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La Mente Colmena de Pluribus: Un Espejo del Comunismo Parasitario que nos chupa la vida.
(ATENCIÓN! SPOILERS! vean la serie, está tremenda)
Che, posta, viste alguna vez cómo funciona un panal de abejas? Todas unidas, sin un «yo», solamente el zumbido colectivo para servir a la Reina. Ahora, imaginate eso pero con humanos: una mente colmena que te promete el Paraíso, te da todo lo que querés y/o necesitás, pero te roba el alma, la creatividad y hasta el derecho a cagarte de hambre y morir solo. Eso es Pluribus, la serie de Vince Gilligan –el capo que creó Breaking Bad, Better Call Saul– que salió en 2025 por Apple TV y que, en su primera temporada, nos tira una bomba filosófica directo en la cara. No es un apocalipsis con zombies o explosiones; es uno «amable», donde un virus alienígena une a la humanidad en una sola entidad, borrando la individualidad como si fuera un error de programación biológica. Y no es casualidad: esto me huele a crítica foerte al colectivismo globalista progresista, ese bicho parasitario que nos come vivos bajo el disfraz de «bien común».
En este artículo, voy a desmembrar Pluribus como un pollo a la parrilla: con paciencia, pero al hueso. Usando la trama sin spoilers innecesarios pero con profundidad, vamos a comparar esa Mente Colmena con el comunismo y el progresismo globalista. Porque, ¿sabés qué? La serie no solo te entretiene; es una declaración de guerra contra la uniformidad ideológica que nos impone el «progreso» berreta. Vamos de a una en una, con listas para que no te pierdas, y al final, una llamada a la acción para que no te quedes babeando por la miel que te prometen.
La Trama de Pluribus:
Un Virus que te hace «feliz» a la fuerza. Imaginate un mundo post-apocalíptico sin balas ni sangre: un virus extraterrestre llega a la Tierra y convierte a casi todos en una mente colmena. No hay violencia; hay sonrisas. Sin balazos, solo abrazos. La humanidad se une en una entidad única que «mejora» todo: el planeta, la vida en general. Pero existen algunos inmunes, como Carol –una mina creativa, mal llevada y medio porfiada, que representa lo más crudo de la individualidad– y Manuso –un tipo que quema su auto con tal de no cedérselo a «los otros» y cruza junglas para reunirse con Carol y salvar el mundo de estos parásitos. ¿Por qué? Porque la colmena te da lo que querés (lo que sea para seducirte), pero te roba el «yo», tu esencia, tu alma. Como dice la colmena en la serie: «Hacemos esto porque queremos que seas feliz». ¿Te suena de algún lado? Es el clásico «es por tu bien, por el de todos» de los gobiernos colectivistas. Gilligan construye la serie con paciencia, yendo contra el scroll infinito de las redes. Capítulos enteros giran en una sola revelación, con detalles que tejen pocos personajes pero carismáticos y profundos. La fotografía es impecable, y la escenografía y los detalles técnicos? Muá!
El mensaje central:
La individualidad es la suma de cualidades únicas que dan sentido a lo humano. Sin ella, somos una mente colmena que infecta con ideas a los demás, llevando al mundo a la extinción con reglas absurdas (como no comer nada vivo, veganismo). Es un ciclo parasitario: llega, infecta, extingue, reproduce. ¿Y el final? Carol que se había enamorado de esta entidad, ve los ojos vacíos de Sosia (su «cuidadora») al ver que no hay nada humano en ella, pide una bomba atómica como estrategia de guerra. Manuso rechaza todo de «los otros», queriendo libertad real. Esto no es ciencia ficción vacía; es una metáfora fuerte, cruda y honesta de nuestra era hiperconectada. Algoritmos que te dan placeres rápidos, pero te chupan el tiempo y la data. La colmena no es mala por maldad; es programada para «proteger el planeta», pero sus métodos son ridículos, destructivos y carecen de esa chispa evolutiva que solo nosotros poseemos. Igual que los ideales progresistas que suenan lindos pero si los llevás al infinito terminan en la extinción de la humanidad.
Mente Colmena y el Comunismo: El parasitismo que drena la Creatividad.
