La curandera está sentada en el sillón envuelta en el pañuelo. Escucha atenta y paciente. Ella le cuenta que está bien pero que algo se está gestando. “El tiempo está loco. hace calor de verano a las puertas del otoño. Sigo cosechando tomates y el agua escasea. El motor del auto ruge y después se achancha en las calles del centro” titubea. Le cuenta también que las chicas del juzgado de familia parecen habitar otros mundos. “Se acomodan para escuchar el final de una novela que duró décadas”. Esa noche el cielo chispea. En Huecuvu Mapu la presión atmosférica sigue bajando. Por la ventana del edificio, arruinado por los años y la tragedia, la curandera ve rebotar los rayos de luz.