Literatura

mucho ruido en el silencio

¿Si puedo o si quiero? No todo es error lo del consentimiento, hay que coquetear, para que el coco tenga leche… y… pelos… y pulpa… y… palma. Ser horrendo te aleja, te respeta, no te deja, la culpa de los linyeras es una bruma sin conducta. Te miré el perfil desde los ángulos opuestos y te opusiste a mi. Parece otro mundo, buscaba la alegría y encontré plegarias, y me quedé con oraciones mal formadas, nadie puede hablar con la sangre en la boca, se mancha toda la camisa y el mensaje llega con ruido. Convención de convictos no convencidos, vencidos vecinos tapiaron ventanas. Este encierro es la cárcel, no hay milicos, prefiero esta inanición que sus crueldades, somos los hartos que sufren bastardos enojados. No puede leerse lo que escribo, no está hecho para nadie, ni para mí. Son momentos de estrés que se alivian en papel. Nada serio. Nada importante. Nada distinto. Nada de nada. Balbuseos de una agonía larga letarga lunga y lunfarda. La poesía me agarra de la ropa y me retiene y yo solo quiero salir de todo. No pensar en nada, pero aho caen las bombas y todos mis sentidos se colapsan. Corren frenéticos mientras me tomo una pausa. Ésta pausa es definitivamente la prueba que he sido derrotado y no tengo ganas de ser humano. Porque tengo la culpa, de todo. Es inevitable, si soy todas las víctimas es porque soy todos los victimarios. Y hay que matar mucho adentro para poder sobrevivir ahi afuera. Ya no quiero seguir muriendo. Vivo o muerto. Pero no ésta barrera de emociones sin cerebro sin palos ni ruedas sin combos ni mcdonalds sin pueblo ni ciencia. Vivo en mil novecientos tanto, tanto. Entre robots y robos. Entre ojos biónicos y bondis. Entre la amistad y el vacío espiritual. Choco choco choco, chico, choco. Me da asco todo, cuando pienso que en realidad estamos evitando. Yo para evadirme me quedo solo. Y para el compromiso prefiero todo. No un día, no un año. Siempre. Prefiero un césped y no barrer el pozo. Vivo en mil novecientos y tantos, tantos miles, que no ves… Siento. Ahora estamos durmiendo en la casa mi casa que no es mía, mi familia que no me siga. Me voy a olvidar de mí. Para que no haya como yo, así tan mal constituidos. Tan errantes en la sombra te usa y te nombra. Vivir con el alma aterrada a un agrio recuerdo que odio otra vez. Tengo miedo del recuerdo, y te recuerdo amanda. Las minas se derrumban en noches acalambradas y yo tengo ganas de correr pero sigo estando parado. Y ese juego primitivo podría compensar la vida, y darle amor a la muerte. Suerte que no. Hay que construir momentos inolvidables, para gente con Alzheimer. No tiene caso. Te juro, todo se vacía o se calienta. No hay punto aparte. Todos los puntos son seguidos y seguidores. La vida es un horograma inventó Morel cuando se aisló en su momento más felíz. La tragedia es el cuerpo gozando de cagar en un baño extraño, mientras se siente toda tu mierda como si nadie cagara en esta casa. Pero, hijo, hay formas. Prender fuego un papel. Por ejemplo prender fuego una poesía para que la mierda se disimule. Entonces, será poesía y una cagada. Y venceremos. Habrenos metido un caballo de Troya con versos de no me olvides, dándole al fuego lo que es del baño. Y este año será perjudicial para la salud, pero también para la educación y para la libertad. Y también para andar mirando la nada, porque habrá de todo. Quiero construir un imperio, miento, mientras preparo el mate. Quiero construir una identidad, miento, mientras me clavo un clona. Llorazepan, llóralo. Logrado con las manos artesanales de los arrabales. Porque la tristeza cuando se llora se hace pobreza y hay que prender fuego otra poesía para que no se sienta el olor. Pero yo no escribo para tapar la mierda, viejo. Yo le escribo a la mierda, porque cuando le escribo al amor siento un profundo vacío. Aunque el amor es mejor. Pero no se puede amar si uno se odia. Y está bien. Hay otras cosas más inmensas que ese sentimiento humano que se parece tanto a mil novecientas poesías prendidas para tapar lo humano. Porque en el fondo, somos el humo que sale del fuego. No quema, pero tapa, y tapa porque protege del horror a los inocentes. Toda inocencia será dañada en pos de la verdad, le diremos ignorancia y la aceptaremos en la mañana, pero a la tarde cuando todo sea de cansado profundo, le gritaremos idiotez. Y hablaremos con los ojos rojos, furiosos. Porque solo queriamos cojer y estamos frustrados. Porque para cagar se necesita un inodoro, dicen quienes nunca cagaron en una bolsa. Porque a veces toca. Simplemente tener olor a mierda y olvidarse de la poesía. Y llegar temprano para que no te echen, y prender fuego solo papeles en blanco, y dejarse de joder con la mariconeada de llorar en el baño sin cagar.

fernando ortiz

Creí que era poesía, pero era mi mente desfragmentándose.

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