Literatura

Un 25 de Mayo de 1810

Un 25 de mayo,
allá por 1810,
llovía en Buenos Aires,
y la multitud
se amontonaba
frente al Cabildo.
Las mulatas pregonaban
mazamorra caliente,
para las viejas sin dientes,
aunque dicen por ahí
que vendían pastelitos
(de membrillo deben ser,
y discusión zanjada),
y empanadas.
Paraguas negros
por doquier
a la espera
de la revolución
que nos hiciera libres
de aquellos
que se llevaron el oro,
y nos dejaron el oro.
Tiremos al virrey por la ventana.
Gran primer gobierno patrio.
En la benemérita
y muy digna
ciudad de San Miguel de Tucumán…
Sueño con los hilos
de la bandera
de María Catalina,
y con el sol de mayo,
tan brillante
como sus rayos debieron ser
el día que iluminarom
el histórico convento.
Es cierto
que no hubo libertad
para todos
y que aún
se la debemos.
Ojalá podamos todavía
enmendarnos.
Hacer
nuestro propio
25 de mayo,
bailando en la calle
entre faldas y camisas.
Nuestro propio
1810,
y qué viva la patria carajo,
para todos
los que habitamos
este suelo.
Porque era universal,
constante
y decidido
el clamor del territorio entero
por su emancipación solemne.

2 comentarios en «Un 25 de Mayo de 1810»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *