Los NÚMEROS, en su significado más literal, son enteros, naturales, racionales, irracionales, positivos, negativos, exactos e inexpugnables… pero por sobre todas las cosas

LOS NÚMEROS SON FRÍOS

Nos interesa lo que podemos medir y comprender: los kilos que nos exhibe una balanza (malditas balanzas), los kilómetros que lleva recorrido nuestro vehículo, el sueldo que recibimos, la ganancia de una changa, los meses de vida de nuestros hijos, los días transcurridos de una pesada cuarentena…

En cambio, los litros de agua que contiene un océano, las hormigas que componen una colonia, los granos de arena depositados en
una playa, el dinero acumulado de las personas más ricas del mundo… los valores que superan nuestra imaginación siquiera para visualizarlo mentalmente, pasan a ser simples… números. 

Lo mismo pasa con la muerte. Se puede contabilizar el número exacto de víctimas en un accidente de tránsito, pero en un terremoto de gran magnitud, sólo estimaciones. Un Almirante conoce cuántos tripulantes había en un submarino que nunca regresó a puerto, pero determinar las bajas de combate en una guerra, es otro cantar.

Cuando en Febrero y principios de Marzo los infectados por la pandemia de Covid-19 eran pocos, los medios periodísticos detallaban con exactitud cómo, cuándo y el dónde de cada caso. Ya entrados en la cuarentena y con un nivel de contagio mayor, resultaba impráctico hacerlo por obvias razones.

Lo mismo pasó a suceder con los fallecidos. Era sencillo enumerar diariamente las víctimas cuando aún eran una docena por día y todavía nos provocaba algún pensamiento por nuestra mente. Y llegamos al presente: en los últimos 5 días murieron más personas que en los 80 días siguientes al primer deceso.

Es completamente NORMAL e incluso LÓGICO que nuestra sensibilidad a los grandes números de cualquier índole disminuya considerablemente cuando éstos escapan a nuestra comprensión. Si nos preocupáramos realmente por TODO lo que sucede en el mundo, nos deprimiríamos a tal punto que ni ganas de vivir tendríamos. Es como una “defensa” mental, por así decirlo.

Lo que SÍ PODEMOS HACER, es algo muy simple: no menospreciar el dolor de quienes tuvieron la desgracia de sufrir una tragedia,
ya sea en carne propia o en un ser querido. Tener… EMPATÍA, como digo siempre… busquen su significado, tal vez noten que podemos carecer un poco (o bastante) de ella. 

CUÍDENSE!