4.

Son las tetas del escritor. Esa es la mitopoiesis. La verdadera libertad es la disidencia. Así empezó en su muro el día. El germen de la especulación, ese te aparta del contacto con lo que te despierta. Con frases fuertes buscaba trascender la organicidad perfecta y cerrada en sí misma de la experiencia de la comunidad que a tantos convencía por entonces. Kappa quería que lo otro emergiera y se manifestara en una relación, aunque fuera por unos segundos en una pantalla. En ese sentido, el ser-ahí del mensaje electrónico no puede ser sino un acontecimiento en devenir constante. Y es que hay muchos desconocidos como yo, que buscan en una Casa lo insondable y no el cobijo. El resto persevera en el aire. Aunque siempre existe energía, se dispersa fácil. Pero hay algo que prevalece y te rota. A eso apuntaba Kappa. A ser el sujeto con la potencia suficiente que te coloniza. Yo he visto que nadie es algo por sí solo. Son costumbres: ser así y pensar de una forma. Y las costumbres vienen de otros. En este momento, por ejemplo, nosotras somos un poco otras. Para poner un ejemplo. Y la casa nos ovilla. Nos dice que sin nosotras no hay casa, pensaba con metafísica y política de la igualdad. No sé. Metas para la sospecha de que ningún sujeto tiene entidad propia hay; casos, también. Ser es existir en dependencia mutua con otras cosas. Ángel pensaba en todo esto y también en su madre a quien hacía meses que no telefoneaba. Era obvio que no la amaba. O no la amaba lo suficiente como para preocuparse por su asma y sus ganas desaforadas siempre de salir a hacer algún trámite -hoy el berretín que más causas de muerte trae. Uno se enferma cuando hace malas combinaciones. Si mezclás relaciones venenosas porque no tenés fuerza para la fuga, ¿cómo no se te va a descomponer el cuerpo o te va a fabricar tristeza? Es lógico. Estancarse es culpa de la compañera melancólica: la Marca de la distancia de lo extraño. Un nombre de una indescifrable naturaleza, eso era María Angélica, la madre de Kappa. Al público le calentaban los problemas de salario, a María Angélica Kappa, no. Le molestaba no tener sus alquileres al día. Lo que comenzó a irritarla fue que no pagaban y ¿cómo hacía para concentrar la mayor cantidad de recursos para afrontar gastos? Necesidad infinita, hacer una patriada… No podía comprender por qué le pedían tantos esfuerzos y no podían adelantarle siquiera una genuina invitación a participar de una salida mensual a la costa, donde pasar el tiempo y circular en retirada. Consumo no tenía. Solo proponer un poco de espacio libre no representaba nada. Venía a plantear menos que un individualismo narcisista. Pululaban los shows televisivos instalando su discurso, el de Mari no, ese no se adhería al entusiasmo de ningún tinte. La necesidad de darles a las medidas tolerable ayuda mediática era buena para los que vivían conscientemente, enredados en consorcios económicos, familia, hogar, mascotas, una hija que entretener con pinturitas. Curiosamente, otra era la historia contemporánea de Mari. Apenas menos que una sorpresa fue entonces leer, bajo el slogan de URGENTE, “Moratoria como al empresariado”. De la construcción de una figura política emergía un mensaje clarificador. Ya venía sucia de entrada, pero ahora era lo de menos, lo importante era entender. Inevitablemente, reclamadas por la coyuntura, se ponían a disposición viviendas, casas, maniobra lógica, maniobra histórica, desprendimiento de lo humano, para seguir soñando con antiguas utopías de igualdad y propiedad colectiva. Horror de seguir viva, tras un breve período inicial de aumento de las oportunidades. En el barro de la política todo se sumergía. Política de generar un cambio real en la vida de la que tanto hablaban los Laboristas. Sin embargo, fue claro el graph al respecto. No se podía salir. Se trataba de la legítima intención de mantener a un hombre limpio. Tal vez fue el cansancio. La incomodidad del cansancio comenzó a generar la especulación política de la que tanto se hablaba. Creyó. Pero la alejaban. Siga soñando. Como un buen empresario, Mari sabía generar divisas. Y esconderlas cuando fuera necesario, dispuesta a terminar con la voracidad estatal. El problema era cómo hacer para autofavorecerse, más allá de ese ahorro que era para la vejez, aunque la vejez ya era. En ese contexto, lo que hizo virar los vientos de cambio 180 grados fue la prepotencia del chirolita de Massa, para pedir paciencia, contribución, energía. Mari sigue buscando una forma de habitar su departamento con energía, pero no le basta, tiene gastos. En ese sentido, era una subjetividad liberada de lazos y, no obstante, se encontraba en un lugar específico del proceso. Para sostener cualquier rígida ideología materialista hay que tomar de los otros lo que precisás y repartirlo con los tuyos, los que te votan. El yo es móvil. Es constante pero siempre quiere irse. Salir de paseo. Acá te atan a un acontecimiento, que son relaciones que los cobijan. María Angélica estaba que no podía más con estos