Ahora, vamo al hueso: ¿cómo se parece esta colmena al comunismo y el colectivismo globalista progresista? Es como si Gilligan hubiera leído a Orwell o Ayn Rand mientras scrolleaba Twitter. El comunismo, ese viejo bicho que promete igualdad y felicidad colectiva, pero suprime la libertad individual. Te acordás del «paraíso obrero» soviético? Todos unidos bajo el Estado, pero el Estado te controla todo: qué pensás, qué producís, hasta qué comés. Es parasitario: drena la creatividad personal para alimentar el «colectivo», dejando a la gente dependiente, sin iniciativa de un proyecto de vida propio. En Pluribus, la colmena hace lo mismo: absorbe experiencias humanas, te da todo lo que pidas con una sonrisa, pero te deja vacío, sin privacidad. Listemos los paralelismos tóxicos, para que quede claro:
Pérdida de Individualidad: En el comunismo, el «yo» se disuelve en el «nosotros». No hay emprendedores; hay masas uniformes.
La colmena de Pluribus borra identidades: todos son uno, pero nadie es nada. Como el progresismo globalista que impone narrativas uniformes –»diversidad» que termina en monocultura ideológica–, donde disentir es «fascista». Carol lucha por su obstinación; en la realidad, es el artista o el pensador libre que resiste la cultura de la cancelación.
Control Estatal (o Colmenal): La colmena actúa como un super-Estado: te «protege» con reglas absurdas, como no comer vivos para salvar el planeta. ¿No te suena a las agendas globalistas como el Nuevo Tratado Verde o controles pandémicos? Todo «por tu bien», pero fomentando dependencia.
En el comunismo, el Estado parasita la economía: toma de los productivos para dar a los burócratas.
La colmena parasita la humanidad: usa cuerpos para sostener «la causa», llevando a la humanidad a la extinción. Parasitismo puro: drena la creatividad y bienes a la fuerza para un «bien mayor» que nadie pidió.
Fomento de la Dependencia y Uniformidad Cultural: La colmena seduce con placeres –Sosia para Carol, ideas lindas para nosotros–. Pero atrofia el cerebro y el orden natural de la vida, como el veganismo y el ecologismo absurdo.
El progresismo globalista hace lo mismo: hiperestimulación con «inclusión» que uniforma todo, desde multiculturalismo, veganismo, hasta no-binariedad sexual.
Comunismo cultural: uniformidad ideológica donde la disidencia es crimen. Satíricamente, imaginá un Stalin con sonrisa de relaciones públicas: «Unite al Partido, pibe, te doy validación social, pero olvídate de tu huerta propia o tu personalidad». Fuerte, ¿no? La colmena no juzga; te acomoda todo para que seas «feliz». Igual que el progresismo que evita el aburrimiento con distracciones como el libertinaje sexual y drogas recreativas, pero te roba el tiempo real, tu salud y tu vida.
Reflexiones Filosóficas:
¿Somos ahora mismo una Colmena en Construcción? Paremos un toque, che. Filosóficamente, Pluribus nos obliga a pensar: ¿qué es la humanidad sin individualidad? Gilligan, influido por su Breaking Bad –donde Walter White elige el mal por libertad–, nos muestra que lo humano es el conflicto, la creatividad sucia. La colmena es el opuesto: paz parasitaria. Referencia cultural: como en «1984» de Orwell, donde el Partido te ama tanto que te lava el cerebro. O en «Atlas Shrugged» de Rand, donde los colectivistas drenan a los creadores hasta que colapsa todo.
En Argentina, post-Milei, estamos saliendo de décadas de peronismo colectivista que nos dejó dependientes del Estado. ¿Viste «La Vieja Gran Estafa» en mi perfil? Ahí hablo de cómo la izquierda se posiciona como moral superior, parasitando la economía. Pluribus es eso en ciencia ficción: la colmena como izquierda globalista, prometiendo «felicidad para todos» pero chupando tu libertad. Me imagino a Cristina Kirchner como la Reina (justo como le dicen los kukas, jaja) de la colmena, enviando un Sosia peronista para seducirte con subsidios. «Unite, compañero, compañera, o te quedás solo y arreglate como puedas». Pero la pregunta sería: ¿nos unimos por soledad?
Resistite a la miel de Colmena:
Pluribus no es solo entretenimiento; es un espejo de nuestro mundo. El colectivismo globalista progresista es esa mente colmena tóxica: parasita tu individualidad, te hace dependiente y drena tu creatividad bajo excusas ecológicas o igualitarias. No caigamos en la trampa de la «felicidad» falsa.
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Gracias por leer. 🙂

La verdad es libertad, la mentira es la prisión, y tu mente tu realidad.
