Vos, de nuevo sos vos. 

Ayer recibí un mensaje tuyo, contándome algo tan insignificante y a pesar de que no solemos hablar, te acordaste de mí; bromeaste un poco y resaltaste en tu mensaje que te habías hecho el tatuaje con el diseño que no me gustaba.

Me pregunto, para ser una persona tan desinteresada, ¿Cómo es que te sigues acordando de las cosas que sólo te las mencioné una vez en mi vida o es más, que nunca te las mencioné? Tal y como hace 4 años te había mencionado despreocupadamente que ese diseño de tatuaje me parecía tonto.

Normalmente estoy tan acostumbrada a tu ausencia, a tus silencios, o mejor dicho, a tus desapariciones. Sin embargo ayer, luego de que te hayas esfumado y me hayas dejado hablando sola una vez más, sentí un vacío en mi pecho, ¿Por qué?

Cada vez que hablamos, siento que hay tantas cosas que quiero contarte, porque tienes una excelente habilidad para escuchar pero a la vez tomarte las cosas con un humor parecido al mío. De todas formas, vuelvo a construir un muro, desvío la conversación y no te digo nada que me haga ver vulnerable. Pero no me malinterpretes, no me arrepiento de crear ese muro imaginario, porque contigo todo es tan inseguro, tan extraño. Tiendo a querer analizar a las personas y el por qué de sus conductas, pero a ti simplemente no te entiendo y me harté de intentar una y otra vez.

La última vez que hablamos de verdad, yendo más allá de los usuales temas triviales, me confesaste varias cosas; parecías tan desesperado por hablar y desahogarte. Primero me sentí halagada, ya que acudiste a mí de entre todas las personas, además de que me dijiste que desde hace tiempo que esperabas poder hablar conmigo de este tema en particular. Luego me sentí enojada y usada, porque soy consciente de lo manipulador que eres, de que alejaste a todos tus amigos con tus acciones de mierda y acudiste a mí sólo para contarme las cosas desde tu única perspectiva de eterna víctima.

No me quedé callada, te dije tus verdades e incluso te insulté, pero me llevé la sorpresa de que no lo tomaste mal. Me lo agradeciste y podría decir que extrañamente lo disfrutaste.

Sentí que por fin mi enojo hacia ti había disipado. Pero no pude ignorar el contenido de lo que me habías confesado: Te gusta otra persona y llegaste a considerar abandonar todo lo que conoces sólo para mudarte y vivir con él. 

Estaba tan sorprendida y triste a la vez, porque te di el espacio para que cuentes la historia que tenías con esa persona. Me sentía mareada, ya que las fechas en las que te enamoraste de él  y la fecha en la que estuvimos juntos coincidían.  Aún así, no dije ninguna palabra al respecto y te dejé terminar. Eventualmente nuestra conversación terminó luego de que yo te diera unos consejos con esa persona y de que me hayas prometido visitarme en mi nueva ciudad.

¿Podría ser que nos volviéramos a encontrar otra vez? ¿Sería esa otra de nuestras promesas vacías? Digo ‘nuestras’ porque después de ti, me volví más cómo tú: indescifrable y maquiavélica. Me convertí en algo que juré no ser, pero a veces no puedo evitar romper mis promesas, ignorar a la gente y tratarlos como cosas desechables que van y vienen.

Una vez me dijiste que estabas agradecido conmigo porque de mí adquiriste buenas cualidades, que te hicieron ser vos, pero ¿Y yo qué? adquirí estas actitudes injustificables que me hacen sentir culpable. 

Sentí que nunca te importé y si lo hice, nunca me demostraste lo contrario. De todas formas, a veces recuerdo esos pequeños detalles que debo confesar, pueden llegar a hacerme olvidar un rato de todas tus faltas.

Recuerdo nuestras conversaciones diarias hasta altas horas de la noche, cuando hablábamos de filosofía y sobre lo mucho que odiábamos al gobierno y sobre las cosas tabúes que nos prohibían.  También recuerdo aquel día de invierno en el que te confesé que me gustabas y respondiste que sentías que yo era el tipo de mujer que siempre deseaste tener al lado… Encuentro ridículo como me humillaste después. Mas años luego, me volviste a expresar de que nunca fue una mentira y que sí sentías aprecio y admiración hacia mi persona, me halagaste tanto e incluso me atrevería a decir que me sobreestimaste. 

Y así pasamos mi cumpleaños número 19 juntos, riéndonos y lamentándonos de nuestras vidas. Subiste una foto conmigo con una tierna descripción, mostrándome ante todos, como nunca lo hiciste cuando estábamos juntos. También es extraño como las únicas fotos que mantienes en tu perfil son las que te tomé años atrás. Me dio algo de vergüenza repostear la foto en donde me deseabas feliz cumpleaños, porque sabía que era mejor que eso. Además, no le puedo hablar a mis amigas ni a nadie de ti, ya que te odian. Es irónico como antes yo solía ser tu pequeño secreto, pero ahora es al revés.   

Luego de mi cumpleaños, ¿Qué pasó? Obviamente te volviste a desaparecer por 6 meses, probándome de que nunca podré atravesar tu mundo, nunca podré arreglarte y jamás podré conocerte verdaderamente. 

¿Por qué sigo tan encaprichada? ¿Por qué me dejo hacer de esta manera? Sigo perdiendo oportunidades con gente que me podría ofrecer un futuro por ti, ya sea directa o indirectamente. 

Lo tonto es que ni siquiera tengo sentimientos románticos hacia ti. Es decir, no me siento enamorada ni siento mariposas cada que pienso en ti, simplemente siento frustración y decepción a como las cosas pudieron ser. 

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(A los lectores: Esta carta la escribí como desahogo y con mucho enojo luego de que me haya escrito para contarme algo. Fue tan sanador que sentí que finalmente terminé este capítulo de mi vida que duró 7 años,  ya está por ser un año desde que tengo contacto 0 con esta persona y pude ir a terapia y sanarme. ¡Gracias por leer!)