Kappa no les exigía a sus lectores ni un par de monedas, y enseguida los ponía al corriente de las novedades. No había mucho para decir. Pero él siempre ponía por escrito lo que sabía, lo que había pensado mientras miraba sus teleseries o meditaba coger con alguna señorita. Nunca se le daba así de fácil como en el pensamiento. Era un trabajo más bien urticante. Pero él lo ponía por escrito igual, así como le salía, que cogía y cogía bien y cogía mucho, era una charla barata barata para complicarlas a ellas en su rollo, como de otra época era el rollo ahora que lo pienso porque lo escribo. Los intelectuales recelaron de esto, desde luego, e, involuntariamente o no, contribuyeron a que Kappa convirtiera el mercado masivo de la lectura bloguera en un universo cerrado para pocos. Tras volar todos los puentes que lo conectaran con el mundo exterior, creó el gueto de Kappa. Era tremenda la correspondencia que recibía. Tenía verdaderos aficionados, que parecían muy bien orientados en esa clase de literatura. Aunque parecían sentir una especial atracción por su alter ego, el rumiador de verdades ásperas, ese no era del todo él, era ella. Le había puesto nombre de chica a la lanzapostas. Por ejemplo: si quería decir que se sentía bien mirando las noticias de escandalosos pillajes en el metro de Santiago, le hacía decir a ella, la temible e infartante Juliette (pelo en la cara rosa), cosas que nunca se hubiera atrevido a decir sobre el placer anal de los carabineros, cuando les daban con molinetes infrarrojos entre carpetazos y silbatinas de endeudados de un suburbio salidos. Le sugerían seguir con esos cuentos de revancha y él los ponía y lo aplaudían en clave de ¡oh, rompes con las formas! En realidad, no decía nada. Todo lo había dicho antes la TV y él le cambiaba un poco las comas. Un día Kappa se dio cuenta de que los lectores no solo buscan información con su literatura favorita, sino que desean escribir para comentarla. Inició un correo de lectores llamado “Discusiones”, que resultó de inmenso valor para el desarrollo del blog. De esas cartas, de esas controversias, surgieron páginas hermosas que hoy se conocen como “letras de aficionados al género del subí vos que yo comento y al revés”. Era un reino o un club o un semimovimiento de seres medianamente marxistas, organizados, que, en última instancia, a lo que aspiraban era a dar el ejemplo. Un fenómeno desconocido en Europa. Ellos querían sobresaltarse y salir en todas las revistas, escribir en todos los correos y a todas las direcciones y poner siempre lo mismo: muerte a los atorrantes de los silo-bolsas, muerte al burgués, muerte a los proles que se pasaron al teleteatro, a las tiras cómicas de Nik. Esta broma interna se repetía cada año con nuevas convicciones mundiales. Eran unos campeones los caraduras en gritar obcecadamente habladurías sobre autores caros y lujosos, u otros de poca monta que salían en su misma revistita pero les parecían achacados de afeites. Eliseo Ramírez (“Psico d’ Helio”) ha saludado a Ángel Kappa (“Bandido Cascanueces”) en su muro como el padre de la Ciencia Micción no Tan Moderna… ¿A dónde te escapaste, malandrín? =P. Obviamente no fue tal cosa. Inventaban motes juguetones para provocar a los del blog de al lado, los Aoristos Segundos, una runfla de estudiantes de mitoescritura, que no pinchaban ni cortaban, pero a ellos los incentivaban al escarceo en malos modos (si te veo, te doy). Se habían ganado el apodo de los rudos, Ramírez y Kappa, por andar siempre atrás de los contenidos empacados. Estos bailan al son de las novelas baratas y escriben como princesas. Cantan alabanzas, sin dudas, a quien es su influencia muerta, Rubén Gorostiaga, el Profesor de Latines que solo ha cambiado un poco los adornos del paquete pero militó con fuerza en los ’70 contra las juventudes latinoamericanas. Creería acaso en el derecho de los fuertes y que él pertenecía al grupo, el enano. Hoy la popularidad de series de Flow como “Inflamados cantan de flema alabanzas a Rea, la boluda del momento” servía a modo de prueba de la ineptitud de la Cultura Clásica para darnos un mejor panorama holístico en lo que respecta al corazón de los próceres. Toda secta tiene su anti-Dios. Era comprensible que odiaran los tribunos de Ángel Kappa. Ello no implicaba que todos creyeran que el género que leían y comentaban y tenía su Canon (Kappa) fuera el mejor del mundo. Simplemente no había otra cosa disponible. Aburría leer a los de al lado o a “los de abajo”, los milicos de la amargura del círculo nórdico de géiseres y de terror (historias de toda una generación que había muerto hacía un siglo con la decadencia y no sabían que lo que quedaba era la mueca del grito de ayuda). Lo más cercano a una revista de época era “Moscatel”, la revista del grupo de pintores que concurrían a las tertulias de Gustavo Flores, el editor favorito de las coristas del Teatro Municipal y las compositoras de tango en Fusión, todas marcas que Gustavo había sabido llevar al estrellato del diseño de amigos. Gustavo y Ángel se conocían de otra época, del menemato. Ambos impartían clases en las cárceles de la conciencia, La Nueva Noticia y sus alrededores. Pero la revista “Moscatel” estaba dirigida a adolescentes. Lo más parecido a una revista constructivista soviética era “Salud y Celebración en el Manicomio”, una especie de aventura obstinada en correrle siempre algo más el velo a lo grosero, y no era muy buena. Tan prerrevolucionarias eran las publicaciones revolucionarias locales como sus equivalentes rosarinas o puerto-capitalinas. No tenían nada para contar del futuro y, en vez de alegrarse, etcétera, en general adoptaban posturas encomiables. ¿Quién podía escribir bien durante la época del “no sé qué hacer”? Los grandes Semanarios en verdad no necesitaban de ellos. No los convocarían hasta el próximo apriete grosso del Comité de Cultura y Extensión de la Nación. Los ignoraban olímpicamente con la conciencia tranquila porque de mentes tan irregulares no podía salir nada fundamentado, más allá del gusto de los aficionados de siempre que le compran todo al vecino gamba y no envidian a los de más allá, a los que sí saben y viven del otro lado del arroyo. El mundo es, en gran medida, reflejo de un gueto. ¿A quién le podía parecer extraño que se quedaran ahí encerrados en sus laptops con buenas cámaras que los revelen más feos de lo que son? Por otra parte, las revistas hoy parecen haber agotado su papel. Es cierto que algunos quedan con la fantasía intacta de salir en papel. Ellos, los organizados de “Dogma”, la publicación semanal que Eliseo armaba con cuidado de filatelista amante del software libre, se mantenían. ¡Casi seiscientos vistos en una semana! ¡¡Es un montón!! Gritaba y respiraba descarrilado de ver saltar los mecanismos que dictan curvas de lectura y comprensión de textos hasta números altísimos para cualquier estándar de hoy (MUCHO POCHOCLO, MUCHO SALIR A CORRER EN CUEROS). Hoy –si se me permite citar más estadísticas-, Eliseo contó, la tendencia pública se alejaba cada vez más de revistas como “Moscatel” para acercarse a los libros que leen y comentan los autores de “Dogma”. No tenían afiches para decorar las guaridas de sus aficionados ni deliciosas ediciones rústicas, pero había una marea que los seguía y les estampaba el dedo para pasar de páginas y cosechar vistos, sembrar éxitos y disidencias, distancias críticas roces con la tradición. Luego otros propietarios robarían la idea de causar un gran daño al libro de papel. Por ahora se sentían amos y señores de su culto de la pantalla. Hartos de la bazofia, de importarla, preferían por ahora fabricar la propia. Tengo muchas ganas de joder –le explicaba Eliseo a Kappa- con unas teorías de la traducción a las que les presentás un repertorio local, te lo importan, y lo hacen compatible con escenas poéticas de otros tiempos, incluso linkean con revistas especializadas en nuevos dispositivos … “Yo aplico la ciencia, él la inventa”, decía en el muro de Kappa una frase escrita por Helio(Zeo)ntriK, dedicada al maestro, que en su concisión distinguía dos ramas de la revista: la corriente soviética que encabezaba él, armado hasta los dientes de bios falsas y microchips, y la fuerza fabulesca que le brindaba esa extrañeza tan rica de la mezcla de lo metafísico explicado con las razones de hoy, de lo urgente, que eran los temas de AndHell. La idea de hacer diálogos imaginarios con vidas de personajes de la cultura podía cumplir su cometido. Ahora, si uno hacía parecer necios a los entrevistados y se guardaba todas las salidas agudas para estamparlas junto al nombre propio, no era bueno. Funcionaría, si hacías como en la vida real en la que ningún tema se agota. Por consiguiente, los diálogos de Ceo con Z de Último vagabundearían hasta cansarse y buscar provisiones: con ayuda del azar una mente recibe a la otra. Sin lo elaborado, sin lo repetido. Desarrollar un solo elemento de principio a fin no era un tema para la composición. Al lector moderno le cuesta tener arrojo, ganas. No se encuentra en el texto, en el autor, ni en el medio. Sus individuos serían rejuntes de civilización y etapas pasadas presentes en extractos de libros que alguna vez subrayaste porque tal fragmento te parecía índice de algo. Porque el alma está hecha de trozos, de trozos estarían hechas las semblanzas de las declaraciones imaginarias de los figurados. ¿Habría espacio para revelaciones entre tantos cortes que le infligiría al entrevistado con la claridad del rata? Sí. Algo siempre quedaba más allá, más al fondo o, directamente, fuera del tiempo y de lugar. Rechazaban el pasado y en realidad lo expresaban. Era raro ser la figura de la semana elegida por Eliseo para contar algo profundo que sume a la vida habitual. Esa semana le tocaba a Charly, un poeta de buenas intuiciones en contra de lo formal o lo cortés adquirido. La otra semana, Brecht: inconformista, ídolo de los más pobres y de los más jóvenes. Lo que se celebraría en esos momentos sería la “libertad”. Sin duda, todavía podía haber una explicación para lo primitivo y toda la decadencia que se veía. Eso perdura. Se podría usar a Brecht, incorporando en el cuerpo del texto Baal, el tema principal de lo juguetón en declive. Idealista, antiguo o histórico, en este como en otros aspectos, el Modernista ejemplar, con sus marcas específicas, se definiría identificable para el lego o el travieso de naturaleza. ¡Moderno militante! Eliseo quería darle al lenguaje literario un golpe de composición que lo trajera de nuevo acá, a las expectativas y disposiciones y conexiones infohabituales, aunque tendría efectos más duraderos en la infoesfera. Literatura de la polarización, el ensayo bio-bibliográfico le daría a la revista un toque de distinción sobre las otras expresiones del grito y la protesta marrana. Dentro de estas condiciones específicas, podrían surgir aspiraciones políticas, otras reaccionarias: un lenguaje nacional y puro o un lenguaje de la autenticidad más allá de las prácticas y las formas conflictivas provenientes del ambiente. Estas últimas, muy divididas, deberían dar un análisis socio-histórico muy complejo. Lo dejaba para otros. Él se consagraba a escribir los zócalos con la imagen pegada o incrustada con o sin marco (zonas fronterizas lingüísticas o multimodales / un tipo de formación cada vez más importante y pixelada) y le dejaba a Ángel lo otro, la lengua dominante y la práctica de la rememoración. Era muy bueno recordando cosas: casos y maneras diferentes de tratar. Donde regímenes políticos los expulsaban, él narraba nuevos sistemas (ajenos pero accesibles) posibles para grupos y facciones específicas. Una vez contó la historia del escritor que era traductor y un bromista (un complejo de escritores y jugadores). Se llamaba CORDES o COURBET y elaboraba paradojas. Lo reconoció en una bio y muchos improvisados, seguramente, tuvieron que ir a corroborar si los datos eran falsos o seguros. Por cierto, era inevitable que fuera así. Nada de esto, como grupos distintos y separados les aclararía las ideas. Hubo entonces grieta, no sucia. Algunos blogueros se quedaron con ideas hoy familiares, de tipo ideológico. Otros encontraron entre el lenguaje antiguo de Ángel (mezcla con el de Courbé) formas culturales asentadas y se las autoimpusieron pero nunca en un único nivel de vivencia. En cada uno de estos polos, en los usos, seguían existiendo otros grupos como sociales. Era imposible limpiar, tanto de clase como de género, la maldita dominación de la realidad. Él y Ceo bajó un toque de su conexión de comunicación imprevista en la nube y le pidió un favor a una amiga, si le andaba rápido Internet que le mandara unos datos, que no podía él; por entonces su contenido se había desdibujado un toque.