Cinco son los gatos que patrullan mi terreno. No todos los días, ni todos a la vez. Los reconozco porque son los compadres de Einstein, mi gato y compañero de vivienda que murió hace poco;  a los 17  años de edad.

Es evidente que no entienden los fatales vacíos de la muerte.

 Bah.. por ahí simplemente lo extrañan. Como a veces lo extraño yo. 

También ostentaba el título de:»Don Gatone».  porque era evidente que se creía el «capo di tutti capi».  No sólo por la forma en que dirigía su territorio y ordenaba el comportamiento de los otros gatos, sino por la manera imperativa de reclamar «su lugar»  en el sillón. Solía mirarme directamente a la cara,  quedándose como sorprendido de que yo no me moviera del mismo si el quería saltar a echarse un rato.

EL BLANCO DECABEZA NEGRA.

Es el que más sufre. Llega desde atrás de mi casa. Baja por las tejas hasta el paredón y llora un rato largo. Al principio pensé que mangueaba comida ya que era un asiduo visitante del plato de acero de mi gato.  Más de una vez le reproché a Einstein que se quedara impávido mirando como el intruso se comía los granitos. ¡Por supuesto, si él no los pagaba! ¡Qué fácil es convidar con el bolsillo ajeno! 

Pero no; no quería comida. Lo sé porque le puse unos granos, y aunque lloró de nuevo no se los comió.

Darle de comer a Don Gatone era un problema. Dejó de lado los granitos.  Hasta que me dí cuenta de que los dientes ya no lo acompañaban se adelgazó un poco. Solía romperle un huevo en el plato, y lo comía ávidamente. Disfrutaba como un sultán. Pero dejó de comer las  yemas primero y finalmente lo sacó de su dieta.  Al final solo lo deleitaba  la leche y el hígado fresco.  También el pescado y algún polvorón que compartíamos mirando tele. Cierta vez mirabamos un documental sobre gatos y sus costumbres relacionadas con sus dueños. Que derivó en historias fantásticas tipo: son aliados de las brujas y cosas por el estilo. Lo miré y le dije:

– ¿A vos te parece qué son tan importante ustedes los gatos?- 

A punto estuvo creo, de contestarme:  «los teóricos de los antiguos astronautas dicen que sí»

LA GATA DE LA VECINA. Es otra que viene a diario. Me enteré de sus sexo porque un día quejándome con José, su marido, le dije:

– Hay un gato que me viene a cagar la arena… que si lo agarro le meto una zapatería en el culo.-

– ¿Cómo es?- me preguntó.

– Tiene como cuatro colores; negro, marrón, blanco y un algo amarillento…-

– Es la gata de mi señora- me dijo.

 No siempre fue mío Don Gatone Lo tomé prestado una vez y se quedó a vivir conmigo. Era un asesino despiadado. Ratas y pájaros no tenían Paz, vivían aterrados. Los gatos jóvenes se juntaban a la luz del alumbrado público a contar las hazañas de Einstein. Y un vecino llegó a mi puerta con la queja de que le había asaltado la pajarera. 

Era un gato guapo.  Podía enfrentarse a un perro que lo doblara en tamaño. 

Cierta noche empecé a sentir ruidos extraños en la mesada de mi cocina y encontré al observar: caca de lauchas. Tomé una decisión extrema; fui  a pedir al terrorífico sicario por unos días. 

Esa noche sentí otra vez los ruidos y me compadecí  por los desdichados roedores que quedaron a merced del gato. En lugar de eso roncaba a pata suelta en un rincón de mi cama. ¡A la que no tenía permiso de subir! 

Se había jubilado y no se lo había comunicado a nadie. Maté las lauchas con una trampera de madera y el  Mercenario retirado se acogió a los beneficios de la mantención a mi cargo.

Viene también un GATO RUBIO.  Qué es un gato aéreo, porque rara vez baja al patio. Deambula por el paredón medianero viniendo desde la casa detrás de la mía y trepa a la planta alta de la construcción que por ahora es mi taller. Ahí suele esconderse en una carcaza de lavarropas, donde tengo varios repuestos amontonados para usarlos algún día,  o tirarlos a la basura cuando me empiecen a molestar. También hay una bolsa de arena que tengo para terminar los revoques interiores. Toda cagada. Por lo cual ha recibido un par de alpargatazos a modo de proyectiles busca-gatos, que no le aciertan pero al chocar con otras cosas amontonadas por ahí; generan un estruendo que lo pone en fuga.

 EL NEGRO CARBÓN,  es otro. Parece ser el más viejo. O el más grande. Pasea lentamente su cuerpo musculoso por alrededor de las plantas. Su lugar preferido es cerca del limonero. Es desconfiado. Cuando abro la ventana o la puerta se retira cauto por el camino alisado que divide en dos al patio.  A ese lo tuvo que ubicar cierta vez Don Gatone, porque se extralimitaba en sus incursiones. Pasar por delante de Eintein sin saludar era pelea. Te permitía deambular sin causar disturbios, echado sobre sus patas delanteras vigilaba atentamente, pero no toleraba aires de suficiencia.  Aplicaba el correctivo apropiadamente. 

 Cómo Larralde les digo: De ser Crestiano; dejuro salía dotor ese gato.

EL ATIGRADO de tamaño mediano es el quinto gato de la pandilla. Huidizo y nervioso. Sale volando cuando me ve. Lo he visto en la calle huyendo de otras casas hacia la suya. Que está pegada a la mía.

Merodea la tumba de Einstein, que está al pie del retamo, dónde están también los restos de Aquiles; su cuate que murió hace unos años. Lo observé atentamente unos días porque temía que lo desenterrara; pero no, descubrí que va a ese lugar a cazar arañas. Algo sabe ese gato que yo no.

 A punto estoy de pensar que estos panas de Don Gatone se han loteado mi terreno y a cada cual le toca un sector. Como guardando el orden que les asignara el viejo Don que ya no está. 

En fin; creo entender lo que les pasa. Yo mismo a veces siento que me falta algo. No hay maullidos de: abrime la puerta que voy al patio, ni me detengo más los martes a comprar el hígado recién llegado a la carnicería,  ni me toca renegar cuando a las 00.30 me tenía que levantar a abrir la puerta porque el señor se quería ir a rondar por los techos hasta que llegaba la mañana. Ni qué decir del vacío que hay de la mitad del sillón para allá.  Ninguno de estos gatos necesita un dueño, y ya son lo bastante grandes para adoptarlos, poco a poco se irán alejando. Entonces será la hora de conseguirme otra mascota.