Lectores 2
Ninguna otra luz
brillaba tan clara
como el brío que
del alma emanaba,
cuando Luna el
cielo surcaba
y con negro manto,
todo sendero ocultaba.
Serena y clara
mi niña estaba,
a pie descalzo
la hierba apartaba,
rumbo al alba,
donde sí brillara
el resplandor
que esta eterna
noche esconde.