He dedicado mi vida, ni muy corta ni muy larga aun, eso lo decide la suerte, a ponerle música a las palabras y viceversa, siempre de manera autodidacta o con alguna amistad que me regale un conocimiento. Sino, en los últimos años, inventándome clases que colecciono de artistas por la web, aprendiendo demasiado, y demasiado poco . Así es como construimos (o nos construyen) estas nuevas supuestas pos verdades, como está de moda llamarlas. Así me he obsesionado con la búsqueda de alguna certeza , al punto de deambular por loops agotadores repletos de reglas antiguas y modernas, trascendiendo los aspectos artísticos al encontrar que la búsqueda siempre queda enganchada en telarañas de consumos, o en colectivos que se cierran en sus propias normas, a veces aún mas cerradas que aquellas de las que osaban escapar. Quedando siempre con la sensación de estar al margen de cualquier ideología. Y con un triste sabor a derrota e impotencia, ¿Qué artista no sueña con mejorar el mundo?

Pero sé que ni somos minoría ni somos mayoría, quienes pasamos por este cansancio que promete belleza, de la búsqueda de algún sentido . Siempre inútil pero siempre útil. Quiero decir, no me creo especial, ni único.. ¿Cómo podría seguir creyéndome el cuento profético si son los profetas los primeros expulsados de mi cuarto mental, cada vez que me veo obligado a reacomodar mi sentido de la vida? Es un concepto cruel la vanguardia ¿Cómo escapar de la celda sin ingresar en otra? bueno, demasiadas preguntas para un ensayo, capaz que es mi cualidad de músico la que entiende ensayo como una práctica, como el lugar donde se arrojan los bocetos para que crezcan las melodías como el árbol que Zitarroza pregonaba o la matemática que otras escuelas calculan. 

  Aunque sea un lugar común, es verdad irrefutable que todo cambió con “las redes”, que fueron las ventanas sin aire para sobrevivir el encierro de la cuarentena de mas de doscientos días en nuestro país . Y esa ventana muestra un mundo distinto según como uno mira y es hecho comprobado que nuestras búsquedas terminan derivando en la información que los llamados algoritmos nos mostrarán/ofrecerán en un futuro.  

Se que no soy el único que disfruta de la idea de estar confundiendo a estos “no seres” que recopilan nuestros intereses y nos van poco a poco decodificando el ADN virtual para tratar de ofrecernos un refugio mental, una distracción , una excitación, una ideología, en fin, una especie de alimento, también moldeado en su ADN de ceros y unos para nuestro estomago insaciable de memes y series, de historias de luchas de bandos, de todo tipo de leyendas, sobre verdades míticas develadas, sobre industrias depravadas, clanes dominantes, fantasmas y aliens de otros mundos que nos manejan, discusiones sobre la forma de la tierra, guerras entre jóvenes científicos y detractores, los mundos de las derechas, los mundos de las izquierdas, toda la información, ahí al frente de nuestras narices que cada vez se achatan mas por la presión de la pantalla en la cara. Tampoco creo realmente haber logrado confundirlo, si en realidad todo termina derivando en una eterna guerra binaria entre quienes creen una cosa y los que creen otra. Ni la física, ni la política nos han sabido explicar de que se trata la vida y aunque nos describan una visión de ella, no pueden responder la pregunta primordial. ¿Por qué?   

En ese mundo he navegado, creyendo encontrar escapes para nuevamente volver a encontrarme con paredes, siempre ideológicas y al mismo, siempre económicas y políticas y/o religiosas. Como esas mismas normas que siempre terminan inventando las vanguardias artísticas. Y concluyendo por ahora el encierro obligatorio, mirando mis deudas, pensando como voy a pagar el alquiler ya que la crisis sanitaria me ha dejado sin trabajo, veo en la calle la mezcla entre la sensación de que no hay mucho que hacer afuera, los avatares del barbijo, la desesperación de lo incierto y una profunda energía que pareciera denotar el fin de algo. Es por un rato, mi esperanza que gracias al encierro nos hemos saciado tanto la panza virtual que volverá un poco la intimidad y el suspenso de no saber siempre en qué anda el resto, o quizás nos hartemos de las clasificaciones y juzgamientos ideológicos. Tal vez el papel impreso nos empiece a dar mas satisfacción que la pantalla iluminada, quizás la cassetera empiece a sonar mejor que las plataformas comprimidas, También es posible que toda la gente enferme de este algoritmo biológico sin vida que hackeó nuestra entrada al cuerpo. Pero también es posible que sobrevivamos y nos adaptemos, mas rápido que el algoritmo, el virtual y el otro, si es que el daño no fue ya hecho y nuestras diferencias irreconciliables, basadas en el medio de comunicación y sentido que uno consuma nos lleve a una guerra mas, otra de esas guerras, que cumplirá su función clasificatoria, para diagramarle a la gente del futuro una versión reducida y simplista de nuestro sufrimiento, para que sea fácil de acceder en la enciclopedia virtual de las futuras antiguas vanguardias.