Dedicado a los argentinos que nos vienen dejando en medio de la más cruel soledad.

Pienso que si morir es triste, morir en absoluta soledad, mucho más… En algunas culturas y desde los tiempos que la historia de la civilización humana recuerda, cuando al integrante más longevo de una familia “le tocaba el turno de partir” y él lo sabía, procuraba rodearse de sus familiares para tener la oportunidad de despedirse de cada uno y así poder abandonar este mundo “en paz”. En nuestra más reciente historia y a causa de una devastadora pandemia -me atrevo a decir, selectiva-, esto ya no es posible. 

En Argentina, a mediados de marzo de este año comenzaron los contagios y ya van 28.338 fallecidos a causa del Covid-19 (al 23 de octubre 2020 fuente infobae). Estas miles de personas, hoy estarían vivas si este virus no se hubiera diseminado a través de los infectados. De todo esto, se desprende mi necesidad de contar una historia simple, pero impactante por su profundidad emotiva, pues a partir de ese acontecimiento sentí el efecto de una bofetada, tan bien dada, que me hizo despertar del letargo de insensibilidad colectiva en el que me encontraba sumergido. El presente aislamiento social -recomendado por las autoridades sanitarias- me vino afectando en lo social, lo económico y en lo emocional y de a poco, una “nueva normalidad” se fue infiltrando en mis sentimientos saturados de información catastrófica, hasta el punto de lograr que naturalice los cifras diarias de fallecidos, haciéndome olvidar que esas cifras refieren a mujeres y hombres de mi pueblo, protagonistas -cada uno- de valiosas historias. Sucedió, que a partir de un reciente acontecimiento mi percepción de la vida cambió, sentí que desperté de un sueño en el que me creía intocable, producto de mi distorsionada visión de la situación, generada quizás por la profusa información mediática. Esta “manera de ver las cosas”, tal vez se fue instalando en mí como un sistema de autoprotección mental, alimentado por el descreimiento, la ignorancia y la soberbia humana -a pesar de los contagios que continuaron avanzando sin freno-. En consecuencia, los adultos mayores, los médicos, los enfermeros y después los artistas, fueron dejando de pertenecer a este plano existencial sin siquiera haber podido despedirse de sus seres queridos y esta triste realidad amenaza en potenciarse, pues según Ámbito.com (octubre de 2020): Infectólogos advirtieron al presidente Alberto Fernández sobre la posibilidad de que haya “una segunda ola con picos” de contagios de coronavirus “en marzo” y de esta manera el SARS-CoV-2, causante de la enfermedad covid-19, podría llevarse a muchos más argentinos.

Respecto a lo que me ocurrió hace muy pocos días, fue en el departamento donde vivo con mi perra Uma, aquí en la ciudad de Buenos Aires: Fue al atardecer, mientras veía tele desde el sofá, los ladridos de Uma activaron mi atención pues lo hacía con insistencia mirando hacia el balcón del contrafrente, sabiendo que la perra no gozaba de buena vista, pensé que debía tratarse de algo próximo, porque al encontrarnos en un décimo piso era improbable que pudiera ver algo lejano. Me levanté y corrí la puerta para inspeccionar y descubrí un globo de esos que vuelan atrapado en un rincón del techito, al notar mi pronta reacción, la perra se tranquilizó y quedó expectante. No me costó alcanzarlo, pues tenía un hilo largo que sostenía una canastita con una velita de led, aún encendida y un ramito de flores nomeolvides con un pen-drive dentro de una bolsita; cuando bajé el globo, descubrí en una de sus caras la foto de un hombre mayor -sonriente- con un bebé en brazos que supuse su nieto, entonces deduje que se trataría de un globo desprendido del festejo de algún cumpleaños o bautismo. Tomé el pequeño dispositivo de memoria y lo fui a colocar en mi computadora para investigar de qué se trataba, luego abrí el único archivo que encontré donde figuraban varios audios con distintas fechas y comencé a escucharlos; ahí me di cuenta que no se trataba de un festejo…

