Nunca podré decirte como es…

Empiezo a escribir el día en que se cumplen 20 años de la zambullida de Charly Garcia en un Hotel de Mendoza.  Hace unos días la red social cara libro me trajo otro recuerdo, hace un año lo pude ver en vivo, convirtiéndose esa, en la última vez. Conseguir la entrada fue algo más que un dolor de cabeza. Entrar en la página y esperar virtualmente mientras un cartel anuncia la cantidad de personas (¿?) que tenés delante, pobrar, putear, volver a probar, intentar comprar la más barata, no conseguirlo, seguir intentando, conseguir una, por supuesto no barata, sobre todo para la capacidad económica de quien suscribe. Listo, no queda más que contar las horas, algo más que bueno en las últimas presentaciones del bigote bicolor, anuncia show, vende entradas 48 hs antes, agota en 5 minutos, toca 60 y apaga la luz. Luego, como aquella vez,  empiezan las críticas, que toca poco, que la culpa no la tiene él, que son los productores, que no puede ni moverse (de hecho canceló su última presentación en Cosquín, aunque por otros motivos) que no canta, que con lo que cobra la entrada tendría que tocar todo su repertorio, ¡Cómo no avisan cuando va a durar! Etc., etc. Explicar lo que significa para mi Charly es como explicar lo que significa estar viva. Me hubiera gustado que tocara un poco más, sí, es cierto, pero también es cierto que en más de un momento se me puso la piel de pollo. Comprendo que haya quien no quiera volver a verlo, alguna vez allá por los noventa yo misma decidí no volver a hacerlo, fue cuando presentó La Hija de la lágrima, creo que tocó poco más de 30 minutos y hechó al público cual Perón en la plaza, dejé de verlo hasta que cumplió 50. Lo que no dejé jamás es de escucharlo y de defenderlo a pesar de todo, porque como dije antes es mi vida y es además quien hará que mi vida sea eterna, sí, mi vida será eterna gracias a Charly García, será eterna porque ya el más pequeño de la familia viene a casa a buscar discos y revistas en las que está Charly, y canta conmigo sus canciones.  El otro día gracias al poder de los videos en vivo, estuve en la presentación del tributo a Soda Stereo, sin ánimo de explayarme demasiado en el asunto, me quedé pensando en esto de la realidad virtual, de repente estaba cantando Gustavo Cerati, se lo podría ver en las pantallas, los que estaban ahí, sabían lo que iba a suceder, no hay forma de traerlo a este lado del mundo, o sí, esa es la forma. En fin, por mi parte sigo agradeciendo ser contemporánea. Nunca vi en vivo a Soda y a Cerati sólo cuando cantó junto a Charly Pasajera en Trance en el Luna Park, ahí, transitando los lugares ciertos…

“Si alguien te saluda con un “Clatú”, “Bracta”, “Nicto”, o levantando la mano derecha con un brazalete “Say No More”, no dudes en considerarlo un amigo y aliado. Sus poderes telepáticos y telequinéticos son capaces de paralizar la Tierra, como advertencia a los que no se imaginan nada, a los que se siguen llamando “chabones”, a los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor, a los que pretenden detener el poder del idealismo.”

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