Parpadear un conejo
Cuándo despierto apuñalo conejos, que saltan sobre la alfombra blanca de lana a los pies de mi cama. Y en
Leer másCuándo despierto apuñalo conejos, que saltan sobre la alfombra blanca de lana a los pies de mi cama. Y en
Leer másPor la noche no hay necesidad de conectar los cables debido a las bajísimas temperaturas. Los cubro con hojas ya
Leer másincreible no perdonar la noche de un abismo tan caro decir por ejemplo andate bien lejos luego decir es una
Leer másGota a gota, mi boca se llenaba de sangre. Podía sentir el liquido viscoso tintinear sobre mi lengua al caer
Leer másEn la peluquería de mi madre, se oían las largas charlas de las señoras que concurrían cada tarde para arreglarse
Leer másViendo el cielo descubrí la historia de este viajero en el que visita la profundidad del océano… En una noche
Leer más**Extracto para WordPress (textual):**
«Martín junta coraje y se abre paso, hasta quedar justo al lado de su amigo, enfrente del animal. Y permanece igual de estático, sin saber qué debe hacerse, o qué no. De golpe, comprende que está frente a la oportunidad de evitar, o por lo menos de compensar, algo que todavía no es nada, pero que en el curso de ese mismo día, comenzará a nacer como nacen las anécdotas, una que siempre estará latente en su memoria, pero sobre todo en la memoria de Mauricio, quien podrá y lo hará correr a campito traviesa en su recuerdo, una que otra vez, durante el curso mismo del día, o a más tardar mañana, a la siesta, y también el mes que viene, y el año que viene, y el otro, y los otros, por eso lo que le conviene hacer, aunque no borre lo que pasó esa tarde, pero que sí se vuelva envidia de su amigo, en el curso del día, o mañana, y de ahí también en adelante, es justo lo que acaba de hacer, haber acercado la mano hacia un caballo, haberla posado sobre él, haberlo acariciado, seguir acariciándolo, cada vez con más confianza, mientras Mauricio no aguanta más y también lo toca, lo acaricia, el equino que relincha, los amigos que alejan las manos y se miran, casi ríen, pero no lo hacen por miedo.»
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