hice todo lo que estuvo a mi alcance para recuperarte y no fue suficiente. Sé que dijiste que trate de salvar a la mayor cantidad de gente que pueda, pero no pude salvar más”.

Esta nota fue encontrada en la cama de Francisco Galileo, que se tiró del balcón en su departamento del séptimo piso. Su esposa Carissa había fallecido unas semanas antes por Coronavirus, tras contagiarse en el hospital donde trabajaban ambos.

Francisco y Carissa ayudaron a 174 personas a recuperarse del virus.