A Élida Lois porque sí

Hace un tiempo se armó un curioso “debate” en Facebook sobre el uso de la ortografía en las redes sociales. Había quienes decían abierta y democráticamente que los que cometían errores ortográficos debían arder en la plaza pública o, al menos, no  mostrar desde ese momento a la perpetuidad sus ideas (por escrito) al mundo. También estaban los que indignados ya se arremangaban para contraatacar y ponerle los puntos -y no precisamente en las ies- a la elite naciente. Se me ocurrió traducir aquí, en palabras, las piñas nunca dadas.

Resulta difícil determinar qué tipo de lenguaje es el adecuado para utilizar en las redes sociales. Si bien la comunicación entre los participantes de estas se realiza a través de la escritura, el dinamismo y la inmediatez en el intercambio de información suponen una especie de diálogo informal, lo cual habilitaría un lenguaje del mismo tipo y no un vocabulario excesivamente cuidado como el utilizado en los textos científicos, periodísticos, literarios, etc. Es necesario, por lo tanto, realizar un análisis más minucioso sobre este asunto.

Si hablamos de ortografía pido permiso para plantear primero las siguientes preguntas: ¿quién no ha vacilado alguna vez entre colocar en un texto una “,” en uno o en otro segmento del mismo? o ¿quién no dudó en algún momento si era más conveniente colocar un “.” (seguido), un “.”(aparte) o “;” en determinado tramo de un texto? Y si a esto le sumamos la problemática que significa establecer el criterio de adecuación en una red social como por ejemplo: Facebook, se cae en la cuenta de lo complejo del tratamiento de este tipo de temas. No debe olvidarse tampoco que la inmediatez en esta clase de comunicación suele jugarnos una mala pasada. Como por ejemplo: omitir algún acento, suprimir sin querer alguna letra, olvidar alguna regla ortográfica, equivocarnos en el empleo de un signo de puntuación, incurrir en cualquier otro error de tipeo o simplemente hacer un uso distinto de la Lengua. Es pues que una perpetua lucha se da en nuestra mente cada vez que nos ponemos a escribir. No por nada escritores como Sarmiento o Juan Ramón Giménez dedicaron parte de su prosa al tratamiento de esta problemática tan compleja y tan propia de la lengua española.

Las reglas ortográficas son realmente difíciles de manipular (en el mejor sentido de la palabra) exigen mucha práctica y “lecturas encima” para lograr un buen manejo. Yo particularmente no me siento todavía un especialista en el manejo de éste tipo de herramientas de la escritura. Pero esto no me impide (ni debiera impedir a nadie) el ejercicio de la escritura. Creo que más valioso que “la forma” es “el contenido” de lo que se dice. Es sabido que suele encontrarse mucha sabiduría en gente considerada ignorante e ignorancia en las clases “más favorecidas” por la “educación”. Yo he leído “Sarta de Pelotudeces” (Algunos prefieren llamarlas: “Seguidilla de Impropiedades”) redactadas con la más cuidada ortografía y, por otro lado, reflexiones interesantes con algún que otro error ortográfico. Pero siempre me incliné, y me seguiré inclinando, por el mensaje que tiene más llegada; el que se esmera en el contenido. Obviamente que dichos mensajes tendrían mayor efectividad si fueran acompañados por un mejor manejo de las reglas ortográficas; mas no es nada que no se pueda solucionar. Pero el orgullo y el complejo de superioridad eso sí que no tienen solución.

Frente a la disyuntiva entre si se debe escribir: “Sarta de Pelotudeces” o “Seguidilla de impropiedades”, me inclino por “Sarta de Pelotudeces” ya que cómo decía anteriormente las redes sociales no exigen un lenguaje demasiado cuidado. Tampoco exige un cuidado tan excesivo de la ortografía (no olvidar los estragos que produce la inmediatez). Eso dejémoslo para los libros o para las reflexiones interesantes.