Filosofía

dejarlas partir

No conozco una forma más honesta que la autodestrucción para destruir la humanidad. Conseguir el delirio exacto, y desvanecerse sin dejar rastro, tengo claro quien es el enemigo, siempre puedo ver sus esquirlas entrando en mi sangre. Conectando cada vez con el disparate de sentir, en el odio la agonía del reflejo. Nunca he lastimado nada sin sentir que muero con ese acto. Dejé de sentir, dejé de ver, dejé de llorar, dejé de dormir, dejé de actuar, dejé de cambiar, dejé de escuchar, dejé de pensar, dejé que me arrastrara la corriente, dejé que me mordiera la serpiente, dejé de vomitar, dejé de sonreír, dejé de maquillar, dejé de soñar, dejé de vivir, y volví. Y volví a dejar. Como el parpadeo de la luz del baño con los cables en corto. Ya no hay más nada que ver, aún envejecido y sin dudar como se manifiesta todo. El poder, el contra poder. La virtud y la verdad. La insolencia y la experiencia. La furia y el espanto. La noche amanecida, y el atardecer cansado. Todo junto en la misma armonía, solo siendo. Sin que nadie pueda romper la hegemonía de la ropa para mostrar el cuerpo. La verdad del tiempo. Lo único que no podemos detener. Y a la vez, el tiempo es lo único que vendemos. Porque por el espacio ya hemos sucedido una y otra vez, en vapores que no tienen jurisprudencia, en deseos que no tienen satisfacción. Soy permeable a todo, pero no quiero corromper el aire con el humo de mi impotencia. No quiero tocar a nadie, estoy vencido. Solo puedo decir, que prefiero mentir y decir que está bien, que caminemos, que sigamos, que luchemos con la culpa y la vergüenza de haber abandonado. Estoy harto, y ya no quiero puentes que se caen podridos de maderas de árboles asesinados por el uso, la costumbre y el progreso. Prefiero los gusanos, los que destejen mi materia. Que tanto se ha expandido sin saber yo por dónde. No quiero estar, entre los dientes mamíferos de tu odio perpetuo, ni en la vigilia de tu mente contorsionista que reclama una propiedad de mi mente atropellada en el horizonte de un apocalipsis zombi de whisky y ceniza. Voy a mear desde lo alto, pero quisiera que sea una isla. No quiero señales ni reproches. No quiero moverme de mi mismo, no por falta de humanidad, sino por puro pesimismo que me quiebra en cada hora, cuando tengo que crear una metáfora que me salve de mi mismo. Y solo encuentro pozos ciegos y dementes. Tramas exuberantes y grandilocuentes, para actos pueriles y afiebrados. Para hojas que no escribo ni he pensado. Para decir simplemente, que no. No creo en ese Dios. No tengo ninguna fe, he fingido por amor. Me dejé llevar por el papel. Pero siempre vuelve una sombra y me susurra la verdad. «No tenés ninguna salvación». Y escupo la gramática para llegar más rápido al desenlace. Un peñón de vista arrojada y antijadiza. Un impulso del magnetismo del universo por ser espora y suspender el silencio. Si de todas formas, solo soy otra vida y otra muerte. Y la utilidad está sobrevalorada. Si, ya sé. Hay quienes… Lo sé, no tengo alma, espíritu ni Dios. Creo en lo que pasa ahora bajo la lluvia, la ropa cediendo al frio via humedad. La garganta, el humo berreta, el aliento del cansancio. Tengo que hacer una olla, y poner ahi todas mis versiones de haber fallado, de haber quebrado en Bet play 1984. No soy el único. Ojalá nadie sintiera esto. Sería un mundo mejor para nosotros. Pero a veces el problema es sentir, cuando nada tiene sentido. Y no, esto no es una nota suicida. Todo lo contrario es el testamento de seguir armando avatares, en una red de gente prisionera. Estamos vivos aún. Hablamos de manías y persecuciones. Sabemos lo que pasa. También sabemos que nadie nos oye. Fuimos tan torpes para expresarlo que sembramos contradicciones en el relato. Nadie nos oye, porque no advierten que parte de ésta locura puede ser útil. No genera el producto que puede distribuirse, y el empaque no cierra. Tendremos que seguir viviendo 1000 años más bajo la tierra, con la plena conciencia que nuestros gritos nunca anunciaran la superficie, y los gusanos sonrien. Sabiendo que 1000 años son una exageración de la poesía. Pero que pronto habrá más comida. Y podrán hacer su digestión, para que todo siga su curso. Riendo de lo estupido que es, pretender que algo sobreviva, atribuyendo titulos de nobleza, de amor, de esperanza. Pero los cuerpos saben de colapsos y gritan, aunque el sol no tenga oreja y la luna siempre tenga una cara oculta.

fernando ortiz

Creí que era poesía, pero era mi mente desfragmentándose.

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