inconsecuentes. Una constelación se forma: uno a uno los cobija. Uno: siempre expuesto en la relación. Desgraciadamente, se basaban las instituciones en estos absolutos-para-sí. En ese sentido es que los grupos de los Lousteau, los Negri y los Asís son para ella funcionales al Régimen de los Moyano. Ninguna alianza es indigna si las ideas son justas y las metas, adecuadas, sabe Mari. Lo que modifica las circunstancias es que todos en este camino transitan la combinación menos conflictiva: darle a la clase media, que nunca convence, y constituye sin duda lo mejor que podría extraérsele a la realidad. Es en virtud de esa elección que la subjetividad de Mari se resentía y se volvía hosca. Las llamadas telefónicas a su hijo habrían podido representar un intento de tramitación del derrotero vital que la ubicó en el lugar donde se encontraba, pero carecía de la comprensión justa de su vínculo. Por el bien de alguna satisfacción inmediata, era preciso anular las diferencias entre uno y otro. El yo castiga por atención o desatención urgente del deseo. Un manotazo de ahogado no habría estado mal si el otro no babeara por su droga o no diera mordiscos sanguinolentos a los que tienen algo, reprimenda brutal a quien lo educó libre, sin sufrimiento ni un placer tan grande que aturda. Lo llamaría y le comunicaría la medida. ¿Escuchaste a los turros del gobierno? No. No quería neurotizarlo con las normas. O sí, que sufra. ¿Sabe este lo que es ser un animal humano mujer, siempre descartable entre los distintos orificios? Nadie va a ser nada que valga la pena, si no lo educan. Yo lo eduqué así, para que sea la imagen excesiva de lo orientado a la autogestión de uno mismo. Que se mantenga amo o víctima de sí, y no se aturda tan fuerte con instintos que sean, piense, la única forma de libertad. Por momentos, es posible encontrarse en el ascenso de la supervivencia. Tendría que alimentarse y ser positivo. Es caprichosa y busca límites esa facción que encarna Ángel, pero no importa, tenía que llamarlo y preguntarle cómo está llevando esta condena y que se lo pregunte después a ella, que le reafirme o le retruque el hecho, pero que no le niegue absolutamente la palabra. Mari quería charlar. Con mucho gusto le hablaría de Maravilla Maravich pero no creo que conteste, sostenía a su tiempo Ángel. La lluvia es mi fenómeno natural favorito ¿no te acordabas, mami? Llovía a cántaros y había libros de dibujitos desparramados por toda la mesa. Ángel llamó a María Angélica y ella esperaba esa llamada, absolutamente. ¡Maestros del universo! Jugá a colorear, yo le decía. Y ella me contestaba que no se acordaba de ese libro, pero que tenía otros, que ya se los iba a llevar cuando parara la lluvia. Los podía guardar para cuando tuviera un hijo. Ahora no podía ir. Estaba encaprichada con la invalidez. Primero lo de los ahorros, ahora que no podía pasar a la costa porque la iban a demorar, que tenía que pagar y no podía, que no llegaban los fondos de los alquileres, era todo un rayo de angustias, de emanaciones de enojo y sabores a poco lo que le dejaba la lucha diaria en contra de la nanobacteria. Ella prefería lo otro: vivir con plata y no pasando miseria. Había ido el tío, le había dejado una plata que le correspondía de la sucesión de los padres. ¿Hace años que no viven y él la esconde? No pregunté. Pero parecía casi segura la respuesta del truco, del falso fondo en el placard y los chicos que no vean, aunque ahora eran grandes y trabajaban por la compu, como todos en este reino de desventuras infantiles en el que se había convertido el hemisferio sur y el hemisferio norte, con los precios del petróleo en niveles mínimos históricos. ¿Qué te dijo el tío? Que me iba a ayudar, pero que yo me tenía que dejar ayudar. Y eso no podía, porque salir no podía, no se puede. Pude abrir con el portero y que suba y me dé la plata. Charlamos de los bancos. Va todo el tiempo a uno que le queda en Zelarrayán lejos. Incomodísimo, pero viaja en auto. Lleva las cuentas no sé si bien. El negocio, no sé. Siempre está fundido. Ahora con las demoras en las cadenas de pagos, los cheques no se levantan así nomás, le agrego. Comprensible si no venía toda la plata al día en ese sobre. Calma, mami. Te pongo plata en una transferencia, si te faltan los dólares. Ella tenía pero no los quería tocar. Le parecían imprescindibles para lo malo que viniera. O lo peor que estaba por venir, que era lo mismo. Por suerte vos saliste a nosotros. Sos de juntar para mañana. Sí. Gasto por Mercado Libre, le dije. El enigma de la espada mágica, me salió decirle. Era lo que estaba leyendo en las soluciones del libro para pintar. Qué viejito que era. Cuántas secuencias del orto pasaron desde que él y yo nos vimos por primera vez. Otras fueron buenas, pero no las tengo ahora presentes, ahora que hablamos con mamá, después de no sé cuántas peleas. Cuidate. Los demonios de las profundidades, leí en la parte trasera. Maman est morte. Solté el tubo y me fui a descansar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *