Transformada en entelequia

Belleza de lo que fue

Y seguimos siendo

 

Inmóvil

En el silencio de sus gestos imperecederos

Revela su gozosa existencia

De exquisitos modos, por cierto

 

Muda de tanto dar que hablar

A cuántos corazones aqueja aún

Su herejía, su decisión y su erección

 

Y no es blanca

Y no es bronce

Es carne viva

Porque sangra,

Cómo todas,

Por la herida

 

Inmensa y escurridiza

Todos los libros duermen en ella

Y se despiertan solo cuando la vemos

Arte y musa

Cuerda vocal y oído

 

El peso de la libertad aplastó el siglo

Aletargando el recuerdo,

Pero rígida

La tozudez de tu genio

Tejió un hilo invisible

Entre la barranca y el hondo

Sin túnel

Sin puente para ver

Sólo la ribera, solo ribera.

***

Gregoria Pérez es considerada la primera dama patricia argentina. Corría el año 1810 y los movidos sucesos de mayo tenían en vilo la gente; en este contexto es que sin dudarlo, Gregoria puso a disposición del General Manuel Belgrano en su paso por Entre Ríos hacia el norte, todos sus bienes, dando así un apoyo material y simbólico a las fuerzas que se estaban jugando la Patria, libertad e independencia o mantener los artilugios de un régimen que ya no da respuestas ni a las clases acomodadas. Así pasó a ser parte de la historia nacional, pero aquí, en esta ciudad donde su más importante hazaña aconteció poco saben sus ciudadanos quién fue, qué hizo, cómo era su vida y qué valores guiaron sus sueños.

María Francisca Arias Cabrera y Saavedra fue una terrateniente porteña, sobrina del colonizador Juan de Garay y tía de Gregoria Pérez, quién donó amplias parcelas de terreno para que se fundase el incipiente Pueblo a barrancas del Río Paraná.

De una familia de alta alcurnia, hay muchísimo que se podría decir sobre Francisca y sobre Gregoria, casi destinadas por el suceder de los hechos a tomar decisiones que indefectiblemente impactaría en la vida pública.

Sin Francisca tal vez no existiría la ciudad de Paraná como hoy la conocemos, sin Gregoria no tendríamos una épica de Pueblo, una raíz que nos ate al piso.

Así, muy lento va removiendose la arcilla que protegió la historia, la humedad que mantuvo viva la identidad, el relato, la semilla, el mito, el hilo que une y que teje tramas que solo volviendo a ver podremos entender.

En la existencia de estas dos mujeres se definió el carácter de la ciudad que habitamos, que incluso siendo ellas parte de la alta sociedad, las decisiones que tomaron le costaron el silencio, la negación, la existencia fantasmal casi invisible de sus leyendas, lo no dicho y la especulación frente a la estatua muda que quiere decir más, es hora de recuperar la palabra, como diría Amaro Villanueva, vamos a libertarlas.