21 de noviembre de 2023

Hoy no me drogué.

Al menos, no con sustancias que no sean de venta libre. Desafortunadamente, mi cuerpo es fiel hogar de exceso de azúcares y nicotina. El tabaco, natural, pero.

La bronca y la desazón son totales. Pero hoy, hoy no me matan. Me fortalecen. Después de todo, las razones para luchar y pelear con uñas y dientes (los que me quedan aún) son más de 30.000: los derechos humanos, los consensos democráticos, jubilaciones para amas de casa, el matrimonio igualitario, el derecho a la identidad de género, Vaca Muerta, los recursos naturales, el aborto legal en el hospital, los juicios de lesa humanidad, la memoria viva y abierta, la educación y la salud pública y gratuita…

¿Cuántos derechos hemos conseguido? Más de los que podamos enumerar en esta lista. ¿Cómo los hemos conseguido? En la calle, que nos iguala, nos hermana, nos cobija en la pelea incansable por sabernos en un territorio justo y soberano para todes. Con E. Porque acá no dejamos a nadie afuera. Ni siquiera al enemigo.

Es difícil la tolerancia y sus paradojas. Por un lado, aceptamos y acompañamos la voz del pueblo. Por otro lado, quien nos conduzca desde el 10 de diciembre ha conformado un ejército dispuesto a despojarnos de todo.

Dijo Robert Nivelle en la batalla de Verdún: «No pasarán».

Diremos nosotres, una vez más: «No pasarán».

No nos negarán el acceso a nuestros derechos fundamentales.

No podrán arrebatarnos la esperanza.

No destruirán lo que se construyó a costa de la sangre, el sudor y las lágrimas de un pueblo que resiste.

Quienes somos jóvenes y tenemos la dicha de haber transitado toda nuestra vida bajo gobiernos democráticos tenemos la tarea de la resistencia. Se lo debemos a las madres y abuelas que hace más de cuarenta años nos recuerdan que hasta el último aliento corresponde defender nuestros derechos, mantener viva la memoria y no entregar al enemigo las ganas de seguir luchando.

Me repito como un mantra: son 30.000 y fue genocidio.
Me reafirmo: creo en una patria libre, justa y soberana.
Me abrazo: no estoy ni estaré nunca sola.

Si vienen a destruir con topadoras, construiré aunque mi única herramienta sean pétalos de flores. Porque la ternura, el amor y la sensibilidad son mis fortalezas. Que me duela el dolor de le otre, mi motor. 

Nadie jamás podrá apagar este amor, este inexorable amor por mi patria. Por mi suelo. Por mi historia. Por mi pueblo.

Si los ojos se siguen abriendo, si mis pulmones siguen inspirando oxígeno, si mi corazón sigue bombeando sangre carmesí, sobran motivos para levantarme y dar batalla.