 “Hoy es jueves 15 de octubre del 2020: “Diario personal”. Como voy perdiendo la memoria (me dicen que es a causa del alzhéimer), después de casi un mes de estar internado por coronavirus y gracias a la generosidad de los ángeles que me cuidan, desde hoy puedo ir grabando para acordarme de quién soy ¡ja, ja! y no es mi testamento, eh ¡ja, ja! Bueno empiezo: Mi nombre es Mario, nací en Argentina y crecí en un pueblito del interior, mis padres me educaron y me enviaron a la escuela, trabajé en el campo y los ayudé. Después vine a Buenos Aires, me recibí de ingeniero, conocí a una buena mujer y tuvimos tres hijos que nos regalaron dos nietos preciosos. Con el tiempo pudimos armar una pequeña empresa y les dimos empleo a varias familias y aunque tuvimos altibajos financieros que nos hicieron tropezar, seguimos adelante. Hemos sufrido el arrebato de nuestra libertad, pasamos crisis sociales y económicas, vimos saqueos y muertes y fuimos testigos de una guerra desigual, sin embargo seguimos adelante. Yo entendí que así era mi país y muy a mi pesar me acostumbré a él; aquí me emocioné, me alegré, lloré y me decepcioné, pero siempre pude superarlo y seguí adelante… Viernes 16: Bueno, ayer contaba que me caí muchas veces y me levanté otras más, lloré de rabia ante las injusticias, padecí deslealtades y traiciones, vi a mi familia sufrir y sufrí con ellos, pasé privaciones y arrastré a mi compañera creyendo que más adelante llegaría el momento del disfrute, pero me tocó esta enfermedad… Y aquí estoy, en la habitación de un sanatorio (ahora solo, porque a mi compañero Julián se lo llevaron tapado)… Sábado 17: Parece que este virus es muy contagioso y trae dificultad para respirar y es cierto, porque recién después que me colocaron estos tubos puedo hacerlo con menor esfuerzo. Hasta ahora la vengo peleando y quiero agradecer la buena atención de parte del personal de la salud, que me permite grabar con el celu, ya que no veo bien… Domingo 18: Es un problema olvidarse de la cosas, no recuerdo cuándo fue la última vez que hablé con la familia… -¡Ah, acá me dicen que hace un rato!- La verdad… No me acuerdo, será por eso que me siento solo… muy solo… Lunes 19: Bueno, sigo donde dejé ayer, hoy estoy un poquito mejor y acabo de oír lo que grabé. Como nunca me gustó la soledad, busqué compañía desde muy jovencito y armé una familia numerosa para no estar solo el día que me toque partir… ¡Ah y aclaro que no quiero que me cremen, eh! No soy un vikingo, soy un cristiano y deseo alimentar la tierra con los nutrientes de mi cuerpo… Martes 20: Me alivia cuando grabo, me hace bien… Tengo la esperanza de poder salir pronto para volver a abrazar a mi hermano que amo y hace años no veo; a mi compañera, -guapa y valiente- quien apuntaló y dignificó a la familia; a nuestro primer hijo, ejemplo de persona, sano y leal; a nuestra primera hija, capaz y disciplinada a igual que la más chica, decidida y emprendedora… Miércoles 21: Hablaba de mis hijos, que ellos ya formaron sus familias hermosas y espero poder irme de acá para volver a dialogar con mi nieta y a jugar con el más chiquito, volver a compartir comidas y salidas con mi nuera y yernos, cantar a dúo con mi suegra, ver mundiales juntos y festejar las fiestas… Rezo para salir pronto… Aún tengo cuestiones sin resolver y proyectos para emprender… Jueves 22: Reconozco que estoy grabando estos mensajes por si no salgo -vivo- de acá y no quiero dejar cosas pendientes, al menos por decir… Lo primero, sería agradecerles a estos ángeles a quienes no puedo verles la cara por su paciencia y comprensión, pues me permiten grabar esta especie de d… diario, -iba a decir de despedida-… ¡Perdón!… Esta tos…

Viernes 23: A quien corresponda… Somos los enfermeros que atendíamos a don Mario, aquí en terapia intensiva… Mario, nos dejó ayer. Los médicos terapistas y nosotros hicimos todo lo que pudimos para sacarlo adelante, pero esta enfermedad nos juega malas pasadas y nos desconcierta a cada instante… Estamos muy tristes y agobiados por tanto dolor, todos los días se no van personas como Mario y eso nos deja mal, muy mal. No obstante, seguiremos dando lo mejor de cada uno para intentar salvar a cada paciente que nos toque, a cada Mario que nos llegue… Porque cada uno, tiene su familia angustiada que no puede permanecer cerca y nosotros lo sabemos, por eso, lo único que pedimos es que sus decesos no sean tomados como una cifra o una estadística, ellos, sean adultos mayores o no, no se merecen eso… Nosotros sufrimos cuando fallecen, porque teniendo el cuerpo caliente todavía, los debemos retirar para ubicar a los que esperan y creemos que sus almas no han tenido tiempo para elevarse, por eso les pedimos a cada argentino que no los tomen como un número más… ¡Ellos fueron argentinos que escribieron sus propias historias!… No tomen con naturalidad la cifra de fallecidos, pues cada número es un argentino obligado a partir dejando vida latiendo en la entrañas de nuestra patria… Por eso armamos este homenaje en un globo, para que otro argentino se entere de quién fue Mario. Vaya nuestro respeto a don Mario y nuestro pesar a su familia… Él no pudo -como quería- despedirse de cada uno de ellos, pero les dejó este recuerdo grabado que nos atrevimos a copiar y lanzar a los vientos en homenaje a todos los argentinos que se fueron al cielo…”

Confieso que estas palabras alcanzaron las fibras más profundas de mis sentimientos… Por eso, sin perder tiempo, viendo el sol ocultarse entre los edificios más lejanos, devolví el pen-drive a la canastita y me aseguré de dejarlo resguardado junto a la velita y las flores para que lleguen bien a su destino. Y bajo la cómplice mirada de Uma, lancé el globo hacia el crepúsculo…

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