LiteraturaSociedad

Honrarás

«El restaurante está por cerrar», me dijo.

Ayer fue el cumpleaños de mi abuelo. Ayer, 20 de abril, me he olvidado. Pero ahora… ¡Qué carajo! ¡Estoy extraño! ¡No reconozco las letras de la carta!, ni termino de entender aquello que insiste sobre la mesa roja: el hombre que acaba de golpearme. Me voy a levantar. ¡Ah! Ya me levanto. ¡Ya me voy! Pero… ¿a dónde? Camino, no sé bien, no quiero otro golpe ¿Que quiso decir? Debo estar mal yo, no puede ser que no lo entienda. Debe tener razón. Tiene razón. Me voy. Por fin deja de golpearme.

¿Hablaremos el mismo idioma? ¡No creo haberme ido de país! Esta debe ser mi ciudad, por acá cerca debo vivir. Aunque no, no estoy seguro, las formas de la ciudad, los carteles, estas calles que veo pasar… ¿qué son? ¿Aquella luz que late será mi alma, o un punto entre todos esos puntos que veo en el fondo negro de la noche? Los veo pasar como las piñas, como los gritos, como las luces, como las letras de la carta que me tiró por la cabeza varias veces. Ayer, 20 de abril, cumpleaños de mi abuelo; ahora lo recuerdo.

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